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TLC de EEUU con Colombia, hacia la recta final

Fuentes: Insurrección

Cada día que pasa a partir del 18 de mayo de este año nuevas voces de protesta o preocupación se alzan ante la amenaza del Tratado de Libre Comercio que el gobierno colombiano se muestra tan interesado en firmar, nada menos que con Estados Unidos. A pesar de lo tardío de las reacciones de algunos […]

Cada día que pasa a partir del 18 de mayo de este año nuevas voces de protesta o preocupación se alzan ante la amenaza del Tratado de Libre Comercio que el gobierno colombiano se muestra tan interesado en firmar, nada menos que con Estados Unidos.

A pesar de lo tardío de las reacciones de algunos sectores, las razones para tratar de impedir este adefesio sobran y aumentan luego de cada ronda.

La reunión en Fajardo, Puerto Rico, mostró más evidencias sobre las verdaderas intensiones de los negociantes por la parte gringa y la sumisión de la delegación colombiana.

A los negociadores del poderoso imperio les interesaba adelantar la reunión para que Robert Zoellick, su Representante Comercial, pueda presentar al Congreso el tratado comercial con los países andinos, antes de hacer efectiva la renuncia a su cargo el 20 de enero del 2005, pues se cree que tiene más posibilidades para que lo aprueben.

No bastó esto. La jefa de la representación estadounidense, Regina Vargo, inicialmente pidió adelantar las rondas de diciembre y enero, que serían las últimas, con el mismo pretexto de la renuncia de Zoellick. Cuestión que también fue aceptada por los negociadores de Colombia. Vargo posteriormente se retractó (¿?).

Por otra parte, todos los analistas y hasta los propios participantes coinciden en que esta ronda de Puerto Rico fue lenta y al final no hubo nada que significara un adelanto en las «negociaciones». Simplemente los norteamericanos dejaron que los tres países andinos acabaran de poner sus cartas sobre la mesa, sin presentar ellos mayores o nuevas propuestas.

¿Qué puede concluirse de esto?

Sencillamente que están acelerando el momento de la firma, que ya hay acuerdos secretos y que aparentemente dejarán para el final las definiciones, además en su propio terreno pues luego de la próxima reunión que se hará en Guayaquil entre el 25 y el 29 de octubre, las rondas de diciembre y enero se efectuarán en Washington.

Otros dos elementos a tener en cuenta es que ya corren rumores y declaraciones sobre la negociación por separado entre cada uno de los tres países (Colombia, Ecuador y Perú) y Estados Unidos, y la firme declaración del Representante Adjunto de Comercio en cuanto a que Ecuador y Perú podrían quedar fuera del tratado pero no Colombia.

En cuanto al primer elemento se alega que hay oposición y diversidad de intereses. Realmente lo que existe son litigios de multinacionales norteamericanas hacia estos dos gobiernos por devolución de impuestos y esta amenaza es una manera efectiva de presionar para que se resuelvan su favor.

Por otra parte las alabanzas hacia Uribe y su gobierno son de vieja data y basadas en que el gobierno colombiano no les coloca ninguna traba a sus multinacionales para que actúen a sus anchas en nuestro país, como tampoco a nada que tenga que ver con sus intereses geoeconómicos o geoestratégicos.

Ya el problema de las listas de productos para negociar los aranceles se había dicho que se haría por separado, ahora surge otro motivo y aparecerán otros, porque los imperialistas se imponen a base de terror y de la aplicación pragmática de la vieja fórmula: divide y vencerás.

Estos hechos han alarmado, aún más, a numerosos sectores en Colombia, incluso a empresarios y al propio Congreso.

La Asociación Nacional de Agricultores (SAC) concluyó que el gobierno no tiene visión a corto, mediano y menos a largo plazo, luego de estudiar con detenimiento la política comercial de Estados Unidos en cuanto al sector agropecuario.

La Federación Nacional de Arroceros advirtió que si no se toman medidas para proteger al sector, el arroz debe salir de la lista de productos a negociar.

Juan Alfredo Pinto, presidente de la Asociación Nacional de Pequeños Industriales (ACOPI) y participante de la representación de las PYMES (Pequeñas y Medianas Industrias), expresó que si «hay competencia leal» este sector no tiene nada que temer del TLC pero se contradijo al reconocer que no tienen capacidad competitiva.

Que empiecen a temblar desde ahora pues la lealtad no es cualidad de los capitalistas.

En el Congreso Nacional del Transporte que se celebró en Santa Marta a finales de septiembre, los representantes de COLFECAR expresaron que si no se toman una serie de medidas en cuanto a modernización de los equipos y desarrollo y ampliación de la red vial y puertos, saldrán seriamente afectados por no poder competir con las empresas extranjeras.

En este y otros planteamientos coincidieron con las exigencias de la Asociación Colombianas de Camioneros en huelga que COLFECAR critica.

Igualmente la jerarquía eclesiástica se pronunció en defensa de la salud y otros aspectos que ponen seriamente en peligro la calidad de vida, ya de por sí crítica, y la propia vida de los colombianos que no pertenecemos a la clase privilegiada.

En todo el país se han celebrado foros y talleres para informar y analizar desde diferentes puntos de vista el TLC. Los representantes del gobierno y la mayoría de los grandes gremios a favor, académicos, científicos y organizaciones populares y sindicales en contra.

El Congreso Nacional hizo un foro en Cali y se propone ser puente entre las regiones y los negociadores. Se formularon algunas críticas en cuanto al espíritu marcado de satisfacer las aspiraciones de los gringos, exigieron una agenda interna y se disponen a hacer un seguimiento sistemático, pero en fin de cuentas consideran (salvo algunos pocos congresistas) que el TLC «bien negociado es una opción para el país».

¿Quién hará la buena negociación frente a la prepotencia de la delegación norteamericana y la sumisión de la colombiana, además de las obvias diferencias en cuanto a desarrollo?

El hecho es que por fin es un tema que está en la palestra y que requiere mayor debate, difusión y exigencia en cuanto a información.

La Gran Minga Indígena, el paro de los camioneros, el reclamo de las regiones por mayor participación, las manifestaciones en numerosas ciudades, son algunas otras expresiones claras de que este asunto no es exclusivo del señor Uribe y su corte de lacayos. Se trata del destino del país, se trata de su soberanía, de la seguridad alimentaria, del derecho al trabajo, al disfrute de nuestros recursos.

Aquí no podemos quedarnos en aguas tibias. Además de los necesarios análisis, hay que pasar a la acción pues la entrega total del país está para cerrarse en el primer trimestre del próximo año. Ese es un interés de la elite estadounidense claramente manifiesto cuya concreción no podemos permitir, so pena de ser recolonizados quienes sobrevivan al hambre y a la represión que ya cobran miles de víctimas.