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Salida de Obama cierra posibilidad de libertad para Simón Trinidad

Fuentes: Prensa Rural

Una gruesa capa de nieve cubre las calles de una concurrida ciudad estadounidense. Afuera el viento inclemente se abre paso a través del tráfico. Con abrigos, gorros, botas y guantes se hace soportable la temperatura por debajo de cero. Adentro, en una oficina atiborrada de papeles, un abogado algo barrigón entremezcla el inglés y español […]

Una gruesa capa de nieve cubre las calles de una concurrida ciudad estadounidense. Afuera el viento inclemente se abre paso a través del tráfico. Con abrigos, gorros, botas y guantes se hace soportable la temperatura por debajo de cero. Adentro, en una oficina atiborrada de papeles, un abogado algo barrigón entremezcla el inglés y español mientras atiende sus múltiples ocupaciones. Entre casos de explotación laboral, defensa de los indocumentados, agresiones por racismo y xenofobia; este abogado se ha caracterizado por defender a los más pobres.

Quizá por los lazos familiares que lo unen a Colombia, quizá por haber conocido la región del Magdalena Medio -una de las zonas más marcadas por la violencia y por la muerte-, quizá por haber compartido con líderes sociales y sindicalistas las historias de estigmatización y persecución hacia el movimiento social en nuestro país, quizá por sentir la soledad de encontrarse en un país extranjero lejos de los suyos; quizá existen muchos quizás. Lo cierto es que este abogado osó desafiar al sistema y acercarse a quienes se consideran vetados para las normas jurídicas estadounidenses, colombianas e internacionales: este abogado defiende a Ricardo Palmera, un vallenato de 66 años al que muchos conocen como Simón Trinidad.

Se podría considerar un caso perdido ser el abogado de un gerrillero de las Farc-EP condenado a 60 años de prisión por un juez norteamericano y recluido en una cárcel de máxima seguridad ubicada en medio del desierto; sin embargo existe siempre una tenue posibilidad de que las peticiones de los países garantes y acompañantes en el proceso de paz sean escuchadas. Desde la mesa de negociaciones en La Habana, Cuba, nunca cesaron las solicitudes para que Simón Trinidad ocupara el puesto que le fue designado como plenipotenciario en estos diálogos. El gobierno colombiano también dejó entrever en ciertas ocasiones su intensión de que fuera repatriado como gesto de buena voluntad de paz. La última palabra la tenía Barack Obama, en sus manos estuvo la posibilidad de firmar un indulto para Simón Trinidad tras los 11 años que lleva recluido, antes de que terminara su periodo presidencial.

En un dudoso juicio, en el que el jurado no lograba ponerse de acuerdo sobre su culpabilidad, Simón fue condenado a la máxima pena que contempla la jurisdicción colombiana [1]. En encierro aislado, sin conocer el idioma y sin tener derecho a ningún tipo de contacto, ha purgado desde 2004 su condena, desde que el gobierno de Uribe lo envió a Estados Unidos. En gran medida gracias a la presión internacional, las condiciones de reclusión y la atención en salud han mejorado para Simón. Con dudosas declaraciones lo inculparon, utilizando testimonios de «desmovilizados» de la guerrilla, por la retención de los tres contratistas norteamericanos que estuvieron en poder de las Farc-EP acusados de espionaje, y de narcotráfico. Para los estadounidenses no existe el delito político y menos aún la posibilidad de rebelarse contra el Estado tomando la vía armada como lo decidió Simón al incorporarse a la insurgencia.

El planeta entero adquiere nuevos aires políticos con la llegada del nuevo inquilino de la Casa Blanca, las argucias administrativas del nuevo presidente estadounidense dejan poco margen de esperanza para presos políticos de un grupo al que los republicanos siguen considerando como terrorista. La jugada mediática que necesitaba Obama para «limpiar» su nombre antes de dejar el poder, la logró con el indulto al independentista puertorriqueño Óscar López Rivera; tampoco el gobierno de Juan Manuel Santos hizo mucho por lograr la liberación de Simón Trinidad.

Es incierto el futuro que le depara a una de las naciones más influyentes del mundo con su nuevo presidente magnate; pero, aunque directamente Donald Trump no se ha referido en sus declaraciones al tema del proceso de paz en Colombia, es poco probable que tenga intensiones de indultar a Simón Trinidad, Iván Vargas o Sonia, los tres guerrilleros presos en cárceles estadounidenses.

Nota

[1] Paradójicamente en el tratado de extradición se establece que la máxima pena que puede recibir un colombiano en territorio extranjero es de 60 años, lo cual es equiparable a la condena a cadena perpetua que se aplica en suelo estadounidense.

Fuente original: http://prensarural.org/spip/spip.php?article20863