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Proyecto para acabar con el organismo de inteligencia colombiano

¿Te queDAS o te DAS? He ahí la cuestión

Fuentes: Rebelión

El nuevo gobierno colombiano de Juan Manuel Santos ha anunciado el cierre del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la creación de un nuevo organismo de inteligencia, también adscrito a la Presidencia de la República. Si la mayoría de los nombramientos de ministros y funcionarios hechos por el presidente Santos dio la ilusoria sensación de […]

El nuevo gobierno colombiano de Juan Manuel Santos ha anunciado el cierre del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) y la creación de un nuevo organismo de inteligencia, también adscrito a la Presidencia de la República.

Si la mayoría de los nombramientos de ministros y funcionarios hechos por el presidente Santos dio la ilusoria sensación de aire fresco, hubo una ratificación que produjo exactamente la sensación contraria, pero real: Un vaho mefítico, que dejó al nuevo presidente borrando con el codo lo que algunos creían que venía escribiendo con la mano.

Se trata de la confirmación de Felipe Muñoz Gómez como director del DAS, una institución cuestionada e involucrada en graves tramas inconstitucionales.

El gobierno del Álvaro Uribe Vélez hizo del DAS un ente de bolsillo: mandadero de asuntos oscuros, chivato de opositores, correveidile de invenciones y rumores, y artífice de toda clase de triquiñuelas.

Cuando se mantiene al frente de la institución al mismo hombre que durante los últimos tiempos ha venido siendo cuestionado por torpedear, o, por lo menos, ralentizar las investigaciones en contra de la institución y sus funcionarios, quedan en vilo las esperanzas de que se llegue al fondo del asunto, al quid de una cuestión que tantos resquemores e incomodidades ha despertado.

La fuerza del cariño

Hace más de un año, en mayo de 2009, después de destaparse el escándalo del espionaje telefónico efectuado por el DAS a políticos, magistrados, periodistas y opositores, el entonces presidente, Álvaro Uribe Vélez, le dijo a empresarios colombianos y españoles, y a los Príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz (1), que iba a reformar profundamente la institución, como si a ellos les importara algo el asunto de marras.

Unos meses después, en septiembre del mismo año, Uribe se mostró incluso partidario de eliminar el DAS. Hasta habló de «dejar una pequeña institución prestando unos servicios migratorios, de inteligencia, que puede ser manejada por la policía». (2)

Pamplinadas. No lo hizo, desde luego, y, seguramente, tampoco lo habría hecho de haber resultado reelegido nuevamente. Ni lo reformó, ni mucho menos lo acabó. Cómo hacerlo, y, además, como para qué.

Sí es claro que la iniciativa de las «chuzadas» telefónicas ilegales no fue una idea del DAS. No surgió de allí por generación espontánea ni por ocurrencia de algún funcionario medio o menor. Fue una cuestión premeditada, calculada y ordenada desde arriba, desde la misma Casa de Nariño, como ha venido saliendo a la luz pública con posterioridad.

Así que darle sepultura al DAS, reemplazar las manzanas podridas, o cambiarle las normas de actuación y los derroteros, habría sido como llevarle la contraria a la propia conciencia. Y eso es impensable. Hay que reconocer que el gobierno de Uribe fue mentiroso, pero coherente: Procuró siempre cuidarse de hacer algo indebidamente bien hecho u honesto.

El delfín y la anunciación del fin

Varios meses antes, en febrero de 2009, Juan Manuel Santos, por aquellos tiempos ministro de Defensa, pletórico en Washington, efervescente luego de un encuentro con Robert Gates, el secretario de Defensa de EE.UU., un jefe más, dijo que le recomendaría al presidente Álvaro Uribe acabar con el servicio de inteligencia, DAS.

Santos avisó, desde aquella fecha, lo que está haciendo ahora, un año y medio después: «Una de las opciones debe ser estudiar la conveniencia de liquidarlo (el DAS) y crear una entidad nueva».

Cegado en medio de tanto gringo, el delfín de la casa Santos se despachó en incoherencias: Como medico, afirmó que el DAS requería «una cirugía profunda». Como enterrador, habló de darle a la institución una «cristiana sepultura». Y como anormalidad plantada al medio de un gobierno premoderno, instó a crear «una entidad nueva, que le ayude al país en esta época moderna».

Y no fue todo. Ante la inminencia de toparse con el general Jim Jones, el asesor de Seguridad Nacional, y con el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, John Kerry, una de las voces que pidió la revisión del TLC con Colombia, Santos botó la tapa.

No de otra manera se entiende que Juan Manuel se soltara en gracejos y sostuviera que le preocupaba la «seguridad nacional del país», ya que al parecer desde el DAS se estaría filtrando información hacía un país extranjero.» Claro, no dijo a cuál país. Ni falta que hacía.

Señales de humo enviadas para dejarle clara nuestra listeza a los socios. O cortinas de humo para disimular tamaña brutalidad de nuestra Inteligencia.

¿Fin o cambio nominal?

En los tiempos de la «seguridad democrática», el gobierno de Uribe utilizó el Departamento Administrativo de Seguridad hasta desecarlo. Ahora, en la prosperidad democrática, el nombre se remoza: Agencia de Inteligencia Civil (AIC), sería el nombre del organismo a crear.

Y con eso, ¿todo está resuelto? Más bien que no. No está mal un entierro de quinta para un organismo que no da más. Pero, a lo hecho, pecho. No puede tratarse de borrón y cuenta nueva, ni este truco nominal puede ser un mecanismo de impunidad. El país tiene que saber quiénes fueron arte y parte de la deplorable persecución llevada a cabo desde el organismo, quiénes se prestaron al ilícito y quiénes lo mandaron.

El reto del organismo transformado, o el del nuevo, si se concreta el actual proyecto del gobierno, tiene que partir de recuperar la credibilidad perdida. Estamos frente a un organismo con una crisis de legitimidad que dura años, cuyas raíces se hunden en la oscura noche de los tiempo de La Violencia.

Cambiando las palabras: una institución con una tara genética grave, que ya lo ha probado todo, en vano, para salir del fango.

El presidente militar Gustavo Rojas Pinilla ordenó la creación del Departamento Administrativo del Servicio de Inteligencia Colombiana (SIC), en 1953.

En pleno período de La Violencia colombiana, «la SIC era la encargada de apagar cualquier viso de oposición política. Un hervidero de ‘chulavitas’ irredentos, con carné y licencia para matar. No eran militares, pero sí. No eran civiles, pero sí». (3)

En 1960, el gobierno de Alberto Lleras Camargo reestructuró la organización, que pasó a conocerse como DAS, para limpiar un nombre enfermo, una institución viciada y un entramado de maldad.

Cinco décadas después, el nombre vuelve a estar contaminado, ¡y de qué manera! Eso explica el nuevo cambio de nombre, otro trasunto de afán, que acerca a la institución más a la original, por lo menos en lo que tiene que ver con la chapa de Inteligencia.

AIC, DAS, SIC. Mañana AIC, hoy DAS, ayer SIC. Tres siglas distintas para una misma mentira verdadera. Ojalá que la cuestión no se quede sólo en las palabrejas, y el organismo retome lo que dice que retomará (lo bueno) y no lo que los antecesores nunca reconocieron que tomaban y engullían cada día (lo malo).

Luego de la tormenta, poca calma

En mayo de 2010, hace apenas tres meses, la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) publicó un informe acerca de las actividades ilegales del DAS, luego de un monitoreo de varios meses.

Los resultados no tranquilizan. Al contrario. El organismo concluye que se trató de «un auténtico programa de seguimientos, recopilación de información privada, bancaria, y de impuestos, trazado de perfiles psicológicos, persecución, amenazas, torturas sicológicas, chantajes y ataques». Aún más, se indica que el objetivo ha sido el de «desestabilizar y neutralizar a personas u organizaciones con tendencia opositora frente a las políticas gubernamentales, llegando hasta amenazar de muerte o facilitar homicidios». (5)

Y algo gravísimo: Que hay demostraciones de que «estas actividades siguen perpetrándose». Por eso, La FIDH llama a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional «a considerar esta persecución política, en el contexto de los crímenes de lesa humanidad que debería investigar en Colombia, para que active el principio de complementariedad establecido en el Estatuto de Roma en caso de que la justicia colombiana no actúe en la individualización y sanción de los más altos responsables de estos gravísimos hechos, que han vulnerado no sólo derechos fundamentales, sino el Estado de Derecho en sí».

Las acusaciones de espionaje han trascendido las fronteras del país. El diario Universo, de Ecuador, citando supuestas fuentes del propio DAS, afirmó hace unos meses que agentes de la inteligencia colombiana habrían intervenido teléfonos de la oficina del presidente ecuatoriano, Rafael Correa.

Un reciente informe del DAS indicó que las FARC tiene 1500 hombres, distribuidos en 28 campamentos, en Venezuela. Este informe apoyó las extravagantes denuncias hechas por Colombia ante la OEA, efectuadas con el fin claro de tapar la olla podrida interna. Así que el sesudo y ultra secreto informe terminó siendo lo que debió ser desde un principio: una bagatela más en «el juego de abalorios» que fue el último evento mediático del gobierno de Álvaro Uribe.

«Esa institución es un cadáver viviente. Un fantasma tenebroso. Sus recientes ex directivos deben ser juzgados, sancionados. Unos por incapaces, otros por traición a la patria. Por cómplices del paramilitarismo, por enemigos de la democracia» escribió Horacio Serpa, el gobernador de Santander, otro chuzado, en un artículo fechado en mayo de 2009. Y agregó: «El DAS asusta. Hiede. Que lo sepulten». (6)

Pero que no vayan a inhumarlo, insisto, con todo adentro. Hay verdades, hay archivos, hay culpables que, por el contrario, es indispensable exhumar. Por el bien del país y de su propia Inteligencia.

En Colombia, es costumbre de vieja data «liquidar» para resolver: El capo liquida al testigo, el desheredado liquida al hermano, el terrateniente liquida al vecino, el gobierno liquida a la oposición. Ahora se liquida al DAS.

Y averígüelo Vargas… Lleras, ministro de Interior y Justicia, con qué fin. Al fin y al cabo que hay serios indicios de que hubo participación del DAS en el atentado de que él mismo fue víctima. Y, para completar, el DAS le armó 69 folios de seguimientos, contra él y su familia, en los que por añadidura lo declaró supuesto enemigo del Estado.

Vargas Lleras ahora es Estado. Pero una vez, por qué dudarlo, quiso saber la verdad y toda la verdad del asunto. Hoy la sociedad colombiana entera quiere lo mismo. Nada más.

http://juanalbertosm.blogspot.com/2010/08/te-quedas-o-te-das-he-ahi-la-cuestion.html

NOTAS:

(1) Caracol, 28 de mayo de 2009. Ver: http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=819578

(2) El Espectador, 17 de septiembre de 2009. Ver: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo161969-uribe-se-muestra-partidario-de-acabar-el-das

(3) El DAS: Un «falso positivo» de la Inteligencia colombiana, en JuanalbertoSM. Ver: http://juanalbertosm.blogspot.com/2008/11/el-das-un-falso-positivo-de-la_06.html

(4) El proyecto de creación de la Agencia Central de Inteligencia de Colombia (ACI). Ver: http://www.icpcolombia.org/archivos/observatorio/boletin_144

(5) Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Portal. Ver: http://www.fidh.org/Colombia-Las-actividades-de-inteligencia-del

(6) No DAS más. Horacio Serpa. Notas en Facebook. Ver: http://www.facebook.com/note.php?note_id=88905762270

Artículo relacionado:

EL DAS: OTRO «FALSO POSITIVO» DE LA INTELIGENCIA COLOMBIANA

http://juanalbertosm.blogspot.com/2008/11/el-das-un-falso-positivo-de-la_06.html

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