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Elección presidencial en Chile

Una derecha con hambre de poder

Fuentes: CLAE

La elección presidencial en Chile para el período 2018 – 2022 , se realizará el 19 de noviembre junto con la de diputados, senadores y también las de consejeros regionales , y ; en caso de ser necesaria una segunda vuelta , ésta tendrá lugar el 17 de diciembre, posiblemente entre el derechista Sebastián Piñera […]

La elección presidencial en Chile para el período 2018 2022 , se realizará el 19 de noviembre junto con la de diputados, senadores y también las de consejeros regionales , y ; en caso de ser necesaria una segunda vuelta , ésta tendrá lugar el 17 de diciembre, posiblemente entre el derechista Sebastián Piñera y el socialdemócrata Alejandro Guillier.

Tras los resultados de las últimas encuestas, la coalición opositora Chile Vamos refuerza la idea de un triunfo de Piñera en la primera vuelta, para lo cual buscará conquistar al electorado del candidato de la Unión Democrática Independiente José Antonio Kast – quien obtuvo un 5 % en esta encuesta- , para así (tratar de) alcanzar la victoria en la primera vuelta .

Estas elecciones se desarrollan en un contexto político de gran desmovilización electoral, relacionado con que la crisis de confianza en la política en general, no se ha superado por medio de la campaña electoral. Hay escepticismo. La encuestadora Cerc/Mori diagnostica una opinión pública «depresiva», donde el fin del binominal ha atomizado las opiniones y ha debilitado los liderazgos políticos, en un contexto de desafección con la política.

Los adjetivos que se asocian a la política son claros: 42% desconfianza, 33% indiferencia. Sólo un 10% compromiso, 6% entusiasmo y un 2% pasión. Si bien el gobierno y la presidenta Michelle Bachelet aumentan su aprobación, el 45% de los consultados no quiere que siga gobernando la Nueva Mayoría. Pero tampoco los gobiernos anteriores logran despertar admiración ni nostalgia.

Respecto a cómo se construye la opinión pública, los encuestados muestran una crisis en la credibilidad de la televisión como fuente de información y criterio. Aumenta la importancia de las redes sociales y medios electrónicos. Pero todavía un 37% sólo se informa por la TV abierta.

Las mediciones que dan a conocer que más del 40 % de los votantes que apoyaría al exmandatario y empresario Sebastián Piñera, evidenció una clara ventaja frente a sus contrincantes, razón por la cual el bloque ha decidido instalar un discurso «triunfalista». Alejandro Guillier tiene en las mediciones entre 28 y 31%. Beatriz Sánchez entre 11 y 12%, Carolina Goic entre 7 y 9%. Marco Enrique Ominami entre 3 y 4%, José Antonio Kast entre 2 y 4%, Alejandro Navarro en torno al 1% y Artés bajo el 0%.

El punto fundamental radica ahora, según los analistas, en determinar lo que pasaría enunla segunda vuelta. El voto de Goic no resultará determinante ya que en todas las ocasiones anteriores ese electorado ha votado por la Concertación o la Nueva Mayoría. La derechización de Piñera ha puesto difícil el trasvasije de votos Democracia Cristiana a la derecha.

En cambio el voto de la Izquierda no oficialista resultará decisivo. La sumatoria «mecánica» de Sánchez, Goic y Enrique-Ominami podría evitar el triunfo de la derecha. Pero esta suma «mecánica» no es simple de pensar en la política real, indica Álvaro Ramis en Punto Final.

Para Marta Lagos, directora de Barómetro Político, la posibilidad de un triunfo de Piñera en primera vuelta existe si los candidatos de centroizquierda e izquierda desmovilizan sus bases electorales anticipando un pacto previo de segunda vuelta. La señal que darían al pactar anticipadamente es que la primera vuelta no importa. Si convocan menos votantes, la proporción de votos de Piñera no va a variar porque su voto es incombustible, por lo cual su porcentaje final aumentaría y podría ganar en primera vuelta.

Lo que preocupa a algunos analistas son las cada vez más desafiantes e insubordinadas expresiones de mandos militares que vuelven a alertar que Chile puede experimentar otro severo quiebre institucional, si las autoridades civiles no actúan a tiempo y con firmeza. Los uniformados esperan es el triunfo de Piñera o de la otra expresión todavía más extrema de la derecha, la de Kast, quienes coinciden en la intención de militarizar la Araucanía, a lo que está tan dispuesto el actual comandante en jefe.

Crisis de legitimidad

En una reciente entrevista en ministro de Hacienda -Nicolás Ayzaguirre- señaló que «Chile no se juega la vida en estas elecciones, porque tiene una institucionalidad fuerte, no como en otros países donde las elecciones si tienen consecuencias muy importantes. Claro, el funcionario quería atraer inversiones en el Chile Day en Londres y señalaba a las claras que no habría cambios en la política económica, fuera quien fuera el próximo presidente.

La derecha económica está en un alto nivel de expectativas que no se oculta respecto al triunfo del especulador Piñera. Juan Andrés Camus, presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, afirmó que si el candidato de Chile Vamos no se convierte en el próximo presidente sobrevendría un «colapso en el precio de las acciones».

Todo esto revela falta de sensibilidad respecto de la crisis de legitimidad del actual sistema socio-económico agudizado por los problemas de la relación incestuosa entre lo negocios y la política y la profunda contradicción que enfrenta la actual administración al no poder definir si está a favor de las reformas socio laborales en juego y si se está o no por priorizar de verdad el crecimiento económico, lo cual depende de si se logra o no un cambio en el estilo de crecimiento, comentó Eugenio Rivera en El Mostrador.

En este contexto, hacia el futuro deberá definirse si el centro estará cooptado por la derecha y las organizaciones empresariales o si por el contrario será hegemonizado por fuerzas políticas del centro que apostarán a la democratización del modelo político y económico heredado y al fortalecimiento de los sectores medios como fuerza autónoma del mundo empresarial y la derecha.

El Frente Amplio genera una situación nueva, pero no tiene recursos suficientes para alterar la hegemonía de los ejes de la derecha y de la Nueva Mayoría, pese a que este bloque se dividió. Por un lado están quienes apoyan al senador socialista Alejandro Guillier, respaldados orgánicamente y electoralmente por los partidos PRSD, PS, PC, PPD, y por el otro quienes apoyan a la senadora democristiana Carolina Goic.

Esta división de fuerzas de la coalición autodefinida como de centroizquierda pero demasiado cercana a la derecha, la debilita como opción presidencial en estos momentos, pero también existe la posibilidad que la «concertación» de fuerzas se rehabilite de cara a la eventual segunda vuelta electoral en diciembre -apoyando electoralmente a Guillier- tras una previsible derrota democratacristiana en las elecciones parlamentarias.

Se debe tener en cuenta el alto porcentaje de abstención que se registró en las últimas elecciones municipales (2016), cuando solo participó el 34 % de los electores, poco más de un tercio de la población. Más preocupante: en las primarias d el 2 de julio último   solo votó el 13% del total de los ciudadanos chilenos. El amplio universo de los abstencionistas y de los indecisos presagia un escenario muy abierto, con llegada final muy pareja.

Los principales actores políticos

Todo hace pensar que los cuatro actores principales, que tendrán incidencia en la primera vuelta, serán la derecha con Chile Vamos liderado por Sebastián Piñera, el Frente Amplio (de centroizquierda) con Beatriz Sánchez y los candidatos de la partida Nueva Mayoría, Alejandro Guillier y Carolina Goic.

Las candidaturas de José Antonio Kast, de Andrés Velasco, Alejandro Navarro, Marco Enríquez-Ominami, parecieran que no estarán en la pelea de fondo, y aparecen hoy con poca capacidad de negociación posterior. La votación del Frente Amplio y de la democracia Cristiana serán claves en el resultado que pueda obtener Guillier frente a Piñera.

El escenario más probable es que pasen a segunda vuelta las candidaturas de Sebastián Piñera y de Alejandro Guillier, ya que las encuestadoras y los medios de comunicación hegemónicos no han logrado imponer en el imaginario colectivo un «seguro» triunfo de Piñera, en medio de escándalos y denuncias de corrupción, en primera vuelta.

Pero Guillier también fue salpicado en un escándalo, aunque lateralmente: un programa de televisión evidenció un vínculo de los funcionarios de la alcaldía de San Ramón con el narcotráfico, que operaría al interior del municipio. El alcalde Miguel Ángel Aguilera, vicepresidente del Partido Socialista y quien en las últimas elecciones, fue uno de los alcaldes más votados con el 70% de los votos, fue uno de los que participó activamente en la recolección de firmas para inscribir la candidatura de Guillier.

Quien explotó el tema fue el «progresista» Marco Enríquez Ominami, quien acusó a Guillier de que las firmas reunidas para inscribir su candidatura «provienen del narcotráfico» y denunció que con él «el narcotráfico llegó a la política». Carolina Goic demandó de Guillier «una condena mucho más profunda y enérgica.

 

Beatriz Sánchez, la candidata del Frente Amplio, tuvo la capacidad de repeler sus eventuales votantes con algunas opiniones sobre los procesos progresistas de la región (dijo que Fidel Castro era un dictador y calificó de «totalitario» el gobierno de Allende). Es el grave problema de tener asesores de imagen que insisten en que hay que parecerse a los demás, en lugar de lograr sacar ventajas justamente por representar lo contrario que los otros.

 

El drama frenteamplista se reduce a que no ofrece ningún proyecto de solución a las contradicciones del capitalismo chileno que aúne a la gran burguesía y un espectro social importante. A lo más que puede contribuir es a «oxigenar» el sistema político con rostros nuevos y a promover una serie de reformas liberales en lo sociocultural; porque en lo económico, señales como las de la huelga de Minera Escondida, muestran que el gran capital no está disponible para reformas ni dispuesto a transar en lo más mínimo en su derecho a explotar a los trabajadores, señala el economista Sebastián Zarricueta.

La única duda es a quien respaldará en una segunda vuelta. Los sectores de izquierda tendrán que cambiar su discurso y recomponerse ante la posibilidad de otro gobierno de Piñera y la amenaza de más reformas neoliberales que arrasen, incluso, con las pocas reformas de Bachelet.

Porqué va ganando Piñera

 

Aún cuando las encuestadoras (CEP, Adimark, Adem) cayeron a un nivel muy bajo de credibilidad por su evidente dependencia con el gran empresariado y la derecha, coinciden en que el Piñera lleva entre 35-40% de las preferencias del electorado, pese a ser un político poco carismático y haber finalizado un período de gobierno con problemas de gestión y casos de corrupción.

 

Piñera va ganando por la división de Nueva Mayoría ante la ruptura de la DC con los demás partidos oficialistas, por la lenta y contradictoria campaña de Guillier (impuesta para impedir la candidatura de Ricardo Lagos), porque la candidata del Frente Amplio no ha capitalizado la debilidad de las candidaturas de Guillier y Goic, pero sobre todo porque la derecha ha logrado desincentivar el interés por el proceso político.

 

La derecha, con el electorado más disciplinado y fiel a la hora de las urnas, ensucia el debate para reducir al mínimo posible la participación en las elecciones, mientras que los medios hegemónicos -el empresariado junto a la derecha- ha instalado con éxito la idea de que Piñera devolverá el crecimiento, pese a que la «economía chilena es un barquito de papel en las fluctuantes aguas internacionales», señala el analista Álvaro Ramis.

 

Es más, la derecha -con el apoyo irrestricto de los medios masivos de comunicación- ha instalado la idea de que las tímidas reformas tributarias y laborales del gobierno de Bachelet han paralizado la economía. Han instalado la lógica del chantaje económico: el país está en crisis (ha tenido años de bajo crecimiento), debido a las reformas, pero la «crisis» ha significado cifras record de ganancias para los grandes conglomerados.

 

Asimismo, la derecha ha logrado desplegar el apoyo de sectores que tendían a ser electoralmente pasivos, como los evangélicos, ahora cooptados por su reacción a los cambios en materia de derechos civiles: aborto y matrimonio gay, por ejemplo. En el último Te Deum evangélico se dieron el lujo de insultar a la Presidenta. El crecimiento de los evangélicos habla también de la pérdida de poder de los católicos.

 

Pero, sobre todo, la derecha tiene mucha hambre de poder y le importa poco cómo y con quien volver a La Moneda. Y a esa campaña se han sumado los pragmáticos s con sentido indesmentible de clase y una gigantesca voluntad de poder, señala Ramis.

 

Hoy se venden candidatos como productos, se apela a la percepción y no al reciocinio. Quizá ya sea hora de mostrar qué tipo de país es el que se desea ofrecer a los electores, con sus programas en los planos social, económico y también constitucional. Parece que la elección será entre reforzar las actuales lógicas de la economía social de mercado que impera en Chile desde la dictadura (con Piñera) o apostar por un programa de desarrollo social que propone Guillier.

*Periodista chilena, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)