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Rojo cancionero y banderas rotas

Fuentes: Rebelión

 El viernes estuve en el -ya familiar- Ateneo Republicano de Vallecas, asentado en la Calle Arroyo del Olivar No 79. Un espacio pequeño que se hace grande cuando pone «ante la luz de todos», propuestas culturales de alto vuelo que desdoblan en cultura, en canción, en ideas y compromisos. Este es el espacio para hacer […]

 El viernes estuve en el -ya familiar- Ateneo Republicano de Vallecas, asentado en la Calle Arroyo del Olivar No 79. Un espacio pequeño que se hace grande cuando pone «ante la luz de todos», propuestas culturales de alto vuelo que desdoblan en cultura, en canción, en ideas y compromisos.

Este es el espacio para hacer un mundo mejor. Esta es la casa de hombres y mujeres de estos tiempos. Hombres y mujeres comprometidos con la verdad, con la justicia. Es el escenario para la apremiante respuesta -de todos- ante los tiempos difíciles que se nos avecinan. La dignidad humana está a examen y urge la voluntad de los que quieren alimentarla con valores.

Gabriel Ortega y Salvador Amor -los cabezones de «Rojo Cancionero y Banderas Rotas», fueron más que poetas. El escenario se quedó corto, las ganas de «regalar» palabras, sueños, preguntas y metáforas se salieron de aquel diminuto proscenio para electrizar a los cómplices de esa noche. Era un espacio permeado, no con verborrea vacía de fraseología sabor rancio y perfume glamoroso. El trazo de estos sustantivos cantores va más allá del arte banal que solo el cantautor sabe dar.

Hablo de un canto comprometido. Subrayo -en todo caso- las líneas de una trova urgente. De un arte que persiste estar y es definitivamente necesario para construir un pensamiento agudo. Ante tanta docilidad y mediocridad construida, la trova «esa señora que alarga los brazos para enmendar lo feo», es vital pues transforma a los «los tercos».

La verdadera conjugación de estos cantautores -que saben de poesía-, es la capacidad de asumir el precio de irritar a sus dianas, -aún estando ausentes- con textos certeros de apertrechadas comparaciones, símbolos y palabras construidas para la ocasión.

Los «honorables» bancos, los políticos corruptos «nacidos» en botellas descorchadas o las trampas del sistema capitalista, -que hace culto a una democracia que transita remendada-, son algunos de los «tiros» que dejaron esa noche, cargada por la vocación de un público deseoso de oír más.

No faltó en esa explicita velada de fugas y encuentros de claras complicidades, el merecido homenaje a nuestro Che Guevara, que no ha dejado de estar entre nosotros. Su sabia y su fuerza encumbran las calles y las vueltas de varias generaciones, en medio de una marea de indignados que reivindican, que «otro mundo es posible».

Las palabras, los poemas y las trovadas vertidas en tan poco espacio, andan por las calles, por los barrios, tras los puentes. Tocan puertas, ventanas o cerrojos para hacerse útiles y necesarios. No son papeles de imprenta «curtidos» para vender ilusiones a los que sueñan con vitrinas. El arte de estos sabios artistas no se presenta con mentiras para llenar las arcas del invierno.

Hay que acompañar a estos cantores genios en cada escenario donde se presenten, pues nos dejan apertrechados de poesía y verdad. Debemos compartir con ellos sus preguntas y sus respuestas claras. El verbo inteligente tejido de arte meridiano nació otra vez -esa noche-, tras los aciertos de una música que cuando se multiplica se convierte en «Voces de todos».

Sirva esta crónica como portada para «inaugurar» un ciclo de entrevistas con cantautores españoles que andan cultivando canciones y poemas. Para hacer de nuestras vidas un mundo donde las preguntas han de tener respuestas. Sea «Dialogar Trovando» la letra y la voz de estos hacedores del arte.

www.rojocancioneroybanderasrotas.com

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