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Primero de mayo 2015

Un carnaval de la burguesía

Fuentes: Rebelión

El primero de mayo 2015 muestra una realidad patética inconfundible. La crisis del movimiento sindical es a nivel mundial. Tanto en Europa, América Latina y otras partes del mundo los sindicatos están completamente subordinados al Estado y  la burguesía. En Europa, como en casi todo el mundo, los sindicatos, sobre todo las centrales de trabajadores […]

El primero de mayo 2015 muestra una realidad patética inconfundible. La crisis del movimiento sindical es a nivel mundial. Tanto en Europa, América Latina y otras partes del mundo los sindicatos están completamente subordinados al Estado y  la burguesía. En Europa, como en casi todo el mundo, los sindicatos, sobre todo las centrales de trabajadores burocratizados, son los principales cómplices de la burguesía y grupos de poder para imponer sus medidas reaccionarias y hacer pagar a los trabajadores la crisis del sistema capitalista.

La burguesía y sus agentes en el movimiento sindical han transformado el primero de mayo en una celebración grotesca, ridícula, sin ningún contenido político ni de clase. Los tiempos de heroísmo sindical quedaron en el pasado. Si el primero de mayo fue instituido en 1889 como una fecha histórica de lucha y de combate contra el capitalismo y su sistema de explotación, ahora se ha convertido en un espectáculo de circo cuyo público se hace presente sin saber por qué lo hace o simplemente para pasar el tiempo.

En Europa, el Primero de Mayo 2015 transcurrió como una fiesta de jolgorio festivo, carnavalesco con música, cervezas y butifarras. Estas «fiestas obreras» financiadas por los estados imperialistas son el reflejo de los partidos políticos socialistas, «comunistas» y otras organizaciones  que se llaman de izquierda que han convertido el movimiento sindical en oficinas del Estado sin ninguna capacidad de lucha y de defensa de los asalariados. Los sindicatos, decía Marx,  son organizaciones de luchas cotidianas contra el capital, contra la burguesía. Ese principio se ha perdido en Europa y en otros continentes. La burocracia sindical han convertido los sindicatos, en «instrumentos de la democracia burguesa», cuyo rol especifico es frenar la lucha de los trabajadores.

En Francia, España, Grecia, Bélgica, Inglaterra y otros países europeos, los sindicatos ligados a los partidos en el poder o falsos partidos de izquierda, se han convertido en oficina de retrasmisión (comunicación) de las reglas laborales reaccionarias que imponen diariamente los gobiernos. No hay un solo día en el cual el gobierno y el patrón recortan un derecho social y laboral fundamental al trabajador. Frente a esta grave situación, hasta ahora ningún sindicato europeo ha hecho algo importante, para detener esta arremetida anti laboral.

El problema de la crisis sindical en Europa ha contribuido fundamentalmente para que las transnacionales y los gobiernos de derecha y extrema derecha liquiden derechos fundamentales de los trabajadores. Sin ninguna oposición en el movimiento sindical, los asalariados han perdido la estabilidad laboral, el derecho al reajuste salarial de acuerdo al costo de vida, el derecho a la jubilación antes de la vejez del trabajador, el derecho a la subvención para los desocupados, etc., etc. En la Unión Europea, con más de 25 millones de desocupados, la clase obrera y los asalariados en general, a falta de verdaderas organizaciones sindicales clasistas, se encuentran a merced de los patrones y del Estado.

En Francia, con cerca de 4 millones de desocupados los sindicatos han abandonado vergonzosamente la lucha reivindicativa. Han dejado las manos libres a la burguesía y el Estado. Su solo objetivo es preparase para las próximas elecciones generales. Hay que recordar que el «socialista»  François Hollande uno de los peores y más reaccionarios gobiernos de Europa fue sostenido por las burocracias sindical de Francia. El mismo fenómeno ha sucedido en España, Portugal, Bélgica, Grecia y otros países, donde los trabajadores se movilizaron, no para defender sus derechos al trabajo, sino para apoyar a supuestos políticos de «izquierda» que salieron peores que la derecha.

América Latina

En América Latina, bajo otras características el movimiento sindical sufre las mismas lacras que en Europa. Mafias sindicales que se llaman de «izquierda» controlan la cúpula sindical y desde ahí colaboran con los regímenes de turno. En Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Nicaragua, etc., los sindicatos en poder de grupos que se llaman de «izquierda marxista», han sostenido los peores gobiernos reaccionarios supuestamente populistas y democráticos. Por citar un ejemplo, Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo y Ollanta Humala llegaron al gobierno con el apoyo de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) que controla el viejo «partido comunista peruano» (ex pro soviético) y Patria Roja, otra organización que se llama partido «comunista».

El mismo ejemplo se puede ver en el caso argentino donde el grueso de los «sindicatos clasistas», se pusieron a la cola de los gobiernos pro imperialistas de los últimos 50 años. En Brasil, las organizaciones sindicales llevaron al poder al clan Lula, y ello solo ha servido para amplificar aún más la dominación imperialistas, la pobreza y la desocupación de la población. Ni que decir de Nicaragua donde la mafia encabezada por Daniel Ortega, ha hecho de este país un emporio de grandes ricos y de población en extrema pobreza. Casi ningún país latinoamericano, incluido Bolivia y Venezuela, escapa a la crisis sindical y su ligazón con mafias sindicales que usan el prestigio de los trabajadores solo para colaborar con gobiernos corrompidos que en algunos casos falsamente se llaman «antiimperialistas» y hasta «socialistas».

¿Que hacer frente a esta situación? Las tareas en el movimiento sindical

Decía Marx, que «fuera de sus objetivos primitivos, los sindicatos tienen que aprender desde ahora a actuar en forma más consciente en tanto que centro de organización de la clase obrera en el interés de su emancipación completa». (Carlos Marx, Trabajo asalarie y Capital (en francés).

Primero, luchar en el seno de los trabajadores para liquidar la infecta burocracia sindical. Crear nuevas organizaciones sindicales clasistas. Que ellas sirvan para defender los salarios y el derecho al trabajo. En este terreno hay que rechazar la unidad sindical con los partidos burgueses o pequeños burgueses. Este objetivo fundamental solo podrá lograrse mediante una lucha directa con los explotadores y la burocracia sindical aliada de los grupos de poder. Que la huelga y el paro clasista vuelvan a ser instrumentos de presión y lucha contra la explotación capitalista. Desterrar las mafias sindicales no es simple, pero es una tarea impostergable y urgente. Esta lucha debe desarrollarse en el mismo terreno de la lucha por la defensa de las reivindicaciones sociales y económicas cotidianas de los trabajadores. Esta acción debe unirse a la lucha estratégica anticapitalista y por la emancipación de los asalariados.

Segundo. Los trabajadores, dice Engels, no tienen que rechazar la acción política en el terreno de la burguesía, pero esta acción política tiene que ser independiente de los partidos burgueses, pequeños burgueses y seudos marxistas o de izquierda. «La abstención absoluta en política es imposible», anota Engels. Marx anotaba, que en su lucha contra el poder colectivo de los explotadores, «el proletariado no puede actuar como clase si no se constituye el mismo en partido político distinto, opuesto a todo los viejos partido formados por los explotadores».

En este sentido la clase obrera, los trabajadores en general, tienen que rechazar seguir siendo borregos electorales de los partidos y movimientos políticos falsamente llamados de izquierda. El que los trabajadores participen en el parlamento o elecciones burguesas debe ligarse a tres elementos fundamentales:

 1) Los trabajadores, independientemente de los sindicatos, deben ser parte de un partido revolucionario que luche por el socialismo, la dictadura del proletariado, y la destrucción del Estado burgués imperialista (para el caso de los países ricos) y destrucción del Estado terrateniente-burocrático para los países pobres.

2). Los sindicatos deben retomar sus principios fundamentales de clase. Ser, como decía Marx, un centro de organización de trabajadores, un frente único de clase, ser el primer educador, una escuela de solidaridad y del socialismo.

3). La participación electoral debe depender y estar en relación con un análisis que corresponda a la realidad actual de cada país. Si en la época gloriosa del proletariado, Marx, Engels y Lenin recomendaban participar en las elecciones burguesas, ahora la situación es diferente. Los parlamentos y los procesos electorales, tanto en Europa, América Latina y otras partes, son instrumentos en manos de los grandes burgueses y del imperialismo. Son maquinarias de engaño, trampas y falsedades. Ni los parlamentos, ni los procesos electorales a nivel mundial representan el espíritu democrático de los pueblos. El parlamentarismo en la etapa actual, es un instrumento contrarrevolucionario que sirve exclusivamente para mantener el Estado imperialista (países ricos) o el Estado terrateniente-burocrático en los países pobres.

En concreto, las tareas fundamentales de los trabajadores deben ser: dotarse de nuevas organizaciones sindicales, organizaciones que afirmen una línea de clase, y que asuma en la práctica la defensa de los trabajadores. Estas luchas sindicales reivindicativas tienen que unirse a la lucha por la emancipación definitiva de la clase oprimida. Como anunciaba Lenin en 1904, «el proletariado puede hacerse y se hará sin falta una fuerza invencible siempre y cuando refuerce su unión ideológica por medio de los principios del marxismo y con la unidad material de la organización que cohesiona a millones de trabajadores en el ejercito de la clase obrera». (Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, 1904).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.