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Conversación con Paolo y Vittorio Taviani

El cine va en búsqueda de la verdad

Fuentes: África en cine

En una sala a rebosar del primer piso del Instituto Italiano de Cultura de Nueva York, se amontonaban este otoño cinéfilos curiosos y seguidores fieles de Paolo y Vittorio Taviani, cineastas incombustibles y conversadores geniales, reunidos allí para comentar su última película, Cesare deve morire, ganadora del Oso de Berlín en su más reciente edición. […]

En una sala a rebosar del primer piso del Instituto Italiano de Cultura de Nueva York, se amontonaban este otoño cinéfilos curiosos y seguidores fieles de Paolo y Vittorio Taviani, cineastas incombustibles y conversadores geniales, reunidos allí para comentar su última película, Cesare deve morire, ganadora del Oso de Berlín en su más reciente edición. Con motivo de su presentación en el Festival Internacional de cine de Nueva York, estos octogenarios irreverentes ofrecieron claves de análisis de la película y de su estética como profesionales del cine durante más de medio. Reconocidos internacionalmente por obras maestras como San Michele aveva un gallo (1972), Padre Padrone (1977), La notte de San Lorenzo (1982), Kaos (1984) o Good morning Babilonia (1987), Paolo y Vittorio vuelven a la dirección cuatro años después de firmar La masseria delle allodole (2007), adaptación a la pantalla del relato homónimo de Antonia Arslan que narra el genocidio armeno en manos de los turcos en 1915. Las imágenes de los expatriados acampados en la faldas de la fortaleza de Aleppo, con Paz Vega como protagonista escoltada por Ángela Molina, perduran indelebles en nuestra memoria y recuperan toda su actualidad tras los recientes acontecimientos en la zona…

Charla moderad por el profesor, crítico y amigo Antonio Monda, la conversación salpicada de fuertes dosis de ironía y autocrítica, se desarrolló como sigue:

Antonio Monda: los hermanos Taviani han sido mis maestros durante 30 años, cuando tuve el honor de ser asistente de realización en La notte de San Lorenzo (1982). Durante su larga trayectoria de ya casi medio siglo (su primera película de ficción fue Un uomo de brusciare, 1962), se observa una constante: la búsqueda de la verdad. Esta búsqueda incansable de la verdad es para ellos una obligación moral y, a pesar de definirse como ateos, considero que existe una contante de espiritualidad, un soplo místico, en cada una de sus películas. Quizás la cita «Il sole anche di notte» pueda resumir su praxis artística profundamente ética. La frase significa «quien busca a Dios no lo encuentra, pero el que persigue la verdad, se encuentra a Dios por el camino». La libertad y la verdad han de ir inseparablemente unidas y, en tantas ocasiones, son lo mismo.

Esta idea de la libertad que nace del arte es, en efecto, el tema principal de Cesare deve morire. En la película, que sigue la puesta en escena de Julio César de Shakespeare por un grupo de reclusos en una cárcel de máxima seguridad italiana, uno de los personajes dice: «desde que conozco el arte, esta celda se ha convertido en una prisión».

Otro elemento habitual del cine de los Taviani es la relación de éste con las raíces culturales, históricas o tradicionales italianas. A veces, su huída del localismo (campanilismo) partiendo del mismo llega a desorientar, pero forma parte de su estética. A esta se une ese optimismo de la voluntad que promulgaba Gramsci y que va inextricablemente ligado al pesimismo de la razón… Sin duda, el haber nacido marxistas y comunistas crea una combinación muy potente con lo antes apuntado.

Paolo Taviani: Para retomar lo que comentabas sobre el uso que hacemos de la tradición, siempre tenemos presente una frase de Gustav Mahler a la hora de trabajar y entender el mundo del arte: «la tradición no es venerar las cenizas, sino mantener viva la llama».

Antonio Monda: ¿por qué el recurso contante a los clásicos de la literatura? Habéis adaptado a Dante, Tolstoi, Pirandello, Shakespeare, la Ilíada… ¿cuál es vuestra relación con la gran literatura y por qué Shakespeare en este caso?

Paolo T: no voy a responder directamente a la pregunta, pues debo clarificar antes un par de cosas. Antonio Monda no fue un simple asistente hace tres décadas, sino que es un gran amigo y un intelectual destacado, significativo como crítico, profesor y escritor. Por ello entenderéis que algunas cosas que ha dicho no se correspondan con la verdad, empezando por la descripción que ha hecho de nosotros como ateos. Lo cierto es que da miedo hacer una afirmación así.

Vittorio T: ¿que si creo en dios? ¡creo en la divinidad de la música de Mozart!

Paolo T: es mucho más sencillo que lo que acaba de decir mi hermano; creemos que la humanidad no ha encontrado la respuesta a la pregunta de «por qué estamos aquí» y nos gustaría saberlo antes de morir. Considero que se trata de una gran injusticia que no vayamos a saber la respuesta antes…

Que me hayas llamado comunista también me ha tocado. Nuestra vida es muy larga y nos encontramos en ella con mucha gente. Nos denominaría mejor «rosellinianos» mejor que comunistas. Como jóvenes madurando en Toscana, nos encontramos envueltos por el movimiento de trabajadores y con el marxismo… En aquel entonces nos daba gran placer pronunciar las palabras: «soy comunista». Sin embargo, pagamos por esto más tarde. Sin duda, nuestra dedicación a la causa política tuvo efecto en nuestra carrera profesional.

La vida es transformación y cambio como decía Marx: «no se es sólo una cosa, sino que se es como el río, que cambia de curso pero permanece el mismo». Los seres humanos somos pasado y presente; dos cosas contiguas que no son lo mismo.

En cuanto a la religiosidad a la que aludías, te contaré una anécdota relacionada con la película. Cuando se distribuyó Cesare deve morire por las salas italianas, nos llegó una carta de un padre franciscano diciéndonos que en su congregación habían llorado tanto al verla que no habían dormido en toda la noche rezando por los prisioneros y los directores. Es cierto que con nuestra última película hemos tocado las almas de mucha gente…

Antonio Monda: puede que la Biblia venga aquí en nuestra ayuda. En el Nuevo y el Viejo Testamentos no existen ateos, pero sí religiosos e idólatras. Vosotros no sois idólatras…

Cambiando de tema: ¿por qué recurristeis a filmar en blanco y negro (B/N)?

Paolo T: fue una afirmación perentoria, paradoxal. Queríamos que transmitiera una sensación irrealista. Hoy en día el color se relaciona con el naturalismo, a pesar de que antes el B/N era identificado por el público con lo realista al estar habituado a éste. Al filmar en color nos daba la sensación de estar haciendo una película para televisión. Recurrimos al B/N para infligir una violencia a la realidad, ya que estábamos tratando con gente que ha violado las normas de la sociedad, tal y como lo hicieron los personajes en el texto de Shakespeare. En esta línea se encuentra también la determinación de filmar las escenas en toda la cárcel y no sólo en el pequeño teatro que introduce y finaliza la cinta, porque recurrir al ambiente diario de los presos daba más fuerza a las interpretaciones. Esto nos llevó a buscar un cine que ofrezca un «plus de realidad». Nos dejamos llevar por el mismo ímpetu inconsciente que teníamos en nuestra juventud dentro de los muros de esa cárcel…

Antonio Monda: es cierto que la película parece hecha por dos jóvenes por su fuerza, su energía y vitalidad…

Paolo T: Sí, quizás fuimos un poco ingenuos… En cuanto a por qué recurrimos a Julio César, se debe a una casualidad el que llegásemos a tomar esta decisión. La casualidad o, si quieres, el destino, ha jugado un gran papel en nuestras vidas. Cuando fuimos a la cárcel supimos que muchos de los reclusos cumplían la condena «fine pena mai» de por vida, por crímenes terribles relacionados con la mafia, la camorra, o la ‘ndrangheta. En un determinado momento, escuchamos el canto de Federico de Rimini en el Infierno de Dante recitado por un prisionero. Dante decía que sólo los prisioneros podían entender la desesperación del amor entre Paolo y Francesca. Ese amor enorme, desesperado y condenado, recitado por un interno en dialecto napolitano entre sollozos nos llegó a lo más hondo. Todas nuestras películas nacen de grandes emociones que surgen en este mundo, razón por la que escogimos Julio César, ya que se trata de una historia italiana y romana que habla sobre el homicidio, la traición y el poder; todas ellas emociones fuertes directamente ligadas a los que han delinquido.

Una de las escenas más bellas de Shakespeare es el momento en el que Marco Antonio dice de Brutus cuatro veces, para recordárselo: «es un hombre de honor». Todos nuestros intérpretes son «hombres de honor» por encima de sus crímenes.

Antonio Monda: ¿conocían los actores el texto de Shakespeare?

Paolo T: no Julio César, pero cuando les hablamos de los personajes, dijeron: «este Shakespeare es un amigo que nos ha entendido. Sabía lo que nos ha pasado, sobre todo lo que va sobre el mal».

Un momento muy emocionante de la película es cuando Brutus está ante el cadáver de César con Antonio para realizar sus oraciones. Vittorio y yo nos miramos y nos dijimos: «estamos locos al rodar esta escena que se ha representado durante siglos y que es, quizás, la más representada del mundo…» Suponía un gran riesgo pero nos lanzamos, con el «ímpetu de la juventud» (risas). Elegimos el campo de voleibol para rodar. Brutus nos conmovió: «porque se ha convertido en un tirano, por eso lo he matado». El actor lo dijo con un dolor propio de una persona que ha visto la muerte, que ha tenido que matar. Es diferente a cuando el gran Marlon Brando interpreta esta escena. No estoy diciendo que los prisioneros lo hagan mejor, pero ellos llevan encima la tragedia de su propia vida.

Antonio Monda: es cierto que la película parece hecha por dos jóvenes por su fuerza, su energía y vitalidad…

Paolo T: Sí, quizás fuimos un poco ingenuos… En cuanto a por qué recurrimos a Julio César, se debe a una casualidad el que llegásemos a tomar esta decisión. La casualidad o, si quieres, el destino, ha jugado un gran papel en nuestras vidas. Cuando fuimos a la cárcel supimos que muchos de los reclusos cumplían la condena «fine pena mai» de por vida, por crímenes terribles relacionados con la mafia, la camorra, o la ‘ndrangheta. En un determinado momento, escuchamos el canto de Federico de Rimini en el Infierno de Dante recitado por un prisionero. Dante decía que sólo los prisioneros podían entender la desesperación del amor entre Paolo y Francesca. Ese amor enorme, desesperado y condenado, recitado por un interno en dialecto napolitano entre sollozos nos llegó a lo más hondo. Todas nuestras películas nacen de grandes emociones que surgen en este mundo, razón por la que escogimos Julio César, ya que se trata de una historia italiana y romana que habla sobre el homicidio, la traición y el poder; todas ellas emociones fuertes directamente ligadas a los que han delinquido.

Una de las escenas más bellas de Shakespeare es el momento en el que Marco Antonio dice de Brutus cuatro veces, para recordárselo: «es un hombre de honor». Todos nuestros intérpretes son «hombres de honor» por encima de sus crímenes.

Antonio Monda: ¿conocían los actores el texto de Shakespeare?

Paolo T: no Julio César, pero cuando les hablamos de los personajes, dijeron: «este Shakespeare es un amigo que nos ha entendido. Sabía lo que nos ha pasado, sobre todo lo que va sobre el mal».

Un momento muy emocionante de la película es cuando Brutus está ante el cadáver de César con Antonio para realizar sus oraciones. Vittorio y yo nos miramos y nos dijimos: «estamos locos al rodar esta escena que se ha representado durante siglos y que es, quizás, la más representada del mundo…» Suponía un gran riesgo pero nos lanzamos, con el «ímpetu de la juventud» (risas). Elegimos el campo de voleibol para rodar. Brutus nos conmovió: «porque se ha convertido en un tirano, por eso lo he matado». El actor lo dijo con un dolor propio de una persona que ha visto la muerte, que ha tenido que matar. Es diferente a cuando el gran Marlon Brando interpreta esta escena. No estoy diciendo que los prisioneros lo hagan mejor, pero ellos llevan encima la tragedia de su propia vida.

Pregunta del público: los actores hablan cada uno en su dialecto, lo que sin duda resulta un trabajo inestimable sobre el lenguaje. ¿Ha sido una decisión ligada a los propios actores o para marcar la diferencia de Imperios? ¿queríais establecer la relación entre el Imperio Romano y la Mafia?

Vittorio T: ésta es una de estas «maravillosas extrañezas» o casualidades de las que he hablado. Cuando fuimos a la cárcel, ese hombre que leía versos de Dante (que era Toscano, como nosotros) recitaba en dialecto napolitano. Sentimos una cierto desafío, ya que la verdad surgía de cómo ese hombre leía en su propia lengua. Entendimos que si queríamos ser cómplices de esta experiencia, los hombres debían ser libres para expresarse en lo más profundo de su verdad; en su propia lengua. Cuando preparábamos la película en la prisión vimos cómo los reclusos se pasan horas y horas echados en sus catres mirando al techo. A esa actividad dedican gran parte de sus días, salvo por la noche. Uno de los actores nos dijo que deberíamos llamarlos «miradores de techos y no prisioneros». Veréis que está recogido en los créditos del filme. En estas incursiones prelimares encontramos a los que serían nuestros intérpretes alrededor de una mesa escribiendo. Estaban traduciendo sus papeles a sus dialectos respectivos, mientras otros prisioneros les ayudaban, corrigiéndolos, a sus espaldas. Nos dimos cuenta de que no se trataba de un juego y que nuestras acciones tendrían consecuencias, porque esa obra de teatro era algo que realmente les importaba. El montaje de Julio Cesar en esa prisión de máxima seguridad era algo profundo y verdadero de lo que estábamos empezando a formar parte…

Fuente: http://africaencine.com/2012/12/10/el-cine-va-en-busqueda-de-la-verdad-conversacion-con-paolo-y-vittorio-taviani/