No contento con el ataque armado a Venezuela y el intento de intimidación de otros países de la región que procuran algún grado de autonomía frente al poder imperial ahora los brulotes del presidente de Estados Unidos se han dirigido sobre todo contra Cuba. Se impone contrarrestar cualquier propósito de agresión.
Donald Trump ha proferido múltiples amenazas contra la tierra de Fidel Castro en los últimos días. La primera adquirió forma de profecía. Afirmó que el sistema cubano se iba a caer solo por efecto del bloqueo norteamericano y de la crisis que sufre, que abarca carencias de servicios básicos para la población y los procesos productivos.
Ahora ha redoblado la apuesta. Uno de sus anuncios ha sido que Cuba no recibirá más petróleo venezolano. Y especificó que tampoco dinero por ningún concepto, “¡cero!” Agregó la acusación de que la isla ha explotado de algún modo al país petrolero por prestarle ciertos servicios.
Entre ellos los de seguridad para el anterior presidente, Hugo Chávez y el actual, Nicolás Maduro. Se vanagloria así de la masacre que sus tropas hicieron sobre los custodios cubanos que protegían a la pareja presidencial.
Tildó también a los cubanos de “matones y extorsionadores que los mantuvieron secuestrados (a los venezolanos) durante tantos años.” Que alguien del grado de megalomanía, declaraciones y actos brutales y autoritarismo como Trump acuse a nadie de matonismo y extorsión resulta un absurdo de proporciones.
Lo que salta a la evidencia es la continuidad del propósito estadounidense de quiebre de la relación de cooperación y solidaridad entre los dos países. Hacerles pagar a ambos las décadas de pronunciamientos y acciones antiimperialistas. Y el espíritu antiimperialista e internacionalista que cubanos y venezolanos han difundido por el continente.
Se agrega, en lugar prominente, el objetivo de generar un colapso en la isla a partir de la privación a Cuba de toda posibilidad de auxilio internacional.
Luego pronunció una amenaza más directa. Incitó a la isla de la revolución a hacer algún tipo de acuerdo. «Recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE».
No expresó de qué tipo de pacto se trataría. Tal vez el presidente estadounidense acaricie el propósito de intimidar a Cuba y reducirla por esa vía a la subordinación. Una que incluya el abandono del proceso revolucionario y sus propósitos socialistas de modo definitivo.
En el transcurso de las mismas horas reprodujo un mensaje que propiciaba que el secretario de Estado Marco Rubio se convierta en presidente del país. Agregó “¡Me parece bien!” Un sueño yanqui a carta cabal. Que un dirigente que proviene de la comunidad cubana del sur de Florida se haga cargo del gobierno. Claro, sería una clausura más que triunfal para el imperio de 67 años de una revolución con objetivos socialistas.
La imaginaria coronación de más de seis décadas de hostigamiento continuo. El que incluyó una invasión; la amenaza de bombardeo con misiles nucleares, sabotajes a la producción agraria y otros sectores de la economía, numerosas tentativas de asesinato de Fidel Castro por parte de la CIA y otras agencias, la subvención de los contrarrevolucionarios de adentro y de afuera del país. Y por supuesto, el bloqueo comercial más largo de la historia.
La respuesta
El Estado cubano no se demoró en la contestación al colmo de la prepotencia lanzado por el mandatario con ínfulas de emperador.
El presidente Miguel Díaz Canel se manifestó en twitter: “Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por EE UU hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre».
Así exterioriza propósitos que el país de la revolución sostiene desde enero de 1959, cuando los guerrilleros del movimiento 26 de julio entraron en la Habana. Consumaban así la derrota de una dictadura. La que se sustentaba en un cuerpo mercenario creado bajo el amparo de EE.UU.
En Cuba es más que sabido que la potencia del norte nunca soportó que una sociedad optara por el socialismo y las concepciones marxistas a 90 millas (145 kilómetros) del sur de Florida. Su supervivencia fue una permanente derrota para el imperio.
Tampoco le resulta tolerable que allí se haya generalizado la alfabetización y la salud mientras se expropiaron las propiedades estadounidenses en la isla.
Otra espina clavada en el costado es que hayan partido muchas veces desde Cuba tropas que enfrentaron a los servidores directos o indirectos de la potencia hegemónica. Como en el combate triunfante de Angola contra el régimen del apartheid sudafricano.
La cara siniestra de los sueños “americanos”
Hoy Trump, Rubio y sus adláteres creen estar ante la oportunidad de cavar la tumba de la revolución, el socialismo y el internacionalismo en el continente. Podrían ser sus instrumentos la provocación de un derrumbe interno o, más seguro para ellos, una agresión militar.
No la tienen nada fácil. Para el pueblo y el gobierno cubanos sería una terrible afrenta y un desastre nacional que su país volviera por una u otra vía al sometimiento. Similar al que padeció desde la precaria independencia bajo “protectorado” yanqui de fines del siglo XIX hasta el triunfo de los “barbudos” encabezados por Fidel, el Che y Camilo Cienfuegos.
Seguro que no es una metáfora inconducente el designio proclamado de “defender a la patria hasta la última gota de sangre”. Y que los isleños saben que no sólo se jugaría la suerte de su patria sino la del antiimperialismo en todo el continente. Allí están las tradiciones de José Martí y Julio Antonio Mella, entre otros luchadores por un país libre de la dominación extranjera.
Los caminos de la solidaridad
Lo que resulta insoslayable es que no cabe tener una actitud de espectadores frente al avance envalentonado del imperio en declive. El que pretende reconstruir su predominio a puro uso de la fuerza.
Después del atropello del sábado 3 Trump ha lanzado sus invectivas sobre Colombia y México además de Cuba. Acaso no tarde en hacer algo similar con Brasil. Todo país que se aparte del “modelo” encarnado en Javier Milei, Daniel Noboa o José Antonio Kast podría estar en riesgo.
La respuesta imperiosa es la solidaridad internacional activa. El antiimperialismo incondicional. La condena sin vueltas a las agresiones guerreristas. Las que cometen el genocidio en Gaza. Las que bombardearon a Irán. Que atacaron a Venezuela y secuestraron a su presidente. Es imperativa la lucha para que no ocurra con Cuba revolucionaria algo similar.
Deben tomarse todas las vías de acción posibles. Repetir una y mil veces la consigna de que las manos del imperialismo se mantengan fuera de todos nuestros países. Y articularse con las protestas que se desarrollen en todo el mundo y en particular dentro de Estados Unidos.
Al repudio contra el amo debe unirse la condena a sus seguidores. Como argentinas y argentinos nos toca también el sostenimiento de la lucha contra el gobierno de Milei, campeón en el respaldo en todos los campos de los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos.
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