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Por un debate fraterno al interior de la izquierda anticapitalista

Fuentes: Rebelión

Segundo número de la revista «Puño y Letra» En sus manos sostienen un nuevo número de «Puño y Letra». Satisfactoriamente vamos caminando a cumplir el principal objetivo trazado por nuestro proyecto, que es constituirse en «la revista de reflexión de la izquierda anticapitalista chilena». Estos avances se expresan en el ingreso a nuestro equipo de […]

Foto: Con alegría le contamos que ya se encuentra a su disposición el número de julio-agosto de
Segundo número de la revista «Puño y Letra»

En sus manos sostienen un nuevo número de «Puño y Letra». Satisfactoriamente vamos caminando a cumplir el principal objetivo trazado por nuestro proyecto, que es constituirse en «la revista de reflexión de la izquierda anticapitalista chilena». Estos avances se expresan en el ingreso a nuestro equipo de nuevos integrantes, provenientes de expresiones colectivas o individuales de las filas revolucionarias, y en la muy buena recepción que ha tenido en el seno de las izquierdas. Sin duda, un paso más de la larga caminata que debe enfrentar nuestra revista.
En este número daremos énfasis a la situación internacional con artículos sobre las protestas populares en Brasil y el triunfo del nuevo referente «Podemos» de España en las últimas elecciones para las diputaciones europeas. También incluimos una entrevista exclusiva con el intelectual revolucionario Michael Löwy, quien se refiere al marxismo en América Latina, anticapitalismo y ecosocialismo. Mantenemos nuestras secciones permanentes y crecimos en tamaño.

Como equipo, al reconocer la revista como espacio de confluencia de nuestra izquierda, nos hemos autoemplazado a deliberar política de forma mancomunada, a través del espacio editorial y de secciones específicas que comentaremos en su oportunidad. De esta forma, iremos sintetizando nuestra lectura de la realidad.
Al respecto, un somero análisis de la actual coyuntura política nacional.
La pionera y sólida edificación neoliberal chilena, regida bajo una economía capitalista periférica, se comienza a agrietar. El neoliberalismo como «sentido común» que nos tenía sumergidos en las resistencias más precarias al modelo, comienza a diluirse con la aparición intempestiva de un nuevo ciclo político y social, abierto por las movilizaciones del año 2011.

Este nuevo ciclo de conflictividad social ha tenido como protagonista a las luchas por una educación gratuita, pública y de calidad, impulsadas por el movimiento estudiantil, el cual también tuvo la capacidad de erigir demandas transversales como la reforma tributaria, asamblea constituyente y la renacionalización del cobre. Asimismo, corresponde  destacar las luchas regionalistas por la descentralización y las demandas ecologistas. Uno de los hitos constituyentes en este nuevo periodo fue la seguidilla de protestas contra el megaproyecto HidroAysén, que este 10 de junio, y luego de años de batallar, se rechazó definitivamente.

El atomizado movimiento obrero ha tenido una leve reactivación en el último tiempo; aunque de forma disgregada, lo cierto es que se ha hecho eco de su principal condición. En el último año fuimos testigos de importantes batallas laborales, como las huelgas de carteros y portuarios, entre otras. Este nuevo flujo sindical tiene importantes proyecciones para el campo popular, al tratarse de un sector estratégico en el engranaje de la movilización social.

En la otra vereda, parte del bloque hegemónico en el poder, hoy asentado en el ejecutivo, ha modificado su conducta política y, alertado por este nuevo ciclo político, ha comenzado una ofensiva de reformas tendiente a la satisfacción parcelada de ciertas reivindicaciones emanadas desde la calle. Esta bifurcación no es más que una estrategia por mantener la cooptación social y la búsqueda de salidas institucionales a las demandas populares.

Es así como triunfó la «Nueva Mayoría» a través de Michelle Bachelet en las elecciones presidenciales del año 2013, que se envistió con los ropajes de los movimientos sociales. De paso, la derecha tradicional queda como la segunda fuerza política en el parlamento, dando muestra de un «civilizado traspaso de gobierno». Pero también es importante destacar que en esa contienda electoral primó la abstención, que es una expresión más de la crisis de legitimidad de la actual democracia neoliberal.

En tanto, la otra parte del bloque hegemónico en el poder -la derecha-, intenta tensionar las reformas propuestas desde la «Nueva Mayoría», con el objeto de mantener la política de los consensos y seguir constituyendo al duopolio como única fuente del quehacer político nacional.

Frente al actual escenario, nuestra matriz político-cultural revolucionaria hoy encuentra incipientes espacios de reagrupación. Desde recuperar confianzas perdidas hasta realizar y potenciar acciones conjuntas. Sin  suda, esto es aún muy marginal, pero la tarea es seguir apostando por tal reagrupamiento de las y los revolucionarios y la reconstrucción del movimiento popular.

Esperamos seguir contribuyendo como «Puño y Letra» en el debate fraterno al interior de la izquierda anticapitalista chilena.

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