Sin energía y sin socio estratégico, Cuba lucha actualmente por su supervivencia. Mientras la población está literalmente a oscuras, la administración Trump intenta romper definitivamente el proyecto socialista mediante el chantaje económico. ¿Qué le espera a la isla?
Desde la revolución de 1959 Cuba es una espina que Washington tiene clavada. La existencia de un proyecto socialista a apenas 150 kilómetros de la costa estadounidense era inaceptable. Generaciones de presidentes intentaron poner a la isla de rodillas mediante el sabotaje, el aislamiento y la presión económica.
El ejemplo cubano debía desaparecer o, al menos, ser dañado de tal manera que ya no pudiera ofrecer inspiración. Esa estrategia llevó al bloqueo económico más duradero de la historia moderna, que aún hoy determina la vida de millones de cubanos.
Sin socio estratégico
Cuba pudo contar durante décadas con apoyo externo. Primero de la Unión Soviética y los países del Comecon, luego de Venezuela. Esas alianzas constituían una línea de salvamento, especialmente para el suministro de energía y el comercio. Pero ese tiempo ha pasado.
Tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por tropas estadounidenses, desapareció un socio fundamental. Por primera vez desde 1959 Cuba ya no tiene un verdadero socio estratégico y está casi sola. La Habana es más vulnerable que nunca y para la Casa Blanca parecía que había llegado el momento de dar el golpe de gracia a la revolución.
Trump declaró abiertamente que podía tomar Cuba. “O bien libero Cuba o la tomo: creo que puedo hacer con ella todo lo que quiera”, dijo a periodistas en la Casa Blanca, Washington.
El 29 de enero impuso un bloqueo total de petróleo para lograrlo. Washington somete a los países que aún se atreven a suministrar petróleo a la isla a una presión extremadamente fuerte. Además del corte energético, el secretario de Estado Marco Rubio intenta sistemáticamente cortar cada fuente de divisas extranjeras para Cuba.
En particular, dirige sus ataques contra las misiones médicas internacionales. Al obligar a los países anfitriones a expulsar a los médicos cubanos, la isla pierde en este momento su mayor fuente de ingresos, que utiliza para la importación de medicamentos y alimentos básicos.
Una sociedad paralizada
Cuba es históricamente muy dependiente de la importación debido a su pasado como colonia de monocultivo y a la falta de materias primas. En especial la energía es de vital importancia.
Antes del bloqueo energético Cuba consumía aproximadamente 110.000 barriles de petróleo por día, de los cuales 40.000 se producían internamente. El resto provenía de Venezuela, México y Rusia. Desde enero ese suministro se ha secado completamente.
El gobierno cubano reconoce que en el pasado se han cometido errores, como la fallida reforma monetaria de 2021.i Pero ninguna economía resiste cuando tiene que funcionar con apenas el 40% de su energía y al mismo tiempo es estrangulada financieramente.
Esta crisis se traduce en una dura realidad para la población cubana. Las ciudades están paralizadas porque no hay combustible para autobuses y coches. La industria apenas puede funcionar, las tiendas se abastecen con dificultad y los alimentos se vuelven más escasos.
La sanidad, antaño un buque insignia de la revolución, está bajo una fuerte presión. Las operaciones se posponen o se cancelan por miedo a los cortes de electricidad. Se ha duplicado la mortalidad durante el primer año de vida. Los bebés vulnerables y prematuros mueren en incubadoras cuando se va la luz, aunque el personal médico haga todo lo posible por seguir ventilándolos manualmente. Según la Organización Mundial de la Salud, la situación es “muy preocupante”.
Incluso el turismo, durante mucho tiempo una fuente importante de divisas, se derrumba debido a una infraestructura poco fiable. Los hoteles sin electricidad no atraen visitantes. Así, el estrangulamiento económico es cada vez más fuerte.
La resiliencia de la población cubana se está llevando actualmente al límite en una lucha por la supervivencia que ha sido creada deliberadamente por Washington para provocar disturbios sociales y una insurrección popular.
Objetivo y estrategia de Washington
Al igual que en la guerra contra Irán, los objetivos de la administración Trump no están realmente claros. También parece que Trump y Rubio no están en la misma línea.
Muchos cubanos que viven en EE. UU. no quieren menos que un cambio de régimen. Un núcleo duro pero influyente se opondrá ferozmente a cualquier acercamiento a Cuba e incluso intentará sabotearlo. Rubio, que es hijo de migrantes cubanos, depende de este grupo de línea dura para su futura carrera política. Ya ha indicado que apuesta por un cambio de régimen.
Sin embargo, un cambio de régimen clásico parece improbable. El sistema político cubano está firmemente arraigado y aún goza de bastante legitimidad.ii Además, en Estados Unidos hay poco o ningún apoyo a una intervención militar.iii
En el caso de Trump, la presión de los cubanoestadounidenses no juega un papel determinante. Además, debido a la debacle en Irán y a la ausencia de un acuerdo de paz en Ucrania, necesita urgentemente una “victoria” política para posicionarse con más fuerza de cara a las cruciales elecciones de medio mandato de noviembre.
Rubio es un peso pesado en la Casa Blanca. Es la primera persona desde Henry Kissinger que es al mismo tiempo asesor de seguridad nacional y Secretario de Estado. Pero aun así es menos poderoso que Kissinger. Su departamento se ha vaciado bajo Donald Trump, mientras que dossiers sensibles como la guerra en Ucrania, Gaza e Irán han sido confiados principalmente a Steve Witkoff y Jared Kushner.
Parece que tampoco puede imponer su sello en el expediente de Cuba. El planteamiento en las actuales negociaciones entre Cuba y Estados Unidos no es político (cambio de régimen), sino ante todo económico.
Trump ya quería desde hace tiempo hacer negocios con Cuba e incluso en 1998 exploró una inversión, posiblemente en contradicción con la legislación del bloqueo. Más tarde registró allí su marca. Según The Economist, lo que cuenta para él es sobre todo un gobierno que importe productos estadounidenses, independientemente del sistema político,
Con el bloqueo energético, Washington quiere ahora obligar a Cuba a realizar reformas económicas que beneficien a las empresas estadounidenses. Quiere acceso a sectores estratégicos como energía, puertos, turismo y telecomunicaciones. A cambio espera una liberalización de gran alcance: empresas privadas más grandes, apertura del sistema bancario y la eliminación de monopolios estatales.
El cambio político es más un medio que un fin. Washington no busca un cambio de régimen, sino que opta por una estrategia más sutil, inspirada en Venezuela. No un derrocamiento completo, sino un llamado “ajuste del régimen”:una cooperación forzada con ajustes limitados del liderazgo político.
Señales desde Washington sugieren que la salida del presidente Díaz-Canel podría ser una condición para un acuerdo.
La respuesta cubana
El hambre no lleva a una insurrección masiva. Según Daniel Montero, periodista de Democracy Now, la población cubana está sobre todo ocupada en sobrevivir, con la pregunta de qué pueden aún comer. La frustración crece, pero no se dirige contra el gobierno, sino contra Trump, y refuerza la voluntad de resistir. (Véase su reportaje en inglés).
Es ilustrativo que Silvio Rodríguez, el cantante más conocido de la isla y leal pero no un adulador del gobierno, pidiera simbólicamente un fusil Kalashnikov, para subrayar así que defendería Cuba en caso de ataque.
El gobierno también sigue siendo combativo. En el pasado ya había planes para depender menos del combustible importado mediante paneles solares y para hacer una energía más verde. Ahora se está acelerando esa transición debido al actual bloqueo energético.
No hay ninguna sumisión frente a Estados Unidos. El presidente Díaz-Canel advirtió que cualquier intento de cambio de régimen chocará con una “resistencia inexpugnable”. Al mismo tiempo anunció que se han iniciado conversaciones sobre la base del respeto a la soberanía cubana.
El gobierno cubano adopta al mismo tiempo una postura pragmática. Se ha liberado a una veintena de presos que habían estado implicados en los disturbios violentos del verano de 2021. Además, se están llevando a cabo profundas reformas económicas. Se fomentan las inversiones extranjeras y también los cubanos en el extranjero pueden ahora invertir en la isla. Esto constituye una apertura notable tras décadas de estricto control.
Además, Cuba está dispuesta a hablar de compensaciones por propiedades estadounidenses nacionalizadas, con la condición de que también se reconozcan los daños del bloqueo. Son propuestas que dan testimonio de una actitud constructiva, pero es incierto si y en qué medida Trump responderá a ellas. Su imprevisibilidad sigue siendo la mayor variable en este conflicto.
¿Usará Washington a Cuba como una victoria rápida para obtener ganancias políticas internas cerrando un acuerdo que cree algunas oportunidades económicas para las empresas estadounidenses? ¿O se prolongará el asedio medieval para empujar aún más a la desesperación a los habitantes de la isla?
Ambos escenarios son posibles. Lo que está claro es que la población cubana paga el precio de este despiadado juego geopolítico.
Es necesaria la solidaridad internacional
La solidaridad internacional crece en este contexto. Países como México, Rusia, China, Vietnam y ahora también España ya han expresado su apoyo y envían convoyes humanitarios para romper el bloqueo.
En las últimas semanas llegaron más de cien activistas, sindicalistas y eurodiputados a La Habana con ayuda humanitaria por valor de medio millón de euros. Además, el convoy “Nuestra América” llegó a La Habana con bienes adicionales para apoyar a la población.
Estas “flotillas” no solo suministran alimentos y medicamentos, sino que también envían una poderosa señal política contra la hegemonía y la arbitrariedad estadounidenses.
Al mismo tiempo, en Europa sigue reinando un silencio ensordecedor, ca con la importante excepción de España. Es una vergüenza que los gobiernos occidentales se nieguen a condenar esta estrategia criminal de hambre. Al mirar hacia otro lado se hacen cómplices de la destrucción de un pueblo.
Las próximas semanas serán decisivas para el pueblo cubano.
Notas:
i La reforma monetaria (“Tarea Ordenamiento”, 2021) abolió el sistema de doble moneda y debía hacer más transparente la economía. En la práctica llevó a una alta inflación, aumento de precios y pérdida de poder adquisitivo, mientras que la productividad y la oferta quedaron rezagadas. Por ello, agravó la crisis económica en lugar de resolverla.
ii Es, entre otras cosas, consecuencia de la práctica de amplia consulta a la población en decisiones importantes, como la modificación de la constitución (2019) o el reconocimiento del matrimonio homosexual (2022). En cada caso acudió a votar una gran mayoría de la población.
iii Solo el 13 % está a favor, mientras que el 61% está en contra.
Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/03/29/buigen-of-barsten-wordt-cuba-de-volgende-trofee-van-donald-trump
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