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Entrevista con José Llancapán Calfucura, dirigente de la Conserjería Indígena Urbana

«Reivindicamos nuestro derecho a ser mapuches en la ciudad»

Fuentes: Azkintuwe

De la realidad de los mapuches urbanos, de las expectativas que genera el proceso de consulta impulsado por el gobierno, de las proyecciones del movimiento mapuche y de las necesarias autocríticas y «sinceramientos que urgen realizar entre nosotros», trata la siguiente entrevista con José Llancapán Calfucura.        – José Llancapán Calfucura. Foto de […]



De la realidad de los mapuches urbanos, de las expectativas que genera el proceso de consulta impulsado por el gobierno, de las proyecciones del movimiento mapuche y de las necesarias autocríticas y «sinceramientos que urgen realizar entre nosotros», trata la siguiente entrevista con José Llancapán Calfucura.



 

 

 


 – José Llancapán Calfucura. Foto de Pedro Cayuqueo.

 

(+) La lucha por una vivienda digna en Neuquén


José Llancapán es consejero ante la CONADI y dirigente de la Conserjería Indígena Urbana. Desde los ochenta participa del movimiento social.


«Jamás he pertenecido a ningún partido político chileno y el puesto me lo gané porque mucha gente votó por mi. Yo no soy gobiernista».


Llegó a la capital regional para participar de la ceremonia de lanzamiento de la Consulta sobre Política Indígena Urbana, impulsada por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) y largamente «batallada» por diversas organizaciones indígenas a nivel nacional, según reconoce. José Llancapán Calfucura, consejero ante el organismo indigenista y una de las caras visibles de la dirigencia mapuche en Santiago, se siente como en casa en Temuko. «Nací cerca de acá, en el sector de Quillen, comuna de Carahue, por lo que nadie me puede decir que soy un santiaguino», subraya.

La aclaración de Llancapan no es trivial. Durante años, quizás décadas, una «restringida y ruralista mirada de la realidad mapuche» -según señala- ha condenado a miles de ciudadanos mapuches, asentados en las regiones metropolitana y quinta, a sufrir todo tipo de prejuicios por parte de sus hermanos de pueblo.»Durante mucho tiempo, nuestros peñi en el campo nos decían que por vivir en Santiago estábamos awinkados», relata. «Y lo cruel del asunto -agrega- es que en la ciudad los winka también nos discriminaban, o sea, no éramos aceptados en ninguno de estos dos mundos».

Si bien esta discriminación y los prejuicios históricos persisten, Llancapán abriga esperanzas de que las nuevas generaciones puedan gozar de la libertad de sentirse mapuches allí donde estén. Sin necesidad de certificados de residencia. Inclusive en el cemento de Santiago. «¿Y por qué no, si allí pelearon y murieron defendiendo nuestro territorio grandes líderes mapuches de nuestra historia?», se pregunta, para acto seguido responder. «Sucede que nos hemos creído el cuento ese de la frontera del río Bio-Bio. Malo está, porque el Wallmapu incluía el valle del Mapocho, Aconcagua, inclusive Copiapó. La toponimia mapuche nos lo recuerda a diario», remata.

Conversamos con Llancapán – quien además es dirigente de la organización Consejería Indígena Urbana – en su breve paso por Temuko. De la realidad de los mapuches urbanos, de las expectativas que genera el proceso de consulta impulsado por el gobierno, de las proyecciones del movimiento mapuche y de las necesarias autocríticas y «sinceramientos que urgen realizar entre nosotros», trata la siguiente entrevista.

– Peñi José, ¿urbanos mirando hacia el campo o campesinos en la urbe?

– Ni lo uno ni lo otro, simplemente mapuches. Cuando partimos nosotros trabajando en el tema indígena, allá por el año 85′, siempre miramos la lucha mapuche mirando al sur y más aun, mirando hacia el campo. Esa visión nostálgica nos marcó, pero con el paso del tiempo nos dimos cuenta que esa mirada no ayudaba mucho a construir, porque en Santiago había harto mapuche, cientos, miles, que no necesariamente se planteaban -ni se plantean hoy- el retorno a esta región. Nos dimos cuenta que muchos de ellos incluso negaban su identidad, buscaban mimetizarse con el winka y bueno, nos dimos cuenta que había que trabajar fuerte allí donde estábamos viviendo, allí donde estaban naciendo nuestros hijos, estudiando, desarrollándose nuestras familias y con esta mirada mas realista.

– Un aterrizaje medio forzoso…

– Necesario más bien, porque uno lo veía en su propia familia. Hay gente que está naciendo en Santiago, que no va a volver al sur y eso es un dato de la realidad. Entonces sobre eso nosotros empezamos a ver el tema urbano, a pensarnos como urbanos, esto a fines de los 90′, pero cuando se hace más fuerte es en el año 2000, cuando salgo electo consejero nacional ante la CONADI, ocupando el cargo de consejero urbano, lo que me llevó a preocuparme de los temas de la gente que vive en la ciudad y que sufre tantos o quizás peores conflictos que aquellos hermanos mapuches que viven en las zonas rurales de esta región o la octava y la décima. Fue así como el año 2000 se inició un debate con el entonces Presidente Lagos y nosotros planteamos el tema de los indígenas urbanos como un tema relevante a tratar y que las políticas públicas debían abordar, cosa que hasta la fecha no ocurría. Nuestro primer objetivo entonces era visibilizar el tema.

– ¿Imaginamos que no fue una tarea fácil?…

– Para nada. Cuando hablaban de mapuches, hablaban de la octava, novena y décima región, pero a los mapuches de Santiago no nos agarraba nadie. A lo más se mencionaban los indígenas aymara, nada mas. Entonces, nosotros buscamos poner el tema sobre la mesa, visibilizar esta otra realidad que porfiadamente, ya sea con estadísticas o recurriendo a las vivencias cotidianas de cada uno, indicaba que una gran cantidad de mapuches vivía en la ciudad de Santiago y sus alrededores. En el fondo, comenzamos a reivindicar que no era necesario estar en el campo para ser mapuche, que no era necesario vivir en una comunidad para ser mapuche. Es quizás lo deseable para algunos, pero la realidad es la realidad. Incluso si todos los mapuches que estamos en la ciudad quisiéramos regresar, no podríamos hacerlo, porque no existen condiciones económicas, laborales, territoriales, no tenemos donde meterlos. La utopía del retorno es bonita, pero hacerla realidad es otro cuento.

– ¿Se podría decir que era un doble desafío? lo pregunto por el hecho de que no solo el gobierno y sus políticas indigenistas actuaban por entonces dando las espaldas a los sectores urbanos, sino que además era una actitud muy arraigada en determinados sectores del propio movimiento mapuche.

– Exactamente, yo en lo personal he planteado muchas veces que no tan solo el gobierno, sino que algunas organizaciones y líderes hoy reconocidos, nos hicieron creer que los urbanos no éramos mapuches. Muchos dirigentes dijeron incluso dijeron de nosotros que éramos mapuches sin alma, despectivamente se nos señalaba como «de origen» mapuche, como dando a entender que hoy éramos sin embargo winkas, cosas por el estilo. Pero resulta que si uno analiza en profundidad el tema mapuche en Chile, se dará cuenta que los urbanos somos un sector muy importante, vital y estratégico en esta lucha que tenemos que desarrollar por nuestros derechos. Además, casi todos los dirigentes mapuches de las organizaciones que existen son urbanos, en su gran mayoría lo son o sino han estudiado, se han formado en la urbanidad. Les guste o no.

Entonces, para nosotros la cosa es clara. Leftraru fue el primer mapuche urbano, desde pequeño vivió, aprendió el arte militar junto a los españoles en Santiago (de Nueva Extremadura) y quien diga lo contrario poco sabe de la historia de nuestro pueblo. Entonces, tomando este ejemplo, nosotros podemos también ser un aporte a la lucha de nuestra gente desde donde estamos, con nuestras profesiones, aptitudes, capacidades aprendidas en esta vida que nos ha tocado. Eso hemos discutido y te digo que no es una discusión que haya finalizado, para nada. Es un proceso, que tiene que madurar y que en el camino va mostrando logros, como el hecho que hayamos logrado incluir este tema en la política indígena del gobierno, cosa que hicimos a pesar de la resistencia de las autoridades, porque no fue fácil.

– ¿Por qué no nos cuenta de dicho proceso? entiendo que para ustedes marca un hito el lanzamiento de la consulta realizado hoy en Temuko.

– El primer esfuerzo para posicionar este tema siempre fue nuestro, de los mapuches, no del gobierno. Tal como ha ocurrido en otros ámbitos, como el rural, estudiantil, de la salud, etc., aquí el gobierno no nos ha regalado nada. El tema urbano comienza a ganar presencia mas por tozudez nuestra, de estar permanentemente dándole, dándole, como el agua que cae sobre la piedra por goteo y al final hace un hoyo… no fue una concesión del gobierno, ni un regalo ni algo casual, ha sido producto de nuestra lucha, tal como en su tiempo lo fue la Ley Indígena, con todas sus imperfecciones. Este tema fue planteado por los dirigentes indígenas, el año 2000 armamos una Comisión Mapuche Urbana, eso fue en los diálogos con el entonces Presidente Lagos. Luego en la Comisión de Nuevo Trato también logramos meter la punta con el tema de los indígenas urbanos, con todo lo que eso conllevaba, porque no nos agarraba muy en serio ni el gobierno ni algunas organizaciones mas tradicionalistas.

– ¿Cuál era la critica más común en ese tiempo contra ustedes?

– Se nos acusaba de estar dividiendo al pueblo mapuche, de estar creando una nueva categoría, pero para nosotros decir que somos urbanos es tan legítimo como decir que otros hermanos son lafkenches, nagches, pehuenches… porque son identidades que se basan en el asentamiento geográfico y nosotros estamos en la warria, estamos en la ciudad, entonces podemos decir que somos warriache. Pero se trata de una identificación que no va más allá de visibilizar nuestra realidad que es diferente a otros hermanos de pueblo. No le damos otra connotación, porque al final somos mapuches aquí y en Japón. Es decir, somos mapuches, esa es la identidad de pueblo que tenemos, ninguna otra. Yo soy mapuche aquí y en todo lugar. Esta crítica que te menciono persiste pero con menor fuerza, porque con el tiempo se ha visto que desde la ciudad también podemos apoyar, también podemos respaldar la lucha de nuestros hermanos del sur y del campo.

– Ahora, convengamos que acá en el sur también el porcentaje de población mapuche rural es menor al urbano. Temuko es una ciudad que concentra, principalmente en sus cordones periféricos, un gran porcentaje de población mapuche. Y está también el caso de Valdivia, Loncoche, Osorno, acá cerca Nueva Imperial, etc.

– Es que es un fenómeno que no solo se ve en Santiago y tiene que ver con el empobrecimiento de nuestra gente, la pérdida de tierras, el despojo de nuestro patrimonio económico y porque no decirlo, también con la legítima búsqueda de nuevos horizontes laborales, profesionales, familiares de muchos hermanos de pueblo. Hay gente que se va de la comunidad por muchas razones, pero también está el caso de la ciudad que muchas veces llega a la comunidad, con el crecimiento urbanístico, con la expansión de las ciudades y también del modo de vida urbano, que es otro tema. Es decir, se puede vivir en el campo, pero con modos de vida urbanos. Con esto quiero decir que el tema no es tan blanco y negro y creo que no podemos cerrar los ojos ante esta realidad, sino tratar de abordarla para buscar una salida política, porque no puede ser solo un reclamo culturalista o economicista.

– ¿En qué sentido se expresa ese componente más político del planteamiento de los mapuches urbanos?

– Se expresa en varios sentidos. Ten en cuenta que por lo menos en Santiago, estamos pasando de haber sido grupos totalmente culturalistas, algo que veíamos como fundamental en ese tiempo, a dar pasos mas políticos, lo que se manifiesta en conocer nuestros derechos y luchar por ejercerlos. Hoy podríamos decir que el tema cultural ya fue fortalecido por nosotros y por el trabajo de muchas otras organizaciones en la capital. En Santiago hoy se realiza nguillatun en mas de quince comunas, pensar eso hace 20 años atrás te decían que estabas loco. El palin se juega todos los fines de semana, en cualquier domingo habrá un grupo jugando palin en alguna comuna. Nosotros organizamos un campeonato de palin el año pasado que duro 5 meses, este año hicimos otro.

Hay un montón de deficiencias, claro está, pero el tema cultural mas o menos lo tenemos fortalecido y eso era para nosotros muy importante, porque acá en el sur a lo más pierdes tu tierra, pero en Santiago pierdes tu identidad, te transformas en chileno. Y eso a veces no lo entienden algunas organizaciones que persisten en criticar de buenas a primera a quienes hacemos trabajo en la capital, bajo esta mirada urbana. Y mucha de nuestra gente cae en eso, de pensar que porque vive en Renca, Cerro Navia, Pudahuel, ya dejó de ser mapuche, porque han asumido eso de que «los mapuches son los que viven en el sur».

– También existe una gran población mapuche en Valparaíso…

Poca gente sabe, pero en la quinta región se realiza nguillatun, hay un nguillatuwe que está en el sector del Parque Botánico, donde se consiguieron un par de hectáreas y esos son logros importantes de las organizaciones. Nosotros hicimos el primer nguillatun de las organizaciones en Santiago el año 1988, en La Florida, después el año 1989 hicimos otro en Pudahuel. Mucha gente en la ciudad nos criticó, también gente del sur, pero hoy son ceremonias donde van cientos de personas, mapuches urbanos, profesionales, incluso no mapuches respetuosos de nuestra cultura y que hoy valoran mucho nuestra lucha. Esos son logros muy importantes y que no se valoran, uno siente que no se valoran en su justa dimensión. Pasaba antes que tu te ibas a Santiago y te transformabas en winka para mucha gente y cuando regresabas de visita al sur, en el campo te decían: «llegó el winkita». Con esos discursos solo le hacemos hoy el juego al gobierno, porque en esta lucha, el no contar a los mapuches urbanos, yo creo es un error político grave.

– Un error que al menos pareciera ser cada vez menos recurrente. Lo menciono porque hoy en día gran parte de las coyunturas que han cruzado al movimiento mapuche en el sur, han recibido un fuerte respaldo por organizaciones urbanas en Santiago. Está el ejemplo de la huelga de hambre, de anteriores apoyos a dirigentes, comunidades, etc. Ustedes se han destacado, junto a Meli Witran Mapu, en ser un valioso soporte de la lucha mapuche más política en la capital.

– Yo además de consejero de CONADI, que para mi es un simple instrumento, soy dirigente de la Consejería Indígena Urbana, que es una organización que hemos creado para trabajar y apoyar a nuestros hermanos de pueblo y de otros pueblos indígenas. En este sentido, siempre hemos considerado nuestra labor como de apoyo a la lucha que se desarrolla en la zona sur. Tenemos una sede en Santiago, que es un punto de apoyo para nuestros dirigentes, para las delegaciones de organizaciones que por una u otra razón viajan a la capital. Por esta sede han pasado dirigentes del Consejo de Todas las Tierras, de las Identidades Territoriales, del Alto Bio-Bio, de Chiloé, de gran parte del movimiento mapuche. Ellos saben que en cualquier día pueden llegar a Santiago y tienen un espacio donde acudir, quizás para resolver algunas cuestiones muy domésticas, como dónde tomarse unos mates, dónde hacer hora, dónde descansar, cosas así, pero también saben que pueden contar con nosotros para apoyos más políticos. Este espacio es autogestionado, todos quienes colaboran lo hacen con harto esfuerzo y nos ha costado mantenerlo, pero allí está.

– Peñi José, siempre se habla de la atomización organizacional mapuche que existiría en Santiago. ¿Qué nos puede decir al respecto?

– En Santiago existen sobre 100 organizaciones mapuches, hay mucha dispersión y poca comunicación, tal como señalas. Hay organizaciones que son absolutamente culturalistas, otras que están por acceder a los beneficios del estado y se han agrupado para eso. Y otras más cerradas en torno a la lucha de las comunidades, que se podría decir son más fundamentalistas. Es la realidad que tenemos y que más allá de decir que unos hacen bien, otros mal, es mejor ver en qué podemos coordinarnos para apuntar mejor a quien es el verdadero enemigo que tenemos, que no somos los mapuches, que no son las otras organizaciones y sus dirigentes, sino el estado, las autoridades, las grandes empresas. A mi en lo personal hay sectores que me critican mucho porque formo parte de la CONADI, pero yo jamás he pertenecido a ningún partido político chileno y el puesto me lo gané porque mucha gente votó por mi para que los representara en ese espacio. Yo no soy gobiernista ni bacheletista por eso. No soy representante del gobierno en CONADI, soy representante mapuche.

– ¿Cuál es su visión de la CONADI?

– Yo veo a CONADI como un simple instrumento, nada más. Es del estado, ¡claro que es del estado!, pero es absurdo criticar eso. El otro día un peñi me decía: «usted tanto habla y trabaja para el estado, para la CONADI». Yo no trabajo para el estado, soy comerciante y siempre he vivido de eso, no con la poca plata que se gana como consejero. Si tengo un cargo en un organismo del estado, pero este peñi que tanto me criticaba era profesor y trabajaba en una escuela municipal, es decir, !para el estado! Y más encima podría yo decir que lo hace en una de las instituciones que más daño le ha provocado a nuestro pueblo, pues allí se chileniza a nuestra gente, se le hace perder su identidad, sus valores. Entonces, no me vengan con esas críticas que son al final puros prejuicios.

– Durante la huelga de hambre que mantuvieron los presos mapuches recluidos en Angol, usted como Consejero de CONADI se negó a participar de la consulta ciudadana que Bachelet pretendía finalizar el 24 de junio. ¿Una medida de protesta?

– No solo yo. Gran parte de los consejeros indígenas electos decidimos parar este asunto de la consulta del gobierno, para apoyar a los presos que estaban el huelga y presionar también desde donde estábamos parados al gobierno. Nosotros no podíamos estar participando de una consulta, mientras nuestros peñi quizás perdían la vida luchando por su libertad. Fue un respaldo que decidimos hacer y que se conoce poco. Fue un gesto político, porque en lo personal tengo una mirada de pueblo, que me hace participar y apoyar este tipo de movilizaciones, provengan de donde provengan, siempre que apunten hacia un norte de pueblo. Yo creo en la autonomía, creo que es posible avanzar hacia allá, pero eso debe trabajarse desde la base y las alianzas, la comunicación entre nosotros, es importante. Sino son puros discursos bonitos.

Hay organizaciones que hablan de autonomía, de la libre determinación, pero sus comportamientos son rechazables aquí y en todo lugar. Dividen, más que unir con sus ataques a personas y organizaciones. Hay que limpiar al movimiento mapuche de ese tipo de gente, porque así no se construye, se retrocede, se generan rivalidades, disputas, muchas veces porque alguien escuchó decir algo de alguien, porque este dijo esto otro, puros cahuines. Nosotros nos necesitamos mutuamente, aquí creo que nadie sobra. No tenemos gente demás en la lucha mapuche, somos pocos, hay un 70 por ciento de nuestra población que no participa en nada, que esta al margen y a ellos hay que incluirlos. Creo que hace falta conversar entre nosotros, reunirnos, parlamentar. Yo me pregunto, ¿cuántas veces los mapuches nos hemos logrado juntar por nosotros mismos para hablar de nosotros, de nuestro futuro?… no recuerdo ninguna ocasión.

– En este sentido, como observan ustedes desde Santiago el proceso de articulación mapuche que se está desarrollando acá en el sur. Hace poco se realizó el Trawun de Kepe, donde confluyeron más de 35 organizaciones y que la primera semana de enero viajarán hasta Santiago, a La Moneda. Ahora gran parte del movimiento se dará cita de nuevo en Koz Koz…

– Nosotros valoramos ese proceso. Y esperamos estar como organización presentes en Koz Koz, con una delegación desde Santiago, para poder plantear ante nuestros hermanos de pueblo qué estamos pensando como mapuches urbanos. Vemos eso necesario porque hay gente que tiene como temor al tema urbano, que a veces piensan que queremos quitar recursos a la gente de las comunidades, como alguien lo señaló hoy en el lanzamiento de la consulta. En absoluto se trata de algo así. Nosotros reivindicamos nuestro derecho a ser mapuches en la ciudad y eso también debiera interesar a los peñi del campo, porque todos o la mayoría, tienen un primo, un hermano, un tío, un familiar viviendo en la ciudad, sea en Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuko, etc. Y viviendo en condiciones de pobreza y marginación social muchas veces peores a las que se pueden ver en el campo, donde por ejemplo, la comida nunca falta. Eso como que se olvida.