Fernando Dorado

Artículos

Estamos hoy enfrentados al dilema de volver sobre los “sueños insurreccionales” o de profundizar nuestro accionar revolucionario y transformador en el marco de la “democracia liberal”.

Frente a la realidad evidente y palpable de que hay que abandonar la economía capitalista basada en la “química del carbono o del petróleo” y en el “crecimiento ilimitado” que promueve la explotación irracional de los recursos naturales y del trabajo humano, se han ido formando a nivel global una serie de bloques de potencias, países, gobiernos, grupos de presión, pueblos y personas.

Se cumplieron los primeros cien días del gobierno que lidera Gustavo Petro. Los balances van y vienen. Algunos sesgados, unos objetivos y otros interesados. De parte y parte.

La oposición derechista en Colombia intenta generar un escándalo político internacional.

Duque entrega el país al nuevo gobierno como si fuera un gobernante exitoso y un gran ejecutor de políticas públicas. Se jacta de las cifras de la reactivación económica reconocidas por la OCDE -ocurrida después de la pandemia- adjudicándose logros que no son suyos.

“El superpoder de una víctima consiste justamente en perdonar lo que su dolor inmenso jamás podría castigar”. -Santiago Alba Rico

Después del estallido social vino la campaña electoral. Ahora entramos en la fase de la negociación y toma de decisiones. Algunos temas quedaron resueltos de antemano, otros están en proceso de discusión y, unos más, se aplazarán mientras los diversos sectores acumulan fuerza al interior de la sociedad y el Estado. Será un pulso entre lo nuevo y lo viejo, y entre lo urgente y lo importante.

Triunfó la Colombia profunda, periférica, trabajadora y excluida. Se derrotó parcialmente a esa otra parte de la población que es superficial, centralista, rentista y excluyente.

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