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Trabajadores ex Diario Uno en pleito laboral contra Marcel Claude

Fuentes: Rebelión

Venimos a aclarar   Cuestiones generales: Lo primero en señalar es que esta demanda no tiene relación alguna con la condición de candidato presidencial del Sr. Claude. La demanda se remonta a 2010, es decir, mucho antes de que la situación política antes mencionada existiera. Asimismo, el embargo de su casa no responde a otra […]

Venimos a aclarar  

Cuestiones generales: Lo primero en señalar es que esta demanda no tiene relación alguna con la condición de candidato presidencial del Sr. Claude. La demanda se remonta a 2010, es decir, mucho antes de que la situación política antes mencionada existiera. Asimismo, el embargo de su casa no responde a otra razón que a su negativa a acatar los fallos judiciales que le ordenaban indemnizar a sus ex trabajadores y a los mecanismos que la ley establece para ello. Aclaramos además, que nada tuvimos que ver con que los medios de comunicación denunciaran estos hechos. Dicho lo anterior y ante las descaradas mentiras del Sr. Claude en relación al juicio laboral que perdió, declaramos lo siguiente:  

1.- No éramos trabajadores: Torciendo mañosamente los hechos, el Sr. Claude señala que Diario UNO no tenía trabajadores, sino sólo colaboradores que enviaban páginas de vez en cuando y por las cuáles se les pagaba por artículo publicado. Es cierto que casi todos laboraban como «freelance», lo que no dice el Sr. Claude es que éramos los únicos trabajadores estables y a tiempo completo del periódico, dado que estábamos a cargo de toda la producción periodística en nuestra condición de Editor y Sub-editor y corrector de pruebas, tal como aparece señalado en el colofón de la publicación. Tanto es así que ambos recibíamos un sueldo mensual fijo para desempeñarnos en estas tareas, no pago por página publicada, todo lo cual fue debidamente acreditado por el tribunal. De hecho, miente descaradamente cuando señala que el periódico ni siquiera tenía oficinas, lo cierto es que tenía oficina, allí trabajábamos, se realizaban las reuniones de pauta, se almacenaban los periódicos sobrantes y era la dirección legal, tal como constaba también en el mismo colofón. El Sr. Claude, como el peor de los empresarios, intenta justificar su planteamiento afirmando que como no teníamos un contrato de trabajo formal, no éramos trabajadores. ¿Qué define una relación laboral?: una relación de subordinación y dependencia hacia un jefe, él era el director y definía lo que debíamos hacer; la realización de un trabajo, cuya prueba evidente era el mismo semanario; y el pago periódico y estable por ese trabajo en un período de tiempo: esto se conoce como contrato «tácito». Si sólo fueran trabajadores los que poseen un contrato fijo, entonces deberíamos decir que en Chile sólo un tercio de los que trabajan y viven de un salario, son trabajadores. En su oportunidad, el Sr. Claude durante el juicio, quien quiera puede revisar el expediente que es público, llegó a afirmar que nosotros no recibíamos pago, y que éramos voluntarios en nuestra condición miembros de la cooperativa que el formó para financiar el periódico. Bueno, en el juicio se acreditó que nosotros nunca formamos parte de dicha cooperativa y que llegamos al periódico en nuestra condición profesional de periodistas y no de tenedores de acciones.

2.- Cometieron perjurio y presentaron testigos falsos: Un juicio es un acto legal y solemne por el cual un poder del Estado se aboca a la difícil tarea de administrar justicia. Por tanto, cada acto, decisión, palabra, hasta incluso el espacio físico, la ropa y la postura corporal están rígidamente normados. Esto es mucho más delicado aún en el caso de testigos y juicios. Cada uno de nuestros testigos en el proceso fue debidamente acreditado y aceptado por el tribunal y cada uno de nuestro testigos eran o habían sido trabajadores del periódico, entre ellos la periodista fundadora y ex administradora del periódico -hoy lamentablemente fallecida- Patricia Roa. ¿Cuál era el objeto de esos testigos?, acreditar la existencia de la relación laboral que el Sr. Claude negaba. En este punto, el propio testigo de Claude, su amigo y entonces Subdirector del periódico, Fernando Montolio, reconoció que nosotros éramos trabajadores. Quien tenga dudas, puede revisar el fallo.

3.- Perdí el juicio porque «no me preocupé» de enfrentarlo: Esta es otra de las mentiras de este personaje, perdió el juicio simplemente porque nosotros teníamos la razón, lo cual fue acreditado en tribunales. Y fue ratificado en la Corte de Apelaciones a la que él recurrió; y hasta en la Corte Suprema, instancia a la que él mismo también apeló para no responder ante nuestra condición de trabajadores y la suya de empleador. Estuvo preocupado del proceso porque de hecho fue a juicio y apeló a todas las instancias posibles. Simplemente, por una actitud de revanchismo infantil, se negó a acatar el fallo. Pero meter la cabeza en el agujero no le va a servir para evadir a la justicia y por el contrario, agrava el problema, que es lo que hoy estamos viendo. Este personaje simplemente considera que puede hacer lo que se le antoje y cree estar por sobre la justicia.

4.-Era un proyecto político y no una empresa: Todos los medios de comunicación son proyectos políticos y ciertamente Diario Uno lo fue. Sobre si era una empresa o no, habría que definir el término, pero manejaba dineros, flujos, hacía pagos y compras, recibía aportes, facturaba, en fin… pero todo esto era manejado reservadamente por el Sr. Claude, así que no podemos afirmar si era una empresa rentable en lo económico o no. En cualquier caso, hasta las empresas con problemas deben responder primero a sus trabajadores. Lo que no logramos entender ni podemos aceptar es que, por el hecho de trabajar en un medio de comunicación con una línea editorial que puede definirse de «izquierda», los periodistas no tengamos derechos laborales. Si nosotros mismos denunciamos un Código Laboral hecho a la medida de los empresarios, lo justo es que a lo menos, esos derechos sean respetados.

5.- Razones de la demanda: Mientras nos encontrábamos en la oficina del periódico, editando el número, el Sr. Claude nos manda la editorial para revisarla, siendo el último material entregado. Es en ese momento que nos enteramos que ese sería el último número en salir. Es evidente que el Sr. Claude tomó mucho antes la decisión de cerrar el periódico, pero simplemente no consideró necesario comunicárselo precisamente a quiénes hacíamos el diario a tiempo completo. Una evidente falta de respeto, de valoración por el trabajo ajeno y una vulneración a las ya precarias leyes laborales, que exigen un mes de aviso. Ante nuestro reclamo, simplemente señaló que debíamos darle «las gracias» por habernos dado trabajo y permitirnos publicar en su medio. Frente a esa situación, incluso le ofrecimos que nosotros podíamos sacar el diario por nuestra cuenta, sin pedirle un peso, pero se negó rotundamente, afirmando además que él era dueño de la marca y que no podíamos usarla. Frente a esta actitud, sólo nos quedó recurrir a tribunales, no por plata, porque entonces sólo lo que nos debía pagar era el mes de aviso, sino por dignidad. ¿Por qué llegamos a una cifra de casi 20 millones de pesos de indemnización?, porque en su típica actitud soberbia y altanera, se negó a pagar algo tan básico, así que el monto se fue sumando, agregando multas, cotizaciones e intereses durante años, hasta llegar a este punto. Si el Sr. Claude hubiera tenido la mínima deferencia de avisarnos con un mes de anticipación que iba a cerrar el diario o de tener la altura y generosidad de permitirnos continuar el proyecto por nuestros propios medios, nada de esto habría sucedido.

Consideraciones finales:
Considerando que el juicio se remonta hace tres años atrás, es claro que no ha sido de nuestro interés hacer un debate público sobre este asunto. Pero ante la acumulación de descaradas mentiras y destemplados ataques del Sr. Claude y un grupo de sus acólitos, que opinan y atacan sin conocer en lo absoluto el caso, nos vemos en la obligación de hacer estas aclaraciones. Asimismo, nos reservamos el derecho de proseguir la denuncia pública que se ha desencadenado, en caso de que este asunto no sea resuelto en forma rápida, satisfactoria y respetuosa.

Iván Valdés, periodista y ex Editor General del Diario Uno Andrés Figueroa Cornejo, periodista y ex Sub-editor y corrector de pruebas de Diario Uno