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Entrevista a Ngũgĩ wa Thiong’o

Volver al hogar que ya no existe

Fuentes: Socialist Project

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

El escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’o (nacido en 1938) es uno de los principales autores africanos anticoloniales. Vivió en Kenia durante el dominio colonial británico y era muy joven cuando sufrió la destrucción del pueblo en el que había nacido por parte de los colonizadores británicos. Sin embargo, la Kenia posterior a la independencia tampoco fue un lugar seguro para él. Fue encarcelado e hizo frente a la violencia por criticar a la burguesía nacional que había llegado al poder tras la independencia en 1963. A diferencia de su homólogo nigeriano Chinua Achebe (1930-2013) Ngũgĩ dejó de escribir sus obras de ficción en inglés en una decisión crítica tomada en la década de 1970 al considerar que la lengua inglesa era una lengua colonial para los autores africanos. Empezó a escribir en gikuyu, la lengua que habla sobre todo el pueblo kikuyu. En 1977 estuvo un tiempo en prisión en Kenia a causa de una de sus obras, I Will Marry When I Want (1977) [Me casaré cuando quiera]. Mientras estuvo en la cárcel Ngũgĩ escribió su primera novela moderna en gikuyu en el papel higiénico suministrado por la cárcel.

En mi entrevista escrita a Ngũgĩ le pedí que reflexionara sobre el verdadero camino de una lucha anticolonial. Le pedí que compartiera sus ideas acerca de la dualidad «hogar y mundo» según su experiencia del colonialismo y la lucha anticolonial. Algunos pensadores postcoloniales, como el académico indio Partha Chatterjee, ponen en primer plano el hogar, lo interior, como el último entorno en el que se ofreció resistencia a la penetración colonial. Argumentando que el espacio público, el mundo, se vio afectado de manera crucial por la experiencia del colonialismo británico, este argumento pretende revivir la cultura y la sociedad precoloniales recuperando la cultura de los espacios interiores de un hogar hindú a finales del siglo XIX. Los pensadores anticoloniales han criticado este argumento postcolonial. Según afirma la socióloga materialista histórica Himani Bannerji en su artículo «Projects of Hegemony: Towards a Critique of Subaltern Studies’ ‘Resolution of the Women’s Question'», este argumento postcolonial crea un relato sin fundamentar y ahistórico de los hogares hindúes a finales del siglo XIX que ayuda al fundamentalismo hindú a proseguir con su nacionalismo cultural en la política india contemporánea.

La experiencia de Ngũgĩ’s del colonialismo en África también está en la línea de este último argumento anticolonial. Para Ngũgĩ en la lucha contra el colonialismo capitalista no queda ningún hogar al que regresar. En vez de abogar por un hogar en el pasado afirma: » Pero es un hogar que todavía está por existir, por el que todos debemos luchar tanto en nuestros propios países como en el mundo«. Y argumenta: «Mi verdadero hogar, ya sea en Kenia o fuera de Kenia, es el lugar y el espacio de la lucha«. Lo mismo que para Frantz Fanon, para Ngũgĩ la lucha contra el colonialismo está unida a la lucha contra el capitalismo. Así, es una lucha contra la burguesía, tanto nacional como internacional.

Esta entrevista también estaba destinada a un público farsi. La publicación trimestral Cinema and Literature de Teherán publicará en breve una traducción al farsi de la entrevista.

MAHDI GANJAVI (MG): Querido Ngũgĩ Wa Thiong’o, muchas gracias por aceptar esta invitación. La idea de volver a la tierra natal es un concepto que comparten muchos autores anticoloniales del siglo XX. El famoso poema de Aimé Césaire «Cahier d’un retour au pays natal» [Cuaderno de un retorno al país natal] medita sobre este momento de volver, este momento de nostalgia. Podemos ver la misma idea en la obra de Rabindranath Tagore The Home and the World [La casa y el mundo] en la que critica la idea de un hogar ideal al que podemos volver. Parece que para muchos autores anticoloniales no queda un hogar al que volver.  

En uno de los volúmenes de sus memorias usted medita sobre el día en que volvió a su pueblo al cabo de nada más que un mes, solo para ver que su pueblo había sido literalmente destruido por los colonizadores británicos. Si no es a casa, ¿a dónde podemos ir en nuestra lucha contra el capitalismo y el colonialismo?

NGŨGĨ WA THIONG’O (NGŨGĨ): Lo cuento en el segundo libro de mis memorias, In the House of the Interpreter [En la casa del intérprete] (1). El hogar es el lugar donde se sitúa nuestro sentido de existir y de pertenecer. El sentido del espacio físico y social que me hizo, a menudo el emplazamiento de nuestras imágenes y sueños de futuro más tempranos y más formativos. Pero tendemos a concebir el hogar como un espacio material y social estable, el lugar al que retornar o de un posible retorno, aunque me vaya a todos los rincones del mundo. Mi pueblo, en Limuru, Kenia, donde nací y crecí, parecía ese centro. Pero cuando volví después de pasar tres meses fuera, en un internado, me encontré con que las fuerzas coloniales británicas habían arrasado el pueblo completamente. Aquello ocurrió en abril de 1955 y Kenia estaba todavía bajo un Estado de emergencia destinado a suprimir la lucha por la independencia liderada por el Kenya Land and Freedom Army [Ejército de la Tierra y la Libertad de Kenia], también conocido como Mau Mau. El impacto de volver a un hogar que ya no existía fue inmenso. Se convirtió en un importante tema de todas mis novelas, en especial de A Grain of Wheat [Un grano de trigo] (2).

Pero, en realidad, el hogar nunca es tan estable. El hogar también es un lugar de cambios. Incluso los miembros de una misma familia pueden tener experiencias diferentes y, por lo tanto, imágenes diferentes del lugar al que llaman hogar. La pregunta es si uno es parte de los cambios, parte del agente del cambio o víctima de un cambio forzado, como cuando unas fuerzas opresivas obligan a un pueblo a abandonar el lugar al que llaman hogar. El hogar es tanto espacio físico como el espacio de la mente y del alma. Mi verdadero hogar, ya sea en Kenia o fuera de ella, es luchar y el espacio de la lucha. Me gusta creer que soy parte integral de todas las luchas por un mundo que funcione con personas. El imperialismo y el colonialismo, o los sistemas de esclavitud, siempre fueron enemigos de lo humano. Sigo creyendo en un mundo en el que la condición para mi desarrollo es el desarrollo de todas las personas. Yo soy porque tú eres: tú eres porque yo soy. Es un proverbio africano. Describe mi hogar. Pero es un hogar que todavía está por existir, por el que todos debemos luchar tanto en nuestros propios países como en el mundo.

MG: Al reflexionar en su novela Petals of Blood [Pétalos de sangre] por qué los pueblos están perdiendo a sus jóvenes, que se van a las ciudades, Muturi afirma: «Olvidaste que en aquel tiempo la tierra no era para comprarla, era para usarla. También era generosa, no había necesidad de golpearla una y otra vez. Además, estaba cubierta de bosques. Los árboles llamaban a la lluvia y también daban sombra a la tierra. Pero el ferrocarril se comió los bosques. Recuerdas que venían a buscar madera hasta aquí para alimentar el cacharro de hierro. ¡Aah, lo único que sabían era cómo comer, cómo llevarse todo! Pero entonces aquellos eran extranjeros, blancos». ¿Cómo diferencia entre la crítica de lo moderno y la crítica del colonialismo capitalista?

NGŨGĨ: Rechazo la lógica de progreso y de modernidad que decreta que una persona solo se puede hacer rica haciendo pobre a otra, que solo puede estar limpia echando su suciedad a otra, que solo puede estar sana haciendo que otra enferme. Mire el mundo en el que vivimos actualmente, en América, Europa, África o Asia. Me parece que es un mundo en el que un puñado de naciones consume el 90 % de los recursos de todas las demás naciones. La brecha de riqueza y poder entre un grupo pequeño de Naciones que Poseen y la mayoría de Naciones que No Poseen se está agrandando y haciendo más profunda. También dentro de cada nación se está agrandando y haciendo más profunda la brecha de riqueza y poder entre un pequeño grupo de Poseedores y la mayoría de No Poseedores. Dentro de las naciones y entre ellas el esplendor se construye sobre la miseria. La insaciable codicia de unos pocos amenaza ahora el medioambiente, que es los cimientos sobre los que se asientan nuestras vidas. Una modernidad erigida sobre la destrucción del medioambiente que hace posible la vida es barbarie. Envenenamos el aire, envenenamos la tierra, ¡incluso envenenamos las aguas! ¡Entonces desarrollamos tecnologías para hacer potable el agua envenenada y la vendemos en botellas! ¡El hecho de que las naciones se enorgullezcan de los avances tecnológicos de muerte masiva es pura barbarie!

MG: Su novela Petals of Blood [Pétalos de sangre] es una narración ejemplar que da vida a la famosa afirmación de Marx: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado». (3) Sus protagonistas se unen para viajar del pueblo a la ciudad con la esperanza de salvar el pueblo. Sin embargo, este viaje, que también destacan los títulos de los capítulos, no es al cielo o a la redención. Como dice Muniro: «Emprendimos un viaje a la ciudad para salvar Ilmorog de la sequía. ¡Trajimos de la ciudad la sequía espiritual!». A medida que avanza la novela el pueblo cambia, pero no como querían los protagonistas.  

Una vez que las relaciones capitalistas se han desarrollado en el pueblo, sus protagonistas también cambian. Cada resistencia hace surgir un nuevo tipo de supresión. ¿Cree usted que las tecnologías de gobernanza se han vuelto más poderosas que los métodos de resistencia?

NGŨGĨ: Cambiando las condiciones de nuestro ser también nos cambiamos a nosotros mismos y somos dueños del cambio. Esa es la razón por la que la idea de que un pueblo puede exportar e imponer sus sistemas de gobierno a otro es intrínsecamente alienante. La liberación no se exporta, los pueblos se liberan a sí mismos y entonces son dueños de las consecuencias. El cambio viene de la lucha y la lucha es inherente al pensamiento, la sociedad y la naturaleza. La vida misma surge de la lucha. Lo nuevo siempre ha tenido que luchar con lo antiguo, pero su propia novedad incorpora progresivamente elementos de lo antiguo. La tecnología, desde la tecnología natural de nuestras manos a la maquinaria más compleja, aumenta la capacidad humana de incrementar (desde la naturaleza y el medioambiente) los medios de mejorar la vida.

En el mundo actual existe una enorme contradicción. La tecnología hace posible eliminar el hambre, la falta de vivienda, las enfermedades y la ignorancia. Sin embargo, miles de personas todavía carecen de acceso a la comida, a una vivienda, a la salud y al conocimiento. La tecnología, que es capaz de producir abundancia, se utiliza para crear escasez. La tasa de beneficio depende de esa escasez. La tecnología es buena. Pero la tecnología debería estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de la tecnología. ¿Queremos realmente un paraíso de parásitos? Lo que es el paraíso para los parásitos es el infierno para el cuerpo que los aloja. La globalización asegura el dominio de los parásitos en el paraíso. Por ello la Globalización del dominio del dinero se debería contrarrestada con el Globalismo de los trabajadores para liberar su paraíso colectivo de parásitos. Ese es el tema que trato de explorar en mi novela Wizard of the Crow [El brujo del cuervo] (4).

MG: Karega también se hace eco de lo que Fanon denominaba «la psique alienada». Hay un momento en la novela en el que Karega critica a aquellos «hermanos y hermanas africanas» que cambian sus nombres por nombres «occidentales». Usted hizo lo contrario, dejó su nombre cristiano y recuperó el de Ngugi.  

Según Fanon, también se puede dar una forma de entendimiento a través de la violencia. Esto se manifiesta en Abdula, que nunca olvida el momento en que humilló a los dos opresores europeos. La novela señala: «Había rechazado lo que su padre representaba, rechazado las promesas de riqueza y volvió a nacer como un luchador en la selva, un keniano».  

¿Qué opina de «la psique alienada» y el proceso por el cual una psique oprimida puede lograr el entendimiento?

NGŨGĨ: La liberación humana debería significar la liberación de la totalidad del medioambiente, la economía, el poder y la psique, que están relacionados. La conquista colonial de un pueblo y su tierra siempre va seguida de la imposición de un Estado y una cultura coloniales. Los colonizadores se arrogan el derecho de nombrar el mundo de los conquistados, incluidos sus cuerpos. En mi libro Something Torn and New [Algo desgarrado y nuevo] hablé de la política de la memoria. Se puede resumir la liberación como el derecho a nombrar el propio mundo. Por decirlo sencillamente, la liberación económica, política, social y cultural sería incompleta sin la liberación de la mente, de ahí el título de mi otro libro, Decolonizing the Mind [Descolonizar la mente] (5).

MG: Ante las peticiones de los habitantes del pueblo, uno de los primeros pensamientos de Nderi wa Riera, el diputado, es utilizar la cultura como base de la unidad étnica. Esta estrategia se ha vuelto cada vez más común en el mundo contemporáneo, especialmente en los países que han tenido una resistencia anticolonial y antiimperialista violenta.  

¿Cómo puede ayudarnos la literatura en nuestra lucha contra las formas de opresión que pretenden crear unidad imponiendo una cultura nacionalista ahistórica?

NGŨGĨ: El imperialismo siempre ha seguido la máxima romana de «Divide y vencerás». El imperialismo y las fuerzas que están aliadas a él dicen a los trabajadores que sus problemas provienen de la fe o de la religión o de las prácticas culturales del otro. ¿Acaso los musulmanes, cristianos o hindúes pobres son menos pobres por compartir la misma fe con los ricos de sus comunidades? Así, los opresores están encantados mientras los oprimidos luchan entre sí a causa de la religión, la etnicidad y otras marcas de diferencia cultural. La actitud de que mi Dios es más Dios que el tuyo en realidad es muy impía. Para el imperialismo Dios y Oro son lo mismo. (6)

MG: En Petals of Blood [Pétalos de sangre] usted critica la idea de que existe un cuerpo neutral de conocimiento. El personaje del abogado afirma: «Educadores, hombres de letras, intelectuales: no son sino voces, no voces neutras e incorpóreas, sino voces que pertenecen a cuerpos de personas, de grupos, de intereses. Tú, que buscarás la verdad acerca de las palabras emitidas por una voz, busca primero el cuerpo que hay detrás de la voz. La voz simplemente racionaliza las necesidades, los antojos, los caprichos de su dueño, el amo».  

¿Qué cuerpo crea la voz, el conocimiento que usted considera beneficioso para la humanidad?  

NGŨGĨ: El cuerpo unido de los trabajadores. Permítame otra máxima. El desarrollo se debería medir no por las condiciones de aquellas personas que están en la cima de la montaña, sino por las de aquellas que están en su base. No midas el progreso y el desarrollo por la cantidad de millonarios que hay en esa sociedad, sino por las condiciones de los millones de personas que la conforman. La educación y el conocimiento pueden entorpecer o ilustrar. Y nosotros queremos una educación y un conocimiento que ilustren.

MG: Usted sabe por experiencia que los proyectos anticoloniales pueden salir mal. En su opinión, ¿cuál es el auténtico movimiento anticolonial?

NGŨGĨ: Aquel que lucha por la liberación de la economía, la política, la cultura y la psique de un pueblo, que libera su capacidad de hacer y de nombrar su mundo para empoderar a la última persona de nosotros.

MG: ¿Qué cree usted que puede enseñar la literatura africana a las personas de Oriente Próximo? En Irán hay un punto de vista crítico que considera que nuestra literatura se debería abrir a más estilos, no solo la literatura europea y occidental, sino que debería criticar la presunción eurocéntrica que hay detrás de los llamados «cánones» del mundo literario. ¿Cómo cree que se pueden informar mutuamente las literaturas de los países en desarrollo? ¿Ha influido en usted algún escritor de Oriente Medio?

NGŨGĨ: Edward Said, por supuesto, en la teoría, pero también poetas como Mahmoud Darwish. Todas las literaturas deberían conversar. Yo provengo de Kenia y sé que ha habido siglos de contacto cultural entre Oriente Próximo y la costa oriental de África. En el pasado miles de africanos fueron trasladados a Oriente Próximo como esclavos. Pero hubo pueblos de Oriente Próximo que se asentaron en África Oriental. El cristianismo y el islam, dos religiones del Libro, son dominantes. En mi último libro Globalectics: Theory and Politics of Knowing [Globaléctica: teoría y política del conocimiento] argumento acerca de la importancia crucial que tiene la literatura de África, Asia, América Latina y de las comunidades marginadas de Occidente en la concepción y la práctica de la literatura mundial.

MG: ¿Cree usted que la literatura africana ha perdido su importancia en el mundo literario en comparación con la década de 1970? En caso afirmativo, ¿por qué?

NGŨGĨ: Creo que no. El problema de la literatura africana es que gran parte de ella está escrita en lenguas europeas. El nuevo movimiento literario tiende a escribir en las lenguas africanas. Me sentí muy feliz cuando mi fábula Ituĩka rĩa Mũrũgamo (La revolución vertical o cómo los seres humanos llegaron a caminar erguidos], escrita originalmente en gikuyu, se tradujo a más de treinta lenguas africanas. También se ha traducido al sueco y a varias lenguas de India. Se puede consultar en internet en «Jalada Translation issue number 2».

Mahdi Ganjavi es doctorando del departamento de Leadership, Higher and Adult Education, OISE/University of Toronto. Ensayista y autor prolífico, sus críticas, traducciones, una reseña de un libro y ensayos han sido publicados por periódicos y páginas web como International Journal of Lifelong Education, Encyclopedia Irannica, The Global Voices, The Bullet y Ajam Media Collective.

Notas de la traductora:

(1) Este segundo volumen de la trilogía de memorias de Ngũgĩ wa Thiong’ no está traducido al castellano, pero el primero sí, por Rita da Costa, Sueños en tiempos de guerra, Editorial Rayo Verde, 2016.

(2) Un grano de trigo , editorial Zanzibar, 2006, no consta quién lo ha traducido.

(3) Karl Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, la traducción de esta cita está tomada de la traducción on line https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

(4) El brujo del cuervo, Barcelona, Debolsillo, 2015; traducción de Susana Rodríguez-Vida.

(5) Descolonizar la mente: la política lingüística de la literatura africana, Barcelona, Debolsillo, 2015. Traducido por Marta Sofía López.

(6) Ambas palabras son muy similares en inglés: «God» (Dios) y «gold» (oro).

Fuente: http://www.socialistproject.ca/bullet/1391.php#continue 

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.