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Sharp, los medios y el pensamiento duopólico

Fuentes: El Mostrador/MapochoPress

Nota: En Chile ejercen el poder dos duopolios: en lo político, medra del Estado una imitación del sistema bipartidista de algunos países desarrollados encarnada aquí por un solo bloque neoliberal, integrado por la derecha conservadora, incluso pinochetera, que ahora se hace llamar «centro derecha», y su «rival», la Concertación, ahora rebautizada como Nueva Mayoría, que […]

Nota: En Chile ejercen el poder dos duopolios: en lo político, medra del Estado una imitación del sistema bipartidista de algunos países desarrollados encarnada aquí por un solo bloque neoliberal, integrado por la derecha conservadora, incluso pinochetera, que ahora se hace llamar «centro derecha», y su «rival», la Concertación, ahora rebautizada como Nueva Mayoría, que se hace llamar y todo el binomio se refiere a ella como la «izquierda». En lo medial, este duopolio se refleja en los conglomerados El Mercurio/La Tercera y, por su hegemonía ideológica, todos los demás comulgan con esa misma visión neoliberal del mundo en que vivimos. Se trata de demostrar que el resto no existe, ni política, ni mediáticamente. Este artículo, originalmente publicado el 2/11, es esclarecedor (MapochoPress).

Los medios no reflejan la realidad, lo que reflejan son relaciones de fuerza. Y es evidente que, en este feneciente ciclo postdictatorial, el bloque neoliberal conformado por Concertación y Derecha tiene más fuerza político-institucional y medial que las expresiones políticas emergentes. En este contexto, el marco interpretativo más común de los periodistas, sobre todo si carecen de autonomía intelectual, si son acríticos y trabajan en los medios que forman los dispositivos comunicacionales beneficiados y legitimados por el bloque del poder, será el mismo que se ha usado hegemónicamente en los últimos 25 años.

A pesar de que el alcalde electo de Valparaíso, Jorge Sharp, sacó por sí solo más votos que la suma de los dos candidatos del duopolio político (Concertación y Derecha), y que individualmente dobló a cada uno de ellos, a pesar de la contundencia de su campaña, recibió en comparación con la que recibieron sus contrincantes duopólicos (Leo Méndez, PPD, y Jorge Castro, UDI), una escuálida atención de los medios hegemónicos.

Para los periodistas de esos medios, los hechos -la materia prima del ejercicio periodístico- fueron menos importantes que sus duopólicos hábitos mentales. Aunque los hechos saltaban a la vista y de manera contundente: por ejemplo, las Primarias Ciudadanas realizadas un frío domingo de junio, bajo una torrencial lluvia, a la que, no obstante, concurrieron más de cinco mil porteños y porteñas.

Se trató de un ejercicio político inédito en Chile, primarias organizadas al margen de la institucionalidad, sin militares cuidando urnas y sin Servel, pero con un voluntariado que puso locales de votación a disposición del proceso (un café en el Cerro Alegre, una escuela en Av. Argentina, la Población Obrera en Cerro Cordillera, un local comunitario en Las Cañas, un club deportivo en Cerro Florida), y con estudiantes de informática que idearon un software para estar en línea y garantizar la validez de los resultados.

Otro ejemplo: Sharp era el único de los candidatos a alcalde que podía caminar junto a miles en las dos marchas convocadas por No + AFP en Valparaíso. Su candidatura fue la única que hizo un acto-concierto de cierre, en la Plaza Cívica, con una multitudinaria concurrencia. También fue la única que se atrevió con una caravana por el Puerto; fueron tantos los autos que se sumaron al enrevesado recorrido por la loca geografía porteña, que la caravana se partió en cuatro.

Esos -y otros- fueron los hechos. Pero su contundencia material no pudo con la densidad ideológica de las estructuras mentales adquiridas que muchos periodistas usan para interpretar la realidad, de modo que si el dato -aun siendo terco- no cuajaba con la interpretación duopólica, o sea, neoliberal de la realidad chilena, era ignorado o, peor aún, forzado, para que sí calce con la visión (todavía) hegemónica. Así, se asumía periodísticamente que lo que define el futuro del país sería solamente la disputa entre la Derecha y la Concertación, es decir, que la disputa política solo se da al interior del bloque neoliberal.

Eso explica, por ejemplo, que en agosto ‘Teletrece’ hiciera una extensa nota a las elecciones porteñas, pero solo entrevistara a Méndez (PPD) y a Castro (UDI). Hasta la estética visual fue duopólica: la pantalla partida en dos, a la izquierda Méndez, a la derecha Castro. Luego, en octubre, diez días antes de las elecciones, ‘Teletrece’ presenta la nota «La Batalla de Valparaíso». Esta vez se visibiliza a los tres candidatos, pero bajo un marco explicativo duopólico: «Aunque pocos le dan opciones de ser elegido, Sharp puede incidir en la medida en que le reste votos al sector oficialista».

De este modo, la periodista de ‘Teletrece’ presentó como candidato perdedor a quien dobló en votación a los que ella daba por ganadores. ¿De dónde proviene su interpretación periodística? ¿Es su voz la que afirma que Sharp tiene escasas opciones? ¿O a través suyo están hablando -aunque ella no sea consciente de aquello- otras voces? Pero incluso el departamento de prensa de UCV TV -se supone, los mejores conocedores de lo que ocurre en Valparaíso- desconocieron a Sharp, ni una sola nota le dedicaron durante la campaña al alcalde electo, cuyo triunfo fue noticia nacional.

Recién cuando CNN Chile organizó y difundió, a fines de septiembre, un debate entre todos los postulantes a alcalde de Valparaíso, Sharp dispuso de los mismos minutos televisivos que los candidatos del duopolio. Y el impacto fue tal, que este fue el primer y último debate al que Méndez (PPD) y Castro (UDI) asistieron, negándose a todos los demás.

Esto ocurre porque los medios no reflejan la realidad, lo que reflejan son relaciones de fuerza. Y es evidente que, en este feneciente ciclo postdictatorial, el bloque neoliberal conformado por Concertación y Derecha tiene más fuerza político-institucional y medial que las expresiones políticas emergentes. En este contexto, el marco interpretativo más común de los periodistas, sobre todo si carecen de autonomía intelectual, si son acríticos y trabajan en los medios que forman los dispositivos comunicacionales beneficiados y legitimados por el bloque del poder, será el mismo que se ha usado hegemónicamente en los últimos 25 años.

Vendrán ahora todos los esfuerzos mediático-discursivos por forzar el dato de la realidad al statu quo, por redefinir duopólicamente el triunfo porteño. Se dirá -sobre todo desde Santiago y por santiaguinos que creen conocer Valparaíso, aunque nunca han cruzado la Avda. Alemania- que no ganó la izquierda en Valparaíso, ni menos que se abre una tercera opción, que el triunfo es menos político de lo que parece (antes bien, «solo ciudadano»), que es un hecho aislado que no explica nada nacionalmente, que, por lo tanto, la autonomía de esta candidatura con los defensores del modelo y con el empresariado no fueron variables importantes.

No importa. Lo emergente, lo nuevo, lo telúrico, el topo de la historia, aunque asome y su nariz esté a la vista -como lo estuvo en Valparaíso- no será ni aquilatado ni comprendido por los discursos duopólicos, ni por sus medios o sus analistas. Está demostrado que solo los medios con autonomía crítica saben maniobrar interpretativamente en tiempos turbulentos; los medios apegados a las estructuras de poder establecidas no tienen capacidad de realizar periodismo anticipativo.

Son ellos lo que no entenderán que, de repente, cuando los despertaron, la izquierda todavía estaba allí.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.