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La presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid duda de la presencia de la especie para favorecer una polémica autovía

Aguirre, contra el lince ibérico

Fuentes: El Periódico

Mientras representantes de más de 100 países buscaban fórmulas esta semana en Curitiba (Brasil) contra la mayor extinción de especies de la historia, Madrid sorprendía al universo científico con una excelente noticia. Por vez primera en varias décadas han aparecido pruebas claras de la existencia de la colonia de lince ibérico que se suponía habitaba […]

Mientras representantes de más de 100 países buscaban fórmulas esta semana en Curitiba (Brasil) contra la mayor extinción de especies de la historia, Madrid sorprendía al universo científico con una excelente noticia. Por vez primera en varias décadas han aparecido pruebas claras de la existencia de la colonia de lince ibérico que se suponía habitaba en una rica zona boscosa de la periferia de la capital. Todo empezó cuando, el pasado mes de julio un profesor de Ecología de la Universidad Juan Carlos I, Emilio Virgós, recogía muestras de excrementos para un estudio sobre los depredadores de la colonia de conejos que pueblan la zona. Se trataba de determinar qué proporción de zorros, gatos monteses, tejones y otros carnívoros amenazaban la presencia del roedor. «Ese día recogimos cinco muestras fecales, de las cuales cuatro resultaron ser de perro y una quinta sospechamos que era de lince», explica.

Así que consultaron al coordinador del plan nacional de conservación del lince ibérico y en octubre remitieron la muestra al Museo Nacional de Ciencias Naturales para que analizara el ADN. La respuesta llegó el pasado lunes: el excremento es de un lince ibérico. Y si hay un ejemplar, ha de haber una pequeña colonia de, como mínimo, 15 o 20. Pero las autoridades madrileñas, lejos de alegrase, se han apresurado a insinuar que algo huele mal en el hallazgo. «Que hayan aparecido unos excrementos no quiere decir que los haya traído el lince. Los pueden haber situado allí, sobre todo con la polémica que hay con la ampliación de la M-501», ha dicho sin rubor la presidenta regional, Esperanza Aguirre.

Uno de sus consejeros ha puesto en duda la fiabilidad de los científicos al mostrarse extrañado de que hubieran pasado seis meses desde que se inició el análisis. La M-501, de sobrenombre la carretera de los pantanos, cruza un área de alto valor ecológico, protegida por la UE y con especies amenazadas como el águila imperial ibérica y el águila perdicera. El antecesor de Aguirre, Alberto Ruiz-Gallardón, proyectó convertir la carretera en autovía, pero lo desestimó tras un informe del CSIC que advertía de los problemas ecológicos que causaría. Poco después de ocupar su cargo, Aguirre reactivó el proyecto y lo declaró de interés público para eludir la declaración de impacto ambiental, ante la irritación de todos los grupos ecologistas y de la oposición. Tres días después de hacerse público el análisis de ADN, ha adjudicado las obras. Y es que la autovía es sólo el camino de entrada en un paisaje idílico de la imparable explosión urbanística que vive la comunidad madrileña.

Perplejidad

Los implicados se han quedado perplejos. El autor de la prueba, Ignacio Doadrio, lo tiene claro. «Son tonterías de los políticos. Se creen que te traen una cagarruta reseca y, hala, sacas el ADN como si tal cosa. Pues si no sale a la primera, es muy complejo y se necesita mucho tiempo». Que alguien la haya dejado allí le parece inverosímil: «Es otra tontería. Tendrían que haber esparcido excrementos por miles a ver si alguien las encontraba», recuerda. La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ha salido en defensa del lince y ha unido su voz a la de los grupos ecologistas que piden la paralización de la autovía. El problema es que no tiene competencias. La única esperanza es que Bruselas intervenga. La obra ya está recurrida ante la Comisión Europea por Ecologistas en Acción y Narbona ha anunciado que actuará de testigo de cargo.