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Sobre el plebiscito por una nueva constitución

Fuentes: Rebelión

Aprobar o no ir a votar, esa es la pregunta

El plebiscito por una nueva constitución, fijado inicialmente para el 26 de abril y que probablemente será aplazado debido a la crisis sanitaria por COVID-19, es una instancia para definir las condiciones respecto la continuidad de la actual Constitución de Chile, cuyo proceso se llevará a cabo mediante la realización de dos preguntas:

  1. ¿Apruebo o Rechazo una nueva Constitución?
  2. ¿Qué órgano es el indicado para redactar la eventual nueva carta magna: una Convención Constituyente (100% de sus integrantes elegidos por voto popular) o Convención Mixta Constituyente (50% de sus integrantes elegidos por voto popular y 50% miembros del actual congreso?)

La posibilidad de generar este mecanismo fue producto de la movilización generalizada a nivel país, en la cual se hizo manifiesto el descontento con la dirección ejecutiva de Piñera y su gobierno, la desigualdad socioeconómica, la precarización de la vida y la corrupción del contubernio político-empresarial-militar-policiaco. Una Nueva Constitución ha sido una reivindicación popular histórica, ya que a pesar de las reformas generadas por los gobiernos de la Concertación, el espíritu conservador y neoliberal del documento, se mantiene vivo por medio de la sustentación de un Estado subsidiario que promociona y valida la mercantilización de los derechos fundamentales de la población y la naturaleza.

Encuestas de varias empresas ligadas a la obtención de estos datos, incluso aquellas más cercanas al oficialismo, indican un rotundo triunfo de la opción “Apruebo”. Sin embargo, cabe destacar que en ocasiones anteriores, como en la votación de 1988 por el “Si/No”, aunque la participación fue amplia (97.53 %), el triunfo de las fuerzas opositoras a Pinochet fue estrecho: el «Sí» consiguió el 43,01 % y el «No», el 54,71 %. El contexto actual es distinto, pero las circunstancias de la contingencia, tal como son la emergencia sanitaria, la deslegitimación del sistema electoral, la campaña del terror de la derecha y la desafección generalizada con las instituciones; hacen encender las alertas y ponen un manto de duda sobre la certeza de la victoria del “Apruebo”.

Existen sectores de la ciudadanía que perciben el proceso electoral como una maniobra de la élite para desactivar las movilizaciones y frenar la desestabilización del modelo. Este escepticismo es bastante asertivo y convincente, ya que es innegable que la derecha, la ex Concertación y otros grupos de poder, han actuado en función de que estos intereses se cumplan. Dentro de las principales críticas que se le hacen al proceso constituyente, está la de tener términos definidos mediante un acuerdo cupular; no garantizar inicialmente la participación paritaria de mujeres (aspecto ya introducido); no asegurar el involucramiento relevante de independientes y organizaciones sociales; la inexistencia de cuotas para las naciones indígenas; y presentar un cuórum de 2/3 para que funcione la Convención.

A pesar de estas acertadas críticas, el plebiscito sigue abriendo una ventana de oportunidad histórica para impulsar un proceso de transformación del neoliberalismo. Lo cual ha sido, reiteramos, una conquista del pueblo movilizado. En las circunstancias actuales, representa una manera de intentar transformar las condiciones de vida precarias, la democracia protegida y el neoconservadurismo moral. La movilización de los y las estudiantes fue la llama que encendió el movimiento transformador y que lo mantiene en pie. Sin ese impulso, el contexto actual no estaría forjado, pero no es suficiente, debe existir un impacto que quede plasmado en la legislación. Una huella que como horma conduzca y regularice los comportamientos, asegurando las garantías de los derechos bajo un Estado activo, protector, solidario y defensor frente a los abusos cometidos por el mercado. Es por ello, que se vuelve imperioso transformar las estructuras políticas, jurídicas, sociales y económicas de la sociedad, no tan sólo a partir de cambios en la cotidianeidad, sino también mediante una Nueva Constitución redactada por una Convención Constituyente elegida íntegramente para aquellos fines; la que lógicamente, venga acompañada por una población activa, participativa y decidida que brinde un espaldarazo constante a este proceso de reformulación. Por eso, el día de la votación debemos asistir en multitud a votar Apruebo una Convención Constituyente.   

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