Reggae de estos tres imprescindibles
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”, Bertolt Brecht.
Concrete Jungle
La ingenua peligrosidad de Los cuatro niños de Guayaquil fue creer que en las calles no tenían enemigos mortales y así podrían ser aquello que siempre fueron: peregrinos urbanos, deportistas sin horario fijo, amigos de las risas y aún no haber leído a la escritora afroamericana Tony Morrison[1]. Por ahí, se escucha esa necedad sospechosa: “los cuatro de Las Malvinas”. O sea eran de allá, de muy allá, y vinieron para acá, (¡qué atrevimiento!) por donde camina la híper ciudadanía excluyente. Ismael, Josué, Nehemías y Steven creyeron que porque en las unidades educativas, en las conversaciones de mayores o en los medias no se habla del racismo cotidiano, aquello era probabilidad remota. Unos años después hubieran leído estas líneas analíticas de Silvina Pachelo sobre Beloved, aquella novela de Tony Morrison, “Morrison investiga obsesivamente porque sabe que la historia de la esclavitud fue escrita por quienes la administraron”[2]. Y están los ejecutores del odio racial contra personas negras o indígenas, sobre todo en estos gobiernos de las derechas más funestas en las Américas. Incluido Ecuador. Y S. Pachelo advierte después de leer Paraíso, también escrito por T. Morrison, “la opresión no desaparece: se reorganiza”[3]. Pero esa reorganización es mucho más letal. ¿Verdad Ismael, Josué, Nehemías y Steven? Esta es la jungla de hormigón (jungla, jungla)/ Donde la vida es más difícil (jungla de cemento)[4]. Es reggae, pero sonaría a arrullo[5] a lo humano.
Exordio
Para este jazzman la tecnología filosófica y religiosa de Ifá es hermética, por ahí habrá una rendija que satisfaga mi curiosidad cultural y política sobre estas tres personalidades: Malcolm X (El-Hajj Malik El-Shabazz u Omowale), Robert Nesta Marley y Jaime Hurtado González. Aquello de Nesta hace referencia a determinado aspecto espiritual de alguna de las religiones de África. Malcolm X fue asesinado el 21 de febrero de 1965, Jaime Hurtado el 17 de febrero de 1999 y Bob Marley nació el 6 de febrero de 1945. No se sabe si hicieron promesas de liderar o participar en luchas emancipatorias de las comunidades negras de allá, de por allá o de acá, pero las cumplieron hasta con sus vidas. Fueron imprescindibles. De ellos no supe por lecciones colegiales o por elogios académicos, no sé ahora, pero yo me enteré de sus cimarronismos por la oralidad amplia y sin frontera de la gente que nunca se cansa de intentar imitarlos. Muchos se aproximan y otros, mujeres u hombres, continúan las intermitencias motivadoras. “El arte es político y puede promover el cambio, si se sabe contar la historia con precisión y belleza”[6], dijo Ta-Nehesi Coates. Bien dicho. Los discursos de Malcolm X, las canciones de Bob Marley y el activismo político, por todos los medios necesarios, de Jaime Hurtado causaron cambios de aptitud y actitud en millones de personas. Unos dijeron aquello que debía motivar a los oprimidos y el cantor cantó la insatisfación de la diversidad cultural. El Fighting on arrival, fighting for survival[7] continuaba o mejor dicho continúa en este siglo XXI.
Creí que era una moda necia de los estudiantes africanos escuchar casi sin pausas las canciones de Bob Marley, en la residencia universitaria. Eran los años 80, del siglo pasado, este jazzman desconocía su significado anticolonialista. Estaban quienes conectaban sus sesiones de ganja con sus canciones y quienes asociaban esa Babilonia religiosa con las clases sociales opresoras de su país, cualquiera que este fuera. Y también asociada la idea babilónica con los imperialismos racistas de aquellos años. Nuestras lecturas revolucionarias, por fuera de las citas obligatorias, ahora suponemos que padecían la intemperie de los dogmas eurocéntricos. Mientras la juventud africana coreaba: Afrika united.
Sun is shining[8]
Eso es hablar de tres artistas de la palabra libre y lberadora: sumar brillos decoloniales a la conciencia colectiva. O mejor, disfrutar de la oralidad sin ataduras respetuosas del clasismo colonial racista. Tres artistas del cimarronismo inicial más clásico en el siglo XX y su transitorio final en febrero o en mayo, de las vidas que ni sobran ni faltan, son precisas, porque son de allá y de acá. Está la voz cantora y están las voces perpetuadoras del sentido común emancipador muy necesario para las comunidades negras y diversas, en estos momentos de la derecha colonial. El cantor exhorta a las mujeres a no llorar[9], por ahora, y porque en este presente no se olvidan a los héroes y heroínas de nuestras vidas actuales. Está aquel artista de la palabra suelta que dibujó en la geografía de las calamidades esclavizantes al cimarrón (o a la cimarrona) llamándolo negro del campo, del palenke, del quilombo o del cumbé (y el equivalente para las mujeres negras), porque jamás renunciaron a volver a ser. Y aquellos que se desentendieron de su premonitorio hip hop y se domesticaron, fueron y son eso: domésticos. Sirvientes. Punto. Y aun el otro, ese que sublevó a las ánimas benditas, causando cambios en la química social ecuatoriana. Él anduvo con ligereza de monte en las desventuras políticas de las ciudades, para no contagiarse de las teorías políticas inerciales. “Mi sola presencia aquí ya es una revolución”. Esa fue la lápida del impulso liberador en la sepultura de aquel periodo malvado de 1824 a 1978. ¿Sabe qué? Miles y miles de mujeres y hombres negros no tenían derecho constitucional al voto, porque la caligrafía no satisfacía al mayoral electoral (o presidente de mesa de votaciones). Los tres, no pretendían al título de buenas personas por la clase opresora dominante o quizás pretendieran halagarles para satisfacer a los tibios con el mimo de buenos muchachos. El brillo áspero y fraternal de las palabras cantadas en reggae, por Bob Marley y el esplendor del verbo político (palabra activa) de Malcolm X y Jaime Hurtado G. Los tres descompusieron teorías y aplicaciones racistas mediante el relato versificado o verbalizado del antirracismo.
Get up stand up
¿Qué sería el hip hop para estas tres almas benditas? Otra reinvención cultural liberadora. Más historicidad de las comunidades y diáspora afrodescendientes, por dentro de la historia. Esa Historia vivida hasta el último rescoldo del probable axê emancipador, aprendida en la piel de la memoria o en la memoria de la piel (negritud no como destino sino como medio), explicada hasta en las músicas parientes desde todos los confines del continente Abya Yala (también le llamamos América) y convencida de las certezas del triunfo liberador. El hip hop se podría traducir para las conciencias comunitarias como uhuru (libertad), porque es nuestro destino inexorable. De acuerdo, también músicas, danzas o bailes y graffitis. O sea resistencia cimarrona básica y vivificante, mínima y focalizada, para conforntar a babilonia (opresión capitalista). Así es, estas presencias físicas inesperadas para resentir al destino[10] resultan revoluciones en la plenitud injusta de los tiempos. De aquellos y de estos de ahora. Get up, stand up: stand up for your rights![11] Fraseo reggaetónico y cimarrónico, para reconfirmar el derecho a vivir su humanidad política de ser. Cada uno de nosotros, hombre o mujer. Con el liderazgo de las y los imprescindibles.
Buffalo Soldier
Ancestralidad cantada y ancestralidad narrada poseen el poder de encantar la inconformidad con el medio social americano gobernado por racistas y produciendo racismo fino y elegante. Ancestralidad con sus oraciones gramaticales (arte de decirlas o escribirlas), dibujos orales (grafitis seculares), coreografías callejeras, estéticas de visión y percepción y un bendito puño negro pintado en alguna pared de Salvador de Bahía, Cali o Guayaquil, ¿aprieta esa mano las impaciencias políticas comunitarias? Bob Marley resumió el mensaje de los tres cimarrones mayores: “Si conoces tu historia, entonces, sabrás de dónde vienes. Entonces, no tendrías que preguntarme, quién diablos me creo que soy”[12]. Palabras, palabras y palabras, a la distancia de los años, son pedagogías para liberarse de las ataduras del habla esclavizante. El cimarronismo no es curioso folklor como publican por ahí, fue y es operatividad política, productividad cultural, filosofía épica, ética individual y colectiva y hasta fraterniza con las religiosidades. Es aquello y las vidas con sus necesidades y respetos. Pero cuidado, no es inmovilidad satisfecha alabada en canciones y oratorias académicas, al revés es activa permanencia, porque nunca se fueron o se irán de nuestras memorias, están a la vista y en nuestros oidos animados. Omowale o sea Aquel que ha regresado. Y él sintiendo “angustia por golpear el cielo con sus puños”. Malcom X y Jaime Hurtado G.
Revolution
Las revoluciones son revelaciones del humanismo de esa humanidad revolucionaria. Rebelarse es revelarse como cimarrón o cimarrona de la época. Rebeldía es revelación de la calidad del liderazgo de las personalidades. Sé a dónde voy… Por eso entre todos voy perdido[13]. Axioma irrebatible de y para los tres. “Siempre que estés luchando por algo que te pertenece, el que te prive de ese derecho es un criminal”[14]. Un derecho a luchar y vencer la criminalidad de las clases opresoras. “Revelaciones, revelan la verdad, revelación. Una solución cuesta una revolución (Hay) Demasiada confusión, demasiada frustración”[15]. Hoy. Ahora, en Ecuador y en América. Es un periodo, quien lo creyera, para que porciones de ciudadanía glorifiquen falsedades brutales como ideologías cómodas de los grupos opresores. Unas pocas palabras claves, saturadas de racismo y exclusión social, repetidas las veces que demandara la credulidad de la gente. Es cuando la insurgencia cognitiva antirracista enfrenta a las mentiras ideológicas. Y los tres, Bob Marley, Malcolm X y Jaime Hurtado G. son imprescindibles.
Redemption Song
Los tres fueron, son y serán entendidos desde nuestras memorias conceptibles, por Historia y por Cultura, pero ya no será desde los estropicios ideologizados y politizados de los grupos racistas que, no obstante, tienen apoyos ruidosos y silenciosos de porciones de ciudadanía en Ecuador y las Américas. La resistencia ya es acto cotidiano en este desquiciamiento social y sobre todo de exclusividad económica. Se impone la obligación individual y organizacional de recuperar ese mundo de humanismo perfectible, sin más dudas ni lamentos. Además de no acatar jamás los límites reaccionarios establecidos por los opresores, para el desentendimiento comunitario y el estancamiento de la gestión de lo público causando el empobrecimiento de millones de personas. Quizás hasta el convencionalismo, izquierda y derecha, ya podría ser insignificancia cognitiva, el hartazgo de rebeldías múltiples con uno que otro cambalache o es posible que nuestra redención será (o ya lo es) resultado de rebeldías ontológicas desde otras perspectivas, por ejemplo, las cimarronológicas. “Emancípense de la esclavitud mental; nadie más que nosotros podemos liberar nuestras mentes”[16].
Hay esa sensación que la historia desfavorable para la diversidad cultural americana se estaría repitiendo como tragedia sutil de apropiación de cuerpos y mentes. Esclavización de cuerpos y mentes. Las oligarquías, más que nunca ultra capitalistas, se adaptan a los estados de rebeldía de la ciudadanía con la comunicación tecnológica. El plus valor material de los cuerpos se sofistica (perfeccionamiento de técnico del consumo y el individualismo) al mismo tiempo que la esclavización de las mentes. Los clanes racializadores llamaban tribus a los países africanos y acá en las Américas a naciones y pueblos para prolongar falsedades históricas. Ahora el tribalismo feroz son los poderosos grupos económicos y más que por países su angurria es por la vida planetaria. Las comunidades y los países necesitan, hoy más que nunca, de mujeres y hombres imprescindibles.
Notas:
[1]Chloe Ardelia Wofford, su nombre literario, Toni Morrison (18 de febrero de 1931-5 de agosto de 2019). Novelista, ensayista, editora y profesora universitaria. Ganó el Premio Pulitzer, en 1988 y el Premio Nobel de Literatura en 1993.
[2] Página/12 digital, 1 de febrero de 2026, artículo de Silvina Pachelo, Toni Morrison: incendiar el canon.
[3] Ibídem.
[4] Instead of concrete jungle (jungle, jungle)/ Where the living is hardest (concrete jungle). Versos de la canción Concrete Jungle, escrita e interpretada por Bob Mayler and The Wailers.
[5] Cantos afroecuatorianos celebrativos para las divinidades afros y santidades católicas (arrullo a lo divino) y funerario dedicado a fallecidos en edad temprana (arrullo a lo humano).
[6] El País, de España, edición digital, entrevista realizada por Álex Vicente a Ta-Nehesi Coates. Publicada el 18 de febrero de 2026.
[7] Luchando al arribar, luchando por sobrevivir, versos de la canción Buffalo soldier, de Bob Marley.
[8] El sol está brillante, traducción del autor,
[9] No Woman, No Cry, título de una canción de Bob Marley.
[10] Préstamo al poeta Jalisco Gonzáles (+). Tendría de edad/ todos los dedos de mi mano, / y fue frente a mi/ que se puso insoportable la suerte, / y sin chistar un ápice, /que pudiera resentir al destino/ eché a andar… Poemario, Las huellas digitales de mi pueblo, Esmeraldas, Fondo Editorial CCE NE, 2012, p. 105.
[11] Levántate, levántate, por tus derechos. Canción de Bob Marley, Get up stand up
[12] If you know your history/ Then you would know where you coming from/ Then you wouldn′t have to ask me/ Who the heck do I think I am? Buffalo soldier, Bob Marley.
[13] Poema Búsqueda, de Jaime Hurtado González, del libro Jaime Hurtado, Jaime del Pueblo, Quito, Ediciones “Patria Nueva”, 1999, p. 146.
[14] Habla Malcolm X, discurso El voto o la bala, Pathfinder, Nueva York, 1993, p. 55.
[15] Revolution¸ autores de la letra: Bob Marley, Luck Mervil, Rudy Toussaint, Peter Tosh.
[16] Emancipate yourselves from mental slavery/ None but ourselves can free our minds, versos de la canción Redemption song, de Bob Marley.
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