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En memoria de Óscar William Calvo Ocampo, 13 de octubre de 1953 — 20 de noviembre de 1985

Si no cesa la violencia política, la paz seguirá en riesgo

Fuentes: IPC

El 20 de noviembre de 1985 fue asesinado en Bogotá el político Óscar William Calvo Ocampo, quien para ese momento era miembro de la Comisión de Paz constituida por el Gobierno, vocero del Partido Comunista Marxista-Leninista y vocero del Ejército Popular de Liberación (EPL). Él, fue pionero en proponer una Asamblea Nacional Constituyente para sacar […]

El 20 de noviembre de 1985 fue asesinado en Bogotá el político Óscar William Calvo Ocampo, quien para ese momento era miembro de la Comisión de Paz constituida por el Gobierno, vocero del Partido Comunista Marxista-Leninista y vocero del Ejército Popular de Liberación (EPL). Él, fue pionero en proponer una Asamblea Nacional Constituyente para sacar al país del conflicto armado. Aunque la propuesta se concretó en la Constitución de 1991, la continuidad de la violencia política puso en jaque la realización de la paz.

Óscar William soñaba una constituyente que rompiera la fascistización que vivía en ese momento el país, cristalizada en reformas políticas que excluían a unos sectores de la sociedad y reducían la participación democrática. Para ello, hablaba de propuestas que, entre otros asuntos, buscaban disminuir la inequidad, mejorar la situación laboral y resolver el problema de la tierra y los conflictos agrarios.

Este hombre, que durante años se desempeñó como líder territorial apoyando la labor sindical de trabajadores agrícolas y cortadores de caña; que luego se perfiló como dirigente del Partido Comunista Marxista-Leninista, de la Unión Democrática Revolucionaria y de la Juventud Revolucionaria de Colombia (JRC); encontró la muerte a sus 32 años, justo cuando apareció en el escenario público como vocero en el proceso de paz.

Junto a él murieron los líderes de la JRC, Alejandro Arcila y Ángela Trujillo, quienes le acompañaban esa noche de noviembre, cuando salía de una farmacia y fue atacado por sicarios a las 7:12 p.m. Su crimen, que involucraría a agentes del Estado, sigue en la impunidad. Su historia representa el riesgo que rodea a la paz cuando no se logran superar los odios y la utilización de la violencia como recurso político.

Desde 1982, el Gobierno del expresidente Belisario Betancur realizó acercamientos con las guerrillas colombianas para buscar una salida negociada al conflicto. En 1984 firmó pactos de tregua bilateral con las guerrillas de las FARC, el M-19 y el EPL. Tras varios años de tensiones y rupturas, en 1991 con la Asamblea Nacional Constituyente se concretaron los acuerdos con el EPL, el M-19, el Movimiento Quintín Lame (MQL) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Pero lejos de consolidarse la paz, en el país se profundizó el conflicto con la expansión del paramilitarismo, la escalada militar de las guerrillas de las FARC y el ELN, y los excesos de la Fuerza Pública que incurrió en homicidios extrajudiciales y en actuaciones con los paramilitares.

Quienes habían firmado la paz y quienes apoyaron el proceso, se vieron expuestos a la persecución, el desplazamiento y hasta la muerte. En ese periodo se llevó a cabo el exterminio de la Unión Patriótica, partido político fundado en 1985 como propuesta política legal de las guerrillas; la persecución en Urabá a los miembros del movimiento Esperanza, Paz y Libertad, conformado por ex integrantes del EPL; y el homicidio de los defensores del Movimiento de Derechos Humanos en Antioquia.

Por eso hoy, cuando el Gobierno colombiano adelanta acercamientos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y avanza en una negociación con la guerrilla de las FARC, en medio de la cual se debate sobre la posibilidad o no de realizar una nueva constituyente, resulta válido rememorar a personajes como Óscar William Calvo para examinar por qué se ha prolongado este conflicto y evaluar los pormenores que en este momento tendría una constituyente.

Fabiola Calvo Ocampo, su hermana, quien trasegó a su lado en el Partido Comunista Marxista-Leninista, es quien hoy recuerda el legado de este líder político a la luz del actual proceso de paz.

-¿Cómo recuerda a su hermano?

-Hay que empezar por recordar que Óscar William es el quinto de una familia de seis hermanos, tres mujeres y tres hombres. Nos criamos en una familia católica, creyente más no practicante. Con mucha inclinación hacia la lectura. Mi papá y mi mamá fueron grandes lectores. Autodidactas los dos. Mi papá llevaba muchos libros a casa: poesía, novelas, el periódico todos los días, cosa que influyó en la formación de todos. En el caso de Óscar William, él destacó mucho en los concursos que hacía mi papá en oratoria.

William fue una persona que inició muy joven en la vida política, casi siendo niño, a los 13 años. Con sensibilidad hacia los sectores populares de Cartago que era el pueblo donde vivíamos. Fue dirigente del Colegio Académico de Cartago, dirigió una huelga. Trabajó mucho en el movimiento sindical en Risaralda y el Norte del Valle. Luego fue trasladado por el Partido Comunista Marxista-Leninista para desempeñarse como dirigente político y sindical en Bogotá, Santander y Boyacá. Él se destacó como político y sobre todo tuvo una proyección nacional en el paro cívico de 1977.

Salió a la vida pública con el proceso de diálogo durante la negociación con el gobierno de Belisario Betancur. Luego entró a ser oficialmente el vocero del Partido Comunista Marxista-Leninista y del Ejército Popular de Liberación en los acuerdos que se firmaron en Medellín. Él firmó los acuerdos con Jairo Calvo, nuestro hermano, que era comandante del EPL, conocido como Ernesto Rojas. Ambos hablaron, insistieron e incidieron mucho en la propuesta de una apertura democrática que podría abrirse con una asamblea nacional constituyente que condujese a un real proceso de paz, un proceso de paz que tenía incluidas todas las propuestas de cambios y reformas en la constitución. William hizo una serie de propuestas a diferentes niveles en el campo agrario, laboral, fiscal, deuda externa, o sea, una propuesta amplia.

-En la actualidad se desarrollan nuevas negociaciones con las guerrillas, ¿Qué cree que ha cambiado y qué debemos cambiar para que la paz sea una realidad?

-La constitución del 91 dio grandes pasos en cambios políticos en el país, pero realmente la constituyente no incluyó a otros sectores que tenían que haber estado incluidos como las FARC y el ELN. Entonces creo que se abrieron caminos importantes pero se descuidaron otros.

Me parece que la derecha tuvo un fortalecimiento muy grande porque los carteles -de la droga- del país seguían vigentes y le dieron apoyo a ese proyecto económico, político, social e ideológico que fue el paramilitarismo. Eso realmente desvío lo que pudo haber sido un gran proceso -de paz-. Ahora por lo menos se está pidiendo que dentro de este proceso se empiece a trabajar en serio con la desmilitarización del paramilitarismo en el país.

-En el actual proceso de paz, ¿qué piensa sobre la propuesta de convocar a una nueva constituyente?

Yo creo que todavía quedan campos por cubrirse que no se han cumplido de esa constituyente de 1991 y de esa nueva constitución. Entonces lo que no sé, y me lo pregunto todavía, es si en este momento hay condiciones o no para pensar en una constituyente; porque realmente la experiencia de los noventa no fue exactamente en el mismo contexto que hoy vive el país.

Yo creo que podría retrocederse en lugar de avanzar, por las condiciones mismas de polarización que tiene el país y por la pérdida de credibilidad que tiene, en amplios sectores de la clase media, la guerrilla.

-Óscar William fue un líder político durante muchos años, pero cuando se visibiliza con fuerza en esa coyuntura de paz es asesinado ¿Qué pasa en Colombia? ¿Por qué los líderes que piensan de una manera diferente siguen siendo silenciados, asesinados, desaparecidos o excluidos?

-Porque en Colombia hemos resuelto los conflictos a punta de bala y no se ha dejado espacio tampoco para el movimiento social. El movimiento social necesita tener por donde encausarse, y con la firma del Frente Nacional, que fue la firma entre los dos partidos tradicionales, se selló un pacto en el que se dejó por fuera todo el movimiento social y todo lo que estuviese por fuera de los dos grandes partidos.

Los dos grandes partidos nunca le han pedido perdón al país por esos cerca de 300 mil muertos en la llamada Violencia. Y nunca han pedido perdón por ese Frente, que fue un gran frente de la exclusión.

Entonces realmente hemos sido educados -la sociedad, los partidos-, en una cultura política de la exclusión. No se soporta quién a venga a hacer una propuesta política distinta a la que yo tengo, o a quien venga a quitar ese espacio que ha venido privilegiando a alguien durante décadas o siglos en este país.

El que aparezca una voz joven haciendo una propuesta distinta, máxime que viene de una izquierda considerada radical, que viene a hablar de una propuesta de Estado de derecho, pues naturalmente es alguien que estorba a las élites y a instituciones como el Ejército y partidos políticos en este país.

-¿Cree que ese panorama va a cambiar en esta coyuntura de paz?

-Yo creo que el panorama no cambia por una coyuntura, esto tiene que ser un proceso. Lo que si puede permitir esta coyuntura es empezar a desarmarnos, a que las armas desaparezcan y le den paso a un movimiento civil de grandes proporciones, porque realmente la presencia de las armas no ha dejado que se consolide un movimiento civil: porque lo han descabezado, porque han asesinado sus dirigentes, porque han implantado el terror y el miedo, por lo tanto se ha desarticulado y atomizado el movimiento social.

En este momento hay una coyuntura interesante que depende de cómo se maneje, de cómo participemos, de cómo actuemos, de cómo lideremos este proceso, para poder ir avanzando. Pero no será en un año ni en cinco, esto es de largo aliento.

-¿Es uno de los grandes riesgos de este proceso que se repita lo que le sucedió a Óscar William Calvo y a muchos otros líderes en este país?

-Es un riesgo. Indudablemente. Pero me parece que quienes están negociando en La Habana -con las FARC- y quiénes vayan a negociar en Ecuador -con el ELN-, por lo menos tienen la experiencia de un espacio que se abrió anteriormente.

En eso hay que reconocerle a Óscar William y a quienes firmaron en el 84 que realmente abrieron camino, abrieron una puerta, y aunque les tocó pagar con sus vidas a muchos, dejaron la experiencia.

Fuente original: http://www.ipc.org.co/agenciadeprensa/index.php/2016/02/13/si-no-cesa-la-violencia-politica-la-paz-seguira-en-riesgo/