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Sobre la (im)posibilidad de que Iván Cepeda Castro y Aída Quilqué Vivas ganen las elecciones presidenciales de Colombia en la primera vuelta.

Fuentes: Rebelión

El próximo domingo 31 de mayo serán las elecciones presidenciales de Colombia (que ya desde el lunes 25 se iniciaron en varios países del mundo). La disputa está fundamentalmente entre la candidatura del Pacto Histórico y la Alianza por la vida, como proyecto de continuidad del actual gobierno progresista; y las dos candidaturas que representan los intereses de la ultraderecha en Colombia, una que se presenta como más radical con las peores expresiones de clasismo, racismo, misoginia y homofobia, la otra, que actualmente se presenta falsamente como más moderada, pero que en realidad es la pretensión de retomada del gobierno por parte del uribismo (léase la mayor expresión del terrorismo de Estado hasta ahora en este país).    

La campaña de Iván Cepeda Castro y Aída Quilqué Vivas, por el Pacto Histórico y la Alianza por la vida, ha movilizado la posibilidad y necesidad de ganar en la primera vuelta; lo cual potencializaría mucho un gobierno que pueda asumir con toda decisión la profundización de las políticas democratizadoras anti-neoliberales, de desmercantilización de derechos, que con muchas dificultades y contradicciones el actual gobierno ha iniciado; así como dar continuidad al proceso de paz en toda su complejidad, enfrentando las verdaderas causas de la guerra y no sólo sus manifestaciones más superficiales; esto implica la defensa de la vida y de la dignidad.

Por eso, votar desde la primera vuelta por Iván Cepeda Castro y Aída Quilqué Vivas, es mantener en la agenda las motivaciones de los paros del 2019 y 2021 (a rigor, un mismo paro que se suspendió en el tiempo por el Covid-19 y que se retomó con mayor fuerza y radicalidad), es mantener la agenda de la construcción de una nueva Colombia en paz con justicia social.

Sin embargo, se dice en los grandes medios de comunicación y diversas plataformas digitales, por políticos, periodistas, analistas y opinadores, que es imposible que Iván Cepeda Castro y Aída Quilqué Vivas ganen las elecciones presidenciales en la primera vuelta. Se presentan los resultados de las encuestas como una fatalidad de que habrá segunda vuelta, lo que posibilita la unidad de todos los sectores de ultraderecha en ese momento.

Desde que Colombia fue gratamente sorprendida con el anuncio de la pre-candidatura de Iván Cepeda Castro, se ha planteado, por esos mismos medios y plataformas, que su campaña se reduciría a los sectores de lo que denominan “izquierda radical”, que no tendría capacidad de crecer ni de convocar diversos sectores de lo que denominan “centro”. A cada nueva encuesta y cada momento de este proceso se le imponían nuevos “techos” como su límite de crecimiento, y esta candidatura los fue rompiendo todos.

Ha habido un sistemático saboteo que ha intentado contener esta candidatura, pero que en su movimiento contradictorio (dialéctico, si me permiten), cada ataque ha sido superado, fortaleciéndose la campaña. Fue así tanto en la consulta del Pacto Histórico, como con el impedimento de la participación de Iván Cepeda Castro en la consulta del Frente Amplio que se estaba construyendo.

Esto acompañado de la generosidad y coraje de mucha gente, que teniendo sus aspiraciones políticas individuales y colectivas, han ido asumiendo ser parte de esta campaña, que ya en esta primera vuelta recoge la gran mayoría del conjunto del movimiento social y popular, así como de los sectores democráticos, progresistas y de izquierda; consolidándose como una campaña mucho más amplia de lo que se le reconoce.

Como parte de este proceso, Iván Cepeda Castro propuso que la candidata vicepresidencial fuera Aída Quilqué Vivas, histórica dirigente del movimiento indígena, actual Senadora de la República; su aceptación, nuevamente contrario a lo que se planteaba en grandes medios y plataformas digitales, potencializó aún más la campaña y reafirmó que este segundo gobierno progresista, será un gobierno de cara al pueblo trabajador y sus luchas históricas.

Ganar en primera vuelta posibilita un mensaje contundente sobre la nueva Colombia que está naciendo en los últimos años, con una consciencia anti-neoliberal y anti-uribista. Por eso diversos sectores del establecimiento tienen miedo, saben que en el fondo no tienen nada más para ofrecer además del retorno a una ofensiva neoliberal y contrainsurgente que solo produce barbarie.

El camino que sigue no será fácil, pero no podemos perder la esperanza y sobre todo debemos contribuir de las formas que podamos a que esa defensa radical de la vida digna y la paz con justicia social se concretice en el cotidiano del pueblo trabajador en Colombia.

¿Cuántos imposibles se hicieron posibles en Colombia en los últimos años?… no fueron pocos… y aún faltan muchos más!… Ganar en primera vuelta no es sólo posible, como necesario!… vamos pueblo, carajo!

He preferido hablar de lo imposible,
Porque de lo posible se sabe demasiado
Silvio Rodríguez

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.