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Vigencia del pensamiento del Che sobre Latinoamérica

Fuentes: Rebelión

Hoy, 14 de junio, se cumple el 80 aniversario del natalicio de Ernesto Che Guevara, una buena ocasión para retomar su pensamiento y verificar ciertas premisas que él hizo en el pasado para reflexionar en el presente sobre diversas fórmulas políticas que se aplicaban en Latinoamérica. Nos llama la atención su discurso del 18 de […]

Hoy, 14 de junio, se cumple el 80 aniversario del natalicio de Ernesto Che Guevara, una buena ocasión para retomar su pensamiento y verificar ciertas premisas que él hizo en el pasado para reflexionar en el presente sobre diversas fórmulas políticas que se aplicaban en Latinoamérica. Nos llama la atención su discurso del 18 de mayo de 1962, titulado: La influencia de la Revolución cubana en la América Latina. En ese año la agresión norteamericana no cesó sobre Cuba y el análisis que hizo el Che del contexto revolucionario cubano y su influencia en los diversos países latinoamericanos nos lleva a contemplar la nomenclatura social, política y cultural de todo ese complicado mosaico en que el imperio yankee era el acicate que provocó puntuales sangrías en la totalidad de los países de América del Sur.

En este encuentro con la realidad objetiva del espacio americano nos lleva a considerar las vías de colonización post colombina has el desarrollo del imperialismo norteamericano en sus diversas etapas y comportamientos de expansión. El Che en sus recursos dialécticos analizó las fases de las oligarquías económicas que desde la independencia de cada uno de los países analizados crearon sus propias particularidades, muchas de ellas agónicas, que por perpetuar su poder circunscrito en la explotación del más débil y ante la lucha de este no tuvieron pudor en rendirse a los monopolios extranjeros. En esta ocasión el Che configura los hechos de la realidad actual latinoamericana tomando como base empírica la génesis de los hechos concretos y sucedidos.

Retrotraído en referencias del pasado el Che nos lleva a contemplar diversas esferas de influencia donde el monopolio extranjero intervino de una manera cruel y con la ayuda de esas oligarquías subalternas, o vende patrias, que no dudaron en particularizar territorio para que sus materias primas estuviesen bajo dominio extranjero, como salvaguardia de sus lucros. Cuando esto era adverso a los monopolios imperialistas se provocaban guerras de intereses entre ellos sin dudar de enfrentar a países como sucedió en la guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay. En el fondo de la cuestión de intereses estaba la lucha por el petróleo entre la Shell y la Standard Oil. El caso de la Standard Oil en Perú hizo que el ejército de este país arremetiese y arrebatase buena parte del territorio ecuatoriano donde la Shel tenía sus intereses. Pero todos esos intereses europeos fueron suplantados por los monopolios norteamericanos.

En este trueque de intereses y de imposiciones bélicas el panorama es otro muy distinto en la década de los sesenta del siglo XX, cuando el Che analizó estos factores, siendo consciente de todo ello cuando dijo: «La penetración ha variado mucho de acuerdo con circunstancias históricas, políticas, económicas y también quizás de acuerdo con la cercanía o la lejanía con la metrópoli imperialista». Y en este aspecto pone como ejemplo el caso de Panamá, que la configuró como una característica clave del colonialismo más vetusto y de exigencias inexcusables por causa del rendimiento del canal.

Pero estos conceptos guevaristas de hacer un pronóstico preventivo de la situación latinoamericana tenemos que prestarles minuciosa atención y estar alerta de lo que sucede hoy, después de cuarenta y seis años de aquel famoso discurso. Entrar en las causas de aquellos sucesos tenía para el Che una importancia suprema que iba más allá de lo histórico. Porque para él la historia de Latinoamérica no era un todo sino subsidiaria de conceptos y conglomerados culturales, étnicos, ideológicos y de actitudes rebeldes y de lucha contra diversas características de poder; de usurpación expansionista y, en definitiva, por la conquista de la libertad. Y es por ello por lo que pondera la experiencia de la Revolución cubana en la cual, Ernesto Che Guevara, participó muy directamente en calidad de guerrillero y de ideólogo. Por eso es que la Cuba revolucionaria fue una referencia en todos los países latinoamericanos -en unos con mayor frecuencia y fortuna que en otros- pero es innegable la atención prestada a aquella experiencia revolucionaria por parte de simpatizantes y detractores, nadie fue indiferente. En aquella situación de triunfo revolucionario se crearon condiciones en todos los lugares de Suramérica para erigir en el combate al hombre nuevo. Todo un catálogo de experiencias revolucionarias surgió para expulsar a los grandes monopolios y liquidar las oligarquías autóctonas. El hombre nuevo en auge y en clave revolucionaria, significa para el Che adentrarse en cada uno de los países y deshilvanar sus entretelas para poner al descubierto las diversas realidades que juegan a favor y en contra del proceso revolucionario que cada país tiene que afrontar.

Argentina -donde nació el Che- conjugaba su importancia como una de las potencias con valiosos recursos en el Cono Sur americano. El Che también incide que Uruguay tiene características parecidas a la Argentina por las oligarquías latifundistas que controlaban la producción y el comercio ganadero. Estos dos países fueron caracterizados dentro de un contexto de predominación urbana, pero también incide en la primacía de la clase obrera. Un proletariado que estaba en situaciones difíciles y, sobre todo, concentrado en el gran Buenos Aires, pero muy concienciado. No perdamos de vista que aquellos emigrantes procedentes de España y de Italia, muchos de ellos eran socialistas, anarquistas y comunistas. Los referentes de la izquierda Argentina tenemos que ubicarlos en las luchas obreras que se dieron en Europa y con un pensamiento de concepción marxista. Puede que el proletariado argentino y chileno fuese la vanguardia combativa que marcaron períodos muy determinantes en la lucha de la clase obrera. Pero en este ambiente, el Che admite ciertas miserias y disidencias en la izquierda de su país, al señalar: «Más o menos todos conocen los últimos acontecimientos en Argentina, cuando se planteó una situación más o menos ya real de dominio, de algunos grupos relativamente de izquierda, grupos que representan al sector progresista de la clase obrera argentina; pero que están tergiversando muchas de las aspiraciones del pueblo, a través de una camarilla del partido peronista que está totalmente alejada del pueblo. Sin embargo, cuando se planteó la situación de las elecciones, intervinieron los gorilas, como se llama a los grupos ultra reaccionarios del ejército argentino, y liquidaron la situación».

Fijándonos en la situación Argentina, después de la muerte del Che, y ya en la década de los setenta, con el regreso de Perón al poder, la demagogia del peronismo y la creación de la Triple A y el posicionamiento fascista de López Rega, dentro del círculo del poder peronista, la acción revolucionaria de los Montoneros, el golpe de Estado y el genocidio propiciado por los militares, son cuestiones muy serias que el Che, sin ser profeta, supo adivinar, gracias a su pragmatismo. Él supo que los Estados Unidos estaban alterando las teclas de la izquierda para que el piano estuviese desafinado en momentos decisivos para que no armonizara el himno a la libertad. En esta dirección, el espacio uruguayo del movimiento de los Tupamaros, tuvo parecidas connotaciones a lo que sucedió en la Argentina.

La clase obrera chilena, a lo que concierne la filosofía de su lucha cívica, le inspiraba al Che grande confianza en el porvenir suramericano, así lo indicó: «En Chile, donde los partidos de izquierda tienen una ascendencia mayor, una trayectoria muy vigorosa y una firmeza ideológica quizás como no hay en otro partido en América». Pero advirtió que la revolución cubana no tuviese en Chile una admisión, por parte del proletariado, de alzarse en armas contra la reacción que tenía el monopolio de la minas. En este espacio no descartaba que la izquierda fuese capaz de crear condiciones para que los grupos armados fueran beligerantes con los intermediarios del imperialismo yankee. Ocho años después de este famoso discurso, las izquierdas de Chile (Frente Popular) llevaron a Salvador Allende al poder y aquella izquierda cívica optó por la vía democrática mientras un sector organizado bajo las siglas del MIR optó por ciertas movilidades remitidas por la Revolución cubana. Pero el Che, seducido por el análisis de particularizar cada uno de los escenarios de la lucha de clases donde la burguesía y el proletariado medían sus fuerzas, señaló: «Desde el punto de vista de la estrategia sería ridículo cuando todavía tienen las armas; para eso las fuerzas de izquierda tienen que ser muy poderosas y obligar a capitular a la reacción, y Chile no está todavía en esas condiciones por lo menos». Por tanto, la Revolución cubana representaba para la vía chilena esquemas muy diferentes, aquí se percibe que las revoluciones muchas veces fracasan por copiar de otras. En este sentido, tanto Fidel como el Che fueron muy prudentes en imitar los procesos. Todos sabemos de las consecuencias del 11 de septiembre de 1973 en que los norteamericanos pusieron en escena al esbirro Pinochet, la vía chilena al socialismo que pretendía Allende fue historia en un país que durante décadas ensayó diversas fórmulas para que la clase obrera chilena llegase al poder. Una clase obrera desarrollada que juntamente con la argentina, la uruguaya y la brasileña fueron el portento de estrategias protagonizadas en luchas muy sólidas de dar pasos importantes y no retroceder.

El perfil que el Che nos presenta de Bolivia es la de un país lleno de contradicciones adquiridas por aquella burguesía timorata frente al dominio imperialista que asfixiaba su economía. En esta situación, Che Guevara veía que la Revolución cubana podía ser una luz para aquel faro apagado. Sostuvo que Bolivia era un país ideal para desarrollar un escenario guerrillero donde las contradicciones entre clases y las que se dan entre la burguesía local y el imperialismo podían crear una situación favorable donde la guerrilla fuese confirmada y mantenida en una sociedad agraria que practicaba un comunismo primitivo en el cual se reverenciaban los indígenas. En esta situación, el Che admitió que la lucha sugerida tenía que encaminarse hacia la burguesía nacional que era la que realizaba las concesiones a los monopolios yankees y por otro crear condiciones punibles contra los latifundistas criollos y creando una guerrillera cuyos protagonistas fuesen los campesinos. Esta convicción fue tan firme para el Che que decidió la formación de una guerrilla que opero en las zonas rurales bolivianas donde él fue asesinado en 1967.

Bolivia fue para el Che el país ideal para desarrollar una guerrilla que tuviese dos objetivos importantes: movilizar al campesinado descontento con las oligarquías terratenientes y, por otro lado, mantener una estrategia dentro de un espacio geográfico amplio para desarrollar una serie de vías revolucionarias para exportar a los países limítrofes.

Sobre Paraguay incidió que era un país ideal para que germinase una guerrilla fuerte que superase viejos intentos de otros guerrilleros y observó que el factor geográfico y demográfico son determinantes en la creación de condiciones para desarrollar tácticas de combate. Sobre la situación paraguaya, opinó: «Con selvas muy grandes, que tiene apenas algún ganado y algunos productos agrícolas. Es un país de enfermedades endémicas terribles como la lepra, que está extendida en proporciones enormes, donde no hay prácticamente sanidad, donde la civilización está apenas ceñida a tres o cuatro ciudades relativamente grandes. En aquellos montes ha habido varias experiencias guerrilleras, las más importantes y las más serias desde el punto de vista ideológico, han sido orientadas por un frente popular revolucionario con la participación en algunos casos importantes, del Partido Comunista. Sus guerrillas han sido derrotadas sistemáticamente, nosotros creemos que ha habido errores tácticos en la conducción de la lucha revolucionaria, que tiene una serie de leyes que no se pueden violar, pero sin embargo se siguen produciendo alzamientos».

En este caso, el Che no deja de insistir en que el «Paraguay es un país ideal para la guerra de guerrillas, muy rico en cuanto a la agricultura, de grandes condiciones naturales, no hay elevaciones pronunciadas, pero hay montes y ríos muy grandes y zonas de operaciones muy difíciles para los ejércitos regulares y zonas muy fáciles para la lucha con la ayuda de la población campesina. Hay allí una dictadura de extrema derecha que anteriormente estaba muy influenciada por la oligarquía argentina, era una semicolonia de la Argentina pero que hoy ha pasado a la dependencia directa de los Estados Unidos con las últimas penetraciones de capital norteamericano; mantiene una dictadura bestial donde están todos los gérmenes de una lucha popular que puede realizarse intensamente a corto plazo».

Estos textos del Che justifican su inalterada lectura de un país, como Paraguay, donde la situación estaba encarnada en varios frentes de presión y todos ellos muy significativos para radicar varias estrategias en un contexto sumamente inflexible por el comportamiento de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Múltiples eran las características tan especiales para el Che que con frecuencia miró atentamente a diversos temas de Perú, sobre todo la demografía étnica de la que sobresale ese 80% de su población indígena desposeída de las riquezas de esta nación. Es significativo el análisis realizado por Ernesto Guevara en el tema étnico, al señalar: «Allí el blanco es el dueño de la tierra y de los capitales; el mestizo o cholo es en general el mayoral del blanco, y el indio es el siervo de la gleba. En el Perú se venden todavía fincas con indios de estos, las fincas se anuncian en los periódicos con tantos trabajadores o tantos indígenas que tienen obligación de trabajar para el señor feudal; es una situación tan miserable como nadie que no haya estado en esa zona se puede imaginar».

Por tanto, la importancia que el Che le ha dado a la configuración racial como dominio de una casta terrateniente que representa menos de un 20% frente a una población indígena representada por un 80%, supuso que el dirigente comunista tuviese muy en cuenta esta estratificación en el contexto de la lucha de clases. Y, al mismo tiempo, no ignoró lo significativo de las lenguas autóctonas blindadas en esos espacios naturales donde los indígenas poseen el tesoro más preciado y diferenciador como es un idioma, juntamente con numerosas experiencias tradicionales que están en vigencia. Las siguientes palabras del Che son significativas: «El que quiera comunicarse con los indígenas tiene que saber hablar estas lenguas, si no es imposible la comunicación y las nacionalidades traspasan la frontera en que se han delimitado los países. El aimara de Bolivia se entiende mucho mejor con el aimara del Perú que con el blanco de Bolivia o del Perú y los propios colonizadores y después los imperialistas se han preocupado en mantener esta situación, de tal manera que hay una natural afinidad entre estos dos países y asimismo en el norte, entre las zonas peruanas de los collas y de los quechuas y la zona ecuatoriana, y en algunos casos llega hasta Colombia. En todos estos países se hablan lenguas vernáculas como las lenguas dominantes».

El tema de las lenguas en su propio espacio natural va más allá de las fronteras artificiales que los poderes económicos colonialistas han fijado; los intereses de los monopolios, los excesos de corrupción de la burguesía local, los vende patrias que no vacilan en desintegrar nacionalidades para crear parcelas de poder que beneficien a estos monopolios. Esto evidencia la actualidad de la intentona separación de Santa Cruz del territorio boliviano, se debe a la coartada de los grandes monopolios frente a las nacionalizaciones realizadas por Evo Morales.

El Che incidió en un tema relevante del Perú como es el problema de las lenguas nativas y el contexto racial, como elemento de explotación, referenciado por Marx y Egels en las contradicciones que se observas en la lucha de clases.

El Che tenía por el Perú una atracción dinámica por ser una gran región agrícola y por la influencia decisiva que tenían los partidos de izquierda. Sobre este tema resaltó lo siguiente: «En el Perú y en la región indígena del Cuzco, es la única zona de influencia del Partido Comunista peruano fuerte y la única zona de influencia fuerte de cualquier partido marxista en el campo en todo América». Es verdad que los partidos de izquierda en Perú tuvieron una gran influencia en sensibilizar a las masas. Pero una de las más altas referencias marxistas fue el ideólogo José Carlos Mariátegui (1894-1930). El Che no ignoró a este grande ideólogo marxista e indigenista que supo concertar un valioso proyecto revolucionario. Su pensamiento y su nutrida cultura intelectual fue referencia en otros países del área latinoamericana con problemas similares a los de Perú. Mariátegui fue el dirigente que supo entrar en una dialéctica donde el indigenismo protagonizase una fuerza coherente en el contexto marxista; fue un revolucionario no dogmático, un heterodoxo que imprimió una serie de directrices sobre la cuestión indigenista y de su liberación, al confirmar: «Las posibilidades de que el indio se eleve material e intelectualmente depende del cambio de las condiciones económico-sociales. No está determinado por la raza, por sí sola, no ha despertado ni despertaría al entendimiento de una idea emancipadora». (…) «Cuando se habla de la actitud del indio ante sus explotadores, se suscribe generalmente la impresión de que, envilecido, deprimido, el indio es incapaz de toda lucha, de toda resistencia. La larga historia de insurrecciones y asonadas indígenas y de las masacres y represiones consiguientes, basta por sí sola para desmentir esta impresión. En la mayoría de los casos las sublevaciones de indios han tenido como origen una violencia que los ha forzado incidentalmente a la revuelta contra la autoridad o un hacendado; pero en otros casos no ha tenido este carácter de motín local. La rebelión ha seguido a una agitación menos incidental y se ha propagado a una región más o menos extensa».

Las diversas observaciones que el Che hizo sobre el Perú tienen diversas categorías y, muchas de ellas, no desentonan con los análisis de Mariátegui. Che Guevara era un mariategista en muchas de las concepciones dialécticas y conclusiones que mantuvo sobre Latinoamérica y esto nos lleva a observar ciertas contundencias revolucionarios que los dos mantuvieron. El Che conocía puntualmente los escritos de Mariátegui y esto le llevó a no cuestionar muchas de las alternativas que la clase obrera y campesina del Perú habían desarrollado. Por tanto, en este discurso del año 1962 nos habla de la estratificación de las clases sociales peruanas, de sus modalidades, de sus comportamientos y de sus impactos. Tenía una enorme simpatía por el movimiento de cambios que se estaban experimentando en las clases populares peruanas. Concretamente por la combatividad de los mineros cuya preponderancia en el auge guerrillero frente una burguesía muy poco desarrollada y a unos militares que se turnaban por medio de golpes de Estado.

El Che, también habló de las condiciones que tenía Ecuador para desarrollar alternativas influenciadas de la Revolución cubana, aunque los intereses de la burguesía ecuatoriana eran urbanos y las fuerzas de izquierda residían en ese mismo espacio. Una parte de aquella izquierda que estuvo presente en varios actos de intervención en la toma del poder revolucionario en Cuba, llevaron al Ecuador las influencias guerrilleras para dinamizar una revolución agraria, con variantes más agresivas a lo que la izquierda urbana estaba acostumbrada. Los inconvenientes que veía el Che, con relación al panorama ecuatoriano, fueron la presencia de un ejército que ejercía una represión coordinada por efectivos del ejército norteamericano.

Sobre Colombia, el Che contempló un panorama donde las guerrillas operabas de una manera intermitente y con ciertos errores a sus espaldas en momentos en que la respuesta popular a sus acciones era sumamente positiva. La dispersión, la falta de movilidad y la falta de concentración de un mando único fueron errores que el Che impugnó en su valoración sobre Colombia.

Señaló que la falta de unión entre los diversos grupos guerrilleros cundió en una dispersión en la que muchos de ellos se conformaron con la autodefensa y otros se convirtieron en bandoleros como un acto de sobre vivencia. La exterminación de muchas de estas guerrillas fortaleció otros grupos más pragmáticos e influenciados por la Revolución cubana, pero también tenía la sospecha que ideas anárquicas de derechas y otras anticomunistas no pusieran fin a aquella perversa situación por la que pasó el movimiento guerrillero. Sobre esta situación, matizó: «Puede tener o no importancia la lucha en Colombia, es difícil predecirlo, porque precisamente no hay un movimiento de izquierda bien estructurado que dirija esa lucha; es simplemente, impulsos de una serie de grupos sociales y de elementos de distintas clases que están tratando de hacer algo, pero no hay una conducción ideológica y eso es muy peligroso. De manera que no se puede saber a donde va a llegar, lo que sí es que naturalmente crea las condiciones para un futuro desarrollo de una lucha revolucionaria bien estructurada en Colombia».

El che no fue un profeta ni un adivino, fue un pragmático marxista, un hombre con la piel en la arena de la historia de los derrotados; un indagador de hechos concretos. Para él la praxis fue una especie de laboratorio consultivo y la medida justa para valorar escenarios como el de Colombia. La retrospectiva de hechos y conductas en la cronología del Che nos hace ver más de cerca lo que actualmente sucede en Colombia.

Venezuela estaba en ese tránsito de rebeldía cuya actividad, según el Che, se debía a un Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionario. Verdaderamente esta situación le interesó sobre manera y señaló que se debía observar «con mucha atención y con mucha simpatía» el germen de aquellas acciones de la izquierda venezolana, pese a contradicciones y distorsiones. Así se fue configurando un movimiento popular que hoy es observado dentro del contexto creado por Hugo Chavez.

Sobre el país más grande de Latinoamérica, Brasil, el Che se adentró en varios de esos parámetros de la realidad social y política; una realidad compleja por su extensión geográfica con una población desigual, verificando las urbes industriales como São Paulo y Rio de Janeiro y por otro lado los espacios del nordeste, donde la agricultura y la ganadería se repliegan en los grandes llanos de los Sertões. El Che no ignoraba que en los Sertões se ensayaron grandes experiencias en la lucha de clases y de un modo muy diferente a lo que se concretaba en el resto de América. Aquel grupo mesiánico de los Canudos, dirigido por António Conselheiro, fue una de las expresiones más activas que en el siglo XIX no dieron tregua a los colonos terratenientes que se valieron del ejército para eliminarlos.

El Partido Comunista Brasileño dirigido por la gran figura de Luís Carlos Prestes, configuró un notable movimiento popular en un escenario muy específico en la orientación de la lucha entre el proletariado y el campesinado. Carlos Marighela (1911-1969) fue otra expresión de la lucha guerrillera urbana. La opción de la Revolución cubana estaba muy presente en la aceleración del proceso socialista brasileño que este líder guerrillero, asesinado en una emboscada, tenía en mente.

El Che estuvo muy atento a los hechos que se iban desatando y de ellos opinó: «Si en Brasil se hubiera ganado una batalla decisiva, el panorama de América cambiaría rápidamente. Brasil tiene fronteras con todos los países de América del Sur, menos con Chile y Ecuador; con todos los demás países Brasil tiene fronteras. Tiene una enorme influencia, realmente es un lugar para dar una batalla y nosotros debemos considerar siempre en nuestras relaciones con los países americanos, que somos parte de una sola familia, familia con características más o menos especiales; pero no podemos olvidar nuestro deber de solidaridad y nuestro deber de dar nuestra opinión en algunos momentos específicos».

En Guatemala vivió el Che uno de los momentos más decisivos de su vida como médico. La situación política de carácter progresista y socializador del presidente Jacobo Arbenz, se dieron condiciones progresistas y prerrevolucionarias que fueron abortadas por el golpe de Estado de Castillo Armas en 1954. Quizás el aprendizaje ideológico y la implicación del Che en una opción revolucionaria se dieron en Guatemala. La experiencia vivida lo marcó intensamente. Cuando valoró los diversos espacios revolucionarios, unos en proceso embrionario y otros ahogados por excesos o falta de experiencia de aquellos grupos. A partir del triunfo de la Revolución cubana, señaló: «El destino de las revoluciones populares en América está íntimamente ligado al desarrollo de nuestra Revolución».

Otra de sus experiencias es la que le tocó vivir en México, que le supuso cierta frustración por una situación creada por aquel partido único, el PRI. En todo su palmarés por Latinoamérica las experiencias de aquellos dos viajes en bicicleta y motocicleta le permitieron contemplar la miseria de unos y la riqueza de otros. La opresión de una clase sobre la otra. La lucha de clases en acción, era observada desde una inmediatez tanto concreta como empírica.

La influencia de la Revolución cubana en América Latina, es una de las piezas claves de su discursiva. Ernesto Che Guevara desgranó la situación de Latinoamérica de una manera que nos adelantó acontecimientos. El análisis de aquellas situaciones amplias y complejas, nos permiten observar las piezas de aquel puzzle descompuesto que muy pocos se han atrevido a recomponer para dejar al desnudo lo que el imperialismo norteamericano había descompuesto.