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Temen a la participación de la sociedad

Fuentes: Revista Insurrección

En el diseño de los procesos de solución política de conflictos de las últimas 3 décadas, en varias partes del mundo, se ha incorporado la participación de la sociedad, como sujeto relevante en el logro de la paz. La forma más común de la participación ha sido el Diálogo Nacional, en que todos los sectores […]

En el diseño de los procesos de solución política de conflictos de las últimas 3 décadas, en varias partes del mundo, se ha incorporado la participación de la sociedad, como sujeto relevante en el logro de la paz. La forma más común de la participación ha sido el Diálogo Nacional, en que todos los sectores poblacionales conversan y proponen transformaciones esenciales, con las que se abra la puerta a un futuro de paz. La mayor parte de estos procesos de cambio, quedan truncados, porque las elites dominantes desestiman la voz de la sociedad y solamente la tienen en cuenta, si desde las mayorías nacionales reciben una fuerte presión social, que les obliga a ceder en algo sus privilegios.

La Mesa de Quito de conversaciones entre el gobierno de Santos y el Ejército de Liberación Nacional, adolece del mismo mal que todos los diálogos del mundo; consistente en que mientras las clases dominantes consideran la participación apenas como un «aderezo»; la fuerza insurgente la aprecia como condición indispensable para el éxito de una solución política del conflicto. Contradicción comúnmente conocida, como el debate sobre el carácter vinculante de la participación de la sociedad, en el logro de la paz para Colombia.

Por qué y para qué la participación

Para avanzar en una salida política, en un acuerdo de paz y en una nueva perspectiva de país, no bastan sólo los acuerdos entre el gobierno y las fuerzas insurgentes. En ello, es vital y obligante la participación activa de la sociedad y en especial, de aquellos que nunca han tenido voz y que siempre han estado marginados de las decisiones sobre los rumbos centrales del país. Para que la paz sea real y abra nuevos caminos, son fundamentales las iniciativas y la incidencia efectiva de la sociedad para actuar sobre las causas que han originado y que mantienen el conflicto.

Participar es decidir, es incidir en el curso de los acontecimientos centrales y en los rumbos que tome el país. No es sólo reunirse, hablar, o mandar unos papeles a quienes toman las decisiones. Por esto, la participación de la sociedad y en especial de las mayorías sin voz, de los de abajo, de los excluidos, ha de ser incidente, efectiva y real en las conclusiones y en la construcción de los acuerdos de paz. No ha de ser sólo formal, de meras recomendaciones o propuestas, de apariencia o intrascendente.

La participación no puede ser algo raquítico, estrecho, de contentillo; un mero convidado de piedra, al igual que lo que ha sido históricamente y, como pretenden quienes siempre han estado en el poder y eternamente han tomado las decisiones. Ello no marcaría nuevos rumbos y seguiríamos con «más de lo mismo».

El rumbo de la sociedad, del Estado y sus gobiernos los deben definir las comunidades organizadas y los ciudadanos como sujetos políticos, como un ejercicio complementario entre la democracia directa y la democracia delegataria.

Las enfermedades de la participación

* El funcionamiento de la política como mafia del poder, al servicio de los grandes capitales.

* Los movimientos y dinámicas que buscan establecer políticas alternativas, son estigmatizados, satanizados, perseguidos, bloqueados por el terror paramilitar, negados y a la vez crucificados por los medios de comunicación, además de carecer de soporte financiero.

* Las consultas, referendos, revocatorios, surgidos de la constitución de 1991, son difíciles de convocar y sus efectos están siendo impugnados y pretenden enterrarlos, por parte de las transnacionales, el gran capital y sus esferas de poder.

* El paramilitarismo, las bandas al servicio de gamonales y la persecución institucional, generan un clima de terror e intimidación, que bloquea la participación y la reduce a las formalidades y a ser mera letra muerta.

* La cultura de indiferencia y apatía ciudadana que promueven la elites dominantes, sus medios de comunicación y sus aparatos ideológicos.

La Agenda de la Mesa de Quito

En el Punto #2 Democracia para la paz, se busca hacer un diagnóstico de las debilidades de la democracia colombiana.

El Punto #3 Transformaciones para la paz, apunta a sintetizar los cambios mínimos e inmediatos, para proyectar y transitar por senderos hacia la paz. En este campo las propuestas transformadoras de la sociedad, arrojarán un programa de cambios para la paz.

El Punto #4 sobre Derechos de las Víctimas, se propone ir más allá del reconocimiento a las víctimas y su respeto, para aportar a lograr la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición y no olvido.

Ideas rectoras

La participación ha de ser amplia, representativa y no condicionada; ha de tener un componente territorial y otro temático sectorial. Una metodología participativa desde la base, es decir de abajo hacia arriba, en un proceso gradual y ascendente, de síntesis hacia lo nacional y hacia los mínimos básicos que abran la marcha hacia la paz, muchas voces y en especial las que nunca han tenido una incidencia real; participen en la construcción de la materia prima para la agenda común por la paz de Colombia.

La participación, en este caso tendrá que ser creativa e innovadora. No estará restringida o amarrada a los espacios institucionales, que de hecho son limitados y no han resuelto el problema de una democracia, que tenga ciudadanía y participación incidente en los rumbos básicos del país.

La estructura básica que organice la participación tendrá plena independencia y autonomía, por tanto no dependerá, ni estará condicionada por el gobierno. Estará conformada por la misma sociedad; tendrá un manejo autónomo de los fondos financieros y los recursos logísticos que requiera este proceso de participación.

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