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2018 y la ola de calor

Fuentes: REbelión

Este verano boreal ha sido uno de los más calurosos de la historia registrada, como lo señala la revista británica especializada Carbon Brief (2018-07-26 » Media reaction: The 2018 summer heatwaves and climate change»), recopilando datos. En 2018, el sur de Inglaterra padeció el mes de junio más seco desde 1925. Y el norte de […]

Este verano boreal ha sido uno de los más calurosos de la historia registrada, como lo señala la revista británica especializada Carbon Brief (2018-07-26 » Media reaction: The 2018 summer heatwaves and climate change»), recopilando datos.

En 2018, el sur de Inglaterra padeció el mes de junio más seco desde 1925. Y el norte de Inglaterra, normalmente más frío, tuvo los peores incendios forestales en muchos años. Ese fin de junio trajo otra noticia peor. En Quriyat, ciudad de Omán en la península arábiga, hubo un período de 24 horas en el cual la temperatura no bajó de 42,6ºC. Esta es la más alta temperatura mínima jamás registrada en la Tierra. Hasta la lejana Siberia, la refrigeradora rusa famosa por ser la zona de destierro de los disidentes desde las épocas de los zares, ha empezado a calentarse más y más cada verano.

Y llegó julio. Temperaturas récord: Denver en Colorado (40,5ºC), Chino en California (48,91C), Montreal en Canadá (36,6ºC), Belfast en Irlanda del Norte (29,5ºC), Glasgow en Escocia (31,9ºC) y Yereván en Armenia (42ºC). El 5 de julio la estación meteorológica de Ouargla del desierto del Sahara, Argelia, registró una temperatura máxima de 51,3ºC. Esta podría ser la mayor temperatura registrada en África. El récord anterior no es muy creíble: 55ºC, en Kebili, Túnez, 1931. El 23 de julio, Japón informó que había registrado el día más caluroso de su historia en Kumagaya, a 65 km de Tokio, alcanzando 41,1ºC. Hubo 77 muertos. Esos días murieron 91 personas en incendios forestales en Grecia.

El profesor Myles Allen de la Universidad de Oxford aseguró que la causa de esta ola de calor es humana. El investigador estatal británico Peter Stott advirtió que, a menos que se reduzcan en forma drástica las emisiones de dióxido de carbono (CO2), estas temperaturas serán las normales de aquí a 30 años.

Muchos de los cambios observados desde 1950 no tienen precedentes en los registros climáticos con instrumento, realizados desde mediados del siglo XIX más los registros paleo climáticos en el suelo, que se extienden cientos de miles de años atrás.

Hartmann, Dennis L.; Klein Tank, Albert M.G; Rusticucci, Matilde (2013, Observaciones: Atmósfera y Superficie, p. 198, Reportes) dan evidencias del calentamiento global de múltiples e independientes indicadores climáticos, desde la atmósfera hasta las profundidades de los océanos. Cambios de temperatura superficiales, atmosféricos y oceánicos; glaciares; capas de nieve; hielo oceánico, nivel del mar y vapor de aire en la atmósfera. Científicos de todo el mundo han verificado varias veces y de manera independiente esta evidencia.

Los que creen que este es solo un problema tecnológico van a estrellarse contra la cruel realidad. Estamos ante una crisis civilizatoria y esta solo se resolverá con un plan multidisciplinario. Las desigualdades sociales, el crecimiento sin control del capitalismo, están recalentando el entorno como se recalentó un día la planta atómica de Chernobyl. El estallido detendrá el mundo. Ya no se trata de escoger entre ilimitado crecimiento o prosperidad sin crecimiento. Ahora la opción es elegir prosperidad sin crecimiento o resignarse a un retroceso mortal. El colapso de la civilización causaría millones de muertos por los impactos inmediatos y cantidades mayores por las consecuencias, como inundaciones, hambrunas y más.

Ahora bien, si la mayor causante del acelerado calentamiento global es la emisión total de CO2 a la atmósfera, conviene revisar esas cifras. Porque las emisiones han sido crecientes en el tiempo, con una tendencia marcada hacia arriba. Además, lo más importante, entre países emisores hay una disparidad; en general, a más desarrollo y riqueza, hay mayor contaminación.

Las emisiones de CO2 se miden en toneladas métricas per cápita (TMp/c). En 1960, la situación era diferente a la actual. China apenas emitía 1,2 TM p/c, aunque era más del doble que Corea del Sur, 0,5. El pequeño Japón duplicaba las emisiones chinas, pues emitía 2,5. La Unión Europea emitía 5,8, más del doble que Japón. Pero Estados Unidos emitía 16 TMp/c de CO2 a la atmósfera; es decir, más que todos los países mencionados. El mundo en promedio emitía 3,1 TMp/c de CO2. De acuerdo a los últimos datos disponibles, China, el principal emisor global, ya ha alcanzado la elevada cifra de 7,5, superando a la Unión Europea, que emite 6,4, pero sin alcanzar todavía a Japón, que ya está en 9,5. Corea del Sur ya llega a 11,6 y Estados Unidos, 16,5. El mundo en promedio: 5 TMp/c.

Si vemos la tasa de crecimiento de estas emisiones de los mayores contaminantes por la década que más crecieron sus emisiones, tenemos estos resultados. China entre 2001 y 2010 tuvo una tasa de 9,4. Europa 1961-1970, tasa 4. Japón 1961-1970, tasa 11,4. Corea del Sur 1961-1970, tasa 12,9. Estados Unidos 1961-1970, tasa 2,8. Mundo 1961-1970, tasa 2,6 toneladas métricas de CO2 per cápita. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que esta medida de emisión es per cápita, pero resulta que entre 1960 y ahora la población mundial pasó de 3.000 millones a cerca de 7.500 millones, más del doble.

Las cifras en el papel son frías, pero el calentamiento global, si se siente en todo el mundo, y se sentirá más en los próximos años.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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