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Editorial AKAL

Reseña de «Fábulas del desarrollo. Franquismo y capitalismo», de Ana Fernández Cebrián

Fuentes: Rebelión

“Llaman milagro al desarrollo, pero el milagro está en el reparto”. Cartel anónimo colocado en la puerta de la iglesia de Sástago (Zaragoza)

“Cada época sueña la siguiente”. Walter Benjamin.

La autora de “Fábulas del desarrollo. Franquismo y capitalismo”, Ana Fernández Cebrián, doctora, filóloga e investigadora, se adentra en la Historia para resaltar el carácter ideológico que acompaña la guerra contra el pueblo en España y las consecuencias hasta hoy. Su observación de la instalación del régimen franquista conducido por la iglesia católica y el apoyo de EEUU es profundamente ilustrativa, los acuerdos de unos y otros para hacer el Estado nacional católico, el fascismo español, simbiótico con el imperio, fue forjándose en actos que cimentaron el camino para la marcha actual.

Fábulas del desarrollo: Franquismo y capitalismo  (Tapa blanda con solapas) 1

Si en la ONU se prohibió la entrada del franquismo, sería el imperialismo el que rescataría el régimen golpista de su aislamiento. Eisenhower no trajo el Plan Marshall, pero en 1953 las partes firmaron los Pactos de Madrid, acuerdos financieros y de defensa que habían empezado en 1950. El camino de supervivencia del régimen presentaría en poco tiempo a diferentes grupos en el poder y entregas al rescatista que alcanzaron hasta el envío de tropas a la guerra de Corea. El vuelo definitivo de la dictadura como si el desarrollo en que entraba fuese “milagroso”, se plasmó con el Primer Plan de Desarrollo Social (1964-1967). Ese tiempo fue atravesado por un discurso armado con destinos milagrosos y providenciales. El libro presenta a la España dictatorial en el orden global de la Guerra Fría, un panorama de hambre y dificultades. A continuación muestra el funcionamiento de las instituciones sociales desde las que el Estado agitaba la sociedad creando “ilusiones” para el momento, como las loterías, las rifas, la caridad y el capitalismo en marcha, con todo alimentaba los juegos y la cultura de consumo, superponiendo el “azar” a la idea de la “providencia” haciendo con ello un lugar en el imaginario social.

Después vendrían las artes a reforzar el sistema, y a los 25 años de instaurare la dictadura el cine y la Feria Mundial de Nueva York mostraron a Franco como un personaje único, a Fraga, como personajes superiores, y la guerra del fascismo español como una “epopeya”. Y en esa atmósfera se sucedieron las exposiciones de una España que nacía con los Reyes Católicos y llegaba hasta el momento como un relato “teológico del progreso”.

La propaganda se encargó de presentar a Franco primero como un salvador señalado por la divinidad, y luego como un gestor eficaz que había abierto caminos desconocidos hacia el progreso. Sobre esto, la autora, Ana Fernández Cebrián, señala: “Frente a la propaganda del régimen, es fundamental recordar que el llamado “milagro económico” español estuvo ante todo marcado por la profundización de las desigualdades económicas “entre regiones, grupos profesionales y clases sociales, así como por la persistencia de las disparidades en el bienestar de las poblaciones urbanas y rurales”.

El escritor Francisco Candel en su libro “Ser obrero no es ninguna ganga” mostraba la ottra cara de las políticas económicas recogiendo el testimonio de obreros catalanes que denunciaban la “machaconería publicitaria de los órganos difusivos” así como los costes sociales derivados de las nuevas prácticas de consumo: “Esa chorrada de que antes se iba con alpargatas y ahora con zapatos ha calado incluso en las clases humildes, en ellos, que son víctimas de ese sofisma. Y todos están contentos porque ahora se ha pasado de la miseria a la pobreza, una pobreza llena de oropeles disimuladores. … Estamos ante un neocapitalismo ridículo porque el capitalismo y la burguesía española fueron y son mezquinos. No obstante, el pobre más pobre puede comprar un televisor aunque sea en 50 plazos, cinco años pagando letras. … Cada individuo que firma esas 60 letras es uno más perdido para la protesta social”.

El 25 de septiembre de 1957 el dictador anunciaba el fin de la autarquía en la Empresa Nacional Siderúrgica de Avilés, y el capitalismo internacional hacía acto de presencia, la dirección quedaba en manos del marques Juan Antonio Suanzes, al que, después de tantos años transcurridos, la Ley de la Memoria Histórica conserva su nombre en Madrid una colonia de viviendas, junto a la Avenida que tiene como nombre aquella fecha de resurrección del franquismo a manos del imperialismo yanqui. Pero Madrid se encuentra cuajado de monumentos, nombres de calles y avenidas y otros señalamientos que incumplen esa Ley tan corta y sin fuerza, por eso cada uno de ellos defendidos por gobernantes fascistas hace pensar que continuamos en la senda de la dictadura con nuevos flecos liberales.

La lectura de “Fábulas del desarrollo” nos lleva a reconocer cómo han operado las diferentes fuerzas empeñadas en la dictadura para dominar los días y las mentes hasta la muerte de Franco y sus continuadores. Es necesario leerlo para despertar del machacón engaño.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.