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Balcanes: Renovado coqueteo con Marx

Fuentes: IPS

Algunos libros olvidados durante mucho tiempo se convirtieron en éxitos de venta en Serbia en los últimos dos meses. En particular, el «Manifiesto comunista» (1848), de Karl Marx.

 

Pocos entre quienes visitan Belgrado eluden la peatonal Knez Mihailova. Esta calle es conocida por sus coloridos comercios y por sus vendedores ambulantes de discos compactos, películas, camisetas, revistas internacionales y serbias. También por sus puestos de libros.

«El Manifiesto se ha vuelto un éxito. Cada vez más gente lo compra. Llegué a vender 50 en una semana, y eso, para mi negocio, es mucho», dijo a IPS uno de los vendedores de la peatonal, Aleksandar Stevic.

Las ideas del filósofo alemán Karl Marx (1818-1883), padre del comunismo moderno, se arraigaron en muchas partes del mundo, entre ellas la antigua Yugoslavia, a comienzos del siglo XX.

Los jóvenes de hoy leen el «Manifiesto» guiados por la curiosidad, mientras que los mayores «quieren refrescar sus recuerdos», señaló Stevic. Él mismo dijo no estar interesado, aunque el marxismo era una materia obligatoria cuando él cursaba la enseñanza secundaria en los años 80.

Y es que hasta 1990, cuando se introdujo el sistema multipartidario en la antigua Yugoslavia, el marxismo se enseñaba en escuelas secundarias y universidades.

Varias generaciones crecieron con el marxismo luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en un país que se enorgullecía de su «comunismo con rostro humano».

Eso significó décadas de estricto control estatal del desarrollo y la economía, pero también una libertad inusual para el resto de los países comunistas de la época. Las fronteras estaban abiertas para viajar al exterior, y su régimen no se alineaba con Occidente ni con el campo soviético.

La renovación del interés se debe a la crisis financiera internacional. «La gente pide es ‘El capital'», dijo Bojana Miloradovic, empleada en una librería. Algunos compradores consideran que este libro, publicado por Marx en 1867, aborda «el colapso de la economía global y el fin del capitalismo, o la crisis que vemos ahora», explicó.

Las copias se están volviendo una posesión preciada. «Me gustaría leer ‘El capital’ también, pero no se encuentra fácilmente en Eslovenia. Leeré el ‘Manifiesto’… Algunas expresiones que veo me suenan familiares, y en mi país el marxismo es despreciado», declaró el turista Jaka Martinc.

Las obras de Marx también se consiguen de otras maneras. En los periódicos aparecen anuncios de compra y venta del «Manifiesto» y otros libros, particularmente «El capital». Algunos vendedores los encontraron en el sótano de la casa de sus padres o abuelos.

«Es un momento de crisis para el capitalismo neoliberal, concepto con el que nos topamos hace poco, cuando terminaron las traumáticas guerras de los años 90 y (el ex líder Slobodan) Milosevic fue derrocado en 2000», dijo a IPS Ratko Bozovic, profesor de sociología en la Universidad de Belgrado.

«Para muchos, el renovado interés en Marx es una ilusión de que las cosas podrían haber estado mejor si no hubiéramos abrazado el capitalismo», agregó.

Pero otros países que estuvieron federados en Yugoslavia no ven el mismo grado de interés en Marx que Serbia, la potencia regional.

«Es extraño. Los marxistas croatas eran los más destacados de la antigua Yugoslavia, pero parecen haber desaparecido desde 1991», señaló el analista Bozidar Nikolic en el periódico Danas.

En Bosnia-Herzegovina, el conocido ex marxista Zarko Papic dedicó hace poco una columna en el semanario Dani a los problemas del capitalismo neoliberal.

En su ensayo titulado «Lo peor aún está por venir» dijo que la crisis mundial es «sólo la punta del iceberg, dado que señala el inicio de la disolución del actual sistema de la cultura de consumo que se volvió global».

Pero el sociólogo de Belgrado Stjepan Gredelj cree que «no habrá un gran renacimiento del marxismo» en la región de la ex Yugoslavia.

«Tuvimos una concentración demasiado grande de ideología marxista durante décadas, lo que estuvo en conflicto con la sociedad prácticamente abierta en la que vivimos hasta 1991», dijo Gredelj a IPS.

«Era un comunismo blando, donde la gente siempre quería más que la ideología seca provista por el marxismo. Incluso cuando yo lo enseñaba a los estudiantes hace un tiempo usaba mis clases como escenario para presentar otras ideas diferentes y contrapuestas… Dudo que alguien que hoy compre el ‘Manifiesto comunista’ lea el libro hasta el final», opinó