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Quien era Pablo Marchant, el weichafe de la CAM asesinado en un fundo de Mininco este viernes

Fuentes: Interferencia

Su círculo cercano le llamaba “Toñito” y lo despedirán en un eluwun, es decir, en un funeral tradicional para despedir a un weichafe (guerrero). “Vivió como quiso vivir, bajo sus convicciones”, dice Héctor Llaitul. Pablo Marchant será enterrado en un lugar en proceso de recuperación territorial.

Durante la tarde de este viernes 9 de julio, en medio de un enfrentamiento en el fundo Santa Ana de Forestal Mininco, Pablo Marchant Gutiérrez, de 29 años, murió tras recibir un disparo en su cabeza por parte de un carabinero. Aunque los hechos aún no están muy claros, se sabe que Marchant murió en el lugar, mientras que un trabajador de la forestal, Ceferino González, fue herido y se encuentra grave. 

Pablo Andrés Marchant Gutiérrez estudió parte de su enseñanza escolar en el Instituto Nacional, en Santiago. Según los datos del Servel, tenía domicilio oficial en Renca, sin embargo, hace años que ya no vivía en Santiago. Era ex estudiante de Antropología de la Universidad de Concepción.

Pablo no tenía apellidos mapuche, pero tiene ascendencia mapuche por el lado de su abuela, “él tenía una identificación respecto a ese tuwun -origen territorial- y tupalme, lo sentía muy compenetrado cuando entró a estudiar, se sentía muy identificado”, cuenta un cercano. Cuando estaba en la universidad estudiando antropología, Pablo Marchant, o “Toñito” como lo llamaba su círculo cercano, ya participaba en redes de apoyo y jornadas ligadas a la causa mapuche. Lo describen como un joven “ávido de conocimiento, de lecturas y de luchas, muy respetuoso y alegre”.

El joven militante de un Órgano de Resistencia Territorial (ORT) de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), será despedido en un eluwun, es decir, en un funeral tradicional mapuche y como un weifache, es decir, como un guerrero. Pablo Marchant manifestó a sus cercanos que quería ser sepultado en territorio mapuche, deseo que también manifestó a distintos weichafe, por lo que su familia aceptó su voluntad. Durante la tarde del sábado 10 de julio distintas comunidades llegaron a las afueras del Servicio Médico Legal de Temuco para despedir a Pablo Marchant Gutiérrez y comenzaron el cortejo fúnebre hacia la comuna de Lumaco, región de La Araucanía, específicamente a Pidinco. 

Mientras iba en la caravana, Héctor Llaitul- quien en la noche anterior fue informado confusamente que su hijo, Ernesto Llaitul, era el fallecido («No sé por qué Carabineros dio por hecho que era mi hijo»)- comenta que “Toñito” desarrolló gran parte de su espiritualidad de lo que es el mundo mapuche, “por eso se quiso ser quedar en el territorio donde se lucha, quedar cerca de nuestro ngen, pu newen, de nuestros fütakeche (ancianos)”.

“No será enterrado en cualquier lado, sino en un lugar donde estamos disputando territorialmente con el enemigo, donde estamos haciendo transformaciones en la mapu, en lo estructural, político e ideológico. Lo llevamos a un rewe del territorio nache y ahí haremos el eluwun en un proceso de recuperación en contra de una forestal, que fue del extractivismo y ahora pasa a ser del mundo mapuche. Pretendemos dejarlo en un eltuwe mapuche ancestral donde estuvo antes nuestro futakeche y que lo queremos recomponer para todos aquellos que se sientan comprometidos, para que sea un símbolo de las resistencias. Cuando el Toñito asumió un compromiso de por vida, pasó a ser un weichafe”, dice Llaitul.

Héctor Llaitul señala que los amigos de Marchant están muy consternados por su muerte, pero “orgullosos de haber conocido a alguien de esta envergadura”. Recuerda que estaba participando en un seminario en Concepción cuando conoció a Pablo Marchant. 

“Él era amigo de mi hijo que estudiaba sociología en la misma universidad, se entendían muy bien con el Nano, de hecho mi hijo me lo presentó. Pablo manifestó mucho interés en la causa mapuche y se mostró agradecido de conocernos directamente”, rememora Llaitul.

“Mi hijo hizo un proceso de descuelgue de la carrera de sociología y de vivir en Concepción y retorna a Lleu Lleu donde tengo residencia y me va acompañar, y a la siga de él, llega Pablo Marchant, es decir, ellos al parecer toman la decisión en conjunto y desde ahí, que hace su ingreso a nuestra organización y a la lucha autonomista el Toñito” cuenta Llaitul, quien afirma que eso ocurrió entre el año 2016 y 2017, antes del caso Huracán.

“Más allá de los riesgos y sacrificios que significa esta lucha, Toñito estaba contento entre nosotros, él manifestaba que se sentía un privilegiado de poder estar con mi familia y en la CAM, de estar en la lucha concreta. Vivió como quiso vivir, bajo sus convicciones, tenía mucha claridad política e ideológica respecto a la lucha de la CAM, por esto también lo reivindicamos como un weichafe por la liberación mapuche, siempre con ganas de aprender, estábamos en proceso de discusión permanente. Él por cubrir la salida de otros weichafe, sacrificó la vida”, agrega.

Pablo Marchant vivió con Héctor Llaitul en Lleu Lleu, pero después asumió la militancia de forma integral. Llaitul explica que en la Coordinadora Arauco Malleco tienen tres líneas de acción permanentes, en las cuales participaba Marchant.

“Estar presentes en el control territorial, es decir, trabajar al interior de las recuperaciones con todo lo que significa eso, estar también en la resistencia amplia y en la autodefensa de las comunidades cuando son reprimidas y estar en la acción directa, muy específicamente en los sabotajes, y él cumplia con todo como gran parte de los que somos militantes activos o militantes de la CAM, como ‘camche’ que es el norte del militante, hacer una vida absolutamente integral y completa a la causa”, explica.

“Nosotros reafirmamos los principios y valores del weichan y del weichafe, Toñito representa a muchos jóvenes, como lo hizo Matias Catrileo, un retorno al Wallmapu marcado por la convicción para luchar e incluso ofrendar su vida”, opina Llaitul.

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