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En el camino de la Revolución Cubana (I)

Fuentes: Rebelión

El protectorado

La clase dominante de los EE.UU. lleva más de dos siglos con el propósito de apoderarse y/o mantener su dominio indiscutido sobre Cuba , este es el objetivo del bloqueo genocida contra la Isla y de la legislación que se ha promovido por el congreso norteamericano, los cuales no han logrado doblegar a la Revolución cubana. Este artículo explora la primera fase de ese proyecto que dio lugar el 20 de mayo de 1902 al nacimiento de una República burguesa mediatizada que en realidad era un protectorado

Un rasgo de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante el siglo XIX fue el interés de sectores de la clase dominante  del vecino del norte por apoderarse de la Isla.

Un historiador, nada propenso a las posiciones radicales, Herminio Portell Vilá escribió:

“Hasta pudiéramos decir que la pretensión fue congénita al nacimiento de los Estados Unidos, porque a mediados del siglo XVIII, veinte años antes de que comenzase la revolución de las Trece Colonias, Benjamín Franklin, quien después sería uno de los fundadores de la vecina república hablaba de la conveniencia de conquistar lo que el llamaba sugar islands” .[i][1]

Ese interés tenía sus aspectos económicos y políticos por la privilegiada posición de la Isla.

En lo económico ya desde la década del 20 del siglo XIX,  había en los puertos norteamericanos comerciantes especializados en azúcares cubanos, quienes establecían con los hacendados cubanos un sistema de crédito en forma de esclavos, aparatos, útiles de producción y otros productos a cambio de asegurarse la venta de sus azúcares. Comenzó a gestarse así la alianza entre los intereses azucareros cubanos y los importadores norteamericanos.

Una característica del siglo XIX cubano fue la progresiva disminución de su comercio con España, a la par que su aumento con otros países capitalistas de Europa y con los EE.UU. En 1860 el comercio de exportación gravitaba hacia EE.UU en un 62%, le seguía Inglaterra con un 22%, España apenas alcanzaba un 3%.[2]

Las importaciones tenían, sin embargo, otra estructura: España un 30%, mientras EE.UU e Inglaterra compartían un 20% cada uno.

La primera guerra de independncia (1868-1878) dejó un saldo de ruinas en la región oriental de la Isla, y, en general, una situación de crisis en toda ella, que los comerciantes norteamericanos aprovecharon para estrechar sus relaciones con los hacendados cubanos, participando en sus negocios y en otro caso asimilándolos por deudas. También comenzaron a invertir en propiedades cubanas, aprovechando los bajos precios de éstas. El pionero de estas inversiones fue la casa E. Atkin and Co. de Boston, que, por deudas de sus propietarios se apoderó del Ingenio Soledad, al que modernizó y amplió, llegando a ser uno de los más importantes de la Isla.

A ello contribuyó el revolucionamiento  técnico en los modos de producir azúcar que se efectuó en el último tercio del siglo XIX, y que comprendió dos aspectos fundamentales: uno tecnológico, (la introducción del tacho al vacío y el aparato centrífugo para cristalizar y purificar el azúcar, junto a la modernización de la maquinaria, creando unidades mayores llamadas Centrales ), y en otro, una división del trabajo entre la parte agrícola y la parte industrial de la producción que da origen al colono.

El crecimiento de la producción de azúcar comienza a darse no en el sentido de la multiplicación de los ingenios sino en su centralización que implicó el aumento de la capacidad productora de los existentes y la disminución del número de éstos. Ya no se podía ser Hacendado sin ser gran propietario o un fuerte capitalista.

Los ingenios pequeños, con una productividad menor, que obtenían un azúcar muchas veces de calidad inferior, no pudieron resistir la competencia y se arruinaron o desaparecieron. La tendencia a la reducción del número de ingenios fue acelerada. De 1877 a 1899 disminuyeron de 1190 a 207. Comenzó a aparecer el Colono. Propietarios de pequeños ingenios dejan de moler su caña, dedicándose al cultivo de ella y entregándola a los Centrales, que dan, como pago, una parte del azúcar producido, y disponen libremente del resto para su venta. A su vez, algunos cultivadores dependientes asumieron este sistema. La liberación de los esclavos y la complejidad que iba adquiriendo la producción de azúcar ayudaron a extender este sistema; algunos Hacendados entregaron tierras mediante contratos a campesinos, antiguos mayorales, etc. El Colono corría con los riesgos agrícolas del cultivo y debía entregar la cosecha al hacendado, al que pagaba con una parte del azúcar producido, disponiendo libremente del resto. Posteriormente, esto llegó a institucionalizarse de tal manera que el Central compraba la cosecha, pagando sobre la base de venta de un determinado precio del azúcar y una variación porcentual de acuerdo con los precios que alcanzaría ésta en el mercado mundial. Este sistema llegó a extenderse nacionalmente, y ya para fines de siglo, un 40% aproximadamente de la cosecha, se realizaba por los Colonos.

El proceso de concentración industrial tiene una consecuencia para la agricultura; aparece el latifundio azucarero. El establecimiento del sistema de colonato no condujo de inmediato al latifundio, al contrario, retardó la aparición de éste: un factor acelerador del latifundismo fue la rivalidad entre los grandes Ingenios.

En la medida en que se desarrollaba un mayor tamaño de los Ingenios, éstos necesitaban mayor provisión de caña, modificaciones técnicas en los ferrocarriles y la sustitución de los rieles de hierro por acero, gracias a los adelantos de la industria metalúrgica que hicieron descender los costos y permitieron extender las áreas suministradoras de caña. Los Centrales comenzaron a tender sus propias vías. La primera consecuencia fue aumentar el ofrecimiento de azúcar por la molida de la caña, a la vez, los Centrales comenzaron a buscar la forma de controlar a los colonos mediante refaccionamiento  de la cosecha, lo que los ataba a determinados Centrales por deudas, y de otra parte, adquiriendo tierras para sembrarlas por administración (es decir, directamente por el Central).

A pesar de la resistencia de los colonos, el mayor poder económico de los hacendados y Corporaciones de azúcar, se impuso. La inversión norteamericana dio un impulso adicional, o quizás, en términos más propios, definió la tendencia al latifundio que existía desde fines del siglo XIX. La inversión norteamericana también se dirigió a la minería, alentada por la legislación española de 1880 que permitía adquirir las minas por denuncias y facilitaba la importación de maquinaria libre de derechos durante cinco años, amén de liberar de impuestos a las entidades mineras durante los primeros veinte años de explotación.

Un estudio más detallado nos obligaría a interrelacionar tres procesos simultáneos durante el último tercio del siglo XIX: el paso del capitalismo de libre concurrencia al imperialismo y, por consiguiente, la exportación de capitales se constituye en una característica dominante de esta fase del capitalismo; los procesos de revolucionamiento de las técnicas productivas que se dan en esa época, y de la cual la revolución técnica azucarera forma parte, y la coyuntura económica específica de Cuba al finalizar la guerra de los 10 años, que permite la supeditación económica de la Isla a los EE.UU en pocos años, manteniéndose  aún la dominación colonial española. El mercado norteamericano llega a absorber el 90% de las exportaciones cubanas, pero los intereses norteamericanos eran más amplios, también había inversiones significativas en la minería, el azúcar y otros renglones de la economía cubana.

La penetración económica norteamericana en Cuba, se reflejaba en un interés cada vez mayor por el destino político de la Isla , que en la coyuntura de la última guerra por la independencia de Cuba (1895-1898), supo aprovechar las simpatías que las luchas del pueblo cubano despertaban en la población norteamericana  para propiciar   la intervención militar de 1898.

En lo político, hay que tener en cuenta que el Caribe constituyó desde el siglo XVI una frontera entre imperios y en el caso de Cuba por su posición geográfica, a la entrada del Golfo de México, a la salida del rio Mississippi y frente a la línea costera del sur de Estados Unidos constituía un interés estratégico de este país. Esto está en la base de la concepción geopolítica de la clase dirigente norteamericana que veía a Cuba como parte del sistema de defensa  de ese país , por lo cual desde  principios del siglo XIX, Cuba estuvo en la mira de la política expansionista de los Estados Unidos

 En 1803 el presidente Jefferson anunció que, en caso de guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían inmediatamente de Cuba. Para esta época, Inglaterra mantenía ambiciones similares y en ese sentido son interesantes los planteamientos del cuarto presidente norteamericano cuando con relación al futuro de Cuba, expresó que: “no podrían estar satisfechos con su caída bajo cualquier gobierno europeo, el cual podría hacer de esa posesión un apoyo contra el comercio y la seguridad de Estados Unidos”.

Sin embargo el nivel de desarrollo económico y militar de los Estados Unidos no permitían el riesgo de una guerra por Cuba con una potencia europea, sobre todo con Inglaterra, de ahí que los dirigentes políticos norteamericanos a plantearse una política de largo plazo sintetizada en las tesis expuestas por John Quincy Adams en abril de 1823 y que se conoce como la política de la fruta madura, Según esta tesis, el naciente poderío norteamericano, la pequeñez y cercanía de Cuba y el debilitamiento del imperio español serían factores que coadyuvarían a que la Isla cayera en la órbita norteamericana.

En sus palabras “los vínculos que unen a los Estados Unidos con Cuba- geográficos, comerciales, políticos, etc.- son tan fuertes que cuando se echa una mirada hacia el probable rumbo de los acontecimientos en los próximos cincuenta años, es imposible resistir la convicción de la anexión de Cuba a la República norteamericana será indispensable para la existencia y la integridad de la Unión.”

… “Tanto en lo interior como en el exterior, hay que prever y vencer determinados obstáculos a la única política mediante la cual Cuba puede ser adquirida y conservada. Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física y así como una manzana separada del árbol por la fuerza del viento no puede ,aunque quisiera, dejar de caer al suelo, Cuba, rota la artificial conexión que la une a España, separada de ésta e incapaz de sostenerse a si misma, ha de gravitar necesariamente hacia la Unión norteamericana y solo hacia ella”.

Con la proclamación de la Doctrina Monroe en diciembre de 1823, la política respecto a Cuba es explicitada en las palabras del Secretario de Guerra. Mr. Calhoum: “Nosotros dejaremos a Cuba donde está; lo que no toleramos jamás es que ella pase a otras manos que no sean las nuestras”. O sea, Cuba española o norteamericana.

En resumen, Cuba española, mientras no fuera norteamericana, lo cual planteaba incluso el problema de la independencia, en tanto esta significaba la posibilidad de su no dominio por parte de los Estados Unidos.

A los intentos de México y Colombia por separar a Cuba de España por medios militares los Estados Unidos se opusieron vigorosamente. El primer intento que conocemos de comprar la Isla a España es el del presidente Polk en 1848. Proposición que se repitió por el Presidente Pierce que ofreció 130 millones de dólares y en 1857  el presidente Buchanan también hizo una proposición de compra. Según algunos autores se llegaron a hacer seis intentos de compra de la Isla a España por parte de Estados Unidos.

No se puede dejar de señalar que en determinados momentos del siglo XIX en la Isla, floreció la tendencia anexionista de la sacarocracia[3] criolla y que se expresó en proyectos políticos como el de Narciso López, que organizó expediciones con ese objetivo en 1850 y 1851, fracasando en ambas, y el de Club de la Habana, formada por miembros de la oligarquía criolla.

Durante la guerra de los diez años, los Estados unidos se negaron terminantemente a reconocer la beligerancia de los cubanos.

Los procesos económicos que se desarrollan entre 1878 y 1898, de los que ya hemos hablado, acrecientan el interés de los monopolios norteamericanos por la Isla, los que encuentran en el Presidente Mc Kinley un eficaz impulsor.

Al estallar de nuevo la guerra de independencia en 1895, la causa cubana adquiere popularidad en el pueblo norteamericano, lo que es aprovechado por los intereses económicos que lucraban con el comercio y las inversiones en Cuba para desarrollar una nueva política anexionista que se concreta en la supuesta neutralidad del gobierno norteamericano frente al conflicto que se desarrolla en Cuba, a la vez que se promueven iniciativas a la adquisición de la Isla de una u otra forma.

Se debe señalar que mientras las expediciones organizadas en territorio norteamericano para suministrar armas y recursos a los patriotas cubanos eran perseguidas – de 73 expediciones fueron confiscadas 33 -, España podía abastecerse de armas y pertrechos con proveedores norteamericanos.

El gobierno de los EE. UU. no reconoció la beligerancia de los cubanos a pesar de la simpatía popular que tenía esta causa y maniobró de diferentes maneras para aprovechar el conflicto que se desarrollaba en Cuba en función de sus intereses anexionistas. A inicios de 1898, las relaciones entre España y Estados Unidos se agravan, al revelarse públicamente una carta del Embajador Español en Washington que contiene términos considerados ofensivos para el presidente norteamericano. Esto provoca una campaña de prensa de los círculos guerreristas, que encuentran su bandera en la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana, donde perecen 266 de sus tripulantes. Este buque había sido enviado para proteger vidas y haciendas norteamericanas y aunque las causas del siniestro no pudieran ser aclaradas, el hecho sirvió de pretexto para que el Congreso Norteamericano dictara una resolución conjunta el 20 de abril de 1898, en la que reconocía que “el pueblo de Cuba es  y de derecho debe ser- libre e independiente”, pero no reconocía la beligerancia del pueblo cubano, facultando a la vez al Presidente para tomar las medidas pertinentes con el objeto de pacificar la Isla.

Sobre esta base, el gobierno norteamericano declaró la guerra a España.

Cuando los Estados Unidos entran en la contienda las tres cuartas partes de Cuba estaban controladas por el Ejército Libertador y el ejército español sólo controlaba las ciudades y desde el punto de vista político la inmensa mayoría del pueblo era independentista e importante sectores de la sacarocracia buscaban avenirse con los factores independentistas.

En un libro del Comandante español, Victor Concas se señala : “Cuando empezó la guerra ya estaba de hecho perdida, lo mismo tomando parte los Estados Unidos que otra nación de mucho menor importancia”[4]

Un   informe del Capitán General de la Isla, Ramón Blanco reflejaba esto: “La administración, -escribió-,  se hallaba en el último grado de perturbación y desorden, en el ejército, agotado y anémico, poblando los hospitales, sin fuerzas para combatir, ni apenas para sostener las armas”. Y el Almirante Cervera en una carta escrita con posterioridad fue tajante: “la guerra fue aceptada por España cuando la isla de Cuba estaba perdida de hecho”.

En otras palabras, los Estados Unidos intervinieron en una guerra ya ganada.

Esta situación determina que en una guerra breve los Estados Unidos, con la importante y decisiva participación de las tropas mambisas, derrotaron a España. Durante el mes de julio, en una operación combinada con tropas mambisas, fuerzas norteamericanas ocuparon Santiago de Cuba. Derrotados los españoles en Filipinas y Puerto Rico a principios del mes de agosto, pidieron la paz.

El 12 de agosto fue firmado un Protocolo de Paz mediante el cual se ponía fin a las actividades bélicas y el 10 de diciembre de 1898, después de dos meses de negociaciones se firmó el Tratado de París que, en su articulado, entre otras cosas, establecía:

  • España renuncia todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba.
  • España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el Archipiélago de las Marinas o Ladrons.
  • España cede a los Estados Unidos el Archipiélago conocido por las Islas Filipinas.
  • Los Estados Unidos se comprometen asimismo a pagar a España, dentro de los tres meses siguientes al canje de ratificaciones del Tratado, la suma de 20 millones de dólares.[5]

En las negociaciones de París no estuvieron representados los cubanos, así como tampoco participaron en el Tratado de Paz entre los EE. UU y España.

Esto se debió a que los Estados Unidos en su objetivo de apoderarse de Cuba tuvieron buen cuidado de redactar en la Resolución Conjunta del Congreso “Que el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”, pero no  reconocen el Gobierno de la República en Armas, ni a las autoridades cubanas designadas por el Gobierno.

Los norteamericanos actuaron en consecuencias. Trataron con los distintos jefes militares cubanos separadamente y nunca como miembros de un ejército organizado, manteniéndolos al margen de la rendición española. El caso más escandaloso fue el de Calixto García, Lugarteniente General del Ejército Libertador, a cuyas fuerzas, después de colaborar decisivamente en la derrota de los españoles, no se les permitió entrar en la ciudad de Santiago de Cuba.

La ocupación militar norteamericana

El 1º. De enero de 1899 se inició la administración norteamericana de la Isla, mediante un gobierno de ocupación militar. A su amparo se crearon los instrumentos del orden neocolonial.

El aparato administrativo creado por el Gobierno Interventor tuvo la preocupación de dar cabida a los elementos colaboracionistas pertenecientes a la burguesía cubana o francamente anexionistas. Y, desde luego, el  Gobierno  interventor  no  vaciló  en  buscar  el  apoyo de los españoles o  pro-españoles que se habían quedado en la Isla en virtud del Tratado de París que los amparaban en su propiedad. Fue así como para la Secretaría de Industrias, Agricultura, Comercios y Obras Públicas, fue designado un abierto enemigo de la independencia de Cuba, en medio de las protestas populares.

Los dirigentes populares de la guerra fueron excluidos sistemáticamente de los cargos públicos, aunque, desde luego, a algunos se les designó en algunas responsabilidades porque habría sido muy notoria su exclusión. Un primer paso de la intervención fue desarmar al pueblo cubano, disolviendo a su Ejército Libertador. Fracasadas las medidas administrativas, ante la resistencia de los mambises, los norteamericanos se aprovecharon de las fisuras existentes entre la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana y el General en Jefe del Ejército, Máximo Gómez.

En lo sustantivo el Gobierno norteamericano ofreció una dádiva de 3 millones de dólares por el desarme del Ejército Libertador, con el pretexto de subvencionar sus necesidades. La Asamblea de Representantes planteaba una suma superior y exigía que ésta fuera producto de un acuerdo o empréstito entre el Gobierno norteamericano y la Asamblea. Se planteaban de esta forma los asambleístas, que esto sería un reconocimiento de facto de las autoridades cubanas. Máximo Gómez no comprendió los objetivos de la Asamblea; para él era muy peligroso que la República naciera con deudas y en consecuencia dio públicamente la opinión en contra del empréstito. Esto agravó las divergencias y la Asamblea destituyó al General en Jefe el 12 de marzo de 1899. Una reacción popular y masiva de apoyo a Gómez, obligó a la Asamblea a autodisolverse.. Con el licenciamiento del Ejército Libertador el pueblo de Cuba perdió su único instrumento armado capaz de oponerse a los designios norteamericanos.

La primitiva idea de anexarse a Cuba es desechada, por un conjunto de factores, entre los que pueden destacarse los siguientes:

  • El nivel de repudio popular en Cuba, que se manifiesta a lo largo de toda la intervención y que materializa la posibilidad de un nuevo alzamiento cubano, esta vez contra la intervención norteamericana.

    La insurrección del General Aguinaldo en Filipinas evidenció más esta posibilidad.

  • La coyuntura interna norteamericana, por la popularidad que había alcanzado la lucha del pueblo cubano, sobre todo en amplios estratos del Partido Demócrata, y la oposición de intereses remolacheros y tabacaleros que se verían perjudicados de producirse tal hecho.
  • La coyuntura internacional, sobre todo las presiones inglesas, que no veían con buenos ojos al naciente poderío norteamericano.

Y un factor menor, el fracaso de la idea de “Texanización” de la Isla al fracasar la colonización norteamericana, no se puede olvidar que durante la intervención se fomentaron 37 asentamientos de agricultores norteamericanos. Se calcula que a principios de siglos los Colonos norteamericanos llegaron a alcanzar el número de 13 000.[6]

Desechando el proyecto anexionista, comenzó a montarse el mecanismo neocolonial en Cuba, que en lo fundamental consta de los siguientes aspectos: Derecho permanente a la Intervención militar para resguardar el orden establecido, (materializado posteriormente  en la Enmienda Platt) penetración y control de la economía mediante el dominio del mercado, y las inversiones directas en sectores económicos claves, gobiernos mediatizados e influencias cultural e ideológica.

Penetración económica

El segundo ejército de intervención norteamericano lo constituyeron los empresarios norteamericanos. Negociantes, agentes de empresas, aventureros de todo tipo, llegaron a la Isla para iniciar negocios, apoderarse de otros, o vincularse a los existentes. El escándalo fue tal, que ese mismo año los intereses que no veían con buenos ojos la intervención lograron la aprobación de una enmienda, la Foraker, que prohibía las concesiones para la explotación de recursos naturales y actividades económicas a empresas o empresarios individuales norteamericanos en Cuba; desde luego esto quedó en el papel. Para ello basta citar el caso de los ferrocarriles, propiedad de William Van Horne.

Van Horne concibió la idea de que la Enmienda Foraker no prohibía comprar la tierra y tender sobre ella el ferrocarril. Para atravesar terrenos del Estado, ríos y caminos, el interventor Wood otorgó “permisos revocables” que en la práctica se convertían en indefinidos. Poco antes de terminar la intervención, mediante la Orden Militar No. 34, se dictó una ley para proteger las inversiones en esa rama, a la vez que se otorgaba concesiones y privilegios a estas empresas. Entre ellas puede citarse la Orden Militar No. 62, emitida so pretexto de regular la titulación de tierras y el deslinde de las haciendas comunes. Su objetivo real era facilitar la división y venta de dichas haciendas a las empresas norteamericanas, la que estimuló extraordinariamente la compra de tierras cubanas por parte de norteamericanos y echó las bases del latifundio en el siglo XX.

En la industria del Tabaco se produjo, por parte de las empresas, un proceso de monopolización de las fábricas existentes en el país. En 1899 se organiza la Habana Comercial Company, controlada por la H. B. Hollins y Cia. de Nueva York, y que agrupaba 18 fábricas de tabacos y/o de cigarrillos, comprando vegas e instaurando un sistema de créditos que les permitía controlar a los vegueros independientes. En 1901, el Trust Norteamericano American Tobacco negoció la formación de la American Cigars Co., que en alianza con intereses británicos absorbió a la Habana Comercial Co. Para 1902 dominaba el 90% de las exportaciones de tabaco y casi el 50% de la producción de tabacos y cigarros.

El proceso de control del sector azucarero, por parte del capital norteamericano fue más acelerado. Se calcula que, durante la ocupación, unos 29 centrales pasaron a manos norteamericanas.

Lo importante es que la intervención norteamericana abrió una época para la economía cubana, en que ésta va a estar caracterizada por un crecimiento deforme y dependiente a partir de la inversión extranjera de ese país; esta va a alcanzar en los años 1925-26 la suma de unos 1 550 millones  de dólares, es decir, en un lapso de 25 años, los Estados Unidos, invierten 1 500 millones de dólares.

En 1906 estas inversiones se calculaban en unos 200 millones de dólares. Sin embargo, es importante señalar que los Estados Unidos van desplazando a sus otros rivales económicos en Cuba. durante la primera década republicana se mantienen inversiones considerables de capitales ingleses, franceses alemanes y españoles.

Los cambios básicos se producen a partir del auge azucarero provocado por la primera guerra mundial y la crisis de los años 1920-21 en la que la banca cubana pasa a control norteamericano y los Estados Unidos pasan a controlar el sistema crediticio y financiero.

Una característica importante del flujo del inversionista norteamericano es que éstas mantienen una estructura casi constante que solamente comienza a cambiar después de la Segunda Guerra Mundial. Estas eran las siguientes, más o menos: el 50% se concentraban en el azúcar, el 20% hacia los sectores públicos, 6% en la deuda pública, 3,5% en la minería. Es decir, el grueso del capital se dirigió a los sectores coloniales y de enclave de nuestra economía, que convirtió el azúcar en su variable económica fundamental. Cuba llegó a depender, para formación de su renta nacional y para la determinación de sus niveles de empleos, de las exportaciones de ese producto y de las fluctuaciones de sus precios en el mercado mundial.

¿Cómo se complementó el mecanismo neocolonial en Cuba? Con la Enmienda Platt y el Tratado de Reciprocidad Comercial. Veamos éstos en detalles.

El complemento

Es probable que el proyecto que luego debía ser la Enmienda Platt  fuera originario del gobernador militar de las provincias de Matanzas y Santa Clara, James H. Wilson, quien, en una carta al secretario de Estado Eliuht Rot, señalaba las líneas fundamentales del nuevo tipo de relaciones coloniales a establecer.

Al convocarse la Asamblea Constituyente, el general Leonardo Wood, en el decreto de convocatoria, señaló que entre los objetivos de la misma estaba:

“Redactar y adoptar una constitución para el pueblo de Cuba y como parte de ello prever y acordar con el Gobierno de Estados Unidos en lo que respecta a las relaciones que tratan de existir entre aquel Gobierno y el Gobierno de Cuba”.

Esto fue ratificado en el discurso inaugural de la Asamblea. Para los objetivos de este artículo  no nos interesan todos los detalles relativos a la redacción de la Constitución. Esta quedó firmada el 21 de febrero de 1901.[7]

Sobre el tema de las relaciones con Estados Unidos se formó una Comisión de ponencia, la cual opinó que este asunto era prerrogativa del futuro gobierno de la Isla, no materia Constitucional. Para presionar a los delegados, el Gobierno norteamericano adoptó como una enmienda a la ley de presupuesto del Ejército, puesto que el período legislativo estaba por terminar y no había tiempo de enviar un proyecto específico, una propuesta del Senador Orville H. Platt, que debería añadirse como apéndice de la constitución cubana. La resistencia del grupo radical de la convención y la masiva y popular oposición a la enmienda no modificaron los términos del Gobierno yanqui.

El planteamiento norteamericano era tajante: si no hay enmienda, no hay República. La Asamblea se divide entre irreconciliables y transigentes.

Finalmente es aprobada la enmienda por 16 votos contra 11.

El contenido fundamental de la Enmienda se resume en tres artículos. Por medio del artículo 3ro., los Estados Unidos se abrogaban el derecho de calificar el tipo de Gobierno que debía tener Cuba y actuar en consecuencia cuando estuvieran en peligro los intereses norteamericanos: es el punto central. El artículo 7mo., facilitaba esta intervención al disponer las Fuerzas Armadas Norteamericanas de porciones del territorio nacional. Y finalmente, el artículo 4to., convalidaba lo realizado por el Gobierno Interventor y ayudaba preservar el modelo  iniciado durante la intervención. Para ahorrar palabras voy a citar textualmente la opinión del General Leonardo Wood. Dice este:

“Por supuesto, a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión…” Con el control que sin dudas pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. Creo que es una adquisición muy deseable para los Estados Unidos…”

Con la aprobación de la Enmienda Platt quedaba establecido el mecanismo legal para controlar la vida institucional de Cuba, pero no era suficiente, había que garantizar gobiernos mediatizados. Los pasos para establecer la República están marcados por este objetivo. Quisiera hacer un paréntesis para señalar cómo los Estados Unidos encontraron aliados en algunos elementos del campo insurrecto a partir de la frustración de la revolución del 95 como generadora de un cambio social profundo, por la inserción en ella de las mismas fuerzas que habían lucrado en el status colonial en Cuba.

Bajo una pugna entre militares y civiles se esconde una enconada lucha por el control de la República que nace entre determinados grupos sociales.

Muerto Martí, la República en Armas, que nace en la constitución de Jimaguayú, está destinada, no a canalizar la ascendencia de las masas populares, sino a contenerla; de ahí que los elementos que posteriormente se constituirán en burguesía intermediaria, mediante la ley constitucional, busquen afianzar su hegemonía frente a los militares, muchos de los cuales son de marcada extracción popular, como son los caso de Maceo, Moncada, Banderas, etc., esto explica una serie de medidas que, tras la apariencia del civilismo de la República que nace, garantizaban la conducción de ella a los hombres de un determinado estrato social. Ejemplo de estas son:

  • El Consejo de Gobierno es el facultado para conferir los grados militares de Coronel en adelante, previo informe del Jefe Superior inmediato y del General en Jefe.
  • Se equiparán todos los cargos civiles con los grados militares.
  • Se dispone conceder grados militares a los que ingresen a la Revolución con estudios superiores realizados o como profesionales, aunque esta disposición es dejada sin efecto posteriormente.
  • A los profesionales se les considera capitanes al ingresar en los cuerpos facultativos del Ejército.

Esta línea lleva a que casi todos los cargos importantes de la Revolución sean desempeñados por profesionales, y demás, está decir la extracción social como término general de aquellos que podían llegar a ser profesionales en un país como Cuba en las últimas décadas del siglo XIX.

A Maceo, el gran dirigente popular de la guerra que ha manifestado una clara ideología de avanzada y antimperialista, se intenta circunscribirlo a funciones estrictamente militares, designándolo Lugarteniente General del Ejército. Con su muerte, el 7 de diciembre de 1896, el camino de recuperación burguesa se facilita. Gómez era un extranjero y ello constituía, de una u otra forma, una limitante a su actividad política.

No vamos a extendernos en los detalles de las pugnas entre el Consejo de Gobierno y los Jefes militares, independiente de sus avatares la resultante es que se logra garantizar la dirección de la República que nace a los hombres de una determinada clase o determinada extracción social por sobre la masa humilde de los combatientes.[8]

La guerra se extendió a toda la Isla y sus éxitos -que predeterminaban a los mambises como los vencedores de la contienda-  comenzaron a atraer el campo insurrecto a elementos autonomistas y a sectores de la burguesía azucarera, que veían en las actitudes del Consejo de Gobierno una garantía para sus intereses; Consejo que, por otra parte, tomó medidas y actitudes que permitieron, sin grandes sobresaltos, el cambio de bando.

Para señalar alguna de ellas: a pesar de haberse prohibido la zafra de 1896-97, se dispuso que se considerara como propiedad de la República aquellas fincas cuyos propietarios o representantes pagaran determinados impuestos y por consiguiente, fueron respetadas como tales. Expresión de la actitud de estos elementos fue Tomás Estrada Palma, que sustituyó como delegado del Partido Revolucionado Cubano (PRC), a Martí después de su muerte, y cuya actividad política estuvo dada por una doble relación: colaboración con Estados Unidos y con los intereses azucareros. Siendo delegado del PRC, comenzó a aceptar dinero de hacendados, brindándoles garantías de que se les permitiría hacer la zafra de 1896-97.

En otro orden, alentó el acercamiento con grandes hacendados emigrados en Francia, a la vez que su gestión como delegado estuvo dirigida a lograr el reconocimiento norteamericano o una intervención que precipitara el fin de la Guerra. Al producirse la intervención norteamericana, una de sus primeras medidas fue disolver el PRC, con ello perdía el pueblo cubano un posible vehículo de su unidad.

Es bueno señalar que ninguno de los jefes de la guerra tuvo la visión y capacidad política para nuclear tras sí un nuevo movimiento de liberación y que la actuación de los elementos con tinte nacionalista o radical, se hizo de manera individual o a través del aparato de la política tradicional.

Convocada las elecciones para escoger a los que dirigirían la República, le correspondía a Máximo Gómez, por su jerarquía militar y popular, la candidatura presidencial. Este la rechazó y surgió el nombre de Estrada Palma, el que aceptó en una carta programa que señalaba, entre otras cosas, la urgencia de celebrar “un tratado de reciprocidad comercial con los Estados Unidos en términos favorables a todos nuestros productos de exportación, especialmente el azúcar”. El lanzamiento oficial de la candidatura agrupó junto a los antiguos autonomistas, elementos de la burguesía azucarera y colaboracionista con la intervención, y, desde luego no debemos dejar de señalar que también la apoyaron elementos honestos que no percibían el significado último de los sucesos y creían que lo importante era lograr la República para después superar los males presentes. Como contrario surgió la figura del General Bartolomé Masó, último Presidente de la República en Armas, uno de los organizadores de la guerra de los 10 años y del alzamiento del 24 de febrero de 1895. Esta candidatura agrupó a elementos con inquietudes nacionalistas; el propio Masó había fijado sus criterios frente a la Enmienda Platt en términos no agradables para los Estados Unidos.

En estas condiciones, el gobierno interventor puso todos sus recursos a favor de Estrada Palma, cometiéndose diversas arbitrariedades en el proceso eleccionario para imponer su candidatura, lo que provocó la abstención de Masó. En estas condiciones el candidato triunfador fue Tomás Estrada Palma, quien tomó posesión el 20 de mayo de 1902.

Faltaba un elemento para redondear la estructura neocolonial; la delimitación de las relaciones comerciales entre ambos países, lo que se logró mediante el tratado de reciprocidad comercial firmado en 1903. Su verdadero objetivo era impedir que los lazos políticos expresados a la Enmienda Platt quedaron debilitados, a la vez que se constituía en un elemento de control del mercado cubano. Los puntos fundamentales del tratado fueron los siguientes:

  • Los artículos que hasta ese momento entraban libres de derechos en ambos países y fueran producidos en ellos y mantenían el mismo status.
  • Los productos cubanos y norteamericanos disfrutaban de un 20% de rebaja preferencial en comercio entre ambos países con relación a los productos similares de terceros países.
  • Unas listas especiales de productos norteamericanos disfrutarían de entre un 25 y un 40% de rebaja preferencial con relación a terceros países. Esta lista incluía numerosos artículos industriales.
  • Cualquier alteración de los aranceles de ambos países mantendrían siempre al margen preferencial.
  • Las preferencias acordadas en el tratado no podían extenderse a terceros países.

Si tenemos en cuenta que en la lista de productos que disfrutaban de un margen entre 25 y 40%, se incluían maquinarias y aparatos, harina de trigo y maíz, productos químicos y farmacéuticos, artículos de fibras semielaborados, tejidos y manufacturados de algodón, tejidos de punto, lana y sus manufacturas, arroz y ganado, entre otros, podemos comprender, no sólo el desplazamiento de terceros países en sus relaciones económicas con Cuba, sino también el poderoso competidor en que se convirtió Estados Unidos para el surgimiento de una industria nacional.

Los datos de la concentración geográfica del comercio exterior cubano son elocuentes al respecto.

Citaremos dos períodos a modo de ilustración:

Para el período 1902-1906, las importaciones provenientes de Estados alcanzaron un 45% del total, mientras que para el de 1917-21, alcanzaron el 74% del total. Otra consecuencia del tratado fue impulsar la “especialización” productiva de la Isla. Aparentemente Cuba ganaba, pues la producción azucarera recibía un fuerte impulso. Para 1905 la cosecha superó el período colonial llegaron a duplicarse en cortos años. Para 1914 nuestro país produjo el 14% en la cosecha mundial. Pero los principales beneficios eran los propietarios de Ingenios, una parte de los cuales era norteamericana. En 1914 el 35% de la cosecha se molió en centrales norteamericanos.

Se abre una época de expansión económica deformada y supeditada a los intereses yanquis. Cuba se convertía en un suministrador de azúcar seguro y a bajos precios y un mercado más para el capital norteamericano y para los productos de ese país.

Tal es a grandes rasgos el proceso que llevó el nacimiento de la República de Cuba el 20 de mayo de 1902, que era en realidad una variante de protectorado.

Finalmente es necesario señalar que el imperialismo norteamericano trató de crear una superestructura ideológica acorde a sus intereses. Mediante los medios masivos de difusión se mixtificó la historia nacional y se difundió una ideología basada en el culto a los Estados Unidos y a los valores del American Way of Life, junto a una concepción plattista de la política que se condensaba en la frase “Aquí no se hace lo que los norteamericanos no quieren” y que se complementaba con el lema de la sacrocracia ciolla “sin azúcar no hay país”l o que en su conjunto justificaba cualquier concesión a los Estados Unidos.

Como contrapartida en el pueblo pervivió un sentido de frustración por la obra inacabada de la independencia nacional y la prédica de Martí y el ejemplo de Maceo mantuvieron su potencial revolucionario a lo largo del siglo XX.

Con la intervención en la guerra de independencia de Cuba, el naciente imperialismo norteamericano comenzó su expansión por el Caribe, rentre 1898 y 1902 ensayó en Cuba métodos y técnicas que servirían para otras experiencias en el Caribe y Centroamérica.

Bibliografía

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Portell Vilá, H. El anexionismo en Humanismo, enero-abril de 1959, México

Notas:

[1] Citado por Herminio Portell Vilá  El Anexionismo en Humanismo Mexico enero-abril de 1959.

[2] En relación con el principal renglón de exportación cubana , el azúcar, Manuel Moreno Fraginals en El Ingenio recoge que en 1895, el 85,83% de su producción era exportada a los EE.UU.

[3] Nombre dado por el historiador Manuel Moreno Fraginals a los grandes empresarios azucareros.

[4] Citado por Juan J. Remos en La guerra hispanoamericana  en  Ramiro Guerra et al Historia de la Nación Cubana

La Habana,1952. Tomo VI, pp.409-423.

[5] Juan j. Remos Op. Cit

[6] El escritor cubano, Enrique Cirules ha recogido valiosos testimonios al respecto. Ver , por ejemplo, su libro Conversaciones con el ultimo norteamericano

[7] Para conocer detalles de las discusiones ver Octavio R. Costa La convención constituyente en Historia de la Nación Cubana Ed. Cit.

[8] Un magnifico estudio de este proceso lo constituye la investigación de Ramón de Armas, La Revolución pospuesta. Editorial de Ciencias Sociales,1975.


[i] Ver Herminio Portell Vilá El anexionismo en  Humanismo , enero-marzo de 1959