David Brooks

Artículos

Cornel West subrayó que esta nación es un experimento democrático dentro de un imperio construido sobre la destrucción de los pueblos indígenas, la esclavitud de africanos, los inmigrantes y la explotación de los trabajadores.

Al concluir uno de los años más oscuros en Estados Unidos, el renacimiento de la luz que se festeja en estas fechas es visible a través del prisma de diversas expresiones de resistencia, rebelión, música y humor.

Mientras los políticos de ambos partidos continúan debatiendo la ayuda a los más necesitados, se reportan cifras de más de 15 millones de contagiados, entre los que se encuentran aquellos que literalmente no se pueden escapar del paso de la pandemia, con por lo menos 250 mil reos infectados.

La violencia en este país es parte integral de su historia.

Hubo un ataque masivo contra la democracia durante las últimas cuatro décadas, bajo el esquema neoliberal que arrancó con la elección de Ronald Reagan y que ha sido el eje del consenso bipartidista de la cúpula política y económica de este país desde entonces.

Ya han votado más de 30 millones de personas.

Nadie sabe nada, o saben pero no lo dicen, o lo dicen pero es mentira, o tal vez están encubriendo algo pero son tan ineptos –igual en como han abordado la pandemia– que ni eso logran hacer bien. Es como una comedia de los hermanos Marx, pero estamos hablando de la comandancia de la última súperpotencia, la cual se ha vuelto un manicomio.

El gran historiador estadounidense Howard Zinn sigue siendo peligroso para las cúpulas a una década de su muerte.

La batalla electoral presidencial, a 50 días de los comicios, fue marcada por un intercambio de acusaciones por incendios, pandemia y hasta complots de la izquierda y la derecha, mientras no pasa un día en que no se abordan los escenarios de una elección que culmina en crisis constitucional y hasta violencia armada en las calles.

En Estados Unidos 2020 se podría llamar ‘el año que nos quitó el aliento’: del COVID-19 a George Floyd, gas lacrimógeno y ahora incendios forestales”, me comenta la veterana luchadora social y política, Barbara Dudley, quien reside en Portland, Oregon.

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