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Introducción a la nueva edición del libro

Otra Extremadura: de los belloteros al ibarrismo

Fuentes: Rebelión

Introducción a la nueva edición

Hace algo más de cinco años veía la luz el libro Otra Extremadura. Para sorpresa de propios y extraños -también para mí- la publicación nacía recibiendo una calurosa acogida. Una modesta e irreverente gavilla de escritos críticos sobre la historia contemporánea de la región conseguía burlar el sólido cerco de ninguneo y ostracismo.

La aceptación del libro obedecía, en mi opinión, sobre todo a dos razones. La primera era su vinculación con las luchas que los movimientos populares habían protagonizado en los últimos años, con el terremoto social que abrió el 15M. Durante la década de 2010 y especialmente en el período 2011-2016 tuvo lugar un extraordinario proceso de toma de conciencia política. La revuelta de las plazas, las plataformas contra los desahucios de vivienda, las mareas en defensa de la educación y la sanidad públicas, las Marchas de la Dignidad, toda una pléyade de movimientos transformaban la crisis económica en profunda crisis política. Y, al tiempo que desbarataban los consensos aparentemente intocables del régimen del 78, reconstruían la genealogía del pueblo insumiso, retomaban el legado de luchas y tentativas de las generaciones anteriores en las que arraigar los nuevos afanes de transformación. “El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate”, señalaba Walter Benjamin. Así, los movimientos rescataban del “lóbrego sótano del olvido” algunos de los referentes prohibidos, cancelados o silenciados por el poder durante décadas. Matilde Landa, las Sin Sombrero, Luisa Carnés, las huelgas de alquileres de la República, las Brigadas Internacionales, la Desbandá de Málaga, las luchas del maquis, Marcos Ana, los cinco últimos fusilados del franquismo en 1975, son sólo algunos de las figuras y acontecimientos que emergerán con una renovada fuerza, que cobrarán una nueva vida.

En Extremadura ese proceso adquiría también una vitalidad propia, específica. De los Campamentos Dignidad y de otras luchas hermanadas a ellos nacía el movimiento 25 de Marzo. “Como las flores vuelven su corola hacia el sol, así también todo lo que ha sido, en virtud de un secreto heliotropismo, se empeña en volverse hacia el sol que está por salir en el cielo de la historia” 1. El secreto girasol de la historia de los oprimidos, del que hablara Walter Benjamin, se volvía en Extremadura orientándose hacia un acontecimiento crucial, las ocupaciones campesinas del 25 de Marzo de 1936. Ese día había tenido “siglos de rumia”, como escribió Víctor Chamorro, representaba el hecho diferencial de la región y condensaba, como una portentosa imagen dialéctica, la historia de Extremadura, lo mejor de su épica de conciencia y rebeldía 2. El libro Otra Extremadura nacía incardinado en ese arranque de coraje de los movimientos, en la voluntad de recuperar la memoria más digna de nuestra tierra.

La segunda razón que explicaría la recepción de la obra sería la casi total ausencia en ese momento de materiales críticos sobre la historia más reciente de Extremadura. En el conjunto del país se había generado una copiosa producción bibliográfica que cuestionaba la transición y el Régimen del 78 y, sin embargo, en Extremadura se producía un estrepitoso vacío. El ibarrismo, la genuina encarnación extremeña del Régimen del 78, permanecía casi completamente indemne a la revisión crítica.

En el origen de esta carencia de una elaboración cultural incómoda para el poder que ha gobernado la región durante las últimas cuatro décadas se encuentran, sobre todo, tres factores: un omnipresente y capilar clientelismo, el estrecho vínculo político de las élites políticas, mediáticas y universitarias, y la debilidad de la industria editorial en la región. El historiador Juan Andrade, refiriéndose específicamente a la “poca producción historiográfica” sobre la Transición en Extremadura, apuntaba a una causa objetiva muy importante, íntimamente relacionada sobre todo con los dos primeros factores apuntados; una causa explicativa que podría extenderse con más sentido aún al periodo de la administración autonómica, iniciado en 1983: “Nos referimos al hecho de escribir la historia de personas no solo vivas, sino activas en la vida pública. Quienes escriban esa historia con rigor y sentido crítico se encontrarán con el estímulo y el enriquecimiento que supone el hecho de que te aporten, te corrijan o te contradigan los muchos protagonistas de esa época. Quienes así lo hagan se encontrarán a ciencia cierta con los obstáculos, el silencio o el silenciamiento de aquellas personas de la época que, disfrutando hoy de alguna posición de poder político, mediático o académico, se sientan cuestionadas en el relato. Dialogar con los primeros y no ceder ante los segundos será necesario para escribir una buena historia de la transición en Extremadura” 3.

Cuando se habla de clientelismo se tiende a pensar que esta forma de dominación, basada en la manipulación selectiva y estratégica de las necesidades y los recursos públicos, así como en la metamorfosis de los derechos en favores, es exclusiva o prevaleciente sobre todo entre los sectores más empobrecidos o desprotegidos, y que en lo fundamental hace referencia a asuntos tales como el malhadado Plan de Empleo Rural (PER) o la concesión de las rentas mínimas de inserción. Craso error, porque el clientelismo constituye una práctica común en otros muchos estratos sociales y campos de actividad. El reparto de las subvenciones a empresas privadas o la distribución de la publicidad institucional entre los medios de comunicación son dos buenos -y onerosos- ejemplos de ello. Otro tanto ha ocurrido y ocurre en la relación del poder político con el mundillo cultural en Extremadura.

La arbitrariedad, el premio a los sumisos y la persecución del pensamiento crítico han sido la norma no escrita, también durante los años de la administración autonómica. El maltrato a Víctor Chamorro, las zancadillas al libro La columna de la muerte, de Francisco Espinosa, el atropello a Carlos Saura y Reyes Mate a cuento de la película El séptimo cielo, el acoso laboral a Luz Rueda, las villanías contra Marino Barbero, Carlos Benítez, Manuel Pecellín o Ginés Salido, las amenazas y el desdén a artistas y compañías como Extremoduro, El lince con botas, Suripanta o Bebe. Son sólo algunos nombres, entre los más conocidos, de la extensa nómina que ha probado la fusta del clientelismo, el castigo que han recibido muchos de aquellos que han osado cuestionar o no se han sometido a las directrices del poder político en Extremadura. La periodista Manuela Martín, que también sufrió esa saña de los mandarines contra quienes se atrevían a discrepar en público, lo expresaba con perspicacia en un artículo publicado en 1997, que llevaba por título El lujo de la libertad de expresión, escrito al hilo de la demanda judicial presentada por el consejero de Cultura, Francisco Muñoz contra el escritor Jaime Álvarez Buiza. La denuncia fue presentada y desestimada por dos veces, pero pagada con el dinero de todos los extremeños, claro. También por aquellas fechas el grupo catalán de teatro Els Joglars representaba en Cáceres y Badajoz la obra Ubú president, “una delirante y deliciosa sátira sobre el poder personificada en Jordi Pujol”. Manuela Martín ponía en relación ambos hechos y reflexionaba de esta manera: “Me pregunté si en Extremadura sería posible representar una obra tan ácida hacia Rodríguez Ibarra; me contesté a mí misma que no (…) En Extremadura el espacio para la crítica es mucho más reducido de lo deseable. A Francisco Muñoz no le cuesta un duro esa derrota (…) La demanda cumple así una función de aviso a incautos”. La periodista terminaba preguntándose: “¿Es que alguien piensa que la libertad de expresión se ejerce contratando a Els Joglars y riéndonos todos mucho cuando satiriza a Pujol? ¿Qué pasa cuando alguien satiriza a Francisco Muñoz? ¿O a Rodríguez Ibarra? ¿Miramos para otro lado y lo apuntamos en la lista de los apestados?” 4.

Salvo honrosas excepciones, el relato cultural dominante, y en particular el académico, ha sido funcional al discurso y a los intereses del ibarrismo y del bipartidismo. Juan Andrade, de nuevo, viene en auxilio de nuestro análisis. El joven y lúcido historiador extremeño, refiriéndose a la obra de Josep Fontana subrayaba “un empeño que sostuvo durante buena parte de su carrera: desentrañar y visibilizar la tramoya institucional, política y financiera que hay detrás de muchas representaciones académicas. Partía de la idea de que la Historia no surge solo de la mente autónoma de los historiadores, sino que para escribirse y divulgarse ha requerido de una infraestructura de financiación y promoción editorial, de cobertura mediática y de reconocimientos en forma de reseñas, cátedras y premios” 5. La tramoya institucional, política y financiera de la Junta de Extremadura, de las Diputaciones provinciales o de los diarios de la región ha trabajado a conciencia a favor de una historia dócil, complaciente con el poder, cuando no directamente apologética. El historiador inglés Edward H. Carr, que conocía bien el paño, decía que “cuando se lee un libro de historia, hay que estar atento a las cojeras” de los autores, que hay que estudiar “al historiador antes de ponerse a estudiar los hechos”. La mayoría de la corporación histórica en Extremadura ha cojeado y sigue cojeando en afinada armonía con quienes disponen en los predios de la política. La pertenencia de Enrique Moradiellos -uno de los principales y más prestigiosos referentes de la Facultad de Historia en la UEX- a la Fundación Juan Carlos Rodríguez Ibarra (Fundceri), en su condición de patrono, es un indicio significativo de esa ósmosis entre el poder político y el universitario en Extremadura.

Y sin embargo se mueve: una nueva generación insumisa en Extremadura

Y, sin embargo, se mueve. A pesar de todo, de los viejos y de los nuevos caciquismos, del veto frecuente en los medios de comunicación, de los aparatos que trabajan para capturar los afanes de lucha y para sembrar resignación, a pesar de la nueva sangría migratoria que expulsa de Extremadura a miles de jóvenes. A pesar de todo ello, otra visión sobre la historia reciente y el futuro de la región se está poniendo en pie. Frente al cuento rancio de la Extremadura tierra de conquistadores, nostálgica de imperios y fantasías heroicas, ensimismada en Yuste y Guadalupe. Y también frente a la narración tramposa del progreso, que pretende hacer pasar por modernidad lo que no es sino un nuevo expolio de recursos naturales, una plaga de minas y macro-proyectos que constituyen de facto la tercera colonización energética de Extremadura. Una nueva generación contestataria ha irrumpido en la última década, liberada de los compromisos de la Transición y ha comenzado a reivindicar un relato histórico y un porvenir alternativo para Extremadura.

El 25 de Marzo es una hidra de mil cabezas”, afirma Eugenio Romero (Yuyi), agricultor ecológico y biólogo, investigador y militante del movimiento. “Porque no es sólo la petición del día oficial de Extremadura. Va mucho más allá. Es un movimiento por la dignidad del pueblo extremeño”. Un movimiento que, como explica Yuyi, “está sembrándose en nuestros pueblos en multitud de formas. A través del teatro, radio, televisión, manifestaciones, conciertos, música, poesía, sindicalismo de clase, deporte, calles, esculturas….”.

El 25 de Marzo es la fecha central, el imán de las otras rebeldías omitidas, el pico más alto de un sistema montañoso denso, plural, que remite a otra historia de Extremadura. El atleta Álvaro Martín contribuyó vigorosamente a popularizar el emblema reclamando esa fecha como día de la región al recoger la Medalla de Extremadura en 2024. Pero otros muchos, también jóvenes, han expandido o están expandiendo esa semilla subversiva. Millanes Rivas, con su hermosa novela Paisaje nacional; Abel Jaramillo con proyectos artísticos como el de “No habrá lugar allí para ninguno”; historiadores jóvenes como Carlos Sagüillo, Candela Chaves, Guillermo León o Teresa Fernández; periodistas como Maria Ángeles Fernandez, Jairo Marcos, Eduardo Muriel, Manu Pérez, Inma Montero o Diana Calderita, dando visibilidad al acontecimiento; El Lince con Botas, homenajeando a Víctor Chamorro y difundiendo la obra de teatro que este escribiera sobre la epopeya campesina; Producciones Morrimer con su extenso y sólido documental Hambre de tierra; José Iglesias García-Arenal, con sus documentales y exposiciones sobre las memorias sumergidas y las políticas extractivistas del presente; cantautores, grupos de música y asociaciones como Víctor Asuar, La Canchalera, Ramoninos, Vila.Mc_Yeuh, Eme Pozo y Dejota Rafy, Jueves Negro, Asina, Jay Martín, Natacha, A Garulla, Kalerizo o Bellota Rock; o la afición de varios equipos de fútbol regionales como el C.F. Piornal o el C.D. Azuaga mostrando pancartas en sus partidos en apoyo a la fecha.

La revolución campesina de Extremadura ha salido definitivamente de la clandestinidad. Ya no ha de mencionarse, como durante décadas, casi a hurtadillas. Su visibilidad se acrecienta hoy en todas las publicaciones que abordan la II República en Extremadura 6. Pero la recuperación de un pasado que opere como motor de conciencias no pasa sólo por el 25 de Marzo, la II República o la represión en la postguerra. Ni pasa sólo por la Historia. La reivindicación de la memoria democrática, la historia crítica y las luchas de los movimientos sociales recientes: esa es la intersección en la que está forjándose una visión alternativa de la historia contemporánea y del futuro posible para Extremadura. Una visión que no habla sólo en términos de víctimas y victimarios, sino también de enseñas que apuntan a la transformación revolucionaria del presente. Que vuelve a cuestionar el latifundio, que resalta la importancia de la organización y del tejido comunitario de las clases populares, que afirma una identidad abierta y sin complejos, con raíces campesinas, rebeldes y emigrantes.

Una corriente crítica, tanto en el campo histórico como en los movimientos sociales, que protagonizan fundamentalmente investigadores y militantes jóvenes. Que engarza con el legado de grandes historiadores como Víctor Chamorro o Francisco Espinosa, con libros colectivos como Extremadura saqueada, con el trabajo tenaz durante décadas de Moisés Cayetano sobre la emigración o la Revolução dos Cravos, o con otras obras fundamentales sobre la economía extremeña, el mundo campesino o la represión franquista 7. Los libros y ensayos de David Conde sobre el hambre en la postguerra, de Chema Álvarez sobre la Extremadura anarquista o de Sergio Riesco y Francisco Jiménez sobre el Plan Badajoz son ejemplos de esa nueva vitalidad del pensamiento crítico en el campo de la historiografía extremeña 8.

Por su parte, los movimientos populares en Extremadura han jugado un papel fundamental, alentando la investigación, la divulgación histórica, organizando debates y movilizaciones, generando conciencia y redes comunitarias. Y a veces señalando hitos, despreciados o menospreciados en la historia oficial 9. Un buen ejemplo de ese papel motriz de los movimientos es la Marcha de la Columna de los 8000, una iniciativa que ya en sus dos primeras ediciones en 2024 y 2025 ha sido capaz de reunir, en cada ocasión, a más de mil personas.

Pero, como decíamos, la memoria histórica es mucho más que el recuerdo de la II República o la denuncia de la represión en la postguerra. La importancia de la guerrilla en Extremadura, el recuerdo de la tragedia obrera en la presa de Torrejón, la elaboración de un documental que relata la caída del 73 -que supuso la detención de 160 militantes comunistas-, o la reivindicación de lo que fue el gran movimiento contra la Central Nuclear de Valdecaballeros , son algunos ejemplos de esa otra orientación que avanza día a día. Una memoria no entendida sólo como digno entierro o patrimonio familiar. Una memoria de las luchas emancipatorias del pasado, como señalaba Enzo Traverso, “estratégica”, orientada hacia el futuro, que “a diferencia del humanitarismo hoy dominante, que sacraliza la memoria de las víctimas y en su mayor parte pasa por alto o rechaza sus compromisos”, percibe las tragedias y la batallas del pasado también como “una promesa de redención” 10.

Mención especial merece lo relacionado con la memoria y la identidad emigrante extremeña. La película El 47 ha supuesto un aldabonazo, una muestra de cómo la revisión de la historia reciente puede convertirse en una extraordinaria herramienta de conciencia social y política. Y para los extremeños representa también un emplazamiento, un recordatorio de cuánto queda por contar de nuestra realidad y nuestra historia. Los Santos Inocentes –una novela escrita por un castellano, Miguel Delibes, y una película dirigida por un cántabro, Mario Camus- plasma de manera magistral la humillación y la opresión del campesinado tras la guerra civil y durante las décadas de los 50 y 60 del siglo XX. Sin mencionarlo expresamente esa obra describía como ninguna otra el mal extremeño, el latifundismo y las relaciones de dominación más descarnadas. Los centenares de miles de extremeños en la emigración vieron retratados en aquellas dehesas, en Paco el Bajo, en Régula, en Azarías y en el Señorito Iván la realidad que les había expulsado de su tierra. El 47 ha constituido otro enorme mazazo en la conciencia colectiva, al contar lo que vino después de aquella gigantesca “estampida” -como le llamó Moisés Cayetano-, de aquel “genocidio programado de un pueblo diseñado desde los despachos”- como escribió Víctor Chamorro- que supuso la emigración de más de 700.000 extremeños.

En el sufrimiento y la lucha constante de Manolo Vital -el emigrante extremeño que, literalmente, crea con otros muchos paisanos y emigrantes de otras comunidades, un barrio nuevo, arrancándole un trozo de ciudad al monte- se condensa el sacrificio, la fraternidad y el coraje de la Extremadura de la diáspora. Los otros extremeños. Que no fueron sólo mano de obra en Cataluña, el País Vasco o Madrid, sino vanguardia de la lucha por la libertad y los derechos sociales. Que estuvieron en primera línea de las luchas vecinales y obreras en los años 60, 70 y 80. Que sintieron la humillación y -como cantaba Labordeta- “la rabia que produce abandonar lo que se ama”. Que no perdieron la conciencia de clase ni la sabiduría elemental de que la lucha es siempre el único camino posible para los de abajo. Todo eso se expresa en la película, más allá de que exista en ese relato una injusticia notable, la de soslayar la militancia comunista del personaje.

La historia de la Extremadura emigrante está aún por contar. Hubo muchos Manolos Vitales. Manuel Fernández Márquez, asesinado en una huelga en Sant Adrià de Besòs en 1973; Juan Paredes Manot, Txki, fusilado el 27 de septiembre de 1975; Romualdo Barroso, una de las cinco víctimas en la matanza del 3 de Marzo de 1976 en Vitoria. Y junto a ellos miles, decenas de miles de extremeños emigrantes en las asociaciones de vecinos, en los sindicatos, en los movimientos por la educación o la sanidad pública, o en los partidos obreros 11.

Suerte la tuya de poder vivir (d)onde naces.

Muchas las flores que se mueren al no regarse.

To (dos) los domingos de vuelta a las capitales” 12

Así cuenta Sanguijuelas del Guadiana, un grupo de jovencísimos músicos de Casas de Don Pedro, el sentimiento de pérdida de los nuevos emigrantes de Extremadura. Miles de jóvenes que tienen que seguir abandonando su tierra para estudiar y trabajar. La sangría que no cesa, el sinsentido al servicio de un sistema irracional que saquea y maltrata a territorios como Extremadura. Unir El 47 y Sanguijuelas del Guadiana, la emigración de los sesenta y la de ahora, transformar en revuelta la dignidad y la esperanza que expresan. Esa es la memoria necesaria, la memoria-catapulta de la que hablaba Eduardo Galeano y la que anima este libro.

Una memoria, claro está, trabada también con la cultura crítica, con los espacios comunitarios y con las luchas de los movimientos sociales 13. En los últimos años se ha ido generando un magma inconformista de movimientos y movilizaciones que desafían al poder político. Entre esos nuevos movimientos destacan quienes denuncian la colonización energética y el extractivismo creciente. Entre ellos sobresalen las plataformas contra las minas de Cáceres, Cañaveral, Olivenza-Alconchel, Sierra de Gata o Campiña Sur; contra las plantas de biogas en La Coronada o en Oliva de Plasencia; o por la defensa del territorio en las comarcas de Villuercas y Montánchez. Una haz de colectivos que rechaza la política esquilmadora del gobierno central y de la Junta de Extremadura, un latrocinio que amenaza con contaminar y empobrecer aún más nuestra tierra 14.

El surgimiento del Sindicato 25 de Marzo, la huelga general en el campo en junio de 2022, la organización de piquetes y luchas en sectores precarizados como la hostelería, la ayuda a domicilio o el telemárketing, hace también presagiar el desarrollo de un sindicalismo combativo. También cabría señalar, entre lo más destacable de los últimos años, la constitución de la plataforma Extremadura por la Sanidad Pública, que ha llevado adelante importantes movilizaciones contra la privativatización y degradación del sistema sanitario. Y en los dos últimos años, ha tomado cuerpo un importante movimiento de solidaridad con Palestina, denunciando el genocidio que está produciendo la criminal política del gobierno israelí. En definitiva, una irrupción esperanzadora de manos nuevas y jóvenes que pugnan por poner en pie otra Extremadura.

Una edición corregida y ampliada de Otra Extremadura

Sale a la luz una nueva edición, corregida y ampliada de Otra Extremadura, de manos de la editorial Utopía Libros. Y lo hace en la esperanza de que estos materiales puedan ser útiles en los tiempos por venir, en las encrucijadas que ya se adivinan.

Se trata de un nuevo libro compuesto por cuarenta textos. El anterior se encontraba ya agotado y descatalogado. En la nueva publicación se han incluido importantes modificaciones. Se han suprimido cuatro escritos cuya temática no era, en lo fundamental, extremeña. Y en su lugar se han añadido diez textos escritos en los últimos cinco años, que abordan personajes y acontecimientos de la historia contemporánea de Extremadura y responden al criterio y formato originales. Es decir, rigor y radicalidad en el tratamiento, con textos que en general se sitúan a medio camino del artículo y el ensayo, por una parte; y una construcción “impresionista” del retrato global, al modo de lo que hace el puntillismo en pintura, por otra. “Levantar las grandes construcciones con los elementos constructivos más pequeños, confeccionados con un perfil neto y cortante. Descubrir entonces en el análisis del pequeño momento singular, el cristal del acontecer total”. Walter Benjamin pensaba que ese era el método más acertado para la captación plástica de la realidad: “retomar para la historia el principio del montaje” 15. Contribuir a la construcción de un relato alternativo de Extremadura partiendo de figuras y episodios que funcionen como metonimias, metáforas o mónadas de una constelación, que sería la historia reciente de la región. Ese es el camino elegido, que se pretende recorrer con la humildad debida, sin pretensiones de exhaustividad ni de construir un discurso perfectamente articulado.

El primero de los escritos inéditos, Los belloteros, el rastro de la rebeldía, se encuentra en el capítulo que aborda el período histórico desde los albores del siglo XX a la guerra civil. El texto remite a un problema de hondísimo calado, pero muy desconocido a estas alturas por la gran mayoría de los extremeños. Los belloteros eran los jornaleros que entraban en los latifundios a recoger bellotas, leña o aceituna. Durante casi un siglo constituyó una batalla central por la supervivencia acompañada de una represión capilar a cargo, sobre todo de la Guardia Civil. Es una herida que nos habla del pecado estructural de Extremadura, del latifundio, el robo de los terrenos comunales y la desposesión de los campesinos sin tierra.

En el libro se incluyen varios artículos relacionados con la Transición. En Cuando la religión no es opio del pueblo: Manolo Pineda, además de homenajear a este veterano militante, se pondera el importante papel que jugó “la Otra Iglesia”, el cristianimo de base, en la lucha contra la dictadura en el tardofranquismo, y muy en especial en la construcción del nuevo movimiento obrero. En el artículo Manuel Linde y el SUGC se aborda otra otredad también conflictiva: los intentos de organización sindical en el interior de la Guardia Civil y su represión gubernativa. El hecho de que cincuenta años después de la muerte del dictador se mantenga el carácter militar de la Guardia Civil nos habla de las graves insuficiencias de nuestro sistema democrático.

Dos de los textos relacionados con los años del ibarrismo (El entierro de la Reforma Agraria y El Otro 92 en Extremadura: la revuelta de los agricultores) abordan la política que los sucesivos gobiernos han desarrollado para intentar sepultar definitivamente la Reforma Agraria y explican cómo se impuso una reconversión que ha acarreado el abandono de la agricultura por parte de decenas de miles de personas. El PER y la PAC han sido las dos grandes herramientas utilizadas al servicio de ese objetivo. El tercero de los nuevos artículos en este apartado, 8 de Septiembre, la larga sombra de una cacicada, analiza cómo se ha conformado el día oficial de la región y de qué modo la celebración por la que se ha optado expresa de un modo muy gráfico la articulación del bloque de poder.

En cuando a los tres escritos más vinculados al presente, uno de ellos, Iberdrola y la Junta: el capitalismo verde y sus cipayos, analiza el peso abrumador de esta gran empresa en Extremadura y su sólida alianza con el poder político. En Estampas borbónicas de Extremadura se da repaso a cuatro momentos muy representativos de la presencia e indiscutida potestad de los Borbones en la región en el último siglo. Por último, en La España vaciada: nostalgia tramposa y rebeldías por venir se abordan las consecuencias del éxodo rural y las operaciones políticas y mediáticas encaminadas a naturalizar el abandono.

Se cierra el libro con un artículo en homenaje al cantautor y poeta Pablo Guerrero, fallecido recientemente, el 30 de septiembre de 2025, cuando se cumplen los 50 años del recital en el Olympia de París, uno de los conciertos que marcarán la Transición. Pablo fue durante toda su vida un artesano de ternura y rebeldías, uno de los grandes referentes de la cultura extremeña y española, que representa como pocos la autenticidad creativa y el compromiso sereno, constante, ético y estético.

Las encrucijadas en el horizonte. Historia y memoria contra la barbarie

Vienen tiempos duros. Los malos presagios están en el aire, se otean apenas se encienden los televisores o las pantallas. El genocidio en Palestina, las danas e incendios del desastre ecológico, la manipulación algorítmica de las conciencias, la irrupción como una pesadilla de la serpiente del nuevo fascismo. Hará falta coraje e inteligencia unitaria, lucidez colectiva y valentía para ir más allá de la nostalgia o el conformismo.

La publicación anterior de Otra Extremadura nació en plena pandemia. Por entonces, los filósofos Slavoj Žižek y Byung-Chul Han sostuvieron un enconado debate. Žižek defenderá que “el coronavirus nos obliga a decidir entre el comunismo global o la ley de la jungla” y aventurará que la balanza se inclinaría hacia la primera de las opciones. Byung-Chul Han, por su parte, insistirá en que “Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia”. Desgraciadamente el filósofo coreano llevaba razón. Inocentes de nosotros, que creíamos que de aquella catástrofe podría emerger un mundo mejor.

Lo que vino después está a la vista: el capitalismo aún más desbocado, la guerra y la materialización de algunas de las distopías más agoreras. El neoliberalismo se ha convertido en sentido común, el realismo capitalista como teorizara Mark Fisher, constituye hoy “una atmósfera generalizada, condicionando no solo la producción de la cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, actuando como una especie de barrera invisible que limita el pensamiento y la acción”. El capitalismo ha demostrado su enorme capacidad de adaptación y travestismo; ahora, en palabras de Varoufakis, se ha transformado en “tecnofeudalismo”, un sistema aún más infame, un feudalismo digital gobernado por los magnates tecnológicos, por los “capitalistas nubelistas”. Las élites que habían gobernado la “globalización feliz”, la derecha liberal y la socialdemocracia, han entrado en crisis y en su lugar se produce una acometida reaccionaria “un nuevo poder tecnológico y financiero, absolutamente nuevo y ultramoderno, que piensa que puede prescindir de cualquier tipo de regla: social, jurídica y política” (Antonio di Meo).

“Hemos despertado del sueño postmoderno”, escribió Diego Doncel hace años. Vivimos “la condición póstuma, el tiempo del todo se acaba”, en palabras de Marina Garcés. Y omnipresente, reluciente, vaticinando el futuro, todo lo preside la palabra fundamental y terrible: Guerra. Europa, después de haber humillado a Grecia, se postra como un perro faldero de Trump y prepara sus presupuestos para las próximas guerras.

En España se cierra poco a poco pero implacable la ventana de oportunidad que abrieron el 15M y las Marchas de la Dignidad, asfixiados por las leyes mordaza, la usura de la vivienda, la corrupción y el malmenorismo. Y en Extremadura el nuevo gobierno del PP con el apoyo de Vox camina por donde suele y solía, profundizando la regresiva senda del ibarrismo: regalos fiscales a los más ricos, degradación de los servicios públicos, alfombras para Quirón y las universidades privadas y atropello a la memoria histórica. El caso de David Sánchez retrata la realidad de lo que ha sido y es la cotidianidad del bipartidismo en Extremadura: corrupción, abuso de poder, futuro cancelado. Los gobernantes cipayos pisan el acelerador del extractivismo, le obsequia a las grandes empresas las dehesas y los campos de Extremadura, para que los alicaten y expriman a capricho en su beneficio.

El 21 de diciembre de 2025 se han celebrado las elecciones autonómicas de Extremadura. El ascenso de las derechas en su conjunto y el fuerte crecimiento de la extrema derecha en particular hace presagiar una política más neoliberal aún, con más privatización de los servicios públicos, más extractivismo, más precaridad y más desigualdad social. Guardiola constituye de facto una aplicada discípula de la política clientelar y publicitaria del ibarrismo.

Vienen tiempos duros. Pero a veces es en ellos cuando también se sacuden las conciencias, cuando se activa el excedente de dignidad que subsiste en el género humano. A veces las clases subalternas toman el destino en sus manos y se liberan de décadas o siglos de opresión. Es el momento de las revoluciones, que constituyen, como señala Enzo Traverso, “la respiración de la historia”. A participar de ese aliento liberador, de ese fuego creador y plebeyo, es a lo que aspira este libro.

Notas:

1. Walter Benjamin (2012): Sobre el concepto de historia en Escritos franceses. Amorrortu.

2. Víctor Chamorro (2018): 25 de Marzo de 1936. Asociación 25 de Marzo.

3. Juan Andrade y Guillermo León (2021): La transición a la democracia en Extremadura: estudios y aportaciones. Editorial: Diputación Provincial de Badajoz.

4. Manuela Martín (1997): El lujo de la libertad de expresión. El origen del texto era otro artículo del poeta Jaime Álvarez Buiza, que llevaba por título “Hemorroides napoleónicas o la cultura repudiada». Diario Hoy, 28 de diciembre de 1997.

5. Juan Andrade (2019): Josep Fontana, la historia ante el espejo. Revista Nuestra Historia.

6. Entre los últimos libros sobre conflictividad campesina en la II República en los que hay referencias al 25 de Marzo:

  • Ricardo Robledo Hernández (2022): La tierra es vuestra. La reforma agraria. Un problema no resuelto en España: 1900-1950. Ediciones de Pasado y Presente.
  • José Ignacio Rodríguez Hermosell (2023): Tierra rica y caliente: proyección e imagen de la Extremadura rural en los años 30. Consejería de Cultura, Turismo y Deportes.
  • José Hinojosa Durán (2024): El Partido Comunista de España en Extremadura durante el Frente Popular : República y Guerra (1936-1939). Diputación de Badajoz.
  • Moisés Cayetano (2025): De los hombres sin tierra a la tierra sin hombres: (Hambre de tierras, luchas campesinas, reformas agrarias y migraciones en la Raya luso-española). O Pelourinho.

7. Algunas de las obras fundamentales:

  • Martin Baumeister (1996): Campesinos sin tierra. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1996.
  • Fernando Sánchez Marroyo (1992): Movimientos populares y Reforma Agraria. Diputación de Badajoz.
  • José Antonio Pérez Rubio (1995): Yunteros, braceros y colonos : la política agraria en Extremadura : (1940-1975). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
  • Francisco Espinosa (2007): La primavera del Frente Popular. Editorial Crítica.
  • Sergio Riesco (2006): La Reforma Agraria y los orígenes de la guerra civil: cuestión yuntera y radicalización en la provincia de Cáceres (1931-1940). Biblioteca Nueva.

8. Obras a las que nos referimos:

  • David Conde (2021): Hambre: una etnografía de la escasez de posguerra en Extremadura. Diputación de Badajoz.
  • Chema Álvarez (2022): Extremadura anarquista: siglo y medio de movimiento libertario, represión y contracultura. Jarramplas.
  • Sergio Riesco y Francisco Jiménez (2022): El Plan Badajoz : entre la modernización económica y la propaganda política. Diputación de Badajoz.

9. Algunos de esos hitos menospreciados y reivindicados en la Historia oficial en Extremadura: la trascendencia de la Germinal anarquista de Badajoz y del Congreso Obrero de la Torre de Miguel Sesmero; el recuerdo de los mártires extremeños del 1º de Mayo, de los jornaleros asesinados en Salvaleón (1932) y Fuente del Maestre (1934); el rescate de Pedro Rubio, el joven diputado socialista; la reivindicación del legado extremeñista de Antonio Elviro; la recuperación de figuras como Matilde Landa, Margarita Nelken o Suceso Portales; la memoria indeleble de la matanza de Badajoz y de los campos de concentración de Castuera o de Casas de Don Pedro. Todos esos acontecimientos han sido reivindicados de forma colectiva, por sindicatos y movimientos críticos de Extremadura.

10. Enzo Traverso (2016): Melancolía de izquierda. Después de la derrota. Galaxia Gutenberg.

11. Sindicalistas extremeños en la emigración, destacados en gremios y sectores como la construcción, el metal o el ferrocarril, como Paco Téllez, Víctor Santos, Manolo Pozo, Andrés Barroso, Francisco Sancho, Manuel Bravo, Fernando Cruz, Paco Farina, Manuel González de la Rubia, Francisco Peralvo, Juan Moreno o Paco Naranjo. Baluartes del movimiento vecinal como Justa Calvo Borrallo, en Vallecas. Dirigentes clandestinos antifranquistas como los hermanos Benítez Rufo. Creadoras de los primeros movimientos feministas, como Dulcinea Bellido. Escritores vinculados a los movimientos populares como Patricio Chamizo. Organizaciones promotoras del movimiento de emigrantes extremeños, como Voz Castúa y la Agrupación extremeña de Alcorcón.

12. Sanguijuelas del Guadiana (2025): Disco La revolá.

13. Cultura crítica: La recuperación de la riqueza lingüística de Extremadura a cargo de investigadores como Anibal Martín; la renovación original del folklore, fusionado con sintetizadores, de El Gato con Jotas; los montajes teatrales puestos en marcha por Eva Romero, Pedro Rodríguez, Ana Trinidad o la compañía Guirigai; asociaciones como Extremeñería, que reivindican e impulsan la promoción de la identidad y la cultura extremeñas; colectivos como AECOS (Asociación Extremeña de Comunicación Social), que fomentan una comunicación con enfoque de derechos humanos; centros sociales y espacios autogestionados como La Algarroba Negra y el Centro Social 25 de Marzo (Badajoz), La Muela (Cáceres), el Ateneo Libertario y La Enredadera (Mérida) o El Lokalino (Montijo).

14. Eugenio Romero Borrallo y otros (2024): El libro del agua: así secan Extremadura. Libros en Acción y Asociación 25 de Marzo.

15. Walter Benjamin (2005): Libro de los pasajes. Akal.

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