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El «momentum» Mockus

Fuentes: Rebelión

«Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque«. Pepe Mujica. En su columna de El Tiempo «San Pedro y San Pablo», José Obdulio Gaviria, el oráculo del presidente Uribe, escribe como si ya estuviera extraditado. Tiene […]

«Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque«. Pepe Mujica.

En su columna de El Tiempo «San Pedro y San Pablo», José Obdulio Gaviria, el oráculo del presidente Uribe, escribe como si ya estuviera extraditado. Tiene síndrome de «lo hicimos bien, pero no nos lo reconocen». Ya empezó a escribir sus memorias, todo lo contrario a cuando Fidel escribió «La historia me absolverá». Dos momentos. Uno en caída, otro en ascenso (1953).

El primer mandatario colombiano está «tocado». Calificó el informe de E.U. sobre DD.HH. como «atentados de la politiquería internacional». Interviene con cínico recelo en la campaña electoral. Cada vez es más visible que la defensa de la «seguridad democrática» no es más que una trinchera para blindar hacia el futuro su propia seguridad jurídica. Se le nota el desespero.

La derrota en la consulta conservadora del ex-ministro Arias, su pupilo, es la ratificación que las cúpulas del «uribismo no tan mafioso» le dieron la espalda. En su carrera hacia la presidencia Santos no sabe ahora qué hacer con «Uribito» y el PIN. De boca para afuera, «no quiere chicharrones chamuscados», pero deberá recibirlos en su campaña. Son piedras en el camino que lo harán tropezar.

La dirigencia del partido conservador se ha fragmentado. La contradicción con Arias se ha transferido a Santos (ver: caso Rodado Noriega). Derrotar al heredero-protector de Uribe se va a convertir en una cuestión de dignidad partidaria. Si Nohemí – como empieza a ocurrir -, no da la talla, muchos electores conservadores van a buscar otras opciones. Sólo les queda, objetivamente… Mockus. A Petro, como es natural, ellos ni lo consideran.
Mockus, si no comete algún error, es el único capaz de crecer exponencialmente y canalizar votos de opinión independiente, de una buena parte de la oposición e incluso de uribistas decentes (conservadores y liberales). El «momentum» lo tienen los verdes. Es indudable.

Petro va también a ascender electoralmente. Es el único que levanta con seriedad la bandera nacional y la reivindicación social. Sin embargo, no le alcanza para vencer al candidato de la maquinaria mafiosa y gobiernista. Tiene amplias resistencias (imagen negativa) y le falta experiencia administrativa. En el balance final son aspectos muy importantes que el ciudadano elector coloca sobre la balanza.

Durante los próximos 30 ó 40 días tanto Mockus como Petro pueden avanzar y «amarrar lo propio». Los sondeos de opinión serán un referente en los análisis de los candidatos y de los partidos para tomar decisiones a tiempo. Un acuerdo extemporáneo (ahora) y de tipo  burocrático, no sirve para el «impulso». En la dinámica se tornaría en un peso muerto.

El único capaz de ceder a favor de Mockus antes de la primera vuelta, si éste logra colocarse como el potencial rival del uribismo mafioso, es Gustavo Petro. Está preparado mental y políticamente para hacerlo. Su «sacrificio» lo dejaría proyectado para el futuro. Sería una repotenciación, un «segundo momentum», decisivo y determinante.
La historia coloca en su lugar a los hombres providenciales. Petro tiene el talante para empujar a la Nación, representada en Mockus, hacia la liquidación de la alianza mafiosa que se ha apoderado del Estado y empezar a construir la legalidad democrática.[1]

Es posible que los liberales Pardo y Vargas Lleras se unan antes de mayo, pero muchos liberales se inclinarán por lo más seguro y que vaya en ascenso progresivo.

A la era post-uribista no se llegará con un amanecer tranquilo. Se requiere alguien como Mockus para hacer la transición. Nuestra verdadera independencia y la construcción de democracia participativa, por ahora, tendrán que avanzar desde la sociedad civil, los movimientos sociales y escenarios populares.

La tarea central es acabar de sacar a la mafia del Estado. Con ese «troyano mafioso» adentro, es imposible asumir cualquier tarea democrática. Ojalá acertemos.

NOTA: Mockus es un limpiador de caminos. Ya lo hizo en Bogotá. Lo importante es ayudarlo a limpiar bien y no des-andar lo recorrido. Lucho lo hizo más o menos bien, Samuel parece haber perdido el paso.

[1] Ver: Hacia la legalidad democrática: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=101156

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.