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Reflexiones sobre Cuba y Puerto Rico

Fuentes: Rebelión

Hay algunos pretendidos “demócratas” que salen a exigir democracia en Cuba, pero no dan pie con bolas en Puerto Rico. ¡Qué fácil es hablar del ombligo ajeno cuando se desconoce el propio!

Les sugiero a “estos demócratas” de “izquierda” a que hagan una prueba. Escriban una columna de opinión que denuncie el sistema colonial en Puerto Rico, la imposición de la Junta de Control, la ilegalidad radical del Tratado de París y todo el andamiaje colonial en Puerto Rico que deriva del mismo, que exija la salida del poder invasor, de su corte federal, del FBI y todo lo que signifique poder imperial estadounidense en Puerto Rico, que viola el estado de derecho obligatorio internacional. Acompañen a esa opinión citas de la resolución del Comité de descolonización de la ONU sobre Puerto Rico.

Hagan otra columna y denuncien el magnicidio en Haití, la participación del paramilitarismo colombiano y su aliado y jefe gobierno estadounidense que controla 12 bases militares en Colombia, y cómo explota a Haití y a Colombia. Y como neocolonias, todas las intervenciones militares de Estados Unidos en Haití, incluido el apoyo a los sanguinarios Duvalier y otros dictadores. Esas columnas de opinión envíenlas a la prensa comercial de Puerto Rico. ¿Saben qué? No se las publicarán.

Porque aquí existe el derecho de los dueños de los medios de comunicación a su libre expresión. Ahora bien, cedan principios, escriban otra columna de opinión exigiendo “democracia” política en Cuba y una intervención militar extranjera y eso les garantiza que se la publicarán. Escriban columnas exigiendo el cese del bloqueo contra Cuba, que lleva 60 años y no se las publicarán. Escriban otra indicando que contra el pueblo cubano existe una guerra de desgaste de cuarta generación hace 60 años y no se la publicarán. Indiquen que la presencia de la base de Guantánamo es puro coloniaje y no se la publicarán.

Indiquen que ante la caida del bloque soviético en 1989, los cubanos han tenido que desarrollar una economía de guerra, de sobrevivencia, que ha conllevado ir restaurando el capitalismo en Cuba, con la empresa mixta, el cuenta propismo, las casas particulares, los paladares, que el capital del exilio cubano y de otros sitios opera de manera clandestina, con socios cubanos y extranjeros de testaferros, para invertir capital en esos negocios cubanos. Escriban que al entrar dólares en Cuba desde el exilio, hay cubanos que ostentan mayor poder económico e influencia en las familias cubanas. Escriban que producto de esas medidas, de corte capitalista en una economía de guerra en periodo especial, se ha ido desarrollando una nueva clase social, con moralidad alterna capitalista en Cuba, subcultura alterna que corre subterránea e influencia a otros y que esa clase intenta acceder al poder y construir sus propios partidos e instituciones. Que esa nueva clase social tiene mayor poder porque desde el exilio cubano y con el apoyo del gobierno de Estados Unidos se magnifica su influencia. Escriban una opinión que diga que sectores-no todos- de esa nueva clase social apoyan la intervención militar estadounidense. Escriban que una vez entren las fuerzas militares extranjeras no construirán un paraíso terrenal en Cuba, sino que harán como todas las hordas imperiales desde las romanas: arrasarán con las riquezas nacionales y se quedarán para imponer lacayos corruptos, títeres que roben y permitan el saqueo de sus recursos y riquezas, como lo permiten en Haití, en Puerto Rico, Iraq, Afganistán, Colombia y en todos los lugares que las fuerzas imperiales invaden y dominan.

Quien así escriba no le publicarán una columna en la prensa amarillista. Entonces, exhorto a los amigos intelectuales de izquierda a no dejarse seducir con discursos que alaban hipócritamente los ideales de “democracia” y “libertad de expresión”. Porque saben que en sus países no existen, que existen en realidad para quienes ostentan el poder económico y controlan los medios.

Es que los imperios occidentales saben mucho. Han aprendido a dominar. Han aprendido a fracturar y a dividir a los sectores de izquierda. ¿No recuerdan con Siria? Hicieron cónclaves internacionales de “izquierda”. Y lanzaron la campaña de que había que derrocar el gobierno de Siria, que había que apoyar a los “disidentes sirios”, que por cierto reclamaban la intervención imperialista en Siria. Decían que lo importante era defender los principios de la “democracia” y “la libertad de expresión”. Pero todos sabemos lo que ha pasado en Siria, la han destruido, pero no han podido conquistarla.

Y todas esas intervenciones imperiales no han sido para instaurar democracia, han sido para quedarse con el gas natural y el petróleo y sus riquezas. Pero han destruido a Iraq y lo conquistaron y no se han marchado. Dejemos la hipocresía a un lado. Digamos la verdad. El disidente en Cuba que solicite la intervención imperial no obtendrá democracia ni libertad de expresión en su patria, sino futuras dictaduras y miserias, como las que tuvieron bajo Machado y Batista y las que han instaurado en Haití y en otros pueblos latinoamericanos y del mundo.

No es bueno opinar sobre el ombligo ajeno cuando se desconoce el propio. Exijamos el respeto al principio de la autodeterminación de los pueblos y condenemos la intervención imperialista. Exijamos el cese del bloqueo criminal contra Cuba. Le corresponde al pueblo cubano, sin injerencias externas, escoger el sistema económico y político que desee. Que discutan hasta la saciedad, dentro de su precaria situación, sometido a un infame bloqueo imperial internacional, con una economía de período especial y de guerra, diseñar su destino. Los puertorriqueños debemos apoyar ese principio, honesto, vertical, que es el principio de la autodeterminación de las naciones, qué conlleva exigir el cese del bloqueo criminal contra Cuba, y que debe aplicarse a la nación puertorriqueña, y que debe aplicarse a todas las naciones del mundo.

*Abogado, profesor, escritor de múltiples ensayos, autor del libro La Deuda Odiosa y la descolonización de Puerto Rico (Publicaciones Libre Pensador, 2018), egresado de Harvard, Magna Cum Laude (1987).

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