Iran Morejón Quintana

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Han pasado más de treinta años desde que aconteciera la caída del Muro de Berlín, hito que marcó un antes y un después, como una especie de cicatriz que divide en forma invisible la flecha vectorial del tiempo y de la historia.

Corría el año 1844 en la ciudad británica Rochdale cuando un grupo de tejedores, que tenían unas condiciones de trabajo miserables y unos salarios muy bajos, decidieron mancomunar recursos y esfuerzos para acceder a los bienes de consumo básicos a un precio asequible.