Recomiendo:
0

David Aniñir Guilitraro, poeta y autor de "Mapurbe"

Rasguñando el asfalto

Fuentes: Azkintuwe Noticias

De origen mapuche por padre y madre, David Aniñir Guilitraro vino a nacer en la periferia de la ciudad de Santiago, donde se conocieron sus progenitores, expulsados de sus tierras ancestrales por la pobreza y los siglos de usurpación. «Mapurbe», su primera publicación, fue presentada al público el pasado 2 de julio, en el Centro […]

De origen mapuche por padre y madre, David Aniñir Guilitraro vino a nacer en la periferia de la ciudad de Santiago, donde se conocieron sus progenitores, expulsados de sus tierras ancestrales por la pobreza y los siglos de usurpación. «Mapurbe», su primera publicación, fue presentada al público el pasado 2 de julio, en el Centro Cultural El Sindicato, el mismo lugar donde se gestó su edición popular. De «Mapurbe», la poesía mapuche, los presos políticos y la cruda realidad de los jóvenes hijos de la migración forzada, conversamos con David en el asfalto de la capital chilena.

«Somos mapuche de hormigón / Debajo del asfalto duerme nuestra madre / Explotada por un cabrón. / (…) / Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes y ambulantes / Somos de los que quedamos en pocas partes / (…) / Somos hijos de los hijos de los hijos / Somos los nietos de Lautaro tomando la micro / Para servirle a los ricos / Somos parientes del sol y del trueno / Lloviendo sobre la tierra apuñalada» (Mapurbe).

De formación autodidacta, sus versos ya han sido difundidos por los más diversos medios, incluyendo la televisión, a través del programa El Mirador hace algunos años, y «Mapurbe» ha sido difundido en parte en la antología «20 Poetas Mapuches Contemporáneos», compilada por Jaime Huenún (LOM), y en diversas publicaciones impresas y digitales a ambos lados de la cordillera.

No es fácil conversar con David. Sus estudios nocturnos y su trabajo en la construcción no le dejan mucho tiempo a libre disposición. Logramos esta entrevista en una agitada noche de música, teatro y protesta ambiental contra el proyecto minero Pascua Lama en el local de El Sindicato, interrumpiendo una reunión que a su vez él sostenía con otros artistas mapuches del colectivo Millaleufu.

-Tú te desenmarcas de la poesía mapuche que se está realizando, uniendo tus raíces con la vivencia del mapuche que se crió en las poblaciones marginales de la ciudad. ¿Cómo calificas tu poesía?

«Yo, lo que intento es plasmar en mi expresión literaria, de autoformación, mi poesía con un montón de mezclas y transculturizaciones que hemos tenido como generación que ha nacido en la ciudad, como jóvenes mapuches. A partir de esa expresión yo también me sitúo y la expreso a través de mi poesía, que es gutural, irónica. Yo creo que la diferencia -no en el sentido de quererme diferenciar, porque igual soy parte de esta camada de poetas mapuches, que se expresan desde sus facetas- es que yo lo hago desde una realidad mapuche urbana poblacional, marginalidad pero que busca no marginarse».

-¿Has sentido la crítica de sectores mapuches más puristas hacia tu poesía que se aleja de lo tradicional?

«Obviamente, pero ahí planteo mi duda: ¿qué es lo mapuche hoy?»

-¿Y qué es lo mapuche hoy para ti?

«¿Cómo nosotros nos planteamos mapuche ahora, qué es mapuche hoy? El mapuche hoy, para mí es mi realidad. Estamos insertos en un medio en el cual nacimos por esta migración, en que el modelo económico obligó a emigrar a la ciudad y de ahí la distancia con lo que era nuestro modelo de cultura y comunidad mapuche. Pero es solamente una situación forzada por el sistema capitalista».

-Y hay una toda una población mapuche que se ha formado en las ciudades…

«Enfrentar el desafío de aglutinar a los mapuche de las ciudades y modelar estas conductas de supervivencia, lo tienen las organizaciones mapuches y es un desafío heroico. Las organizaciones están planteando un modelo de sociedad distinto, económico, cultural, político, apoyando las acciones que se van dando en el sur con los hermanos que están sufriendo las hostilidades de las transnacionales.

Yo aquí me enfrento a mi realidad, no manejo, soy un incipiente poblacional que observa, pero yo no he tenido formación académica, yo no he tenido mis conocimientos planteados dentro de la comunidad mapuche donde yo pueda defender y revalorar mis derechos y ahora soy de la ciudad. Estudio en la nocturna porque me echaron de la educación media, ahora estoy en la enseñanza superior, pero esta formación es deformada, es dura, por la realidad que me tocó vivir. De allí yo enfoco mi realidad mapuche, que es de ira, de un mono que está encerrado en un calabozo y quiere puro salir, pero hay monos que han salido y están enfocando esto en una teoría más política. Yo formo parte de ese peldaño, no estoy arriba, estoy formando parte desde una visión poblacional y por eso también es mi léxico».

-Que traspasas a tu poesía…

«Cuando escucho mi poesía, habla más que ellos y habla más que yo también».

-¿Y sientes reflejada en de la pelea que están dando las comunidades en el sur, tu realidad como poblador, mapuche, marginal…?

«A partir de esa reflexión, de ser joven mapuche poblacional, a partir de cómo poder hacer algo, cómo plantear algún referente de lucha, solidaridad, o comunión con la realidad mapuche de nuestros peñis, como sabemos que individualmente no podemos hacer ni una güevá, formamos el colectivo cultural ‘Odiókratas’, y como colectivo adherimos a las iniciativas que tenían como principio demandar los derechos del pueblo mapuche que estaban siendo avasallados y la lucha por la libertad de los presos políticos mapuche, con la Meli Wixan Mapu.

No tienes para qué ser mapuche para darte cuenta de la realidad que sufre nuestro pueblo mapuche con el asesinato de Alex Lemún, de Julio Huentecura, y ahora último de Zenón Díaz Necul. A partir de estas reflexiones de la realidad fuimos enfocando nuestro eje de lucha en poblaciones que tenían muchos referentes socioculturales populares, como el rock, el arte poblacional, el hip hop… Y fuimos creando un referente cultural de conciencia social, pero a partir de lo mapuche… y esa güevá irradió. Nosotros teníamos actividades cerca del río, llegaban 2.000 cabros, de ésos, 500 eran mapuche, les pedíamos un libro, nos llegaban con 2 libros cada uno. ‘El rock en río’, se llamaba, y lo hacíamos en el río Mapocho, en Cerro Navia. Estaban los Fiskales, Redolés, Miserables, los Sandino Rocker, un respeto enorme por los cabros.

Porque nuestros vínculos y expresiones de hacer nuestras iniciativas sociales estaban vinculadas con el rock, y de ahí se fue transformando en el concepto del mapunky, o el concepto de la Mapurbe. Movimiento que trascendió a Bariloche, Argentina, donde se genera una suerte de movimiento cultural mapuche urbano cuya referencia es su propia realidad, para llegar a la realidad donde están sufriendo las reivindicaciones por recuperación de tierras, que son sus mismos familiares. No por terceras generaciones, sino por generación directa, o sea sus padres vivieron allá, y allá van no en enero y febrero, sino que van en cualquier momento, y allá hay una realidad palpable como lo que se refleja en Temuco, en que tú no necesitas de unas vacaciones, un fin de semana, sino que estás directamente relacionado. Y esa realidad urbana que le da fortalecimiento a este choque -que tú decías- de lo tradicional, hacía cuestionarnos: ¿qué somos los mapuche hoy?

-¿Hablamos de «Mapurbe»?

«Es un poemario que ha salido al paso de los poetas mapuche. Un respeto enorme por ellos. Pero mi opción es poder autoeditar y solventar mi discurso. Es un trabajo que estoy haciendo hace 8 años, no he podido editarlo antes, lo único que he hecho es fotocopias y correo electrónico. Este trabajo ha sido autogestionado por los hermanos, que merecerían ser mencionados, ellos creen en mi propuesta, que no va por David, sino por lo que significa estéticamente enfrentar y mostrar este trabajo, y eso me tiene muy digno y orgulloso».

-¿De dónde te surgió el gusto por la palabra y por escribir?

«De mi vieja, porque con ella yo aprendí. Por ella salió esto de transmitir por la palabra, no sé si es poesía. Ella me decía que le hiciera las cartas a su familia del sur. Comenzaba: ‘Hermana cómo estás, espero que estés bien, ahora paso a lo siguiente, resulta que mis hijos están bien tienen 7 y 8 años, estoy viuda hace 10 años, el David es el mayor, y ahora cuéntame qué pasa allá’. Después de eso la tercera carta ya eran volás mías que duraban dos páginas. Me comunicaba con mi prima que era la otra escribiente, con la hermana de ella. Era como la referencia introductiva, saber cómo estábamos. Después de comunicarnos la realidad del sur, ella también se iba en la volá, y yo le contaba lo que pasaba con los flaites de la población».

¿Tú hablas mapudungun?

«No lo hablo. Sólo palabras sueltas, es un referente para hablar de David: ‘No sabe hablar mapuche y se autoproclama poeta mapuche’. Claro, yo hablo de la realidad que estamos viviendo ahora, sácate a cabros de La Pintana, Peñalolén o de Renca que sepan hablar mapuche, de 15 a 20 años, y nada. Entonces, también enfoco una reflexión de educación. Y también esto lo tenían planeado de antemano, porque las culturas pierden su valoración a partir de perder la lengua, pero la realidad habla sola».

-¿Cómo ves la poesía mapuche de hoy?

«Lo que rescato de Chihuailaf es la sabiduría que ha tenido de poder enfocar desde lo mapuche esencial su visión, desde una perspectiva romántica. De Leonel (Lienlaf) rescato aspectos parecidos pero de una perspectiva de la experiencia y su vocación, con su misma autorreferencia, y de Huenún su transculturización que ha tenido, y sostenerla desde ahí, con la confrontación desde esa perspectiva hacia ellos. Ahora, yo no encajo con ninguno de ellos. Mi poesía es una propuesta más cruda, que no tiene nada de aquello, pero sí evoca ese rasguñar entre el asfalto, para pasar un poquito más allá del asfalto y llegar donde están ellos. Rompiendo un poco de esta ola de materialismo, con lo espiritual. Pero se nutre de esta crudeza».