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Yo soy Ahmed Merabet. Yo soy «Charlie»

Fuentes: Rebelión

La violencia no es la partera de la historia como siguen sosteniendo algunas teorías trasnochadas. Ni nunca ha resuelto los problemas sino que los ha aumentado generando más violencia. Ese ha sido y sigue siendo el camino elegido por aquellos que adoran a dioses guerreros y genocidas. Aunque pretendan hablarnos del humanismo y la tradición […]

La violencia no es la partera de la historia como siguen sosteniendo algunas teorías trasnochadas. Ni nunca ha resuelto los problemas sino que los ha aumentado generando más violencia. Ese ha sido y sigue siendo el camino elegido por aquellos que adoran a dioses guerreros y genocidas.

Aunque pretendan hablarnos del humanismo y la tradición humanista de algunos de sus exponentes más célebres. Ningún exponente célebre por más premios Nobel que tenga es representativo de ninguna comunidad, sea esta cual sea. Es tan sólo su propia representación.

Ha sido así y lo seguirá siendo si no aprendemos de las enseñanzas que la historia humana nos ofrece cotidianamente.

Y tampoco es correcto levantar banderas unilaterales porque todos somos seres humanos y si se pretende levantar el estandarte de Charlie, estamos poniendo el acento en un lado del espectro, porque Ahmed Merabet también fue asesinado y no podemos olvidarlo porque es negro y musulmán.

De ese modo seguiremos generando violencia, ya que sólo estamos considerando al blanco y al europeo, y esa es una forma de afirmar la discriminación y la violencia, aunque quieran aparecer como solidarios con el género humano, en verdad están acumulando más violencia y por ello aparecen los que sostienen que no son Charlie. Que se equivocan también. Porque de lo que se trata es de invalidar la violencia.

Otros nos están avisando, como el papa Francisco, cuál debe ser nuestra mirada y nuestra actitud frente al atentado.

No se puede mirar sólo la foto y retratar sólo a una de las víctimas.

Por ello trataremos de ver el contexto histórico y aprender de la historia de la región por la cual todo esto está ocurriendo.

Si no hacemos este recorrido se estarán escribiendo textos inventados sobre una foto y entonces los relatos podrán alcanzar dimensiones de la Torah, el Corán, y cuanta fantasía se le ocurra al escritor o al periodista que pretenden ofrecernos explicaciones causales del atentado.

El director del diario Perfil, Jorge Fontevecchia, realiza unas aclaraciones que voy a tomar como mías y las reitero modificando algunas palabras que él refiere sólo a nuestro país y yo quiero hacerlas más universales y agregando otras: «Que en la tapa de los diarios y en los canales de noticias no aparezca lo esencial sino el repiqueteo aturdidor de cuestiones secundarias -aunque inmediatas- me hizo reflexionar: ¿realmente resulta creíble que un grupo de fanáticos ejecute semejante atentatdo tan sólo para sentirse salvando lo más profundo de su creencia, o es una forma más que tiene lo urgente de engañarnos con lo aparente y ruidoso para distraernos de lo real y ocultar la verdad?»

Y si además, los asesinos son asesinados por la policía para que no quede la posibilidad de que sean interrogados y se sepa la verdad, ¿qué hacer?

¿Podremos así comprender mejor lo acontecido? O lo que escriba será también incorporado al fárrago de escritos innumerables con los que hoy llenan páginas y páginas de diarios y revistas, y además nos abruman con interpretaciones cada vez más insólitas, a través de las radios y las televisiones, cuyo objetivo pareciera más bien un intento de evitar que se conozca la verdad, y con ello los verdaderos responsables del atentado.

Como ocurrió con la muerte de John F. Kennedy, de la que luego de muchos años comenzamos a conocer los verdaderos motivos de su asesinato y, como señala el papa Francisco, el terrorismo de Estado cobró otra víctima y sólo cuando se ha perdido interés por el hecho, aparecen algunos rostros de los instigadores, quienes, además, ya han muerto y por eso no vale ni tiene sentido seguir con la investigación, que queda reducida a la publicación de uno o varios libros para la historia.

Y que unos pocos investigadores conoceremos aunque carezca ya de importancia, porque nada podemos hacer.

Veamos.

Dos hechos ocurridos días antes de estos horribles atentados, llaman la atención de quienes seguimos los acontecimientos en Palestina y las reacciones de los gobernantes del Estado terrorista de Israel, o de quienes son sus mandantes diseminados por el mundo: lobbies, banqueros, fabricantes de armas, financistas, etc.

A los que debo agregar las declaraciones del papa Francisco al referirse casi tangencialmente a la existencia de dos categorías de terrorismo: el individual y el estatal. Y, sin extenderse, nos dejó una señal para el tratamiento de los horribles crímenes cometidos por los terroristas contra el policía y también contra los periodistas, todos franceses, aunque del policía, negro y musulmán, casi nadie se ocupa.

Nos hizo recordar los análisis realizados por los expertos de Naciones Unidas hace muchos años, al dividir el accionar terrorista en tres categorías: 1) el terrorismo individual, 2) el terrorismo grupal y 3) el terrorismo de Estado.

Porque para comprender cabalmente lo acontecido debemos tener un marco conceptual referencial que nos permita analizar y abarcar todo el panorama. Esa es la intención del papa Franciaso, sino para qué dijo lo que dijo, porque no se puede decir cualquier cosa desde esa investidura.

Vayamos a los dos hechos con los que inicio este breve intento de comprensión, desde una perspectiva que acompaña las sugerencias del papa Francisco:

a) El ataque se produce una semana después que Francia había votado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que el Estado de Israel debía terminar la ocupación de esa parte del territorio palestino que invadiera desde 1967, y que, según la Resolución 181/47, le corresponde al Estado Palestino.

Por primera vez en su historia, Francia asumía semejante determinación, ya que siendo uno de los cinco miembros componentes del Consejo de Seguridad, el que elimina la democracia dentro de la ONU, puesto que es el único que puede tomar decisiones por encima de la Asamblea General, y éstas deben ser acatadas y ejecutadas inexorablemente.

Francia, si su gobierno reconoce al Estado Palestino con sus fronteras de 1967, esa decisión debe ser acatada porque es uno de los cinco miembros del selecto grupo del Consejo de Seguridad, excepto que EE.UU., como ha ocurrido hasta ahora, oponga su veto, que lo hizo.

Tal ocurrió cuando el primer ministro David Ben Gurion solicitó a EE.UU. y a la antigua Unión Soviética el reconocimiento del Estado de Israel, lo que se produjo de inmediato y por ser miembros del Consejo de Seguridad, quedó por lo tanto constituido de hecho y de derecho dicho Estado. Aunque sin legitimarlo, sólo legalizarlo.

b) El ataque se produce justo luego que el gobierno del Estado de Israel informaba que el mayor número de inmigrantes en 2014 había provenido de Francia y que era conveniente que ese país aportara más colonos.

El doctor Mazin Qumsiyeh en sus newsletters diarios nos recuerda estos hechos y agrega para una mejor comprensión de los mismos, argumentos que nos permiten pensar más allá de las insistentes declaraciones de periodistas y analistas políticos que reducen los atentados y las muertes a una supuesta pretensión de suprimir la libre expresión y la libertad de prensa.

O aquellos que no encuentran mejores argumentos que descargar las culpas sobre el colonialismo francés y que estos nefastos hechos son consecuencia de la larga historia del imperialismo europeo, representado en este caso por Francia, y deben comprenderse dentro de la lógica de la lucha antiimperialista.

Debemos recordar –la historia es maestra para la comprensión de acontecimientos aparentemente confusos, como puede ser interpretado, y se hace, el horrible atentado terrorista en París–, que muchos años antes, en 1948, cuando recién se implantaba el Estado de Israel, necesitado de colonos, Ben Gurion, mandaba a la Haganah y al Mossad a perpetrar atentados terroristas contra sinagogas y centros comunitarios judíos de Bagdad, para que los iraquíes judíos emigraran hacia el Estado de Israel. [1]

Actualmente las declaraciones de todo el espectro político israelí solicitándoles a los franceses judíos -algunos no sólo a ellos sino a todos los europeos judíos- rogándoles que vayan a Israel, nos hace recordar a lo acontecido en 1948 en Bagdad.

¿Y por qué decimos esto? Porque todos ellos les dicen que el único lugar seguro es el Estado de Israel y para ello ponen el acento no en los crímenes del policía y los periodistas sino en los 4 franceses judíos que estaban en el mercado y que fueran asesinados.

Asimismo, y es francamente sorprendente que se lo equipara al setiembre estadounidense, recordando el 11 de setiembre de 2001, con los atentados a las torres gemelas de New York.

Es muy posible que sea correcta esta interpretación si tomamos en cuenta, y no sólo a él, las informaciones que el periodista español, Bruno Cardeñosa, nos da en su libro 11-S. Historia de una infamia, las mentiras de la «versión oficial«. [2]

En este libro Cardeñosa se fotografía en cada país árabe con cada uno uno de los supuestos «terroristas» que obligaron a los pilotos de los aviones a que se estrellaran contra las torres gemelas, blandiendo como armas homicidas alicates. Y que murieron en los atentados.

Ninguno de esos «terroristas» había pisado jamás el suelo de ese país llamado EE.UU. de América, según se constata por sus declaraciones y las fotografías que Cardeñosa incluye en el libro, sentado al lado de cada uno de los supuestos «terroristas» árabes y musulmanes, vivos y hablando con él sobre sus supuestas actividades delictivas.

Asimismo recordamos que el diario The Gardian, de Londres, [3] dos días después del atentado, esto es el 13 de setiembre de 2001, publicó la lista completa de los comandantes, azafatas y pasajeros de los 4 aviones, y en ninguno de ellos figuraba un solo nombre árabe, con lo cual se demostraba la falacia de la «versión oficial», que acusaba a supuestos terroristas árabes como los ejecutores de los atentados.

Luego vino el inicio de la «guerra contra el terrorismo», anunciada el mismo día en el Estado de Israel, por el primer ministro, Ariel Sharon, [4] y publicada al día siguiente en la edición del matutino diario Clarin,   y repetidas posteriormente por Tony Blair y George W. Bush (h), ambos lacayos declarados e incondicionales admiradores de ese mismo Ariel Sharon, quien fuera condenado por un tribunal belga por genocida. [5]

Extraño hecho éste del que fuera protagonista el primer ministro israelí, Ariel Sharon, al anunciar el mismo día del atentado a las torres gemelas, que con ello había dado comienzo a la «guerra contra el terrorismo internacional», como si esta guerra contra el terrorismo estuviera ya preparada y Sharon daba la orden del inicio.

Y ¿fue el atentado a las torres gemelas el acontecimiento esperado para que Ariel Sharon, con esa declaración, hecha en el mismo momento en que se producía, diera la orden del inicio de la «guerra contra el terrorismo internacional»?

No es de extrañar ya que muchos años después el entonces presidente de EE.UU. de América, George W. Bush (h), lo ponderaba diciendo que era su maestro y de quien había aprendido más sobre la política y la guerra.

Y si hay algo que siempre se le adjudicó al Estado de Israel, fue el de enviar a sus servicios de inteligencia a realizar atentados terroristas sin dejar huella alguna.

En tal sentido vale recordar el reportaje que le hiciera el periodista Laurent Dispot, del diario Le Matin, al canciller autríaco Bruno Kreisky, luego de la invasión israelí al Líbano, allá por 1982, quien consideraba al Estado de Israel un Estado «semi-fascista», y terminaba su reportaje con la siguiente declaración:

«Con respecto a los atentados en Europa, considero a los servicios secretos israelíes totalmente capaces de haberlos arreglado ellos mismos. Todos los servicios secretos del mundo son capaces de ello. Pero muy particularmente, los servicios israelíes.

El asunto del automóvil cargado con explosivos en París, en la calle Cardinet, me parece especialmente oscuro desde este punto de vista.»

Y para terminar decir que de los tres terrorismos, y siguiendo el consejo papal, tanto el individual como el grupal, deben ser descartados porque si no seríamos muy ingenuos para suponer que los terroristas abatidos por la policía francesa para que no quedaran testigos peligrosos, fueron los responsables ideológicos de los atentados.

Nos queda entonces el terrorismo de Estado, y de ellos hay dos países que han demostrado ser maestros en su ejecución, y evitar aparecer como los responsables: EE.UU. de América y el Estado de Israel.

Notas

[1] Naeim Giladi. Ben Gurion’s Scandals. How the Haganah and the Mossad Eliminated Jews. A Sandellon Books Publication. Tempe, Arizona, 2003.

[2] Bruno Cardeñosa. 11-S, Historia de una infamia, las mentiras de la «versión oficial». Ediciones Corona Borealis. Madrid. 2003.

[3] Buscar en internet www.theguardian. Y encontrar en la fecha del 13 de setiembre de 2001, la lista de comandantes, azafatas y pasajeros, si es que luego de tanto tiempo no han sido borradas. Yo tengo impresas esas páginas de las listas de los 4 aviones.

[4] Diario Clarín, 12 de setiembre de 2001.

[5] http://www.nodo50.org/csca.   Demanda presentada ante la Juez de Instrucción, Sophie Huguet, de Bélgica, por 23 personas, 15 de nacionalidad palestina y ocho libanesas, constituidas como parte civil demandante, contra Ariel Sharon (actual primer Ministro de Israel), Amos Yaron (en la actualidad, cargo en el ministerio de Defensa de Israel) y otros responsables israelíes y libaneses de las masacres, torturas, violaciones y desapariciones de entre 1.000 y 3.500 civiles -niños, ancianos y mujeres, en su mayoría- que tuvieron lugar entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982 en los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, situados en la periferia sur de Beirut (Líbano).

La demanda fue presentada el pasado 18 de junio y ha sido admitida a trámite por el Juzgado de Instrucción belga, que ha ordenado la puesta en marcha de una investigación. Los abogados defensores son Luc Walleyn, Michaël Verhaeghe (de nacionalidad belga ) y Chibi Mallat (de nacionalidad libanesa.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.