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América Latina entró en la pandemia como una de las regiones con mayor desigualdad del planeta. Como gran parte del resto del mundo, saldrá de ella más empobrecida y con una desigualdad todavía peor.

La regulación de los impactos de las actividades de las empresas transnacionales sobre los derechos humanos ha sido una cuestión central en la agenda de las instituciones internacionales y los organismos multilaterales en la última década. Cómo avanzar en el establecimiento de mecanismos para controlar los abusos cometidos por las grandes corporaciones en el marco de su expansión global, que pueden encuadrarse en una dimensión socioeconómica pero que también adquieren notable importancia en términos políticos, jurídicos culturales y ambientales, se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la comunidad internacional.

¿Qué implicaciones tendrá la resolución sobre la diligencia debida de las empresas en relación con los derechos humanos que acaba de aprobar el Parlamento Europeo? ¿Es una buena noticia?

– «La Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció, el 28 de julio de 2010, que el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial»

Un shock exógeno como lo es una pandemia nos provee de un desafío natural, que afecta a todos los países sin distinción, y nos permite observar cómo los lideres confrontan la prueba en tiempo real.

28 personas murieron el 8 de febrero en un taller textil clandestino en Tánger. Las grandes multinacionales del sector que subcontratan estas instalaciones han anunciado más inspecciones y firmado acuerdos de “responsabilidad social”. Pero la tragedia se repite a cada tanto, porque no son accidentes: es un modelo basado en la explotación de seres humanos.

Para un debate útil y necesario, una propuesta rigurosa y viable, incluso para la ortodoxia.

Un artículo escrito por los economistas Thomas Piketty, Cristina Narbona, Nacho Álvarez y Steve Keen, al que se han sumado unos cien economistas más, publicado en siete importantes periódicos europeos, ha removido un tema que, hasta ahora, era considerado un anatema en el campo de la economía aplicada y del pensamiento económico: la deuda pública y su reestructuración, en el marco de la eurozona. Este espacio económico, con unión monetaria pero sin unión fiscal, tiene, en el terreno de las deudas públicas y sus consecuencias, una realidad compleja: los países menos desarrollados, los del sur de Europa, se encuentran constreñidos por la existencia de una moneda sobrevalorada. A esto deben añadirse factores internos, de estructura productiva, que infieren a su vez déficits externos.

Profesores de las universidades de Sussex, Princenton, Carleton y Exeter han publicado una carta que invitan a firmar

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