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Gatto Selvaggio, Romolo Gobbi (1937-2026) in memoriam

Fuentes: Rebelión

Ha fallecido Romolo Gobbi. La historia no le será nunca leve. Militante notable, además de profesor de historia de los movimientos y partidos políticos en la Universidad de Turín, colaborador destacado en diversas revistas decisivas de la nueva izquierda italiana: Quaderni Rossi, Gatto Selvaggio, Classe Operaia y Contropiano. Entre sus publicaciones más importantes debemos señalar: “Fiat es nuestra universidad” (1969), “Obreros y Resistencia” (1973), “El 68 al revés” (1988), “Los hijos del Apocalipsis” (1993), “Fascismo y complejidad” (1998), “América versus Europa” (2002) y “Semillas, guerras y hambrunas” (2019). Fue además coprotagonista del documental “La Década Roja (1959-1969)”, basado en su libro de memoria militante “¡Qué hermosa eres, clase obrera!”. 

    Sus inicios fueron muy precoces. En la primavera de 1963, se empezó a distribuir en las grandes fábricas de Turín un peculiar periódico con el título de «Gatto Selvaggio» (Gato Salvaje), subtitulado (el subtítulo es siempre el título secreto, decía Hegel) «Periódico de la Lucha Obrera de Fiat y Lancia». Gato salvaje derivaba de la palabra Wild Cat, término inglés que describía una acción de huelga radical e informal llevada a cabo por trabajadores sindicalizados sin la autorización estatal, sin el apoyo ni la aprobación de la propia dirección sindical. Es todo paro en el lugar de trabajo no reconocido por la mediación institucional o por la patronal, o bien toda huelga que se extienda de forma excesiva en el tiempo. Una tradición de combate de clase que derivaba de huelgas salvajes de fin del siglo XIX en los Estados Unidos. Una forma de lucha clasista caracterizada por “una rotación y cambio constantes de tácticas, tiempos y métodos de lucha: para infligir el máximo daño al capital con el mínimo gasto obrero. (…) El gato salvaje no se sabe dónde, cuándo ni cómo; aparece de repente y se mueve cada vez más rápido”. Recordaba Negri: “En aquel periodo Romolo Gobbi hacía pareja con Romano [Alquati]. Es algo confuso y muy activo, demasiado: oscila entre un proyecto de organización obrera casi leninista y un espontaneísmo extremo. Firmará el Gatto Selvaggio”. El motto de la publicación es muy revelador: “La lucha continúa en el sabotaje y se organiza la unidad”. 

    Precisamente por esta frase editorial y por distribuir centenares de ejemplares de una publicación “de contenido claramente subversivo” en la planta de la FIAT en Torino, Gobbi, que arriesga su propia vida firmando la publicación, será condenado por “incitación a delinquir” con diez meses de prisión. Como señalaba Manicini “la Fiat había logrado que en sus propios talleres bastara un promedio de dos horas de trabajo para reproducir el valor de la fuerza de trabajo: la tasa de plusvalía era del 400%. A esta situación no le era extraña la ineficiencia del sindicato, más atento a las necesidades del PCI que a las presiones de la clase obrera. La necesidad de reformar el sindicato, que ya no correspondía a las necesidades de la situación, era por otro lado una de las cuestiones recurrentes de los años sesenta, así como la de la transformación de las estructuras políticas que en parte fue realizada por la centro-izquierda”. La respuesta de la nueva clase obrera era contundente: bloqueos de líneas y saltos de piezas, huelgas repentinas y rápidas difíciles de localizar, acciones de sabotaje, tan frecuentes que adquirían un carácter acumulativo, poniendo en riesgo toda la línea de la producción fabril. Era una práctica de lucha colectiva y consciente que parecía emanar naturalmente de una nueva autonomía de clase desarrollada y madura. Una nueva composición de clase, un nuevo nexo entre capital y clase, la famosa figura del obrero-masa hacía irrupción en la lucha de clases y no tenía contrapartida cultural, organizativa ni política. 

    El núcleo de la publicación eran dos generaciones de “obreristas”, muchos de ellos ligados a los partidos históricos de la clase obrera, al ala izquierda del PCI y del PSI (la línea de Lelio Basso). Entre ellos se destacaba Romano Alquati, perteneciente a la generación de marxistas y militantes nacidos entre 1929 y 1936 (a la que pertenecían Mario Tronti, Alberto Asor Rosa, Pier Luigi Gasparotto o Antonio Negri) y Romolo Gobbi, que formaba parte de la segunda generación nacida entre 1937 y 1944 (de la que formaron parte Vittorio Rieser, Rita Di Leo, Sergio Bologna, Lapo Berti, Franco Piperno, Ferruccio Gambino y Pier Aldo Rovatti). Un grupo de jóvenes que eran denominados como i selvaggi —los salvajes. Las dos generaciones tienen ciertas características similares: son teóricos y militantes que han participado activamente en alguna de las fases de desarrollo de la experiencia de los “Quaderni Rossi” o de “Classe operaia”. Todos habían sido militantes políticos de organizaciones, militantes de base, en la vanguardia de las luchas obreras y populares. La composición social de esta vanguardia es muy evidente: son hijos de la pequeña burguesía en su gran mayoría, salvo honrosas excepciones.

    Hubo una experiencia editorial y de intervención práctica que marcó época en la nueva izquierda italiana de los 1960s: se trata de los “Quaderni Rossi” (Cuadernos Rojos), con el siguiente motto: “espressione di un lavoro teorico e practico di militanti impegnati nelle lotte sindicali e politiche del movimento operaio”. Producto de la maduración de una generación de militantes —en especial del extraordinario Raniero Panzieri— el desarrollo de un nuevo marxismo crítico y abierto, capaz de realizar una condensación y síntesis de la rica cultura política del ’56, la altra linea. La nueva crítica se afirmaba en una superación del marxismo tercerointernacionalista (crítica fuertemente anti-idealista y anti-historicista que intentaba una superación clasista del estatalismo socialdemócrata y del capitalismo de estado stalinista) y un “ritorno a Marx” serio y filológico (el mismo Panzieri había sido editor en Einaudi y traductor del tomo II de “El Capital”). La figura liminar de Panzieri amerita un artículo completo, pero podemos decir que después de haber participado entre 1956 y 1958 en la experiencia del ala izquierda del PSI (con Rodolfo Morandi) había propuesto reformulaciones sobre una estrategia de controllo operaio, en alternativa a las direcciones reformistas sindicales (tesis escritas con Lucio Libertini), para madurar hacia 1960 la necesidad imperiosa de una refundación de la política de organización del nuevo movimiento obrero.

    Influenciado por la filosofía neomarxista de Della Volpe (también por intentos de sincretismo de la fenomenología con Marx de Giulio Preti) y su idea de reproponer al marxismo como análisis científico de la realidad. El mismo Tronti recordaba la fortuna de haberse topado en la Facultad de Letras de Roma con el marxismo de Della Volpe. No solo Della Volpe, no solo Roma: se leían y traducían trabajos de la nueva sociología del trabajo norteamericana, de revistas francesas como Socialisme ou Barbarie o Pouvoir Ouvrier, textos ya canónicos como los de Daniel Mothé y su Journal d’ouvrier, o experiencias prácticas como las de Cremona (primera co-investigación militante), en las que Danilo Montaldi intentaba desarrollar una nueva cultura política. El espíritu era una paradójica opposizione comunista al comunismo. Pero no era suficiente constatar simplemente la superioridad y autosuficiencia de los clásicos, se trataba de demostrar prácticamente el fundamento del nuevo marxismo, no solo recuperando el discurso del método sino traduciéndolo en intervenciones y conclusiones prácticas coherentes, eficaces. Los Q.R. se proponían no solo romper totalmente con la ortodoxia, sino además superar los nuevos revisionismos (ideólogos del neocapitalismo, de la neutralidad de la técnica, del fin de la clase obrera) para lograr una rilettura de Marx con la reconstrucción de nuevos instrumentos operativos. En la inédita revista colaboran militantes de partidos de toda la izquierda, como Romano AlquatiAlberto Asor RosaDario Lanzardo, Massimo Paci, Antonio Negri (que venía de una experiencia católica), Mario Tronti, además de sindicalistas (Foa, Garavini, Pugno, Alasia). Las primeras divergencias produjeron en 1963, Alquati, Gasparotto y Romolo Gobbi fundarán Gatto Selvaggio, un volantone que describe las formas de las nuevas luchas y pone en cuestión los modelos sindicales. 

    La publicación Gatto Selvaggio creará una grieta en el grupo y esta divergencia más profunda surgirá después del tercer número de la rivista. Los miembros del llamado Grupo Romano (entre ellos Gobbi, Tronti y Asor Rosa) que darán origen a otra publicación y a otro grupo político: Classe Operaia. Las divergencias centrales eran entre Panzieri y Tronti. Para el primero, la centralidad es de las relaciones de producción y la crítica a la pretendida neutralidad del desarrollo científico-técnico (l’uso capitalistico delle macchine, el uso capitalista de las máquinas, como se titula uno de sus artículos más destacados, que critica tanto al capital como a la URSS). Las relaciones de producción están siempre dentro de las fuerzas productivas. Las relaciones de producción son siempre, según Panzieri, relaciones de poder, por eso se las reclama como clave de lectura del nuevo conflicto social, de las recomposiciones de clase, del nuevo despotismo del capital y de las transformaciones en la forma del estado. ¿Cómo se las lee en su materialidad? Con un viejo método de la encuesta obrera empleado por Marx en 1867: la co-investigación militante (co-ricerca). Classe Operaia inicia su publicación mensual en enero de 1964 con una redacción impresionante: Alquati, Cacciari, Ferrari-Bravo, Tronti y Negri. Las colaboraciones son numerosas, con redacciones locales en Milán, Torino, Génova, Firenze, Mestre. Recordemos los nombres de Sergio Bologna, Enzo Grillo (brillante traductor de los Grundrisse de Marx), Adriano Sofri y por supuesto Romolo Gobbi. 

    El propio equipo redactor funciona como centro de agregación política para un trabajo de intervención en la fábrica. Los artículos son en su mayoría anónimos. La atención principal es dedicada a la lucha obrera: análisis de las formas de lucha, categorías de participantes (metalúrgicos, textiles, etc.), participación del estado y de partidos políticos, balance de la lucha sindical, todo en números monográficos. La noción fundamental trontiana (prioridad teórica, histórica y política de la classe) impregna toda la revista, cuya experiencia política hará una parábola que parte de la idea de un conflicto de clase amplio y general, para concluir con un repliegue que considera el “uso táctico” realista del viejo PCI que acompañó Gobbi. 

    Tronti ya había invertido la vieja fórmula y reclamaba la estrategia como un hecho inmanente a la clase y que el partido debe ser solo instrumento de la táctica. Classe Operaia (C.O.) es una experiencia teórica y política singular, izquierdo-hegeliana, de un lado progresiva y muy de izquierda (con connotaciones de intentar superar el leninismo) y por el otro lado, involutiva y reaccionaria. Pero en sus contradicciones es el laboratorio de una elaboración de ruptura, de una creatividad en el retorno a Marx, la trontiana, acta de nacimiento del Operaismo moderno que surge como rara síntesis y punto de cristalización entre la cultura crítica del 1956, las lecciones teóricas de Panzieri, la nueva hermenéutica sobre los textos clásicos, incluso con acento neohegeliano. La experiencia C.O. no se reduce a Tronti. Allí están los soberbios análisis sociológicos y de co-ricerca en la fábrica de Alquati, primeros análisis de la composición y estratificación interna del proletariado (luego reunidos en otro libro mítico: Sulla FIAT e altri scritti); la serie de análisis sobre la formación de la ideología de la cultura de Asor Rosa, crítica ácida al inocente populismo de la cultura de izquierda (reunidos en el volumen Intellettuali e classe operaia), incluso Negri, intentando expurgar los vicios ideológicos del trontismo. 

    Alquati, recordando esta etapa, afirmaba que la diferencia fundamental de Tronti respecto al marxismo oficial era la valorización y el énfasis cambiado de la más notable fórmula marxiana: el Doppel Charakter del trabajo. Recordemos que para Marx (tomo I de Das Kapital) el trabajo bajo el capital tiene un carácter bifacético, que genera movimientos antitéticos. El fetichismo del capital es una caja de Pandora con varias antinomias superpuestas, pero retenía Alquati, Tronti destacaba este doble carácter del trabajo colectivo como estratégico y medular, dándole incluso un énfasis más allá (o aquí) de Marx. Era el encuentro inédito entre una nueva clase obrera y una nueva manera de entender la tradición clásica. El discurso sobre la autonomía de clase nace de esta verificación (aunque sus raíces están en Morandi) de esa mercadería especial llamada “fuerza de trabajo” y su potencial negatividad (su no-identificación con los procesos e instituciones del capital, quizá la más grande lección práctica del trontismo). Lo cierto es que había nacido una nueva tendencia político-teórica destinada a influenciar a toda la nueva izquierda, italiana o no-italiana.

    Gobbi se inició en el revival del obrerismo desde la práctica y la teoría a partir de una preciosa síntesis: en la praxis con la huelga metalúrgica de 1959, no en un local partidario del PSI o del PCI, sino desde la federación local sindical, a lo que le acompañaba el trabajo nocturno teórico. Un concienzudo estudio colectivo, gran legado de Panzieri, de la “tercera sección del primer libro de El Capital, que explica cómo las luchas obreras obligan al capital a adoptar innovaciones tecnológicas”. Gobbi siempre reconoció que la mayoría de los nuevos militantes de vanguardia provenían de “frustrantes experiencias religiosas” en busca de una realización práctica, y que el obrerismo en Turín renace de esta peculiar convergencia de exigencias sociales, experiencias religiosas en crisis y la crisis de la pequeña burguesía. El banco de ensayos del obrerismo era por supuesto la enorme fábrica FIAT y fábricas proveedoras aledañas, que se transformaron en un auténtico laboratorio político-sindical de un nuevo marxismo. También se descubre, de manera sorprendente, la “otra” clase obrera, la dimensión autónoma, inscripta en su ADN, en su oposición al capital, temática con muchos ecos, con la oposición obrera en la URSS en los 1920s. Gobbi y sus círculo reconocen que dada “la absoluta falta de fiabilidad de los ‘camaradas’ como fuentes de información sobre lo que ocurría dentro de Fiat”, se experimentarán con urgencia nuevas técnicas de investigación, entrevistas, indagaciones y co-investigación, todo ello a partir de una nueva lectura, ya no dogmática, de Marx. 

    El surgimiento de la nueva figura del obrero masa exige una aplicación creativa y crítica del propio marxismo y anula la imagen mítica de la iconografía de la clase obrera del Dia Mat, tallada en duro bronce, idealizada y eterna, hegeliana, imbuida de moral ascética y que solo conoce el sudor y el sacrificio. La experiencia obrerista —recordaba Gobbi— “prácticamente había terminado con Gramsci y con la oposición obrera disuelta por Lenin”. El renacimiento obrerista en Turín precisamente acontecía porque existía una continuidad teórica del valor y de la práctica del obrerismo en la propia clase, en cuadros determinados (Foa, Garavini, Trentin) y no solo en los partidos de la clase obrera. El propio desarrollo de la re industrialización masiva generó la preeminencia de la nueva clase obrera, en el centro de un neocapitalismo tal como se lo denominaba instintivamente, en expansión por el propio capital y plenamente protagonista. 

    Es la evidencia de la centralidad obrera en su máxima expresión. Y Gatto selvaggio, como señala Negri, fue muy importante, ya que puso en primer plano cómo el rechazo obrero se había convertido en lucha política. Más allá de todo juicio romántico, “un camino trazado en la jungla de la fábrica fordista, un medio para avanzar en la organización autónoma. La autonomía se caracteriza por situar el propio objetivo político en el hacer de la clase obrera: en este caso, el contenido de la acción autónoma era la organización —justo lo contrario del espontaneísmo anarquista del que se les acusaba—. Que luego el deseo de liberación encontrara satisfacción organizando y midiéndose con la potencia de las huelgas tipo gato salvaje, así como en el sabotaje —todo ello no hace más que confirmar el profundo humanismo que recorre esta historia—“. La figura del saboteador revela resistencia clandestina e indignación, un umbral de lucha que debe elevarse a un nuevo nivel de maduración organizativo acorde con el nivel del ciclo productivo del capital.

    Lamentablemente no hay aún libros de Gobbi traducidos al español, lo cual es una verdadera pena, pues con la gran historia de su militancia —una parábola del obrerismo de Tronti— y su búsqueda de nuevos caminos en la emancipación proletaria, nosotros también nos deslumbraríamos con la belleza intrínseca de la clase obrera en lucha.  

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