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Entrevista a Lucia Sepúlveda a los 40 años del Golpazo

«Por haber vivido el golpe, no necesito tanto de esta fecha para reflexionar»

Fuentes: Rebelion

P:- Lucía, para personas como tú, que han padecido el rigor del golpe de estado de Pinochet, antes del golpe, durante el golpe y después del golpe.. ¿una fecha de estas caracteristicas.. traerá muchas reflexiones fuertes y recuerdos a la cabeza..? L:- Quizás precisamente por haber vivido el golpe y todo lo que ello involucra, […]

P:- Lucía, para personas como tú, que han padecido el rigor del golpe de estado de Pinochet, antes del golpe, durante el golpe y después del golpe.. ¿una fecha de estas caracteristicas.. traerá muchas reflexiones fuertes y recuerdos a la cabeza..?

L:- Quizás precisamente por haber vivido el golpe y todo lo que ello involucra, al menos en mi caso, no necesito tanto de esta fecha para reflexionar y recordar, porque la memoria es una suerte de mochila que mis compañeras y compañeros de lucha y yo siempre cargamos en la espalda. A veces nos pesa mucho y a veces logramos correr con ella casi como si no la lleváramos encima. Pero lo cierto es que miramos el presente con una mirada que viene de lejos, viene de esos días hermosos llenos de esperanza del gobierno del Presidente Allende, viene también de las noches duras de la clandestinidad, y está cargada de vacío y ausencia de los mejores de entre nosotros, de aquellos y aquellas que tanta falta nos hacen para las luchas de hoy.

La conmemoración de los 40 años la valoro en cambio fundamentalmente como un medio para que las nuevas generaciones puedan finalmente acceder a lo que fue la dictadura, de manera pública, a través de los medios y no sólo desde el discurso de la memoria que muchas veces se enhebra trabajosamente desde los márgenes y tiene por ello, muchas veces, un alcance limitado al círculo de la izquierda y sus cercanos.

En estos días estamos viviendo un momento bien complejo. Del silencio más absoluto de los medios de comunicación y los textos respecto de la historia reciente, Chile ha pasado a estar inmerso en una serie ininterrumpida de programas de tv sobre la temática del golpe militar, entrevistas a sobrevivientes, políticos, gente común, lanzamiento de libros, obras de teatro y actividades de una gran diversidad que nos convierten de pronto en un país con memoria a riesgo de saturar la audiencia. Si llegaran visitantes o periodistas en estos días, sin duda quedarán impactados de la forma tan amplia que circula la información en Chile sobre lo que fue la dictadura. Y es poco probable que encuentren alguien que les cuente que estamos viviendo la excepción que confirma la regla del silencio, y que la televisión sólo entrevistó por primera vez a una dirigente de la agrupación de familiares de detenidos desaparecidos cuando Pinochet fue detenido en Londres. Y quizás no les contarán tampoco que TV Nacional, la televisión pública se niega hasta hoy a programar el documental El Diario de Agustín que revela la complicidad del diario El Mercurio con la dictadura, y sólo este año exhibió con cortes y en horario de madrugada, el notable documental de Patricio Guzmán ?La Batalla de Chile?, realizado décadas atrás.

Esta repentina apertura informativa es compleja porque no es integral, no hay un tratamiento completo de los temas, el énfasis está más en el horror y las violaciones a los derechos humanos, y no en porqué fue posible el horror, y porqué y cómo tantos y tantas creyeron ?creímos- que Chile y su pueblo podían construir su destino. Las imágenes del bombardeo de La Moneda se repiten una y otra vez, pero casi no se ven las concentraciones de apoyo al gobierno, ni la organización del pueblo y cómo participaba en el proceso en curso… La conmemoración de los 40 años ha desatadotambién una especie de verborragia y competencia del perdón en que ciertos cómplices civiles de la dictadura, miembros de la coalición del Presidente Piñera que gobierna el país, presentan sus excusas públicas por lo que dejaron de hacer en dictadura, blanqueándose en la prensa y compitiendo por atención mediática, sin que ello vaya acompañado de ningún gesto efectivo relacionado con el peso de la impunidad que aun existe en muchos crímenes de la dictadura, ni menos con los efectos del modelo económico neoliberal impuesto a sangre y fuego tras el golpe militar y del cual estos políticos profitan hasta ahora.

P:- ¿dónde estabas tú el 11 de septiembre de 1973?

L:-Mi compañero, Augusto Carmona y yo éramos periodistas de TV y radio, y colaboradores de la revista Punto Final. Vivíamos en un departamento en el centro de la ciudad. Nos avisaron por teléfono que había un intento de golpe militar, y nos fuimos hacia La Moneda pero ya estaba todo rodeado de militares, entonces nos dirigimos hacia las oficinas de la revista. En ese mismo edificio estaban las oficinas de la agencia de noticias cubana, Prensa Latina y fuimos hacia allá para tener información. Todo el horror se concentró en esas horas y ese día, que recuerdo como el más largo de mi vida. Allí pude escuchar los primeros «bandos militares», citando a políticos y periodistas conocidos a presentarse en el Ministerio de Defensa. También podíamos escuchar el sobrevuelo de los Hawker Hunter disparando contra el cercano palacio de Gobierno. Cuando el entonces director de Prensa Latina, Jorge Timossi, nos informó -tras un contacto telefónico directo con alguien en La Moneda- que el periodista Augusto Olivares, amigo y asesor de Allende, se había suicidado, el dolor y el espanto me sobrecogieron. De Prensa Latina, caminamos a nuestro departamento de Calle Cóndor, pasando entre grupos de soldados y detenidos, entre tanques, muertos y personas deambulando como autómatas con ojos colmados de miedo y desesperación, agregó. A partir de ese día ya no fuimos más que miembros de la resistencia. Y para mi compañero, el periodismo quedó atrás para siempre. Fue asesinado por la policía secreta de la dictadura el 7 de diciembre de 1977″.

P:- de manera particular, como conocedora profunda de la temática del pueblo mapuche, ¿cómo afectó el golpe militar a este pueblo?

L:-El gobierno del presidente Allende tuvo una preocupación especial por el pueblo mapuche que a través de la ley de reforma agraria dictada por el gobierno anterior, logró una importante devolución de tierras que estaban en manos de latifundistas y pasaron a manos de sus verdaderos dueños, marcando un trato radicalmente diferente al que habían tenido otros gobiernos. El clima de esperanza y movilización no era ajeno a ello, ya que los mapuche realizaron ?corridas de cerco? para recuperar tierras que les habían sido arrebatadas, lo que radicalizó el proceso. Como reportera de TVN me tocó ser testigo privilegiado (como enviada especial) del ánimo del gobierno y del ministro de agricultura de la época, Jacques Chonchol, de resolver las demandas campesinas, ya que todo el ministerio se trasladó a la región de Cautín durante el verano de 1972. Pude ver entonces el gobierno trabajando en terreno y a la vez a las organizaciones mapuche marchando con sus herramientas agrícolas desde los cerros hacia la ciudad y exigiendo respuesta a sus demandas. Sobre lo que significaron esos años, prefiero citar aquí un texto de Jorge Calbucura y otros, publicado en http://www.mapuche.info/?pagina=4234 ?El presidente Salvador Allende continuó el proceso de reforma agraria usando la Ley de Reforma Agraria promulgada en 1967 por el gobierno Demócrata Cristiano de Eduardo Frei. Mediante la aplicación de esta ley, hasta 1973 fueron expropiados 4.401 latifundios y las reservas indígenas mapuche recuperaron 30.000 hectáreas de tierra. En septiembre de 1972, se promulgó una Nueva Ley Indígena que ?a pesar de su corta duración- fue un efectivo instrumento para resolver los litigios por usurpación de tierras a los mapuche. Durante el período 1970-73; la Unidad Popular, transfirió a las comunidades mapuche 30.000 hectáreas de tierra, sin embargo la acción directa de *las corridas de cercos* en las provincias de Malleco, Arauco, Cautín y Valdivia logró recuperar más de 70.000 hectáreas de tierra usurpada por los terratenientes. Todo un tiempo de hombres y mujeres mapuche visionarios. Convencidos de que era posible aunar fuerza, valentía y trascendencia, fueron los que llevaron adelante la iniciativa de *las corridas de cercos. *Una vez más quedaba demostrado que la nación mapuche no estaba rendida. La consigna era: *¡Tierra o muerte!, ¡Nadie nos trancará el paso! * La primera *corrida de cerco*, se realizó en Cautín el 15 de mayo de 1970 por la comunidad Mañío Manzanal (Comunidad Quinchavil-Santibáñez). Después de dos meses de ocupación y juicio, el Tribunal de Justicia falló a favor de los comuneros mapuche. La autoría de la *corrida de cerco *le corresponde al lonko Luis Quinchavil, que antes de llevar a cabo la acción, expresó ?*hay que recuperar las tierras usurpadas corriendo los cercos a sus límites originales.? *Desde esta primera corrida de cercos nace la modalidad que se repetirá en todas las sucesivas acciones; desalambrar, sacar las estacas y correrlas a los límites establecidos por el Título de Merced de Tierras. El 8 de septiembre de 1970 de manera simultánea se realizan diez corridas de cerco y en el curso de los meses posteriores se ejecutan cientos de corridas de cerco? (fin de la cita).

El golpe militar en la zona mapuche, del BioBio al sur, fue incluso más cruel que en la ciudad, y hasta el día de hoy se desconocen las verdaderas dimensiones de la represión, pues el terror acalló las denuncias en la mayor parte de los casos. En la zona que más conozco, las localidades cercanas a Nueva Imperial en la Región de la Araucanía, prácticamente no se presentaron denuncias ante las Comisiones Nacionales (Rettig y Valech) creadas en dos oportunidades para ese efecto. Esas comisiones tampoco hicieron ningún tipo de trabajo especial de acercamiento a este sector específico de posibles víctimas. Por testimonios orales me he impuesto de la ferocidad de la represión, donde las fuerzas armadas actuaron con información y participación de los antiguos dueños de fundos para detener a centenares de campesinos mapuche, que fueron subidos a helicópteros y sus cuerpos destrozados en vuelos rasantes por zonas forestales. Algunos cadáveres aparecieron en un canal a la entrada de esa localidad, el cual posteriormente fue sellado. Las incursiones represivas contaron incluso con el apoyo de miembros de la iglesia local, ya que los curas franciscanos de la llamada Misión Boroa, en ese territorio, entregaron al ejército a personas que habían ido a buscar refugio allí. Todas las conquistas se perdieron y más aún, la dictadura impulsó la ley de división de las comunidades que acentuó su disgregación y pérdida de sentido comunitario. A nivel general, las tierras que habían sido expropiadas pasaron a ser propiedad de las empresas forestales que progresivamente se expandieron por sobre todo el territorio mapuche. Largos años debieron pasar para que este pueblo indómito retomara la lucha por la recuperación de su territorio e incluso incorpore últimamente elementos como la autodeterminación mapuche.

P:- ¿Tu labor concreta de periodista, hubo de adaptarse a las condiciones de la dictadura militar?

L:-Nunca ejercí el periodismo en Chile bajo dictadura. Mis tareas en la resistencia no tuvieron que ver con el periodismo aunque lógicamente incluían el apoyo a la prensa clandestina.

P:- ¿Cómo viviste las movilizaciones contra la dictadura, el referéndum y luego la «transición» controlada?

L:- Fue emocionante vivir en Chile el inicio de las movilizaciones contra la dictadura a comienzos de los años 80. El impacto del golpe, de las desapariciones de presos políticos y el peso del terror determinaron que en los primeros años de dictadura no hubiera expresiones masivas de resistencia popular y sólo se desarrollaran acciones que involucraban a sectores muy pequeños de la población y por tanto tenían escaso impacto. A nivel de masas, ya existía la movilización de las agrupaciones de derechos humanos, pero hasta 1981 esa era prácticamente la única expresión visible y permanente del descontento. Nosotros trabajábamos en la clandestinidad alentando la organización de la resistencia a nivel estudiantil, sindical, y poblador, coordinando fechas de protestas a nivel nacional y desarrollando acciones de ?propaganda armada? en poblaciones, buscando mostrar que era posible enfrentar a la dictadura y golpearla en sus puntos más débiles, generando prensa clandestina y emisiones de radio Liberación, operadas por equipos móviles de compañeros con receptores especialmente adaptados para no ser localizados por la represión.

Progresivamente la gente comenzó a perder el temor, a salir a la calle, a generar nuevas organizaciones para la lucha abierta a nivel estudiantil y poblacional ?de las cuales fuimos parte- y se percibía ya que entrábamos a una nueva fase. Sin embargo, a mediados de los años 80, cuando ello comienza a madurar, el MIR ya estaba muy diezmado por la represión, la mayor parte de su dirección histórica había sido aniquilada y los dirigentes que salieron al exterior no habían interpretado adecuadamente lo que ocurría en Chile con su propia fuerza y a nivel de masas. Diseñaron políticas que no se correspondían con la realidad y que expusieron a la organización más allá de sus capacidades reales en el plano político y militar. En agosto del año 83, vivíamos en Chile quizás el momento más alto de las protestas populares, a las cuales Pinochet responde sacando a la calle en Santiago a 18.000 militares. A nivel de superestructura existía una alianza política del campo popular el Movimiento Democrático Popular, y una alianza opositora encabezada por la Democracia Cristina y sectores ?renovados? de la izquierda que fue la que finalmente se impuso como ?Alianza Democrática?.

Al abrirse la nueva situación política, el MIR tenía una restringida y localizada capacidad de intervención, al tiempo que aparecían nuevos actores como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez que lograban canalizar el ánimo de lucha de las masas.

Me correspondió trabajar políticamente en Santiago en esos años y una de las experiencias más ricas fue participar a nivel regional, en la organización del paro ?asonada comunal (27 de marzo de 1984) en Pudahuel, un municipio de la zona poniente de Santiago, muy combativo, donde había milicias populares de la resistencia, una Coordinadora de Organizaciones Populares, y un trabajo muy importante con sectores cristianos.

Entre los años 79-84 habíamos logrado tener cierta presencia política, social y armada que dio legitimidad al MIR en la lucha antidictatorial, pero eso no tuvo una continuidad, debido a que sobrevinieron nuevos golpes represivos los que sumados a discusiones internas mal abordadas, culminaron en la posterior división de nuestro partido.

El año 1986 debí salir del país hacia Argentina porque el fallido atentado a Pinochet por el FPMR trajo un incremento de la represión que hizo insostenible mi situación. Así que debo decir que me perdí la parte más masiva de la lucha, ya que no logré regresar a Chile hasta el año 93.

La transición la viví con mucho dolor y frustración, pues desde el plebiscito en adelante fue evidente incluso fuera del país, que esa era una salida negociada y que se mantendría intacto el andamiaje de la dictadura. La división y el fin del MIR, y la presencia de una izquierda dedicada a administrar la herencia de la dictadura han sido tragos muy amargos a beber en estos años.

Por mucho tiempo, solo el movimiento por los derechos humanos y por la memoria histórica ?del que participo- y las luchas del pueblo mapuche ? con cuyas demandas solidarizo- fueron los signos de continuidad respecto de nuestra historia como pueblo consciente y combativo.

Sin embargo, finalmente y desde el año 2011, esa semilla sembrada trabajosamente desde los débiles inicios de la resistencia al golpe militar comenzó a brotar contra viento y marea, mostrando su verdor en el naciente movimiento estudiantil que hoy marcha a la cabeza de la reactivación del movimiento popular en Chile. En todas las marchas de los jóvenes encontramos hoy a Allende, a Víctor Jara caminando junto a ellos y como parte de sus luchas. La movilización del 5 de septiembre llamada por todas las federaciones estudiantiles del país junto a los estudiantes secundarios, se convocó evocando los 40 años del golpe militar y sacó a las calles a miles y miles de muchachos y muchachas y a otros que ya no lo somos….

Y la marcha convocada por todas las organizaciones de Derechos Humanos, de la que vengo de participar hoy domingo 8 de septiembre tuvo un carácter diferente y superior al de otras marchas rituales del aniversario del golpe militar. Brigadas juveniles desplegaron una tremenda creatividad y entusiasmo para mostrar la ligazón entre las luchas de ayer y las demandas populares de hoy. Particularmente impresionante fue el trabajo desplegado en todos los muros del largo trayecto de la romería desde la Alameda Bernardo O?Higgins hasta el Cementerio General, por colectivos de jóvenes que pegaban serigrafías con consignas y llamados a la lucha que incluían el apoyo a la lucha del pueblo mapuche, el derecho a la salud y la educación e incluso una demanda más reciente: semillas libres de

P:- Tras varios gobiernos de la Concertación y uno de Piñera.. ¿qué queda del legado pinochetista en Chile?

L:- La Constitución que rige el país en todos sus ámbitos es la ideada por la dictadura. Mientras no tengamos la fuerza para parir una nueva constitución, ese legado estará prácticamente intacto.

El modelo económico neoliberal y extractivista, con cero respeto por la naturaleza y nulo interés por la equidad social, también está intacto. Ha sido super bien administrado por la Concertación y ahora por Piñera, que se está preocupado en los últimos meses que le quedan de gestión de privatizar los escasos bienes comunes que quedan en Chile, como es nuestro patrimonio genético, simbolizado en las semillas campesinas e indígenas. Todo es privado ya en Chile: la salud, la educación, la previsión social, la mayor parte del cobre, el agua, los peces.

P:- En Territorio Mapuche… se siguen aplicando las leyes antiterroristas de Pinochet..

L:- Tanto la Concertación como el gobierno actual de Sebastián Piñera han aplicado esta ley de Pinochet, considerando terroristas a quienes luchan por la recuperación de su territorio ancestral. Los muertos están, sin embargo, del lado de los ?terroristas?: son luchadores sociales mapuche acribillados por la espalda por las fuerzas policiales. Una interminable lista de presos políticos mapuche ha acompañado a los últimos gobiernos, que sin embargo permanecen sordos a los llamados de los organismos internacionales de derechos humanos.

En realidad, quienes viven en las comunidades mapuche en resistencia están viviendo como se vivía en dictadura en las zonas urbanas populares y poblacionales que hacían resistencia activa: con allanamientos permanentes, militarización del territorio, detenciones arbitrarias y tortura. Para el pueblo mapuche en lucha, la democracia nunca llegó y los sucesivos gobiernos han sido incapaces de responder a sus demandas porque han tomado partido por las grandes empresas forestales que están usando el territorio indígena para sus plantaciones y les han despojado además del agua necesaria para su subsistencia y cultivos. Es de toda lógica que las organizaciones mapuche no le crean a los partidos políticos chilenos y aspiren a construir su propia autonomía ante un Estado que los niega y una izquierda que en general no ha querido o no ha sabido verlos como un pueblo-nación y actuar en consecuencia.

P:- Muchas de las personas represoras de la dictadura siguen vivas.. ¿habrá algún tipo de justicia y castigo a los culpables?

L:- En el actual marco de cosas, es poco probable. Por eso son tan importantes las funas y la exposición pública de esas personas, como ocurrió recientemente con el ex comandante en jefe del ejército, Emilio Cheyre que se vio enfrentado en un programa de televisión, por el hijo de una pareja de detenidos desaparecidos, en un caso en que estuvo involucrado el militar. Todo el país supo entonces quién tenía la razón, pese a que el ex oficial dijo que nunca tuvo motivos para no creer la versión que recibió de su superior, que era que la pareja se había dinamitado delante de su hijo.

Eso es más posible en este contexto que juicios, ya que la tendencia actual es dar sentencias irrisorias por crímenes de lesa humanidad, aplicando la tesis de la ?media prescripción? para evitar que vayan a prisión los asesinos y perpetradores de ejecuciones y desapariciones de compañeros.

En el caso de mi compañero, Augusto Carmona, apenas hay encargatorias de reos en un proceso que lleva más de diez años y en el cual sólo meses atrás se ha individualizado a algunos de los represores culpables de su asesinato por la espalda. La ejecución política fue una práctica que se puso en vigor por la CNI cuando la repulsa internacional por las desapariciones de prisioneros políticos ya era muy fuerte. Entonces el método cambió. A través de refinados métodos de inteligencia y del uso de la tortura a presos se lograba detectar a dirigentes y cuadros del MIR y se les asesinaba para luego informar de que había habido un enfrentamiento

P:- a 40 años, espacios de tortura como la colonia Dignidad, de sectas alemanas cómplices de Pinochet ¿debieran ser enjuciadas por eso, o por el uso de gas sarin, además de por el abuso de niños?

L:- Dignidad es un caso de colusión internacional para que no haya justicia, ya que el estado alemán y los gobiernos chilenos hasta ahora han colaborado para que la impunidad continúe vigente para esos crímenes contra la humanidad. Aquí hay redes de protección a nivel Estado ? poderes locales que impiden avanzar en juicios que verdaderamente abarquen todo lo que significó la colonia Dignidad como parte del terrorismo amparado por el Estado chileno.

P:- ¿Nunca más habrá una dictadura militar en Chile…?

L:- No lo sé. No creo que la requieran hoy los civiles dueños del país, que son los hijos o sucesores de aquellos que en tiempos de Allende, aliados con el imperio norteamericano pidieron la intervención de las fuerzas armadas.

No soy futuróloga y no puedo saber cuánto tiempo tendrá que pasar para que haya nuevamente una alternativa revolucionaria en Chile y qué ocurriría entonces con quienes se sientan amenazados por ella, en el marco de una situación global diferente y del tipo de armamento y medios con que cuentan hoy quienes detentan el monopolio de las armas a nivel global.

P:- ¿qué personajes rescatarías de la lucha contra la dictadura militar en Chile?

Miguel Enríquez, fundador y secretario general del Mir hasta su muerte en combate en octubre de 1974. Fue un dirigente extraordinario, de aguda visión política, enorme capacidad de mando y poder de convicción, unidos a una consecuencia absoluta entre su discurso y su práctica. Es imposible separar la experiencia mirista y la construcción de ese partido como organización revolucionaria, de la conducción de Miguel, a la cabeza de su Comisión Política. Los aciertos del MIR y también algunos de sus errores tienen su impronta, por esa arrolladora personalidad, de un magnetismo sin igual.

Miguel es un símbolo y un referente de coraje y amor al pueblo y la revolución, más allá del MIR, para toda una generación. También fue extraordinario el coraje y el compromiso de mi compañero de entonces, Augusto Carmona, que desde la clandestinidad trabajó incansablemente por la unidad de la izquierda y la reorganización de las fuerzas de nuestra organización enfrentando las más duras circunstancias. Sobre él y otros trabajadores de los medios de comunicación escribí varias de las historias incluidas en la obra ?Morir es la Noticia?, de Ernesto Carmona editor, de la que fui parte junto a un colectivo de periodistas en 2001, sobre nuestros compañeros desaparecidos o ejecutados en dictadura.

Y como símbolo de los y las heroínas invisibles de esta lucha, recuerdo a la compañera María Galindo, joven dirigente obrera oriunda de la zona sur del país y desaparecida en 1976 sin que jamás se haya tenido noticias de las circunstancias de su detención. Ella compartió prisión y tortura en Villa Grimaldi con Marta Ugarte, compañera cuyo cuerpo fue encontrado en una playa luego de haber sido arrojado desde un helicóptero por sus torturadores.

Es imposible y discriminatorio mencionar personas?por eso es tan importante que vivamos hoy un florecimiento de la memoria, con la publicación de muchos libros de testimonios y memorias que hagan justicia a la contribución ignorada de tantos y tantos compañeros a la lucha antidictatorial. Es lo que traté de hacer con mi libro reportaje ?119 de nosotros? (Lom, 2005) en que trato de contar quiénes fueron esos compañeros y compañeras de mi generación a quienes la DINA desapareció en el montaje mediático Operación Colombo, del servicio secreto de la dictadura como préambulo de la Operación Cóndor, sacándolos de las estadísticas oficiales para acercar esa generación de revolucionarios a los jóvenes de hoy. Me reconforta que mi libro haya servido de base para un documental de Luis Parra y Luisa Martínez sobre ellos, que se estrenó este año y se llama ?119 esperanzas? y que esos testimonios animen incontables actividades de derechos humanos en las casas de memoria y/o colectivos que florecen hoy en nuestro territorio.

http://www.pachakuti.org

Santiago, septiembre de 2013, a 40 años del golpe militar

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