En ese sentido, Lorena demuestra convincentemente como la experiencia de los pobres de la ciudad “…estuvo marcada por la fragilidad de una estructura laboral que llevó a las personas a circular desde los empleos permanentes a los temporales, de la ocupación al desempleo, de la vagancia a la mendicidad y del trabajo al robo”.
por Daniel Palma Alvarado
El libro de Lorena Ubilla, Ladrones innobles. Historia cultural del delito en las clases populares. Santiago, 1900-1931, es una contribución importante y esperada al campo de la historia del delito en Chile. Expone con claridad los resultados de una investigación conducente al grado académico de Doctora en Historia, desarrolla una problematización original, apoyada en un conjunto diverso de fuentes, y propone una elaborada interpretación, invitando al debate, jamás clausurándolo. La temática escogida resulta muy interesante a la luz de los dilemas que hoy por hoy enfrenta el país, con una agenda política y noticiosa donde la inseguridad y el miedo al delito se alzan como preocupaciones relevantes de la ciudadanía. La mirada histórica a estos problemas sin duda aporta a la discusión, al ampliar el marco temporal y sugerir preguntas que las urgencias legislativas del presente suelen pasar por alto.
El libro se ocupa de la vida cotidiana de los sectores populares en la ciudad de Santiago durante el primer tercio del siglo XX desde de una perspectiva específica, cual es la historia cultural del delito, orientada a seguir la pista a rateros, asaltantes y estafadores y a sus víctimas, centrada en los espacios públicos y privados acechados por “ladrones innobles” y en las formas alternativas de comprender el poder, el castigo y la desigualdad social. De esta manera, Lorena invita a las y los lectores a “internarse en los múltiples efectos que produjo la delincuencia en la vida cotidiana” en un período atravesado por la cuestión social en Chile.
Para tomar el pulso a la ciudad de Santiago y rastrear a los protagonistas de las tramas delictivas, la autora utiliza una variada gama de fuentes primarias, destacando la revisión de prensa periódica y de revistas en un lapso de tiempo extenso. Asimismo, ocupa con provecho las órdenes del día de la policía fiscal, una selección de literatura social y la prensa obrera. Para volver inteligibles las numerosas, breves y rutinarias noticias de robos y estafas recopiladas, acude a una “narración conjetural”, que permitió “relacionar un pequeño hallazgo con otro que diera sentido a una cadena de significaciones”. De esta manera, logra documentar la vivencia y el impacto de la delincuencia en el pueblo urbano, evidenciando las “prácticas fronterizas” entre el mundo del delito y el mundo del trabajo; la crítica al discurso criminológico hegemónico y su estrategia regenerativa; y las diferentes respuestas de las clases populares ante los intentos de regulación del espacio urbano y la vida cotidiana.
Entre los aportes más originales del libro podemos mencionar los antecedentes que se proporcionan sobre el deterioro en la calidad de vida de los sectores populares urbanos y un desempleo que se mantuvo como una condición estructural con la que las y los trabajadores debieron lidiar durante todo el período analizado. En ese sentido, Lorena demuestra convincentemente como la experiencia de los pobres de la ciudad “…estuvo marcada por la fragilidad de una estructura laboral que llevó a las personas a circular desde los empleos permanentes a los temporales, de la ocupación al desempleo, de la vagancia a la mendicidad y del trabajo al robo”.
Sobre este telón de fondo, se comprenden una serie de modalidades de robos y estafas que afectaban a la población y que retratan la conflictividad y desconfianza que se apoderó de los espacios de vivienda y sociabilidad popular. La autora discute de manera sugerente algunos presupuestos observados en otras aproximaciones a las clases populares, a saber, “una cierta idealización asociada a una visión esencialista respecto a su actuar solidario y cooperativo, visión que por cierto es de relevancia para sustentar su historicidad y proyecto histórico, pero que no ha permitido indagar en los conflictos cotidianos. Y, por otra, el énfasis en su dimensión organizativa, dedicada mayoritariamente al estudio de las actividades políticas del movimiento obrero”. Ilustra cómo los hurtos en la vía pública y los conventillos, los salteos y cuentos del tío, las falsificaciones de monedas y fraudes alimentarios perpetrados por pares sociales fueron parte de la experiencia del pobre y trastornaron la vida en comunidad.
El estudio también indaga en algunas representaciones sobre la figura del “ladrón innoble”, tomando como eje los relatos de escritores sociales como Manuel Rojas, Nicomedes Guzmán y José Santos González Vera, y a algunos narradores identificados con la llamada literatura de los bajos fondos como Alfredo Gómez Morel y Armando Méndez Carrasco. Culmina con una última parte que ilumina algunos tópicos relevados por la prensa obrera y su mirada crítica de la delincuencia. Estos capítulos permiten a los lectores apreciar otros ángulos de la vida cotidiana del pobre urbano y son reveladores de los imaginarios populares sobre el crimen, la policía y la justicia de clase que caracteriza al régimen de dominación burgués.
El libro de Lorena Ubilla logra resolver y dar respuesta a las interrogantes planteadas en cada capítulo y refleja la potencialidad de la historia cultural para tratar las diversas aristas del tema. La elaboración de informativos cuadros, la inclusión de muchas imágenes ilustrativas de los fenómenos descritos, los mapas; todo aquello contribuye a enriquecer una lectura que resulta placentera y estimulante de comienzo a fin. Sin duda, estamos ante una monografía que entrega claves novedosas y será una referencia para quienes en adelante deseen continuar el estudio de la vida cotidiana popular, el delito y las representaciones subalternas del orden social y político.


