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Ante el recrudecimiento de la asfixia estadounidense

«Resulta imprescindible una solidaridad que ponga el cuerpo, que asuma riesgos»

Fuentes: Rebelión

La reciente decisión del gobierno de Donald Trump de imponer aranceles a los países que “vendan o, de otro modo, suministren petróleo a Cuba” abre un nuevo y más agresivo capítulo en la larga historia de más de seis décadas de hostilidades de Estados Unidos contra la isla caribeña.

Con el objetivo explícito de profundizar la asfixia energética y la grave crisis económica que atraviesa Cuba, Washington amplía aún más los mecanismos coercitivos ya existentes de su ilegal bloqueo hacia terceros países, mostrando de manera cada vez más abierta su política represiva y destructiva contra la isla.

Así lo evalúa Joel Suárez, del Centro Memorial “Martin Luther King”, una organización ecuménica cubana de inspiración cristiana que promueve valores emancipatorios. En diálogo con Brasil de Fato, Suárez lamenta que estas medidas tengan un impacto directo y profundo sobre la población cubana, especialmente en los sectores más humildes.

Suárez sostiene que la medida —en línea con los objetivos del bloqueo— busca que, “a través del hambre”, el pueblo cubano “baje las armas y retire el respaldo al proyecto socialista cubano”. Además, recuerda que la isla “ha vivido —especialmente después de la pandemia— tensiones muy graves como consecuencia de ese mismo bloqueo y de los problemas internos de la economía, que afectan directamente el bienestar y la felicidad del pueblo cubano”.

La grave crisis energética que atraviesa el país en los últimos años ha provocado que los cortes de electricidad sean cada vez más frecuentes y prolongados; en gran parte de la isla, los apagones superan la mitad del día. Justo en medio de estas dificultades, la economía parece no dar respiro.

Durante este período, el turismo —una de las principales fuentes de divisas del país— ha sufrido una caída considerable. El año 2025 cerró con casi un 18 % menos de visitantes que el año anterior, que ya había registrado la menor afluencia de turistas desde antes de la pandemia. En este contexto, se calcula que la economía cubana ha sufrido una contracción de más del 11 % del PIB en los últimos cinco años.

“Estas medidas vienen a agravar una situación que ya es sumamente grave para la gente humilde de nuestro país, especialmente por su impacto en los procesos productivos, el empleo, las actividades privadas y estatales, así como en los servicios”, señala.

El bloqueo se vive como una experiencia concreta y cotidiana: cuando se interrumpe la electricidad necesaria para producir alimentos; cuando falta combustible para llegar a los lugares de estudio o trabajo; cuando los teatros dejan de funcionar por falta de luz; o cuando el agua no llega a los hogares porque los sistemas de bombeo quedan sin energía. “Con ello se intenta irritar a la población en medio de tantas dificultades, escaseces y carencias que hemos estado viviendo”.

En este contexto, Suárez subraya que, frente al recrudecimiento del bloqueo, resulta indispensable volver a poner en el centro la solidaridad internacional como herramienta política concreta. A su entender, sólo a través de la lucha de los pueblos, la denuncia sostenida y la movilización popular es posible abrir una vía para revertir la situación actual. En ese camino, destaca especialmente la importancia de generar conciencia y promover la participación activa de sectores de la opinión pública dentro de los propios Estados Unidos, como una forma de frenar la violencia del gobierno de Trump.

“Creo que son tiempos que no solo involucran a Cuba, sino también a Palestina y a todos los pueblos que luchan y resisten frente a esta embestida global de la industria del odio y del imperialismo”, remarca, al tiempo que señala que “en este contexto resulta imprescindible una solidaridad que ponga el cuerpo, que asuma riesgos, que comparta, que sea recíproca y que acompañe, en este caso, la resistencia del pueblo cubano”.

Un ataque a la retaguardia estratégica antiimperialista

Durante el último año, Washington ha expandido de manera vertiginosa su presencia militar en América Latina y el Caribe. Además de militarizar la frontera con México, ha vuelto a enviar tropas a países como Panamá y ha ampliado los acuerdos de “seguridad” con naciones como Paraguay, Ecuador y Costa Rica.

Para el profesor de Ciencias Políticas Ernesto Teuma, la declaración de Trump de una “emergencia nacional”, en la que nombra a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, debe ser leída “en el marco de una agenda más amplia”, marcada por una mayor volatilidad en las relaciones entre grandes potencias y potencias medias, y por un “creciente uso de la violencia dentro de un régimen global de guerra”.

En conversación con Brasil de Fato, Teuma explica que Estados Unidos intenta utilizar su superior capacidad militar “con el fin de establecer una ventaja competitiva” dentro de una región que “considera su área natural de influencia”.

De esta manera, los recientes ataques del gobierno de Trump a Cuba y Venezuela forman parte de un mismo proceso, junto a la injerencia en las elecciones de Honduras, el financiamiento al gobierno de Milei y las reiteradas amenazas contra los gobiernos progresistas, como el de Petro en Colombia o el de Claudia Sheinbaum en México.

Señala que no resulta sorprendente que Trump intente “capitalizar el momento” generado tras su agresión militar contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, con el objetivo de “liquidar uno de los asuntos pendientes más importantes” de Estados Unidos en América Latina y de “quebrar al único país que constituye la línea base mínima de cualquier posibilidad de resistencia antiimperialista”.

Teuma destaca que, a pesar de los problemas que enfrenta la isla, Cuba sigue funcionando como una “retaguardia estratégica” para una posible “rearticulación de un proyecto emancipatorio para Nuestra América”. Así, el intento de Estados Unidos busca destruir un “elemento simbólico fundamental para las fuerzas de izquierda en la región y en el mundo”.

“La amenaza que representa Cuba no reside exactamente en lo que hace, sino en lo que es, en lo que ha representado y en lo que ha sido”. Explica que, en un contexto de avance de las fuerzas de derecha y debilitamiento de las izquierdas, “un golpe a Cuba constituye un golpe estratégico fundamental en el intento del imperialismo de impedir que la consolidación reaccionaria pueda ser respondida por un contragolpe de una izquierda regional antiimperialista”.

* Texto publicado originalmente en Brasil de Fato

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.