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Independentismo puertorriqueño

Reinventarnos en medio del caos

Fuentes: Rebelión

La clase política anexionista de Puerto Rico apuesta hoy al caos como mecanismo para mantener sus privilegios y su alianza con el capital estadounidense. La izquierda debe, inteligentemente, aprovechar esta jugada alocada de la clase dominante local para adelantar su proyecto de derrocamiento del coloniaje e instauración de un nuevo orden social. A eso se […]

La clase política anexionista de Puerto Rico apuesta hoy al caos como mecanismo para mantener sus privilegios y su alianza con el capital estadounidense. La izquierda debe, inteligentemente, aprovechar esta jugada alocada de la clase dominante local para adelantar su proyecto de derrocamiento del coloniaje e instauración de un nuevo orden social. A eso se reduce la coyuntura actual en nuestra isla.

Lo primero que hay que reconocer es que en su mensaje del 25 de abril de 2019 el gobernador colonial, Ricardo Roselló, más que mentir lo que hizo fue presentar una visión fantasiosa de la situación económica y social del país. Y es que mentir y fantasear no siempre son lo mismo. Es el viejo adagio aquél de que «no te mentí, porque tú sabías que todo era una mentira y que yo sabía que tú sabías». En el Puerto Rico de hoy, en lo que toca a temas como la economía, la política y la corrupción, ya no hay mentiras. Todo el mundo sabe la verdad, incluidos el gobierno y el pueblo. En ese sentido no hay falsedades. Por eso, más que manipulación mediática, lo que hace la prensa comercial es entretener al público. Nadie espera, por ejemplo, que el resultado de una entrevista radial de un funcionario público, de las muchas que hay todos los días, sea la producción de prueba que resulte en su absolución. ¡No! De entrada, todo el mundo sabe que la persona entrevistada es culpable. Lo que atrae a la gente es escucharla entrando en contradicciones. Así, se da en Puerto Rico ese fenómeno de que nuestros periodistas radiales manejan el arte del contrainterrogatorio mejor que la misma locución. En lo que toca a contenido, no hay manipulación; esta, por el contrario, se esconde en la ideología del cinismo, o sea, en la mentira de que no hay conexión necesaria entre el sistema y las acciones de los funcionarios corruptos. No es el capitalismo colonial; es la gente que la misma gente escoge para dirigirlos.

Lo segundo que hay que reconocer es que, casi como en un guion, la reacción de la izquierda ya está inscrita en la acción de la derecha. El gobierno miente, ¿y qué hace la izquierda? Pues, demuestra que el gobierno miente, algo que la gente ya sabía. Y así empieza un movimiento circular: A miente y B lo acusa de mentiroso; C, el pueblo, queda falsamente dibujado como un actor pasivo. Digo falsamente, pues la paradoja ideológica del mundo moderno, como afirma Slavoj Žižek, es que en un sentido hay menos decepción que en la manera en que la ideología funcionaba en el pasado. Nadie es hoy, en realidad, víctima de un completo engaño ideológico.

¿Cuál es el resultado de toda esta dinámica ideológica superficial y abstracta? Pues que la lucha de clases se esfuma de toda la discusión; aunque es ella, en realidad, la que determina todo. Incluso, es el factor que puede explicar por qué un pueblo que se sabe manipulado, termina aceptando el acto de la manipulación, al menos en el plano electoral. Contrario a lo que se piensa, hablar de la lucha de clases no es remitirse a lo abstracto, sino lo contrario, es introducir el elemento de la concreción en el análisis. Frente a esto, poco importa si los representantes políticos de la burguesía mienten o no; lo que interesa es destacar las múltiples maneras en que la lucha de clases se hace presente en todas las esferas de la sociedad, desde las fábricas hasta la Universidad de Puerto Rico e incluso al interior de los partidos coloniales. A modo de ejemplo, ¿cómo es posible que el gran capital transnacional aprovechara, de forma oportunista, el caos del huracán María para incrementar su explotación de la clase obrera industrial boricua y esto pasara inadvertido para la izquierda? Es más, ¿qué nos impide a nosotros hacer lo mismo, preparándonos para aprovechar cualquier eventualidad de caos para retar el poder? ¿Qué es la táctica, sino el uso inteligente de las oportunidades que aparecen de forma inesperada y caótica?

Hay que reconocer, también, que de todas las voces que reaccionaron al mensaje del gobernador, la del estudiantado fue la de mayor claridad. Lo dicho por el gobernador acerca del presupuesto, afirmó una dirigente estudiantil en la radio, es una contradicción absoluta e irresoluble. (No todas las contradicciones son malas). Así expresado, poco importa si el gobernador miente o no; el estudiantado va a seguir defendiendo una visión radical de la educación universitaria. Y lo hace, de la única manera en que sabe hacerlo: reinventándose de forma permanente en su radicalidad. Cada semestre, y ante los conflictos más enormes, la masa estudiantil de la Universidad de Puerto Rico y sus recintos produce una visión cada vez más radical de la sociedad puertorriqueña y su modernidad. He ahí la fuerza del estudiantado: su capacidad inagotable de reinventarse, una y otra vez, para alcanzar un mayor grado de radicalismo. Poco aprende quien no la escucha.

Al final del día, si la clase política anexionista de Puerto Rico quiere apostar al caos, como todo lo indica, pues que lo haga. Será ese mismo caos el que cree las oportunidades para que la izquierda se reinvente a sí misma con un proyecto más radical que lo propugnado hasta ahora. Dicen algunos ideólogos de la burguesía imperial que nuestro pueblo es «aguantón». Pues sí, comparativamente lo es. Pero lo que también es innegable es que, en momentos de crisis, como ocurrió durante el huracán María, despierta siempre por todos los rincones de esta isla el sentido de solidaridad tan característico de nuestra gente. De ahí, las múltiples expresiones o gestos emancipadores que, surgidos en medio del fenómeno atmosférico, aún se mantienen vivas y hasta se amplían.

Dejemos que burguesía colonial se la juegue como quiera, que apueste al caos como medio de mantener dominado a este pueblo. Es más, que cojan cabuya. Apostemos nosotros y nosotras, las fuerzas revolucionarias de este país, a que, de surgir la oportunidad, y en medio del caos creado por la reacción, haremos lo que tengamos que hacer para tomar el poder estatal y radicalizar la política en Puerto Rico. ¡Sin miramientos ni ambivalencias! Ese día y en ese momento, tal como hace el estudiantado una y otra vez, nos habremos reinventado como movimiento emancipador de este pueblo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.