Rafael Rodríguez Cruz

Artículos

I. La crisis económica mundial y la producción de azúcares en Puerto Rico.

La dispersión puertorriqueña en Estados Unidos como resultado del fenómeno migratorio colonial; negritud y hazañas olímpicas de atletas del Caribe.

Ayer fui a uno de los supermercados hispanos de la ciudad de Springfield, Massachusetts. Me ha dado con comer leche Klim en polvo. No la venden en ninguna otra parte.

Uno de los elementos fundamentales de toda relación colonial es la disciplina social impuesta a la población conquistada en función de los intereses de la dominación imperial. Puerto Rico no ha sido una excepción.

Imperio estadounidense y sus colonias

Spanish Flu

Este artículo trata de la respuesta colonial del gobierno federal de EE.UU. ante la epidemia de influenza (1917-1919) en Alaska y en Puerto Rico. En Alaska murieron cerca de 2.000 personas -en su mayoría indígenas- entre 1917 y 1919 por la llamada «gripe española». En Puerto Rico los contagiados eran más del doble de la población total de Alaska.

Sería en Cuba donde la prosa antillana vendría a colocar el ciclón en el centro de la discusión acerca de la subjetividad de nuestros pueblos, vinculando este fenómeno atmosférico con la temática de la negritud.

Estas nuevas movilizaciones multitudinarias y multirraciales anuncian que ha llegado la hora de desatar el nudo entre el sistema político y los privilegios de raza en Estados Unidos.

El mar Caribe, nos dice el cubano Fernando Ortiz, es el Mediterráneo de las Américas. Aquí, como en toda la región mediterránea, han habitado desde tiempo inmemoriales «pueblos muy marineros y observadores de los meteoros que influencian en los peligros de la navegación». El resultado es una homología cultural, según Ortiz, entre el Caribe y el Mediterráneo, en lo que toca a los símbolos universales del mar, el viento y los disturbios atmosféricos.

Es importante no olvidar que, para la inmensa mayoría de la población del planeta, la dialéctica arriesgada del vivir para sobrevivir, es un asunto de todos los días, sea en Palestina, los escenarios de guerra que se multiplican o las calles duras de las urbes del imperio o de la sufrida Haití.

Hay algo extraño en toda esta crisis del COVID-19. Hay, a mi juicio, un elemento de regularidad falsa y siniestra, una calma forzada que incomoda.

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