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Pablito querido y nuestros 22 años

Fuentes: Rebelión

(Al Guille Vilar, que me lanzó la idea)

Hace tiempo, yo anhelaba

encontrar la dicha eterna.

Siempre, a base de reveses,

pude ver la realidad.

Se considera por no pocos la canción puente, el eslabón perdido entre el filin y la nueva trova. Pablito la escribió a sus 22 años, como dice la propia canción, un muchacho. Y la saboreo ahora y pienso en él, quien será siempre el querido Pablito -aún me cuesta llamarlo en tono de mayor.

Increíble el arte, su vida se puede leer retrospectivamente ahora desde ese texto.

Cuando uno sigue su obra puede sentir a un ser humano profundamente sentimental, algo melancólico. Desde la primera vez que conversé con él (fue a mis 22 años más o menos cuando le hice una mini entrevista en el patio de la Uneac tras intimo concierto con Sara) lo sentí un ser tierno, amable, de una sonrisa sedosa, cercana.

Los que me conocen saben que soy comuñanga hasta el home, y claro que me han apenado su distanciamiento con la revolución y alguna que otra declaración, pero nada de eso disminuye en mí la pasión por esa obra raigal en la cultura cubana, incluso -también en la cultura cubana de la revolución- tanto por sus canciones como por su manera de cantar con esa voz que sale de las entrañas de la tierra nuestra -cubana, humana.

Le cantaba a mi tristeza,

a mi dolor y a mi muerte.

La tristeza en mí vivía,

viendo el dolor, a veces,

a acompañarme en la búsqueda

del camino hacia la muerte.

Por otra parte es cierto que se cometieron errores e injusticias con él, especialmente cuando era muy joven, y los hay que aprovechan ahora para decir que la revolución debe ofrecerle perdón públicamente por su tiempo en la UMAP, etc. Yo no estoy para nada en contra de que se reconozcan, incluso que se estudien y debatan, los errores, esta revolución la hacen seres humanos, -hasta el más grande de nosotros lo es- y claro que se equivocó y equivoca, inevitablemente, pero acierta -y mucho- desde su génesis por su naturaleza, porque también la hacen seres humanos, enamorados, que se entregan, se despeñan y crecen y quieren la felicidad para todos. Bueno, no más muela en ese sentido. Es cierto que desde la revolución se cometieron errores, pero también es cierto que tras aquellos primeros tiempos de incomprensiones y medidas erráticas y arbitrarias con él y otros trovadores, Haydee Santamaría o Alfredo Guevara (de las gestores mayores en este proceso), o el propio Fidel, fueron atentos con ellos, y personal y públicamente, le ofrecieron el abrazo de la revolución. Y desde ella Pablo Milanés empinó su obra.

Pero como ser humano,

me contradigo y me opongo

al pasado que pasó

pasando por veintidós años

de penas y dolor.

Y de aquí sale mi canción.

Los seres humanos tenemos contradicciones. Yo siempre contesto cuando pongo en mis programas a Pablito o cuando canto sus canciones en mis trovadas, y alguien me viene con que si declaró tal o más cual cosa, que lo que él diga es su problema, lo que él ha creado, es el mío.

Ahora, Pablo Milanés tiene una obra (y me cito en el propio texto): raigal en la cultura cubana, incluso también- en la cultura cubana de la revolución- .

Trajo a primer plano, en momentos en que parecían olvidados el filin y el bolero con una serie de discos y conciertos del más alto vuelo; a la vieja trova con esa trilogía Años donde invitó a grandes viejitos como Octavio Sánchez (Cotán), Luis Peña (El Albino) o mi entrañable dios personal Adriano Rodríguez (una de las voces más grandes que ha dado Cuba lo cual no es poco decir) para recrear aquellos clásicos de la llamada trova tradicional inyectándolo en nuestras venas.

Musicalizó a José Martí, como si su guitarra y voz y razón y pasión, fuesen un manantial. Así mismo con Nicolás Guillén. Y qué decir de ese disco junto a Lilia Vera que me enseñó a amar a Venezuela de raíz.

Si eso fuera poco, el plato fuerte, sus canciones están entre las más importantes de la cancionistica en nuestra lengua, y por demás muchas de ellas describen las historias, los momentos, la esencia espiritual de la revolución cubana. Mejor decir, todas.

Me recuerdo muy niño cantando Yo vi la sangre de un niño brotar y Ho Chi Min, con las que abrazaba al pueblo vietnamita. A Salvador Allende en su combate por la vida, Yo pisaré las calles nuevamente al Chile de Salvador Allende, en el que estuvo. Y a propósito de «1estuvo» integró la brigada internacionalista que estuvo actuando en el frente en Angola, y que junto a Silvio, Vicente, y otros tomaron a la hora del cuajo el fusil y se la jugaron.

Yo lo que aprendí de Fidel Castro (bueno, entre tantas cosas) y de los que con él lideraron la gesta que nos trajo hasta aquí, es que un revolucionario lo primero que tiene que ser es humanista, y su principal espada es el amor. Hubo combates en la Sierra en que se priorizó la cura y el alimento a los enemigos prisioneros antes que los compañeros propios. Cuando triunfó la revolución (o empezó a triunfar, porque esto no se ha acabado) Celia veló por la atención y educación de los hijos de los caídos en la contienda, de las dos partes, sin pensar que ese niño viniera de un casquito o hasta de un esbirro. Con igual tratamiento.

Igual aprendí a respetar el dolor de otros (no me gusta decir ajeno, porque a ninguna pena humana debemos dar la espalda) ni de los adversarios. Fidel solicitó respeto ante la muerte de sus mayores enemigos, entre ellos más de un presidente de los Estados Unidos, que nos había agredido.

Lo traigo a colación porque en estos momentos en que Pablo Milanés (-que no es para nada mi enemigo-, como creo que declara este texto) ha ingresado y se encuentra delicado de la salud, incluso las redes (tan breteras) lo dieron por muerto, hay quienes se ponen a criticar palabras o actitudes suyas. Las que dijo y hasta las que no dijo, pues lo atacan tambien los que lo tildan de traidor (a no sé qué ideología) por no haber dicho en su último (hasta el momento) concierto en su Isla, cosas como abajo la dictadura, la represión y otros clichés politiqueros.

Algunos lo ofenden por malicia, otros por desconocer, o limitar su concepto de valoración a lo que alguien declare, en un determinado momento. Que también es el derecho de cada cual, pero en esta hora difícil se hace voto de silencio, y se desea su pronta recuperación.

Mi tristeza la sepultaré…

y el dolor siempre del brazo de ella irá.

Nada habrá que me provoque más tristeza…

y el dolor siempre del brazo de ella irá.

Vuelvo a citarme en el megatexto ya: lo que él diga es su problema, lo que él ha creado, es el mío.

Homenaje Acto de fe, Canción por la unidad latinoamericana Son de Cuba a Puerto Rico, Si el poeta eres tú, Canción de la Columna Juvenil del Centenario y Cuba va (junto a Silvio y Noel), Cuando te encontré (junto a Silvio), Pobre del cantor, No vivo en una sociedad perfecta, Buenos días América, El pecado original, Vuelve a sacudirse el continente… integran un cosmos que explica y nos hace sentir a la revolución cubana, su sentido cardinal con respecto a la América Nuestra y la humanidad, con sus grandes hazañas y sus contradicciones. Como también sus canciones de amor (otras; porque las anteriores igualmente lo son) Yolanda, Yo no te pido, Amor, El breve espacio, Años, Para vivir, Y ya ves nos miran piel adentro, y nos ayudan a ver mejor nuestra propia vida.

Y vida es lo que quiero para Pablo Milanés; física, porque la eternidad de su obra es un hecho incuestionable.

El próximo 24 de febrero, fecha patria, el trovador, bayamés para mayor cubanidad, cumplirá 80 años. Arriba Pablito, que vamos a armar tremenda descarga contigo, con tus-nuestras canciones:

Y en cuanto a la muerte amada,

le diré, si un día la encuentro:

Adiós, que de ti no tengo

interés en saber nada.

Nada…

Mis veintidós años

Pablo Milanés

(1965)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.