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El bloqueo continuado a Cuba: un genocidio vergonzoso

Fuentes: Rebelión

El bloqueo comenzó en octubre de 1962 cuando el presidente John F. Kennedy vetó la importación de productos de origen cubano.

En 1992 mediante la ley Torricelli se impusieron sanciones a empresas estadounidenses radicadas terceros países que comerciaran con Cuba.

Actualmente bajo el gobierno de Donald Trump se implementaron 243 nuevas medidas de ahogo a Cuba: desde la eliminación de vuelos de aerolíneas y cruceros, impedimento de transacciones bancarias comerciales y luego de transferencias de privados y sanciones a empresas que hicieran llegar petróleo o derivados a la isla.

En más de 60 años, el bloqueo ha causado a Cuba pérdidas por más de 147 mil millones de dólares.

La falta de petróleo está causando gravísimos problemas humanitarios a toda la sociedad cubana: apagones diarios en domicilios y hospitales, falta de anestesia, jeringas y medicamentos, así como la escasez de alimentos, son sólo algunos de ellos.

No caben dudas que este bloqueo constituye un genocidio; y va de suyo que han sido genocidas todos los presidentes estadounidenses desde Kennedy hasta Trump.

La definición de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de la ONU del año 1947 en su artículo segundo (en particular su apartado c) es categórica al respecto:

En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

c) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”

La ineficacia de la ONU

En todos estos años, su Asamblea General, por una aplastante mayoría de sus miembros, se ha pronunciado en 29 oportunidades en contra del bloqueo a Cuba. Hecho político importante pero totalmente ineficiente en la práctica para su eliminación.

Hace ya tiempo que venimos planteando que la ONU en la práctica se ha vuelto una organización inoperante.

Creada una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, si bien su órgano máximo es su Asamblea General, tiene un Consejo de Seguridad; una especie de secretariado ejecutivo conformado por los países triunfantes en la guerra (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia). Cada uno de ellos tiene poder de veto.

Por ende el funcionamiento democrático de la organización es muy sui generis.

Una resolución con medidas prácticas que sea aprobada por la mayoría de los países miembros de la Asamblea General si es vetada por un miembro de su Consejo de Seguridad, queda sin efecto alguno. Se anula.

Es por ello que más allá de las sucesivas declaraciones condenatorias del bloqueo estadounidense a Cuba, el mismo sigue tan campante.

A esta altura de los acontecimientos, es menester pensar seriamente en la creación de una nueva organización internacional que vele eficazmente por la vigencia del derecho internacional y la soberanía de los países que la conformen. Una suerte de Organización Mundial de Naciones Independientes.

Para ello y como primer paso ineludible es asegurar la unidad de pueblos y gobiernos contra toda manifestación de cualquier prepotencia imperialista de turno.

Los ámbitos de la CELAC y los BRICS podrían ser útiles para ello y la consideración y posterior puesta en marcha de esta nueva organización.

Pero la tarea urgente que se impone hoy es que Rusia y China que tienen el poder militar necesario, garanticen una ruta marítima libre y segura para que puedan llegar a Cuba sus compras de petróleo y otros productos así como las donaciones de los más diversos elementos de primera necesidad fruto del trabajo de innumerables organizaciones de solidaridad con Cuba en todo el mundo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.