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El mítico 'London calling' se reedita en formato triple y con material inédito en su 25° aniversario

The Clash saca brillo a su joya

Fuentes: El Periódico

Este año se cumple el 25° aniversario de la publicación de London calling, el histórico doble elepé con el que The Clash hicieron pedazos la fantasía sadomasoquista del punk y pusieron en la picota aquella negación de creencias y valores que escupían los Sex Pistols. Ese aniversario, que se cumple en diciembre, se adelanta a […]

Este año se cumple el 25° aniversario de la publicación de London calling, el histórico doble elepé con el que The Clash hicieron pedazos la fantasía sadomasoquista del punk y pusieron en la picota aquella negación de creencias y valores que escupían los Sex Pistols.
Ese aniversario, que se cumple en diciembre, se adelanta a mañana con la publicación de una reedición ampliada de la cumbre discográfica del cuarteto británico. Será en formato triple, con un primer CD que incluye la obra original remasterizada y un tercero con tres cuartos de hora de imágenes para DVD, entre filmaciones en estudios de grabación, entrevistas a los miembros del grupo y videoclips.
Pero la mayor tentación está en el segundo compacto: 21 tomas inéditas, tituladas The vanilla tapes, procedentes de sesiones que la banda hizo a finales de los 70. Estas cintas se daban por perdidas hasta que el guitarrista de la formación, Mick Jones, se las encontró en un almacén. De esa casualidad ha surgido esta posibilidad de lanzar al mercado maquetas de dos tercios de lo que acabó siendo el disco oficial, junto a media docena de piezas desconocidas.

AMBICIÓN SONORA
Entre los títulos inéditos que verán la luz se encuentra el germen de varias de las canciones de London calling. Es el caso de Paul’s tune, que después se reconvirtió en The guns of Brixton, y el de Up-toon, que dio lugar a The right profile. La versatilidad y ambiciones sónicas de The Clash quedan de sobras reflejadas en estas cintas: la banda suena a country en Lonesome me y a reggae en Where you gonna go (Soweto); se marca el instrumental Walkin’ the slidewalk y una versión de The man in me de Bob Dylan. Los londinenses estaban decididos a que el punk se diera una vuelta por el mundo, sus sonidos y sus injusticias, y se olvidara del callejón sin salida que había llevado a la muerte a Sid Vicious en febrero de aquel 1979.
Hay dos formas de comprobar la importancia de London calling en la historia del rock. Una es sondear las listas que periódicamente eligen a lo mejorcito del género: el suyo es un nombre que nunca falta a la cita con los primeros puestos. La edición estadounidense de la revista Rolling Stone, por ejemplo, lo consideró el mejor elepé de los 80 (obviando que se publicó en 1979). La otra forma de palpar la brecha que abrió su visionario rock de guerrilla, y la más recomendable, es escuchándolo. Algo que siempre ha sido fácil, porque desde que se editó, y por expreso deseo del grupo, este doble se vende a precio de disco sencillo (su compañía compensaba ese recorte restándole royalties a la banda).
Con London calling, The Clash aportaron sentido a las coces de anticristos como Johnny Rotten y sus revoluciones imposibles. Lo hicieron con un romanticismo heroico y unos eslóganes de izquierdas que a veces se rozaron con la inocencia, caso de la letra de Spanish bombs.
El disco dio la vuelta al punk de la cultura falsa, ese que simbolizó Malcolm McLaren –el inventor e ideólogo de los Sex Pistols– y que vestido con jirones de ropa e imperdibles se convirtió en el siguiente gran negocio del consumo barato.
A diferencia de ese punk, el de London calling no se burla de sí mismo ni de un público al que escupe. Es un rebelde con causas: señalar a Margaret Thatcher y su millón de desempleados, a la reina Isabel y su imperio desgastado, y a quienes aceptaban ese aburrido entretenimiento del estado del bienestar que tan bien ha definido Kim Gordon, la bajista de Sonic Youth: «La gente paga por ver como otros creen en sí mismos».
Lástima que los dólares de la publicidad compraran en 2002 los derechos necesarios para meter en un anuncio de coches de lujo la canción London calling –la misma que se alegra de que la beatlemanía muerda el polvo mientras describe el colapso de Occidente–. Como ya advertían los propios Clash en Death or glory, una de las columnas de su álbum de 1979: «Cada matón barato cierra un trato con el mundo y acaba pagando facturas en un sofá».