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Reflexiones sobre el «desierto florido» de las izquierdas chilenas

Fuentes: Rebelión

Vivimos un momento político que tiene como impronta una total fragmentación de la izquierda. Fragmentación que va a la par con la tarea rampante de los ideólogos del capital para declarar, esta vez si, la inviabilidad del marxismo como soporte ideológico en la construcción de un nuevo tipo de sociedad: la sociedad socialista. En este […]

Vivimos un momento político que tiene como impronta una total fragmentación de la izquierda. Fragmentación que va a la par con la tarea rampante de los ideólogos del capital para declarar, esta vez si, la inviabilidad del marxismo como soporte ideológico en la construcción de un nuevo tipo de sociedad: la sociedad socialista. En este fragmentado escenario chileno existen, entre los que se autodenominan de izquierda, algunos reconocidos como tales como el PS, PC, PPD, PRSD, MAS, MAIZ, PAIZ, PRO, PC. AP, a lo que se debe agregar una infinidad de colectivos que surgen y desaparecen efímeros como el «desierto florido».

Es claro que en esta pluralidad de izquierdas y movimientos un detonante no menor de ella ha sido el vacío de conducción política generado desde la dirección del Partido Comunista. Nadie podría obviar el hecho que el PC. históricamente jugó el papel de aglutinador y conductor de las posiciones que centralmente podían considerarse el corazón de la izquierda. Hoy no. Aparecen sólo como sólo como un factor de oportunidad en una estrategia de la Concertación destinada a la recuperación del poder. En esta tensión gran parte de la militancia del PC. a abandonado sus filas y generando un sinfín de organizaciones que tratan de perpetuar una existencia propia y alejada de la línea política de la actual dirección y su política de alianzas. Así han surgido: Cultura Comunista, Consejos Comunistas, Comunistas Unidad, Comunistas Revolucionarios, Comunistas de Izquierda, etc. etc. Es posible que el PC se recupere, en un esfuerzo colectivo, de un direccionamiento que le ha sido terriblemente dañino por su incomprensión de la realidad.

La apuesta social política aquí es quien marcará el sendero que guíe las demandas de una sociedad que al parecer no está dispuesta a transarlas y que estén diseñadas en un programa que sea una formulación del proceso real y que en conjunto pueden cambiar la cara neoliberal de Chile en el futuro.

La incógnita es si los partidos políticos podrán conservar su ascendencia sobre el conjunto de la población o los movimientos sociales encontrarán formas inéditas que sean representativas del sentir del conjunto de los trabajadores chilenos. O también que se produzca nuevas formas de asociación que mantengan las formas tradicionales con otras nuevas.

Por lo menos los estudiantes hasta aquí han marcado claramente la pauta y como lo han declarado «llegaron para quedarse» en la política nacional. En este escenario la izquierda ya sea socialdemócrata, socialista, comunista, liberales, anarquista, cristianos de izquierda tratan de definir un camino que los lleve a una relación teórica y práctica significativa en su relación con la institucionalidad y las alianzas políticas. Para una parte de estas izquierdas los partidos políticos son instituciones en que se trafica y se traicionan indefectiblemente las aspiraciones sociales.

De allí el llamado tremendista de Manuel Cabieses de Punto final: ¡Abajo los partidos! ¡Viva la política! Como si esos partidos no fueran precisamente una expresión política. Sigue Cabieses con un llamado muy a la anarco y llama a «abstención activa» que no significa otra cosa que sumergir, precisamente la necesaria expresión política en el pantano de la inexpresión que es precisamente la abstención, en un país con tanta tradición electoral como es Chile. La famosa y siempre socorrida «abstención activa» en la práctica es una manifestación de impotencia política en la capacidad de crear una alternativa que le signifique al pueblo una alternativa viable.

Sin duda se trata de abandonar las transacciones promiscuas y donde la participación colectiva y organizada logre un rango superior en el accionar político social. En este escenario es claro que hay una mayoría que no le interesa un proyecto donde sean determinantes nuevamente aquellos que gobernaron durante más de 20 años cohabitando y profitando de un modelo económico generado desde el imperialismo y puesto en marcha por la dictadura. Como lo plantea Gabriel Boric hacer aquello, como confiar en el gobierno «sería atentar contra nuestra inteligencia, nuestra historia y nuestro sentido común».

Está claro y de acuerdo con la dialéctica de la historia, deben surgir en el escenario político social atomizado en que se debate la izquierda una salida revolucionaria. Toda su microfísica social es una preparación para el surgimiento de lo necesario. Hoy el movimiento estudiantil encabeza el movimiento de la realidad. No podemos negar su enorme capacidad de convocatoria y de movilización. Pero faltan aún los elementos aglutinadores que le dan una capacidad orgánica y de dirección más consistente a lo que está ocurriendo. Estos elementos deben dar conducción y claridad ideológica al conjunto de la izquierda militante y al pueblo en su conjunto sin sectarismo, con capacidad de transformación real. Chile y los chilenos no viven y se movilizan en una «tabula rasa», son parte de una rica historia de lucha de la cual son herederos y aunque sea inconscientemente. Ser bombardeados las 24 horas del día por un sistema alienante que muestra lo aparente como real y sobreponerse a ella. Organizarse cohesionarse con una rapidez fulminante a nivel masivo es posible como lo han demostrado los movimientos sociales de Aysén y Magallanes o el movimiento estudiantil encontrando un eco masivo que nadie si siquiera soñaba hasta hace poco tiempo es sencillamente extraordinario. Ahora darle sentido y permanencia histórica es el desafío mayor. Lograr sobreponerse al apoliticismo, a la desafección anárquica es el desafío mayor. Y en este logro juega un papel central la lucha ideológica. El gran desafío de los procesos sociales, económicos, políticos y culturales es reinventar su realidad y los conceptos para describirla.

El imperialismo existe por mucho que haya quienes quieren olvidarlo, sigue la concentración de la producción y el capital que dio origen a los monopolios y oligopolios; la fusión y preminencia del capital bancario e industrial y la emergencia y predominio de una oligarquía financiera; el predominio hegemónico de la exportación de capitales frente a las materias primas; la formación de las transnacionales y el reparto del mundo entre las empresas; la lucha por el control y el reparto del mundo entre países dominantes. Tener esto en cuenta es también parte del sentido común para dimensionar las fuerzas del enemigo de clases. Es decir no están allí como bastión el gobierno, detrás de ellos están estos poderosos mentores que los educan y financian.

En esta tarea la lucha ideológica y la organización política son las tareas centrales. Los movimientos que dan un vuelco en la historia no nacen de la nada: nacen de las clases sociales y de su lucha y de la asimilación y conversión también en parte de los partidos políticos. Es una constante de los movimientos triunfantes el saber sumar. Y hacia allá debemos ir a pesar de las deserciones y traiciones materiales e ideológicas.

La gran pregunta entonces es ¿como se mantiene disciplinadamente un partido o movimiento revolucionario? ¿Cómo se controla? ¿Cómo se refuerza? Primero por el grado de conciencia de clases y por su confianza en la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de vincularse, aproximarse, y hasta cierto punto, fundirse con las grandes masas en movimiento. Tercero, por lo acertado de la dirección política, por lo acertado de su estrategia y su táctica política, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia. Sin estas condiciones, no es posible la disciplina en un partido revolucionario, verdaderamente apto para ser el partido de la clase avanzada, llamado a derrocar a la burguesía y a transformar a toda la sociedad.

El arte de cualquier política burguesa es sumar en función del poder a cualquier precio, pero esto en la izquierda, tiene limitantes definidas y principios que no es posible traspasar y que ya están suficientemente señalados en los clásicos del socialismo. Y para esta izquierda chilena el tema: socialismo o barbarie señalado por Rosa Luxemburgo es un imperativo categórico que se ha transformado en socialismo o extinción y cuya solución positiva sólo se puede lograr a través de una labor prolongada, a través de una dura experiencia, a través de una acertada teoría revolucionaria, que a su vez no es ningún dogma, sino que solo se forma definitivamente en estrecha relación con la práctica de un movimiento que sea verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario.

Así entonces el pensamiento de izquierda nace por la necesidad de mejorar el estado de cosas, del pensamiento crítico de que hay algo que debe cambiar en un universo donde todo está en movimiento y en perpetua transformación.

Patricio Malatrassi A., Economista

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.