En un libro reciente se evalúa desde distintos ángulos a la sombra ominosa que se extiende sobre el mundo. Contiene un esfuerzo intelectual que deriva en un posicionamiento político. El de combate contra las nuevas formas de autoritarismo que respaldan los impulsos destructivos del capitalismo actual
Miguel Urban.
Trumpismos. Neoliberales y autoritarios. Radiografía de la derecha radical.
1ª edición. México. Fondo de Cultura Económica, 2025.
350 páginas.
Un mérito claro de este libro es que propone un tratamiento articulado de la ultraderecha. Señala diferencias, sin descuidar la sustancia común de sus diversas expresiones.
La extrema derecha internacional es un fenómeno que presenta heterogeneidades. Hay diferentes niveles de adhesión a las políticas de “libre mercado”, posiciones distintas entre librecambismo y proteccionismo.
También matices entre el rechazo abierto a la democracia liberal y cierta disposición a la coexistencia con ese sistema. También unas fuerzas extremistas de derechas son más furibundas en su antiestatismo que otras.
De acuerdo con esa apreciación de parentesco, el autor define el trumpismo en el inicio de su trabajo: “…es una forma política nueva, un pliegue reaccionario marcado por la crisis estructural del capitalismo, pero también por el impasse de la gobernanza neoliberal, la emergencia climática y el declive de la hegemonía mundial de los Estados Unidos.”
Dentro de esa orientación general, entre otros caracteres señala: “Es un vehículo del capital que se sirve del Poder Ejecutivo para gestionar sus contradicciones inherentes y su tendencia hacia la crisis.”
Allí parte de un señalamiento central. La extrema derecha del presente es una envoltura política adecuada al estadio actual del proceso de concentración y centralización del capital, enmarcado en una gigantesca ofensiva sobre los trabajadores.
A partir de esa constatación el libro transita por “estudios de caso” de diferentes países en los que se ha empinado el extremismo, desde el gobierno y fuera de él. Luego se dirige a las definiciones ideológicas que configuran la ola de la reacción, desde la islamofobia a la agenda llamada anti-woke.
Y cierra con un rasgo apreciable de la obra, la búsqueda de respuesta los interrogantes acerca del combate contra estas expresiones reaccionarias.
¿Cómo caracterizar a la ultraderecha?
La discusión acerca del carácter de la ultraderecha actual ocupa un lugar preponderante en las secciones iniciales del libro. En el ya extendido debate al respecto, Urban se cuenta entre quienes optan por independizar del término fascismo a la nueva ola mundial para el avance a la comprensión de sus especifidades.
Parte de la idea de que la presencia hoy de algunos rasgos del fascismo clásico no conduce de manera válida a una equiparación. no acepta el término “posfascismo”. Acuñado por Enzo Traverso como intento superador.
En caso de asimilarlos se dejaría de lado el contexto bien distinto en el que aparecieron los fascismos históricos, signados por una guerra de alcance catastrófico y grandes movimientos revolucionarios que constituyeron una amenaza seria de final del sistema capitalista.
Señala otras características de los fascismos como la vocación y aptitud para la movilización de masas. La formación de un movimiento político basado en milicias paramilitares. La construcción de un Estado expansivo y centralista que instaura un clima de terror generalizado. Que destruye todo pluralismo e instituye un partido único como rector de un orden jerarquizado que se pretende inamovible.
Ninguno de esos rasgos se presenta a pleno en las derechas radicales de la actualidad.
La ultraderecha ahora es exaltadora del gran capital, antifeminista, anti LGBTQ, racista, negadora del cambio climático, punitivista. Y profundizadora del giro económico, social y cultural que significó el neoliberalismo desde hace más de cuatro décadas.
Una peculiaridad insoslayable es que articula todo eso con un discurso antiestablishment, que los hace aparecer como enfrentados al pensamiento dominante y a las construcciones culturales hegemónicas.
Las diversas corrientes exacerban la tendencia de encontrar enemigos “hacia abajo”. Unos “otros” empobrecidos y peligrosos, contra quienes hay que preservar la propiedad, los recursos escasos y la tranquilidad pública. Frente a un “nosotros” de características lábiles, pero unificado en su actitud reaccionaria.
Al tocar el problema de la democracia se refiere a “La crisis de legitimidad del sistema de representación”, con el derrumbe de los partidos “de centro” que accedieron a administrar las reformas neoliberales en décadas pasadas. Y la captación de las derechas tradicionales por la vertiente más radical.
Así hace referencia a “…la radicalización de la derecha clásica, que no sólo se escora hacia la extrema derecha en sus planteamientos sino que no tiene problema en gobernar con ella, e incluso favorecer su victoria con tal de frenar a un muy moderado progresismo”.
El péndulo político e ideológico se ha movido a perspectivas que desprecian toda noción de igualdad y de justicia.
La democracia es estrangulada, al decir de Urban, en gran parte por el poder creciente de las corporaciones, que sólo buscan el máximo imperio del lucro privado. La libertad se subsume en una concepción “…individualista, propietarista y consumista…”, como la califica Rafael Pastor en el epílogo. Ella se lanza al avasallamiento de derechos individuales y colectivos fundamentales.
Ese poder corporativo condiciona la agenda de los gobiernos, recorta los derechos y libertades, en particular el derecho a la protesta. Busca la mercantilización de todas las relaciones sociales y el predominio absoluto y sin mediaciones del poder económico sobre el poder político.
No es por azar que hace este comentario justo en referencia a la actitud de la máxima dirigencia de Juntos por el Cambio ante el ascenso de Javier Milei. Es un proceso que se ha dado en casi todas partes, pero con especial agudeza en nuestro país.
Urban señala tres distintas corrientes dentro de la derecha radical. En la mayoritaria, denominada “neoliberales autoritarios” tiene claro encuadre el movimiento liderado por Javier Milei.:
“…combina una defensa a ultranza del libre mercado y el desarrollo del capitalismo sin frenos con valores morales reaccionarios (…) desregulación, imperio de la meritocracia, odio larvado al pobre, recortes fiscales, desmantelamiento del Estado social, individualismo extremo (…) posiciones reaccionarias y conservadores en lo moral con un agudo antifeminismo y LGBTI-fobia. Por último, una concepción profundamente autoritaria de la política.”
Más aún, podría decirse que el caso argentino es la expresión más aguda de la mayoría de esos aspectos. Le suma una particularidad que se extremó con el segundo período de Donald Trump: El alineamiento fanático con EE.UU. Incluso sobreactuado cuando más brutales son las decisiones y acciones del mandatario norteamericano.
¿Cómo enfrentarlos?
Hacia el final del libro, el autor ensaya pistas para el enfrentamiento con el actual ascenso de la ultraderecha. Adopta con claridad la opción por un camino internacional y con específica acepción de clase.
“…cuando hablemos de enfrentarnos a la extrema derecha entendamos que es primordial luchar contra sus causas, no podemos dejar de combatir de igual forma al sistema depredador de derechos del neoliberalismo y a la crisis ecológica que supone la mayor amenaza civilizatoria.”
Y agrega factores de particular relevancia en el contexto de Nuestra América, como son el peso de la deuda y la afirmación de que no hay recursos para sostener ningún propósito de bien común:
“Esto requiere de un enfoque que aborde el nudo gordiano del extractivismo neocolonial y de la “deudocracia austericida”, pues ambas lógicas refuerzan las subjetividades de la escasez (‘no hay suficiente’, ‘no cabemos todos’), coartadas de las propuestas de exclusión de la extrema derecha.”
Hace entre otras una afirmación fundamental: “…no hay mejor antídoto contra el ‘aliento helado de la sociedad mercantil’ en la que crecen los monstruos de la extrema derecha que oponer el aliento cálido de las solidaridades de clase”.
A lo que acompaña con el convencimiento de que la respuesta más adecuada necesita un contenido internacionalista: “…Ante el carácter internacional de la reacción es fundamental levantar un internacionalismo de la esperanza y proletario que cree posibilidades más allá de las fronteras para enfrentar el problema común.”
Resulta elocuente la calificación de ese internacionalismo como “de la esperanza”. Ya que se vive una época de inducción a gran escala de la resignación, el aislamiento, la competencia despiadada entre pares. La reapropiación de las expectativas favorables es fundamental para impulsar un movimiento desde abajo que dispute contra la exacerbación autoritaria del neoliberalismo.
Sobre esa base dedica el parágrafo siguiente a pasar revista a cuatro experiencias que considera exitosas en la lucha contra la “ola reaccionaria global”. Entre las que se cuentan las luchas feministas en Chile y el movimiento Black Lives matter. Lecciones acerca de que los “depredadores” no son invencibles.
El regreso de Trump y sus consecuencias.
Aunque el libro se publicó en 2025, el autor no llega a tratar el nuevo advenimiento presidencial del magnate inmobiliario devenido en líder del partido republicano, con su creciente deriva belicista. Y su proclamación a voz en cuello de la abolición de cualquier noción de “orden internacional”.
Ha desplegado en este último año un nivel de brutalidad imperial e intervencionismo abierto que fija un nuevo hito en el desarrollo de los “trumpismos”. El que tiene una proyección de fuerza creciente en América Latina y en particular en nuestro país. Y cuyas consecuencias recién se avizoran.
Secuestra al presidente de Venezuela, bombardea por segunda vez en menos de un año a Irán. Anuncia que Cuba es su próximo objetivo de avasallamiento. Al mismo tiempo pregona que no hay nada que restrinja la política de la pura fuerza.
Es una búsqueda de ampliación a escala mundial del reinado de la extrema derecha y su lógica. Ante ese cuadro no hay lugar para moderaciones ni neutralidades. Se está sometido a Trump o se corre peligro de ser destruido.
El de Urban es un libro reflexivo y urgente. Una avanzada en la comprensión de un enemigo que marcha por un sendero capitalista cuya puesta en riesgo del destino de toda la humanidad es cada vez más evidente y acuciante. Resulta obvio para argentinos y argentinas su pertinencia en estas latitudes.
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