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Entrevista a Blanca Lucía Valencia Molina, defensora de los derechos humanos

«El estado colombiano y las empresas opacan los conflictos con campañas de reconciliación»

Fuentes: Rebelión

El estado colombiano y las transnacionales tienen discurso propio con el que afrontar en los medios de comunicación los diálogos de la Habana y los escenarios de violencia que subyacen a los conversatorios. Blanca Lucía Valencia Molina, defensora de los derechos humanos, miembro de la asociación Paz con Dignidad y de la Asociación de Víctimas […]


El estado colombiano y las transnacionales tienen discurso propio con el que afrontar en los medios de comunicación los diálogos de la Habana y los escenarios de violencia que subyacen a los conversatorios. Blanca Lucía Valencia Molina, defensora de los derechos humanos, miembro de la asociación Paz con Dignidad y de la Asociación de Víctimas y Sobrevivientes del Nordeste de Antioquía, analiza los fines y contenidos de las campañas publicitarias en la siguiente entrevista. «El estado colombiano y las transnacionales tratan de opacar los conflictos mediante campañas de reconciliación», afirma. Colaboradora de la revista Pueblos y del periódico Periferia, Blanca Lucía Valencia Molina ha participado como ponente en el seminario «Comunicación, Poderes y Democracia», organizado en Donostia por la revista Pueblos y la asociación Paz con Dignidad.

¿Cuál el discurso oficial de los medios de comunicación colombianos sobre los diálogos de La Habana? ¿Qué visión trasladan a la opinión pública medios como Caracol, RCN o El Tiempo?

-El discurso oficial del gobierno es que son necesarias las negociaciones, que la guerrilla se desmovilice y que haya una confianza en Colombia para las inversiones de multinacionales. En especial, para el desarrollo de la «locomotora» minero-energética. Por otro lado está el discurso «guerrerista» de la ultraderecha que encabeza Álvaro Uribe Vélez y el mismo ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, a quien Santos ha hecho callar. Yo creo que es una pantomima. Los medios difunden que el país está seguro. Nos han dibujado una realidad post-conflicto en la que no va a haber más guerra en el campo, en la que los campesinos van a poder volver a sus tierras, en la que habrá reparación para las víctimas….Éste es el discurso habitual en los medios masivos de comunicación.

-¿Cómo se aprecia este poder de las transnacionales en los medios de comunicación? ¿De qué modo «venden» su discurso?

-A la par que se inician las negociaciones, aparecen una serie de campañas publicitarias apoyadas por los grandes medios, cuyos patrocinadores son las empresas. Por ejemplo, a partir de 2013, cuando se dieron grandes movilizaciones, paros y marchas en febrero, marzo y luego en agosto… El país se bloqueó durante 24 días, hubo 80 muertos de campesinos en carreteras, paro cafetero, minero, paros populares y urbanos por la salud…Entonces se empezó a ocultar esta realidad que estaba emergiendo. Y empiezan una serie de campañas publicitarias, como «Reconciliación Colombia». Allí estaban las transnacionales mineras, las de servicios públicos y comunicaciones.

-¿Se producen después iniciativas similares?

-Seguidamente asistimos a otra campaña después de las movilizaciones, de un año y medio para acá. Asistimos también a un escalamiento del conflicto. Por un lado el enfrentamiento entre las FARC, las guerrillas y el ejército; por otro lado los paramilitares siguen haciendo de las suyas en zonas como Buenaventura, el principal puerto del país que necesitan además ya para el TLC Alianza-Pacífico. Trataron de opacar lo que pasaba en Buenaventura con una «campaña de reconciliación». Allí mueren cada día varias personas a manos de los paramilitares. Hay varios informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, además de varias organizaciones nacionales, pero eso no sale en los medios. La arremetida en Buenaventura empezó hace dos años, pero aún permanece. Allí se vive una guerra constante.

-Las empresas «maquillan» su proceder mediante operaciones publicitarias…

-En las páginas Web o en papel, medios como El Tiempo, Semana o cualquier periódico regional, en las campañas publicitarias siempre está Pacific Rubiales, que controla el petróleo y el carbón en Puerto Gaitán (Meta) o La Guajira. A su vez tiene convenios con mineras y acciones en empresas palmeras. En Colombia también hay un fenómeno, además de los monocultivos, que es la «extranjerizacion» de la tierra. Los grandes periódicos siempre sacan la publicidad de estas empresas. A Pacific Rubiales nos la ponen ahora porque hay un conflicto muy grave en Puerto Gaitán y La Guajira con esta empresa. Para opacarlo, sacan publicidad diciendo que Pacific Rubiales atiende a los niños, o un niño diciendo «yo quiero a Pacific Rubiales porque nos ha hecho una escuela muy bonita».

-¿Se encubre también con estas iniciativas propagandísticas la violencia paramilitar?

-Para nosotros, para el pueblo colombiano, las Bacrim son el reacomodo del paramilitarismo. No se desmovilizaron. Hoy están cumpliendo un papel, que es limpiar la imagen del estado colombiano, que ha sido un genocida. Por un lado está el ejército, con sus vídeos y campañas. Lo que dicen este tipo de campañas es que, cuando se llegue a una negociación, la responsabilidad por todos los crímenes que se han cometido en este país durante 50 años va a ser de todos. Justo en la Semana por la Paz organizada por el movimiento social y popular surgió la campaña «Soy Capaz», lanzada por 120 empresas. «Yo soy capaz de perdonar» (al militar que ha ejecutado a mi hijo), «Yo soy capaz de reconciliar», «Yo soy capaz de retornar», «Yo soy capaz de contribuir al desarrollo»… Y eso nos lo ponen en los cajeros, en la bolsa que llevamos al mercado, en las bolsas de leche, en el azúcar para echarle a una taza de café. Lo tenemos en todos lados. Es la campaña más importante que hay ahora mismo. Es un discurso que nos dice que nos olvidemos de los problemas sociales, y que seamos capaces de ponernos en los zapatos del otro.

-Frente al mensaje de los medios y las empresas, ¿hay ejemplos de medios públicos que traten de contrarrestar el discurso hegemónico?

-Te cuento la experiencia del canal regional de Bogotá, el Canal Capital. Las alcaldías tienen supuestamente la responsabiliad por ley de dirigir los canales regionales. En Bogotá es el único que, con la alcaldía de Gustavo Petro, se ha podido incluir a un periodista como Hollman Morris, muy cercano al movimiento social. Cuando se presentó el año pasado el informe «Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad» se hicieron una serie de sesiones. También programas sobre paz y derechos humanos, o sobre la voz de las víctimas. Hoy en día este canal se lo quieren cargar. Dicen que es «el canal de los guerrilleros» y han sucedido una serie de señalamientos y amenazas a su director. Últimamente también aparece el estado en los archivos de inteligencia de las nuevas chuzadas «El local Andrómeda», desde donde se está chuzando (espiando) a los negociadores de La Habana, incluyendo los negociadores del gobierno.

-¿Qué aspectos de la realidad colombiana suelen ocultar los grandes medios?

-Lo que más ocultan son las protestas sociales, porque casi siempre son reprimidas con detenidos y muertos. En la región del Catatumbo hubo una protesta en mayo de 2013 que duró cuatro meses, y donde el ejército se metió en los campamentos donde estaban los campesinos y asesinó a siete. Además de los asesinatos, se infiltraron en las marchas y en las concentraciones…Eso no se ve en los medios de comunicación. Si lo vemos luego, es en los medios alternativos. El discurso que se «vende» es que las FARC y el ELN han presionado a los campesinos para que salgan a la calle. En mayo de 2014, cuando se instaló la Cumbre Agraria Étnica y Popular, ésta también fue muy reprimida. Lo que se decía era que había presiones desde La Habana, o que «esto lo están dinamizando las FARC» o «esto lo está llamando el ELN para presionar en la negociación con el gobierno». Todas estas marchas han estado señaladas. Casi siempre dependiendo de la zona, se la endilgan a las FARC o al ELN.

-¿Cuál es, por otro lado, la realidad de los medios de comunicación alternativos?

-Contamos con muy pocos medios de comunicación alternativos. En las emisoras comunitarias de los pueblos más lejanos, todo lo controlan el ejército y la policía. Las emisoras que se escuchan en las zonas campesinas son las del ejército y la policía nacional. Se intenta que haya medios populares y comunitarios, pero son muy locales. Yo no sé si la tecnología punta nos ha bloqueado. Porque a veces tenemos mucha dificultad para comunicarnos hasta por celular. Si se está desarrollando un operativo, podemos durar días o semanas sin señal. En esos casos, las emisoras que han venido avanzando con tecnología de Internet quedan bloqueadas. Puede pasar, por ejemplo, un día en Medellín en el que ha caído toda la red. ¿Qué pasó? Al día siguiente se dice que se iba a atentar contra el ministro de Defensa. Pero son cosas que se fabrican, se inventan para «vender» luego que es el terrorismo.

-¿Y en cuanto a las iniciativas concretas?

-Sí que el movimiento social, como el Congreso de los Pueblos, Clamor Social por la Paz, Marcha Patriótica, el Coordinador Nacional Agrario o el Polo Democrático intentamos sacar periódicos alternativos, páginas Web o redes. Ahora mismo existe una agencia alternativa, Colombia Informa, que intenta estar en todos los sitios y sacar noticias de lo que pasa en los pueblos y ciudades. También la Red de Medios Alternativos de Comunicación para la paz. Al lado del movimiento social y popular, que está muy vivo, están surgiendo ahora muchas redes de medios de comunicación alternativa, como Periferia o Desde Abajo, la revista Cepa, Kavilando…

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.