En Abelardo de la Espriella, el elegido presidente de Colombia para los próximos 4 años (2026-2024), rodeado de un evidente fraude manual y electrónico, adelantado dentro de los parámetros de las guerras cognitivas, tan al uso hoy con la proliferación de la Inteligencia Artificial y sus potentes plataformas con gran capacidad para dar “golpes de estado” en un mundo signado e inmerso en la suprageocomucacionalidad y el cosmoestadismo, hay una evidente pulsión autoritaria, violenta y militarista.
Pulsión que resulta de las nuevas formas políticas de la ultraderecha en auge a nivel global y organizada en las fantasías ultraliberales (Milei), las batallas culturales (Laje) y el extermino o destripamiento de la izquierda en todas sus manifestaciones (por De la Espriella, Bukele o Rubio): marxista, woke, socialdemócrata, maoísta o leninista.
La pulsión militarista o la idolatría por los cuarteles en De la Espriella lo tiene en la disposición de asumir su nuevo cargo en una guarnición militar o en un batallón de guerra para indicar lo que será el talante de su gobernanza y gobernabilidad. Una sumisión a rajatabla del poder civil al de los militares, algo que ni los propios militares, o la mayoría de ellos, parece querer por todos los riesgos jurídicos que tal disparate implicaría; es la memoria viva de los “falsos positivos”.
Lo cierto es que en amplios segmentos de la sociedad hay un repudio a tal esperpento político y desde distintos campos se ha cuestionado la pretensión de ir a los cuarteles a confirmar el dudoso triunfo electoral del 21 de junio pasado. Reputados columnistas, medios de comunicación e instituciones públicas de renombre han mostrado con argumentos muy sólidos su desacuerdo con la andanada neo militarista de Abelardo.
Por supuesto, en el potente movimiento social consolidado en los años recientes y en el Pacto Histórico, como su mejor expresión política en la izquierda, se está dando un enérgico rechazo a tal agresión antidemocrática que se propone destruir las libertades conquistadas y los derechos adquiridos con muchos sacrificios y esfuerzos de unidad y movilizaciones históricas como las del 2019, el 2020 y el 2021.
En ese sentido el “estallido social” del 2021, con epicentro en la ciudad de Cali, es un acontecimiento de enorme valor en el acumulado de las luchas populares colombianas que conserva bastante vigencia por sus repertorios y la contundencia de sus golpes contra la reforma tributaria y las medidas antisociales del gobierno de Ivan Duque.
La posesión de De la Espriella en Cali el próximo 7 de agosto, rodeado de agresivos símbolos y ceremonias militaristas, reta al movimiento social en sus diversas expresiones urbanas y rurales propiciando su inevitable reacción alrededor del Monumento de la Resistencia en Cali, que bien puede dar forma a un temprano, nuevo y extendido “estallido social” contra el monstruo de la restauración ultragoda encarnado en el proyecto de la “Patria Milagro” el mismo 7 de agosto.
No creo que se deba permanecer expectante frente a los anuncios de Abelardo y dar un periodo de gracia (100 días) a sus nefastas medidas cargadas de guerra, represión y persecución como en las peores épocas del paramilitarismo y la violencia terrateniente.
Hay que proceder a convocar y movilizar las organizaciones sociales y populares para sentar un precedente y desencadenar la respuesta del movimiento social a un régimen que pretende aplastar y borrar los derechos sociales de millones de colombianos.
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