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Se realizó el I Congreso de Clase contra Clase

Fuentes: Rebelión

Los días 30 y 31 de Octubre y 01 de Noviembre tuvieron lugar las sesiones del I Congreso de Clase contra Clase, sección chilena de la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional, con apasionantes jornadas de debate del conjunto de la organización y con la presencia de Christian Castillo, dirigente nacional del Partido de los […]

Los días 30 y 31 de Octubre y 01 de Noviembre tuvieron lugar las sesiones del I Congreso de Clase contra Clase, sección chilena de la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional, con apasionantes jornadas de debate del conjunto de la organización y con la presencia de Christian Castillo, dirigente nacional del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina, y Oscar Coria, delegado despedido de Kraft y uno de los protagonistas del «sindicalismo de base» en el vecino país. El congreso contó con la presencia de jóvenes trabajadores de la industria de la alimentación, la metalurgia, call centers, profesores y telefónicos, y gran presencia de estudiantes de las principales universidades del país, así como de militantes de diversas regiones como Santiago, Iquique, Arica, Antofagasta, Copiapó, Valparaíso, Temuco, y decenas de compañeras y compañeros de la «generación pingüina» que fueron parte de esta enorme lucha y entrada en escena de la juventud secundaria el año 2006.

Se inicia el Congreso

El Congreso se inauguró votando la presidencia honoraria a los trabajadores y la juventud francesa, que vienen de protagonizar enormes procesos de lucha contra los planes de Sarkozy y marcando un punto fundamental del proceso de resistencia que se empieza a gestar contra los planes de ajuste ante la crisis mundial, al compañero Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero asesinado a manos de la burocracia sindical en Argentina, y a León Trotsky, a 70 años de su asesinato a manos del estalinismo.

Con ello dimos inicio a la primera sesión del Congreso que discutió la situación internacional y sus perspectivas. Se analizó la enorme crisis estructural por la que pasa el capitalismo a nivel mundial. Concluimos que, lejos de haberse resuelto, se plantean nuevos saltos como ya lo venimos viendo con la «guerra cambiaria» mundial y las posibilidades de nuevas recaídas. La «etapa de la restauración burguesa» del neoliberalismo que contempló una ofensiva del capital sobre el trabajo y la restauración capitalista en los ex estados obreros deformados como Rusia, China y Europa del Este pese a que constituyó un respiro para el capital encontrando nuevas zonas de valorización y un nuevo contingente de obreros a nivel mundial que le posibilitó una enorme presión sobre los salarios de la clase obrera, no pudo sortear los límites históricos de la época de decadencia histórica del capitalismo. La actual crisis es expresión de ello. La crisis reactualiza la época de crisis, guerras y revoluciones para la cual nos preparamos los marxistas revolucionarios, es decir, reactualiza las premisas objetivas de la revolución socialista, aunque con un fuerte atraso de la subjetividad del movimiento obrero: una crisis moral y subjetiva producto de las fuertes derrotas de las últimas décadas y la traición del estalinismo y las direcciones de colaboración de clases que fueron parte de esos múltiples ataques.

Los procesos de la lucha de clases que ya se empiezan a manifestar son los únicos que pueden cerrar esa brecha y la intervención revolucionaria debe pelear por esa tarea en la lucha por el socialismo internacional.
También discutimos la situación en Cuba. Para los trotskistas de Clase contra Clase y de la FT-CI, es necesario defender las conquistas de la revolución, que están siendo desmanteladas por la burocracia castrista (por ejemplo, con despidos de miles de funcionarios públicos y supresión de comedores populares), y que el imperialismo y los capitalistas del mundo quieren liquidar. Para defenderlas es necesario hacer una revolución política, es decir, liquidar a la burocracia e instalar un gobierno basado en consejos de trabajadores y campesinos, que revise el plan económico de la cabeza a los pies y se proponga ser un bastión de una lucha internacional contra el poder capitalista.

El Manifiesto Programático y las lecciones estratégicas de la lucha de clases

Ese mismo día se dio una apasionante discusión en torno al Manifiesto Programático de nuestra organización, presentado por el compañero Juan Valenzuela, dirigente nacional de Clase contra Clase y editor del periódico quincenal del mismo nombre. Este documento, discute las principales experiencias de los últimos 40 años de la lucha de clases y las lecciones estratégicas del proceso revolucionario de los años 70 en Chile culminado con la dictadura militar en 1973. Analizamos el proceso de los Cordones Industriales, organismos incipientes de autodeterminación que tendieron a cuestionar el poder del estado y la propiedad capitalistas. Concluimos que la ausencia de un partido revolucionario que empalmara con lo mejor de la vanguardia obrera e impulsara activamente los Cordones como organismos de poder de la clase obrera, y la política del reformismo del PC y la Unidad Popular de la alianza con sectores de la burguesía nacional, fueron factores clave para que esta lucha de la clase obrera no triunfara.

El golpe militar y la dictadura fueron contra la clase obrera y su lucha. Esto se refleja en que el 76% de los asesinatos fue contra obreros. Discutimos el carácter reaccionario de la «transición pactada» de la Concertación y la derecha dictatorial manteniendo y profundizando durante mas de 20 años la obra económica y social de la dictadura.

Situación y tareas actuales

Al día siguiente, hubo una rica discusión de la situación nacional y sus perspectivas tras un informe a cargo del compañero Fabián Puelma, dirigente nacional. Discutimos el «fin de ciclo» que significó la derrota de la concertación y el triunfo de la derecha en las últimas elecciones, y una mejor caracterización del gobierno derechista para prepararse ante nuevos acontecimientos, enfrentar los ataques de la derecha e intervenir revolucionariamente ante este nuevo ciclo político.

Luego, la compañera Dolores Mujica, dirigente nacional de la organización, abrió reflexiones sobre los nuevos desafíos. Una primera etapa de Clase contra Clase estuvo concentrada en reinstalar las banderas del trotskismo en Chile, a través de un balance de los principales procesos históricos de la lucha de clases en el país -que se reflejó en diversos materiales como la Historia marxista del Partido Comunista de Chile de Nicolás Miranda o en el folleto Quiénes fueron los responsables del golpe-, y también estuvo concentrada en una sistemática elaboración política y programática, a través del periódico que desde 1999 hasta el día de hoy no ha perdido su regularidad primero mensual y ahora quincenal.

También dimos los primeros pasos en la construcción de la organización en el movimiento estudiantil -impulsando junto compañeros independientes la corriente de estudiantes marxistas Las Armas de la Crítica- y los primeros pasos en el movimiento obrero. Aun con nuestras modestas fuerzas, hemos participado de los principales procesos de la lucha de clases de los últimos años, como la lucha secundaria del 2006 o huelgas como la de los subcontratados del 2006, 2007 y 2008. En estos años se han forjado nuevos cuadros y dirigentes revolucionarios. En el congreso discutimos la necesidad de pasar a una nueva etapa que condense lo mejor de la etapa anterior y que sea capaz de superar las características de un grupo inicial. Una etapa en la que cobren más peso los elementos de acción, es decir, la actuación de los militantes revolucionarios en la lucha de clases.

Aun hay muchos pasos por dar en este sentido. Será necesario construir la organización en el movimiento obrero, con el fin de levantar una alternativa a la colaboración de clases del PC y a las políticas del PS y la Concertación. El compañero Diego C., dirigente obrero, abrió este punto. Además, las compañeras Alicia Sepúlveda y María Rojas, obreras y dirigentes de Pan y Rosas abrieron una muy rica discusión en torno a la explotación de la mujer trabajadora y cómo ésta, junto a la juventud trabajadora, es un sector estratégico para los trotskistas revolucionarios al cual debemos dirigir nuestra inserción.

Se dieron apasionados debates en esta sesión del congreso. Se discutió las contradicciones del grupo. Cómo nuestra fortaleza podía transformarse en una debilidad si no éramos capaces de ligar nuestras ideas a un sector de los trabajadores. Porque no bastan las ideas revolucionarias. Es necesario que esas ideas sean tomadas por millones de hombres y mujeres explotados y explotadas. Es la única forma de enfrentar al capital seriamente y no permanecer en «declaraciones». Diversos compañeros señalaron la dificultad de este trabajo en las distintas fábricas y empresas y contaron las ricas experiencias del trabajo que venimos haciendo en el movimiento obrero. La conclusión es que la organización debe avanzar a ponerse a tono en esta tarea estratégica, que avanzará aun más en la medida en que surjan sectores de vanguardia de los trabajadores en Chile.

Los compañeros del PTS fueron un enorme aporte para pensar una inserción orgánica del movimiento obrero ante la experiencia que vienen teniendo en el «sindicalismo de base», y luchas tan importantes como la de Zanón y Kraft. Plantearon la necesidad de recomponer los lazos de solidaridad en los lugares de trabajo, destruidos por la dictadura. Lazos que resurgirán no solamente por ideas políticas, sino por retomar prácticas efectivas de unidad obrera, creando instancias sociales, que vayan generando una unidad capaz de contrarrestar el individualismo impuesto por años de derrota.

El Congreso resolvió cambiar el nombre de la organización a Partido de Trabajadores Revolucionarios. No porque seamos ya un partido, sino como bandera de lucha. En un Chile donde la clase trabajadora es dirigida por partidos que defienden la colaboración de clases, es necesario levantar una alternativa partidaria obrera y socialista.
En este Chile patronal, gobernado por la derecha que es sostenida por la Concertación, se hace necesaria esta alternativa, que luche por unir a los oprimidos tras las filas de la clase obrera, disputándole la dirección a la izquierda de la colaboración de clases (el PC) y a los «colectivos populares» que disuelven a la clase obrera en el pueblo y no aspiran al poder de los trabajadores. Se hace necesario luchar por una República de Trabajadores que se proponga la revolución internacional y construir una sociedad sin clases, y construir una herramienta que sirva para avanzar a esos objetivos, un partido revolucionario, obrero y de combate.

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