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Estudio alerta sobre brechas de género en sector cooperativo cubano

Fuentes: IPS

La masculinización del trabajo productivo y del medio rural, así como la limitación de los empleos femeninos a tareas de servicios son algunas de las barreras identificadas.

¿Resultan las cooperativas un espacio de empoderamiento femenino? ¿Cuáles son las oportunidades y los obstáculos que experimentan las mujeres en estos entornos?, incluyen las interrogantes que la socióloga Jusmary Gómez sistematiza en su artículo “Tras los pasos de las mujeres cooperativistas cubanas”, publicado a finales del mes pasado.

En el material, compilado en el volumen Mujeres, cooperativismo y economía social y solidaria en Iberoamérica, del Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa de España, la investigadora subraya que, a pesar de los logros alcanzados en Cuba en materia de equidad de género, aún persisten importantes brechas que se agudizan en el medio agropecuario y rural.

Una presencia femenina minoritaria en la asamblea de la cooperativa, no reconocimiento ni promoción del aporte productivo de las mujeres, la masculinización del trabajo en el medio rural y la limitación de los empleos femeninos a tareas de servicios son algunas de las brechas resumidas por la autora.

Aunque Gómez argumenta que el artículo no pretende hacer generalizaciones, sí coloca en el debate elementos de la realidad de muchas mujeres cubanas tanto dentro como fuera del cooperativismo, quienes viven la reproducción de desigualdades, la mayor parte del tiempo naturalizadas.

Bajo esta mirada, alerta cómo muchas mujeres rurales trabajan jornadas completas sin reconocimiento o remuneración, no aparecen en las nóminas de socios/as de las cooperativas, “no figuran como propietarias de la tierra y cuando lo son no tienen control de la misma, sino que está en manos de un hombre (padre, hermano, esposo, hijo)”.

Cooperativismo y cultura agraria patriarcal

Expone la especialista en su estudio que “en la mayoría de las cooperativas la presidencia es ocupada por hombres y es baja la participación de las mujeres en las juntas directivas”.

Además, la máster en Desarrollo Social explica que la presencia femenina se resume, en muchas ocasiones, a la conservación de alimentos, la producción de plantas ornamentales y flores, la cría de aves de corral, a ser cocinera de la cooperativa u oficinista.

Igualmente, se percibe una marcada permanencia femenina en el espacio privado como solución a las insatisfacciones personales, alerta la también profesora de la Universidad Agraria de La Habana.

Para reforzar esta afirmación, Gómez indica que algunos estudios develan una tendencia en mujeres jóvenes rurales a conformarse con el confort doméstico si el proveedor (padre o marido) posee una fuente estable de elevado ingreso.

A ello se suma, “el poco estímulo a las niñas y jóvenes a que se incorporen al trabajo agrícola y asumir cargos en las cooperativas y empresas”, añade la académica.

En ello influye que “las mujeres cooperativistas, como tendencia, tienen un nivel bajo de

escolaridad y una sobrecarga laboral producto del doble rol de socia-trabajadora y ama de casa”.

Sin embargo, Gómez aclara que estas brechas de género se perciben en todos los tipos de cooperativas, incluso en las no agropecuarias (CNA) de reciente creación.

“Los cargos de dirección son mayoritariamente ocupados por hombres que desempeñan funciones como la de presidente, sustituto del presidente o administrador; y quedan para las socias puestos como el de secretaria. En tales asignaciones se reproducen estereotipos de género, permeados por la segregación vertical y horizontal”, sostiene la autora.

Propuestas por la equidad

En otro análisis, el estudio de Gómez sintetiza que la estructura productiva, la persistencia de estereotipos, los roles de género y la configuración de las familias continúan naturalizando las actividades domésticas y de cuidado para las mujeres, como un deber y una responsabilidad gratuita.

Para la co-coordinadora de la Red cubana de Economía Social y Solidaria y Responsabilidad Social Empresarial (ESORSE), las políticas para la equidad de género deben diseñar una estrategia de sensibilización.

Asimismo, se refiere al fomento de la intercooperación y la formalización de convenios de colaboración entre cooperativas y de estas con otros entes de la sociedad civil como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y oenegés que aborden y promuevan estos temas.

“La temática de género debe de formar parte del Balance Social Cooperativo. Es necesario construir alianzas con otras organizaciones y elaborar políticas focalizadas para transformar esta cotidianidad”, concluye la profesora.

A su vez, señala que la presidencia de las cooperativas debe “intencionar el empoderamiento femenino, a partir de un conjunto de acciones que permitan la generación de empleos, la visibilización de las tareas de cuidado y de reproducción de la vida, las capacitaciones y procesos de formación para mujeres”.

Fuente: https://www.ipscuba.net/genero/estudio-alerta-sobre-brechas-de-genero-en-sector-cooperativo-cubano/